La música en la Iglesia

Watts_Hymns_7

Fragmento del documento sobre el Principio Regulativo de la adoración de la ARBCA (Asociación de Iglesias Bautistas Reformadas de América) – Documento original >>>>>>>>AQUI<<<<<<<

Se responden las siguientes preguntas:

¿Qué principios deben utilizarse para determinar qué clase de música es aceptable en la adoración pública?

¿Qué papel juega la instrumentación en la adoración pública?

¿Qué podemos decir de la música en la adoración que no es de participación congregacional?

 ¿Qué enseña o implica la Confesión (CBFL 1689) con respecto a la participación de los feligreses? ¿Por qué no cantamos solamente los Salmos?

Uno de los grandes privilegios del pueblo de Dios es que estamos invitados a cantar alabanzas a nuestro grande y glorioso Dios. Dios nos ha mandado que le cantemos alabanzas, porque así le agrada y al agradarle también traemos placer a nosotros  mismos. Los elementos de la adoración pública no aparecen porque sean gratos a los adoradores sino que están incluidos porque agradan a Dios, aunque al venir ante Su presencia y cumplir aquello que a Él le agrada, experimentamos plenitud de gozo y bendición.

Para determinar cuál música es aceptable en la adoración, debemos reconocer que las palabras que cantamos deben ser tan bíblicas como las oraciones que elevamos y las predicaciones que realizamos. Al estudiar los Salmos notamos que poseen ciertas cualidades: centrados en Dios, tienen dignidad, ideas bíblicas, tema, orden, propósito, etc. Los himnos y cánticos que cantamos deben seguir este mismo patrón.

La declaración de Principio para la Música en la Iglesia, tomada del Himnario Salterio de la Iglesia Cristiana Reformada (Grand Rapids: CRC Publications, 1988, pp 11-15) da una guía muy útil con respecto a esto. Establece lo siguiente:

i. La música de la iglesia debe representar el rango completo de la revelación de Dios.

ii. El servicio de música debe contribuir al servicio de la Palabra

iii. La poesía de las canciones debe ser buena poesía; no debe depender de la música para ser buena. La música de las canciones debe poder defenderse artísticamente como buena música; no debe depender de las palabras para ser buena.

iv. La poesía de las canciones debe ser fiel a la Palabra inspirada. Tal poesía al mismo tiempo debe ser vital – libre de los defectos de la artificialidad y el sentimentalismo.

v. La poesía debe ser genuinamente expresiva de la experiencia religiosa, pero debe estar en armonía con todo el consejo de Dios.

vi. La música debe ser apropiada al texto litúrgico al cual ha sido adaptado.

vii. La música de la iglesia no debe sugerir otros lugares u ocasiones aparte de la iglesia y la adoración… para que la asociación mental a una práctica secular no interfiera con el servicio de adoración.

viii. La música de la iglesia debe expresar la tradición Reformada.

Este mismo documento comienza con el principio y dos sub-puntos:

Principio: La música de la iglesia debe ser apropiada para la adoración.

  1. La música de la iglesia debe ser litúrgica. En espíritu, forma, y contenido, debe ser una expresión positiva del pensamiento y sentimiento religioso escritural. Debe servir al ministerio de la Palabra.
  2. La música de la iglesia debe ser hermosa. Su pensamiento religioso o espíritu debe estar incluido apropiadamente en la poesía como poesía, en la música como música, y en la amalgama de estos como canción. Debe satisfacer las leyes estéticas del balance, la unidad, variedad, armonía, diseño, ritmo, sujeción, y vigor, los cuales constituyen las condiciones de todo arte.

La función primaria en la adoración es que la congregación exprese alabanza y adoración a Dios. Consecuentemente la música de adoración debe dirigirse primariamente hacia la participación congregacional. El Apóstol Pablo, en Colosenses 3:16, manda a los miembros de la iglesia “La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos á los otros con salmos é himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.” Esto implicaría que la música predominante en el servicio de adoración debe ser de naturaleza participativa congregacional. De acuerdo con este texto, las canciones que se cantan deben tener tres elementos: 1) dar alabanza y gracias a Dios, 2) enseñar las verdades teológicas, y 3) exhortar unos a otros. Los himnos, tanto viejos como nuevos, parecen cumplir con este requerimiento. Solo porque un himno sea nuevo no significa que es de menor calidad que uno antiguo, ni el hecho de que sea nuevo lo hace tampoco de más alta calidad. Un himno, sea cual sea la época de su composición, debe conformarse a los altos estándares musicales que son apropiados para la adoración a Dios y los estándares teológicos de las Escrituras. Aunque las formas de música menos tradicionales, si se usan juiciosamente, pueden ser apropiadas, debemos asegurarnos de tener mucho cuidado para que la congregación en su alabanza conjunta se conforme a los parámetros bíblicos que se ajustan a la adoración a Dios. Así, sería más apropiado usarlos en conjunto con los himnos que tienen un más completo contenido teológico, así como con los Salmos. No es nuestro punto de vista que el principio regulativo requiere que cantemos exclusivamente los Salmos. Las Escrituras registran oraciones, sermones, revelan la voluntad de Dios. Pero no demos concluir que solamente debamos orar utilizando las palabras de las Escrituras, o solamente leer las Escrituras al predicar. Las oraciones de la Biblia son modelos para nosotros, y debemos cuidadosamente expandir la palabra de Dios al predicar. Las palabras específicas de nuestras oraciones son nuestras, y las palabras específicas de nuestros sermones son de composición humana. Del mismo modo con las alabanzas que cantamos. Los salmos deben ser un patrón para las canciones que cantamos en la adoración, i.e. las palabras que cantamos deberían ser tan bíblicas como los salmos. Al estudiar los salmos vemos que poseen ciertas características generales: están centrados en Dios, tienen dignidad, ideas bíblicas, tema, orden, propósito, etc. Las palabras de los himnos y de las canciones que cantamos deben poseer las mismas características.

 

La palabra “psalmos” significa “tocado con un instrumento de cuerda”, como en el Salterio del Antiguo Testamento. Los Salmos mencionan una amplia variedad de instrumentos, de cuerda, de bronce, percusión, etc. Las Escrituras no especifican cuáles instrumentos son aceptables y cuáles no. De modo que podemos asumir que un instrumento es aceptable si se toca con destreza y de una manera que se ajusta a la adoración. Sería impropio utilizar instrumentos en una manera en la cual la mente de los feligreses se desenfoque de la adoración por la forma en que se está ejecutando. La utilización de instrumentos está primariamente diseñada para acompañar el canto de los salmos, himnos y los cánticos espirituales. La instrumentación debe utilizarse para la adoración conjunta con el fin de mejorar el canto congregacional. Si sobrepasa el canto de la congregación, ya sea en volumen o en arreglo, entonces no se está utilizando con una intención bíblica y debe ser modificado. Del mismo modo la música que se ejecuta con los instrumentos debe producir el mismo sentimiento en las emociones que se intenta con las palabras de los himnos o salmos o cánticos espirituales, no debe haber discrepancia entre ellos.

Mientras el canto congregacional debe recibir el énfasis en la adoración pública, el principio regulativo no excluye necesariamente el uso de música especial. Cada iglesia tendrá sus propias convicciones con respecto a lo que es apropiado y a la frecuencia de la música especial. Para prevenir que la música especial tienda a convertirse en entretenimiento, los ancianos de la iglesia deben dirigir a aquellos que proveen la música especial, para que el propósito sea el que se manda en Colosenses 3:16. Los que ejecutan música especial deben ser instruidos de forma especial y cuidadosa sobre el propósito de edificación ordenado por el apóstol Pablo y evitar la tendencia al entretenimiento. Los ancianos de cada iglesia local deben asumir la responsabilidad de realizar esta instrucción y de supervisar cuidadosamente la situación para que la música especial se conforme al criterio bíblico al igual que los cantos congregacionales.

 

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3 comentarios to “La música en la Iglesia”

  1. Excelente

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