REFLEXIÓN DE FIN DE AÑO

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Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos

Eclesiastés 12:1

Debemos esforzarnos por enseñar a la siguiente generación a aprovechar cada ciclo de tiempo que Dios nos da. Es necesario enseñarles (con el ejemplo) a hacer un autoexamen que nos lleve a todos a reconocer que hay cosas que deben ser corregidas en nuestra vida, otras deben ser mejoradas y combatir esa actitud del que piensa que “no hay que arrepentirse de nada”. Para esto necesitamos humildad y una actitud enseñable porque tenemos todavía muchas cosas qué aprender en todas las áreas de la vida.

Debemos agradecer a Dios que nos proveyó de ciclos de tiempo. Génesis 8:22 dice:

“Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.”

Los ciclos de tiempo deben servir para recordarnos que todo tiene un inicio y un final y que tampoco la Historia es una línea continua de tiempo. Ni la historia personal ni la Historia universal son líneas de tiempo continuas. La historia y La Historia se componen de ciclos de tiempo y estos ciclos aunque parezcan repetitivos son irrepetibles. Es bueno que analicemos y nos preparemos para procurar un mejor desempeño en el siguiente ciclo, pero teniendo en cuenta que no es posible devolverse a un ciclo anterior. Joven: sólo una vez tendrás 17 años. Sólo una vez tendrás 20 años. Hombre, mujer, sólo una vez tendrás 30 años, etc. Aprovechemos el tiempo porque no hay manera de devolverse.

La advertencia que hace Salomón en Eclesiastés, no es útil solamente para los jóvenes, pero ese predicador desea que los jóvenes no pospongan las reflexiones importantes. Entre más antes se considere esta advertencia, será mejor. Todos debemos vivir de cara a la realidad de que nuestro tiempo en este mundo es definido, limitado y que el tiempo como tal también llegará a su fin. La profecía bíblica así lo establece:

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

Apocalipsis 10:5-7

Esta profecía sobre el fin del tiempo nos enseña dos cosas:

Primero, que la realidad de que las oportunidades no son infinitas, sino que un día la paciencia de Dios llegará a su límite y la misericordia y la gracia divina darán paso al Juicio y al Castigo.

Y segundo, que la vida y el tiempo como lo conocemos tendrá un fin para dar paso a la Eternidad. Día, noche, horas, minutos y siglos serán sustituidos por un presente eterno y glorioso para los hijos de Dios y por un tormento permanente para sus enemigos.

Nuestro Señor Jesucristo dijo: “El Cielo y la Tierra pasarán…” (Mateo 24.35), esta es una advertencia para que dejemos de enfocarnos primariamente en las cosas de esta vida temporal porque todo lo que apreciamos y todo aquello en lo que invertimos tiempo y energías pasarán.

Por esta razón debemos transmitir correctamente el mensaje de Cristo que nos insiste en que debemos esforzarnos por “hacer tesoros en el Cielo” (Mateo 6:20), no en esta vida temporal pasajera, sino en el futuro Reino glorioso y perdurable que fue inaugurado cuando el Hijo de Dios vino a este mundo y que será consumado cuando Él regrese.

La época de fin de año es linda y suele estar cargada de bendiciones materiales para muchos (sobre todo en este lado del mundo), pero esto puede hacernos caer en el riesgo de dar un mensaje equivocado a la siguiente generación. Debemos disfrutar el presente con una perspectiva del reino futuro.

Nuestros sentidos son bombardeados por una propaganda materialista que quiere hacernos pensar que la felicidad está en lo que tenemos aquí y ahora, pero el mensaje de Cristo es este: “¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” (Mateo 16.26)

Conforme se acercan los años de la vejez algunos se vuelven un poco más conscientes de que los placeres de esta vida son pasajeros y vanos, porque ya están experimentando los “días malos”. No desaprovechemos tampoco la oportunidad de compartir el Evangelio con los que han llegado a la vejez. Y nuestro mensaje para ellos es el mismo: “Acuérdate que hay un Creador, ¿estás preparado para encontrarte con Él?”

Al concluir este año consideremos seriamente si estamos apreciando y agradeciendo todo lo que Dios nos ha dado y sobre todo aquello que la Biblia califica como “el don inefable”. Esto se refiere al regalo incomparable e incomprensible que Dios envió a este mundo, Su Hijo Eterno, que estuvo dispuesto a hacerse como nosotros y sufrir por nosotros para llevarnos a Dios.

Los días malos vendrán y el fin vendrá. Pero para los que hayan recibido y apreciado el regalo de Dios, el fin será mejor que el principio. Aquí y ahora nos preparamos para llegar a estar con Él allá.

Feliz año 2024

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