Buscando a Dios en Oración y Ayuno (Día 2)

Posted in Reflexiones with tags on abril 1, 2020 by elcaminoangosto

¿Tienes suficiente Religión? ¿Deseas más de Dios?

Por causa de las enseñanzas erróneas, debo tomar tiempo para definir el concepto de Religión.
La Religión incluye la Fe, es decir, el conjunto de creencias que alguien abraza y también incluye la Práctica, es decir, los ritos, conducta y acciones que surgen de los valores ha abrazado el individuo.
Por eso la Religión cristiana consiste del conjunto de enseñanzas de Jesucristo, es decir, la Doctrina apostólica y también incluye la forma de vida, la moral y ética de los que dicen ser cristianos.

Entendiendo esto, las dos preguntas iniciales son equivalentes. Más religión debe significar más conocimiento y mayor apego a las enseñanzas de Cristo, porque según la religión cristiana, Cristo el único que nos provee el verdadero conocimiento de Dios.

La mediocridad del cristianismo es entonces evidente cuando hay muchos piensan que ya saben suficiente, que ya son suficientemente buenos. Más de la Biblia, más oración o más servicio a Dios equivale para los mediocres a haber caído en el fanatismo.

Sin embargo, aun los que no quieren ser mediocres enfrentan la realidad de que la Religión de Cristo exige más de lo que estamos dispuestos a dar y sin una ayuda especial divina no podríamos nunca ser cristianos. Recordemos que es un llamado a la auto-negación. (Lucas 9.23)

Consideremos el escenario en el Getsemaní.

Los discípulos pasaban todo el día con el Maestro y en cierta ocasión, al final casi de su vida en este mundo Él les pidió un esfuerzo especial, porque la situación era particular. Él les pidió que velaran orando mientras Él se retiraba a orar a solas. Cuando Cristo regresó los encuentró dormidos y los amonestó explicándoles la necesidad de orar para no caer en tentación, pero una vez que los dejó, ellos volvieron a dormirse. Finalmente les dijo:

“¿Así que No habéis podido velar conmigo una hora?”

– Mateo 26.40

¿Estaba Jesús pidiendo demasiado de sus discípulos? ¿Era esto una cuestión de fanatismo?

Los discípulos del Señor no pudieron acompañar a su Maestro en el momento de la agonía, cuando Él luchaba en su alma con la certeza de que el tormento se acercaba.

Aunque siempre recordamos “la negación de Pedro” es importante recordar que el relato del Evangelio nos informa que no fue solamente Pedro el que había asegurado en la noche de la última cena, que él jamás abandonaría a Cristo y que estaría dispuesto hasta a dar la vida por él. Esto a raíz de que el Señor había anunciado que Pedro lo negaría. Leamos el Evangelio según San Mateo 23.35:

“Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.”


El resto de la historia es conocida y el apóstol líder del grupo, no solo negó conocer a Jesús de Nazareth, sino que lo hizo tres veces y para hacer más creíble su falsedad hasta habló como hablan los impíos.

Mateo 26.73,74 dice:


“Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo.”

¿Cuáles son nuestros sentimientos al leer sobre esta negación de Pedro? ¿Qué pensamos de los demás discípulos que huyeron en el momento que vinieron a capturar a Cristo?

¿No debe esto traer convicción a nuestras almas por las muchas veces que hemos sido infieles a nuestro dulce Salvador?
No pocas veces los creyentes niegan a Cristo con sus palabras o con sus acciones si están en situaciones incómodas.

Pero pensemos, ¿Pudiera haber sido diferente si los discípulos hubieran acompañado al Señor en oración en aquella hora que Él se los había pedido?
¡Si nosotros no estamos dispuestos a perseverar en oración, no pensemos que estaremos capacitados para salir victoriosos en la hora de la prueba!

Una palabra de esperanza.

¿Qué llegó a ocurrir para que estos mismos discípulos que antes tenían miedo y fueron cobardes, luego fueran capaces de hablar de Cristo y no solo de hablar de Cristo, sino hasta estar dispuestos a morir por Él?
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos relata con claridad lo que cambió todo el panorama.
Cristo, habiendo resucitado, les ordenó a sus discípulos que no se fueran de Jerusalén hasta que el Padre enviara la promesa del Espíritu Santo. Esta vez ellos sí velaron, sí perseveraron en oración para recibir lo prometido y una vez que el Espíritu Santo vino sobre ellos, fueron capaces de hablar con denuedo la Palabra de Dios.
El apóstol Pedro fue capaz no solo de sufrir prisiones por causa de Cristo, sino que finalmente nos cuenta la historia que sufrió también muerte de crucifixión por causa de su fe en Él.

No somos conscientes de cuánto necesitamos la obra poderosa del Espíritu Santo en nosotros.
Aquí es necesario aclarar que la Biblia nos enseña que si somos cristianos el Espíritu Santo está en nosotros y con nosotros, Él es nuestro consolador y compañero inseparable. No necesitamos una experiencia adicional que algunos llaman el “bautismo del Espíritu”.
Sin embargo, no podemos negar que muchas veces se nos manda a buscar con diligencia la “llenura del Espíritu Santo” y Cristo también le dijo a Sus discípulos que Dios lo da a quiénes lo piden. Entonces, en vez de pensar en una sola experiencia adicional, deberíamos anhelar muchas más experiencias con Dios que nos lleven a una comunión más íntima con Él y a una vida más santa.

Jesucristo dijo a sus discípulos:


“… Si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”


Lucas 11.13

Tenemos que hacer de esta petición algo constante en nuestras oraciones. Tenemos que pedir más y más del Espíritu Santo. Más de su influencia poderosa en nuestras vidas. Más de la fuerza que Él infunde en los momentos de prueba. Más de la valentía que se necesita para enfrentar al enemigo. Más de la santidad que Él otorga, haciéndonos más semejantes a Cristo. Eso es lo que hace el Espíritu Santo: darnos más de Jesús.

Pidamos con insistencia la llenura del Espíritu Santo y si la pedimos, busquemos esa llenura en la Palabra de Dios, porque el Espíritu Santo no actúa aparte de la Palabra de Dios. Busquemos saturarnos de la Santa Palabra para que ella gobierne todos nuestros actos y pensamientos, para la gloria de Cristo.

Que el siguiente himno, compuesto en 1887 por Eliza E. Hewitt sea nuestra oración:

Más de Jesús quiero aprender, Más de Su gracia conocer
Más de Su amor con que me amó, Más de Su cruz en que murió
Más quiero amarle, Más quiero honrarle,
Más de su salvación gozar, Más de su dulce amor gustar

Más de Jesús quisiera hablar, Más de Su comunión gozar
Más de Sus dones recibir, Más con los otros compartir
Más quiero amarle; Más quiero honrarle;
Más de Sus dones recibir, Más con los otros compartir

Más de Jesús ansío ver, Más de Su hermoso parecer,
Más de la gloria de Su faz, Más de Su luz, Más de Su paz
Más quiero amarle; Más querio honrarle;
Más de la gloria de Su faz, Más de Su Luz, Más de Su paz.

¿Desea usted más de Cristo?

Buscando a Dios en Oracion y Ayuno (Día 1)

Posted in Reflexiones with tags , on marzo 25, 2020 by elcaminoangosto
¡No sólo de pan vive el hombre!

Hoy Miércoles 25 de Marzo del 2020, comenzamos una iniciativa para hacer de cada Miércoles un día especial de oración y ayuno.

La única razón particular para escoger el día Miércoles es que este solía ser el día de las reuniones de oración de muchas iglesias. ¡Lamentablemente muchas iglesias abandonaron hace tiempo las reuniones de verdadera oración! y para otros, ha llegado el momento en el cual NO podemos reunirnos a orar como acostumbrábamos a causa de las prohibiciones que se han tenido que tomar por el asunto de la pandemia viral.

El ayuno, (si se puede realizar), debe hacerse según las instrucciones de nuestro Señor Jesucristo registradas en Mateo 6.16ss. Que cada uno ayune según sus posibilidades. Algunos sólo podrán privarse del desayuno, otros sólo del almuerzo y otros podrán privarse de ambas comidas.

La debilidad física debe llevarnos a ser más conscientes de cuánto necesitamos las fuerzas que vienen de Dios, pero recordemos que el ayuno no consiste simplemente en privarse de uno o más tiempos de comida o de una o más actividades cotidianas. Esto NO se trata de aguantar hambre. El ayuno será provechoso para el alma si se utiliza ese tiempo que se gastaba en comer (o en cualquier cosa de la que hemos decidido privarnos) para buscar al Señor en oración y en Su Palabra. Va a ser una lucha, pero el resultado final será de victoria, si somos fieles. Confiemos en Cristo para perseverar.

El propósito particular de esta convocación al ayuno es humillar nuestras almas mientras elevamos un clamor conjunto, una expresión de arrepentimiento, confesando nuestros pecados, personales, familiares y nacionales.

Como iglesias, debemos reconocer nuestra negligencia en el cumplimiento de la gran comisión de Cristo (Mateo 28.19-20) y haber hecho amistad con el sistema mundano permitiendo que el materialismo, el entretenimiento y demás vanidades entraran en la casa de Dios (Santiago 4.4).

Como países, confesaremos los quebrantamientos directos a la ley de Dios y las ofensas al nombre de Cristo. Esto en cierta manera por parte de los incrédulos y en otras maneras por parte de los creyentes.

Reconoceremos nuestra falta de amor al prójimo, reconoceremos que no hemos dado el valor a las almas humanas y hemos sido ingratos y faltos de misericordia.

Rogaremos por el cristianismo profesante en general, porque son muchos los que dicen creer en Cristo pero viven como si Cristo no nos hubiera trazado un camino de santidad.

En este punto considero necesario aclarar que tenemos que aprender a dolernos de los pecados que cometemos nosotros tanto como de los pecados que cometen otros. Esto lo vemos ejemplificado en la actitud del profeta Daniel. El profeta Daniel fue un hombre ejemplar que desde su juventud se guardó para Dios y estuvo dispuesto a tomar serios riesgos con tal de no contaminarse ni quebrantar la ley del Señor (Daniel 1). Toda su vida se caracterizó por la piedad, al punto de que sus mismos adversarios no podían encontrar algo de lo cual pudieran acusarlo, según está escrito:

Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él. Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios.”

Daniel 6.4-5

Sin embargo, cuando Daniel se propone buscar a Dios de una manera más intensa para entender Su voluntad, él hace una confesión de pecado en la cual se incluye a sí mismo, responsabilizándose de los pecados de sus hermanos y conciudadanos.

Esto es lo que él escribió:

“Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos… hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.”

Daniel 9.3-5

El mundo está viviendo una pandemia viral y las consecuencias serán muy graves en muchos aspectos, lo cual apenas se está empezando a notar.

Pudiera ser que esto que Dios ha enviado, sea también parte de la respuesta a oraciones que otros muchos han hecho suplicando a Dios por un avivamiento de la Religión, porque los tiempos de angustia pueden llevar a algunos a la reflexión para preparar sus corazones para la recepción del Evangelio.

Pidamos que cuando vuelva a ser posible realizar reuniones públicas, nuestras iglesias estén preparadas para recibir muchas almas que vendrán necesitadas de Cristo. Reflexionemos: ¿Cómo nos debemos preparar para una cosecha de almas? (este será el tema de otro artículo)

Pero si esta situación de emergencia se extendiera, pidamos sabiduría y la llenura del Espíritu Santo para realizar la labor que nos fue encomendada a pesar de las circunstancias.

¡Un llamado al Ayuno y la Oración!

Posted in Reflexiones with tags , , on marzo 23, 2020 by elcaminoangosto
El Profeta Daniel oraba tres veces al día

La Biblia relata momentos específicos en los cuales se convocaba al ayuno de manera general.

Cuando el profeta Jonás anunció que Dios estaba dispuesto a destruir la ciudad de Nínive, este fue el resultado.

“Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?”

Jonás 3.5-9

Cuando la situación de miseria impedía el oficio normal de las ceremonias religiosas en Judá, el profeta Joel convoca a todos al ayuno.

Ceñíos y lamentad, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid, dormid en cilicio, ministros de mi Dios; porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libación. Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová.


Joel 1.13,14

Luego de que los Israelitas habían sido vencidos en la guerra contra los Filisteos y que el sacerdote Elí había muerto (y sus dos hijos impíos) y el Arca del Pacto de Dios había sido robada y devuelta, reconocieron que estaban cosechando las consecuencias de sus pecados.

“Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová.Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa.”

I Samuel 7.5-6

Cuando había un decreto tramado por un enemigo de los Judíos, para exterminar a todos los hebreos, Ester atiende la advertencia de su primo Mardoqueo y responde así:

“Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.”

Ester 4.15,16

Después del período de cautividad en Babilonia, los judíos que regresaron a Jerusalén, guiados por el Escriba y sacerdote Esdras y por Nehemías y otros gobernadores, lograron reconstruir la ciudad que estaba en ruinas, pero antes, fue necesario un tiempo de clamor y arrepentimiento.

“Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes… Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio.”


Esdras 8.21,23

Algunos en el pasado hicieron un uso incorrecto del ayuno como si este fuera un sacrificio meritorio, esto los llevó a la hipocresía denunciada por nuestro Señor Jesucristo cuando habló sobre la manera de ayunar de los hipócritas que lo hacían porque querían aparentar ser muy religiosos, pero su religión era simplemente externa y no del corazón. Esto se puede leer en el Evangelio de Mateo 6.16

Pero la denuncia de nuestro Señor no suprime la práctica del ayuno sino que pretende limpiarla del orgullo y la vanagloria puesto que Él mismo especifica a manera de contraste la manera correcta de hacerlo “… pero tú, cuando ayunes. (Mateo 6.17)
El ayuno es principalmente una práctica privada en la cual el creyente se abstiene de alimentos para buscar a Dios en la oración, reflexión y meditación de la Palabra de Dios. Además Isaías aclara que no sirve de nada el ayuno si tiene un propósito egoísta, se nos manda a compartir con los necesitados, lo cual muchas veces puede significar abstenernos de algunos privilegios de los que gozamos. (Isaías 58)
Si alguien se abstiene de alimentos solamente, no está haciendo un ayuno agradable a Dios ni útil de ninguna manera espiritual. La abstinencia solo es provechosa si se realiza por las razones correctas y de la manera correcta.

Lucas incluye dentro de las prácticas de la Iglesia apostólica la costumbre del ayuno, para la consagración de ministros (Hechos 13.2,3) y para buscar la guía del Espíritu Santo (Hechos 14.3)

No estoy sugiriendo imponer un ayuno sobre todos porque hay creyentes con situaciones de salud que les impiden privarse de alimentos por varias horas, pero hay ciertos principios en la práctica del ayuno que todos podemos aplicar en nuestra rutina semanal.

El principio del ayuno es este: Privarse de algo que es válido y permitido (como el comer) para dedicar ese tiempo a algo de carácter piadoso. Con esta práctica, estamos queriendo mostrar que apreciamos más lo espiritual que lo material. Que estamos dando prioridad a lo eterno frente a lo temporal.

Si esto es así, el ayuno puede extenderse en su aplicación a varias cosas que son lícitas pero de las cuales voluntariamente decidimos privarnos para buscar más a Dios. Podemos incluir entonces el tiempo que se dedica a la televisión, al las redes sociales del Internet, al deporte, al entretenimiento, etc., etc.

En cierto sentido, las circunstancias actuales causadas por la pandemia viral del COVID-19 han obligado a muchos a abstenerse (hacer ayuno) de estas prácticas con el fin de prevenir o detener el contagio. Pero, ¿cuáles son las actividades por las cuales se han sustituido las actividades que están siendo reguladas o prohibidas?
¿Estamos aprovechando el ayuno de esas actividades sociales que están siendo prohibidas?

Con tristeza vimos un reporte en el cual se confirmaba un reciente aumento muy notorio en el uso de pornografía por Internet. Esto solo es una muestra de cuán duro es el corazón humano.

Como dijo el profeta Amós en el capítulo 4

“Os detuve la lluvia…, os herí…, envié contra vosotros mortandad…, os trastorné… pero nunca os volvisteis a mí, dice Jehová”

Estamos enfrentando una época singular, las costumbres y horarios y las actividades han cambiado. ¿Y los creyentes, cómo lo aprovecharemos?

Una sugerencia.

¿No podríamos unirnos en ayuno todos los que tengan posibilidad apartando los días miércoles para el ayuno y la oración?
Este ayuno puede ser parcial o completo según las posibilidades de cada uno, pero debe ser un ayuno de arrepentimiento y humillación clamando por la misericordia de Dios sobre Su pueblo y sobre las naciones. Sobre Su pueblo porque hemos sido débiles en nuestro testimonio de Cristo y nos hemos dejado contaminar por el mundo con costumbres y prácticas contrarias a la ley de Dios y sobre las Naciones para que muchos reconozcan al Rey Jesucristo y entiendan que sin Él están perdidos.
Que la oración del profeta Daniel, que se impuso ayuno a sí mismo (Daniel 9.3), sea nuestro modelo, entendiendo que la ciudad santa de Jerusalén es la Iglesia de Cristo. (Daniel 9.16-19)

Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro. Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

Esta invitación (convocación) al ayuno de ninguna manera debe ser vista como una manera de ganar méritos ante Dios o algo que nos lleve a jactarnos de nuestro nivel espiritual. Precisamente es por reconocer lo lejos que estamos del estándar bíblico de santidad, que estamos en esta necesidad de apartarnos para ayunar y orar.
No hay obras que puedan pagar por nuestros pecados, no hay obras que nos hagan merecer el favor de Dios (Efesios 2.8-10), pero este tipo de acciones pueden ser lo que muchos necesitamos para poder tener mayor comunión con Dios, disfrutar de Su presencia y ser capaces de escuchar Su voz en Su Santa Palabra la Biblia.

Dios puede usar este tiempo de oración y ayuno para darnos un más claro sentido de lo que es la Iglesia y del alcance del Evangelio en la vida de los hombres. Cuando oremos pensemos que estamos unidos a muchos otros que también han atendido el llamado y confiemos en la promesa del Señor.

“… orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”

Santiago 5.16

Y si usted no puede separar los miércoles, separe algún otro día según sus posibilidades, sea un tiempo pequeño o mediano o grande, pero apártese para buscar a Dios, puede ser que no sea demasiado tarde.

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle, en tanto que está cercano”

Isaías 55.6

“Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo de Jehová.

Sofonías 2.3

¿TEMES AL CORONAVIRUS?

Posted in Reflexiones with tags , on marzo 19, 2020 by elcaminoangosto

¿POR QUÉ YO NO LE TEMO AL CORONAVIRUS?

“…Jehová me dijo… y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.” Profeta Isaías4 8.11-13

¿Quiere decir que no debemos tomar precauciones en las Epidemias/pandemias?
¿Estamos acaso afirmando que los cristianos no podemos contagiarnos de enfermedades que se transmiten viralmente o por bacterias?

Debemos estar alerta ante los extremos del fanatismo y de la irresponsabilidad. Algunos quieren interpretar la Biblia afirmando que a los creyentes verdaderos nunca los va a afectar ninguna de estas plagas y tragedias y hasta ponen en duda la fe de los que acatan las medidas impuestas por las oficinas de Salud y suprimen las reuniones públicas.

Tal punto de vista se refuta fácilmente con los ejemplos bíblicos e históricos que comprueban lo contrario. La Biblia y la Historia relatan los casos de excelentes hombres y mujeres de Dios, personas piadosas y fieles que sufrieron enfermedades y diversas tragedias, contagios de enfermedades, incendios, terremotos, etc., a pesar de haber sido creyentes ejemplares.

Hay gente que anda en busca de conjuros u oraciones mágicas que los libren de las penas de esta vida. Para satisfacer esas demandas aparecen los falsos profetas que les dicen lo que ellos quieren oír y claro, tendrán que pagar el precio por sus servicios. Es impresionante el hecho de que hasta botellas de alcohol santificado se han atrevido a ofrecer algunos farsantes.
En el tiempo del profeta Jeremías, ocurría lo mismo, él escribió lamentándose:

“!!Ah! !!Ah, Señor Jehová! He aquí que los profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá hambre entre vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera.Jeremías 14.13

¿No ocurre lo mismo en nuestros días?
La gente tiene afinidad por las religiones que les prometan que vivirán bien en este mundo, pero no parecen estar tan interesados en qué ocurrirá con sus almas el día que mueran.

Los creyentes vamos a cuidarnos y a seguir las recomendaciones que los expertos nos indican porque el mandamiento del amor nos manda a cuidarnos nosotros y a proteger a nuestro prójimo, pero no tenemos pánico porque sabemos que El que controla todas las cosas es nuestro Dios, Aquel que nos ha adoptado por medio de Su HIJO Jesús.

Por otro lado, están aquellos que piensan que con la aplicación de medidas sanitarias extremas se van a librar del contagio. A esos los veremos aplicando medidas super-estrictas y haciendo de estas medidas un tormento para sí mismos y para otros, entrando en una paranoia que los lleva a una continua intranquilidad por más minuciosos que sean en el protocolo anti-contagio.

El Salmo 127 dice:

“… Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia”

Esto no significa que tenemos que dejar de velar. Es nuestra responsabilidad velar y estar en guardia. Pero debemos reconocer que sin el favor de Dios toda guardia será insuficiente para proteger la ciudad o cualquier otra cosa que esta “ciudad” representa.

Debemos seguir los protocolos de salud, pero no son los protocolos los que nos librarán del virus. Tengamos esto claro, si no nos contagiamos es por la misericordia de Dios. No creamos que nuestra precaución o inteligencia es la que nos libra del virus. Los precavidos e inteligentes se pueden contagiar.

Los creyentes no debemos entrar en pánico. Si a pesar de los cuidados Dios permitiera al virus entrar y eso nos llevara a la muerte, eso no representa una tragedia para nosotros. La Biblia dice que la muerte de los cristianos es estimada a los ojos de Dios (Salmos 116.15) y el apóstol Pablo dice que morir es ganancia porque al morir estaremos con Cristo. (Filipenses 1.21)

Esta crisis viral está siendo útil para que salgan a la luz muchos sentimientos y pensamientos que deben ser considerados.

¿Cuál es su actitud ante esta crisis? ¿Tiene pánico de contagiarse? ¿Tiene miedo de morir?
¿Tiene usted una falsa esperanza? ¿Está usted comportándose con una valentía ficticia pensando que a usted no le va a pasar nada?

En 1998, hace 22 años, yo era promiscuo y no utilizaba la llamada “precaución” en las relaciones sexuales. Fui contactado por una de las parejas sexuales que tenía para advertirme que un diagnóstico reciente había salido “Seropositivo”.
Para mí fueron días y meses de gran angustia pensando en la vergüenza y el estigma que en aquellos años tenía ese diagnóstico y también el sufrimiento que causaría a mis seres queridos cuando se enteraran.
Pero una prueba tras otra dieron un resultado negativo en mi caso.
En el pasado ya había tenido sospechas de enfermedades de transmisión sexual y los diagnósticos habían salido “limpios“, pero en esta ocasión las posibilidades eran muy desfavorables.
Dios quiso usar esta circunstancia para hacerme reflexionar sobre la vida y la muerte y caí en cuenta que si no moría de un virus moriría de alguna otra cosa y no estaba preparado para morir.
Dios se apiadó y tuvo misericordia y me trajo al conocimiento de la Verdad por Su gracia me salvó y me transformó.

Hoy medito en la forma en que Dios preservó mi salud física para luego salvar mi alma y puedo confirmar que Dios está en control de todo.
Por eso no le temo a ningún virus.
Repito que eso no significa que voy a propiciar el descuido en cuanto a las medidas preventivas. Eso sería tan absurdo como pensar que porque Dios nos perdona nuestros pecados, podemos ahora pecar libremente.

Solamente quisiera que entendiéramos que las medidas preventivas son el medio por el cual Dios puede guardarnos. Pero si Él no nos guardara, ni siquiera las medidas preventivas más estrictas serán eficaces. Y de igual manera, muchas veces Dios nos preserva, a pesar de nuestros descuidos. Lo hace por misericordia.

Espiritualmente es igual, tenemos que guardarnos diligentemente para no pecar pero seguimos pidiendo a Dios “no nos dejes caer” y “líbranos del mal“.

He conocido personas que son portadores del VIH y no han desarrollado la enfermedad y también he conocido personas que están sufriendo las consecuencias de ese virus, y a todos les insisto en lo siguiente: No es al virus lo que debemos temer es a Dios que tiene el poder y derecho de enviarnos la muerte a través de ese virus.

Temer a Dios es darle a Él el lugar que sólo Él merece, entendiendo que Él tiene nuestras vidas en Sus manos.
Si así lo entendemos, nos acercaremos a Él reconociendo que nuestros pecados nos hacen dignos de condenación, pero nos acercaremos confiando en el perdón que Cristo ofrece a los que con humildad suplican la salvación. Temer a Dios es esforzarse por conocerLo para no ofenderLo. (Job 28.28)

¿Teme usted a Dios? ¿Le importa haberlo ofendido?
La ofensa más grande contra Dios es el rechazo a Su Hijo Jesucristo. Debemos reconocer a Cristo como Señor y Salvador y dejar nuestro propio camino para aprender a vivir según el Camino que Él nos trazó.

La razón para la tranquilidad y paz que gozamos los cristianos está en la promesa de Cristo que nos dijo que estaría con nosotros todos los días y hasta el fin del mundo (Mateo 28.20)

Nuestros antepasados en la Fe sufrieron mucho más que el contagio de un virus y todavía en la actualidad hay quienes por la causa del cristianismo están sufriendo maltratos y persecución. Para ellos y para nosotros son las palabras de nuestro Salvador.

“… no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”Evangelio de Mateo 10.28

Por esta razón sigo insistiendo como en los artículos anteriores, No le tengamos miedo a lo que todo el mundo le tiene miedo.

Tengamos Temor de Dios.

¡Están cerrando todo!

Posted in Reflexiones with tags on marzo 17, 2020 by elcaminoangosto

Las cosas que eran importantes para la gente: deportes, entretenimiento, diversión, viajar, festejar y hasta la educación. Todo ha comenzado a perder importancia. Estadios cerrados, cinemas, restaurantes, parques de diversiones y hasta las fronteras cerradas, fiestas y paseos cancelados, escuelas cerradas.
Parece que pronto las puertas de las iglesias estarán cerradas también.
¿Será demasiado tarde para buscar a Dios y darle importancia a lo que de verdad tiene importancia?
Son muchos los que están muy preocupados, pero la triste realidad es que su preocupación se concentra en sobrevivir a esta pandemia pero no toman tiempo para reflexionar en la realidad de que el día de la muerte llegará tarde o temprano y todas las medicinas y alimentos acumulados no podrán impedir que ese día final llegue.
¡Cuán bueno sería si las personas se preocuparan por sus almas así como se preocupan tanto por la salud de sus cuerpos! Pero pareciera que que hemos caído en la trampa de pensar que no tenemos alma
El relato del Génesis nos describe que cuando Dios creó todas las cosas las creó por la palabra de Su poder pero cuando creó al ser humano lo hizo diferente, Dios formó al hombre Él mismo y para darle vida sopló en su nariz el aliento. Esto nos diferencia de todas las demás criaturas, tenemos un alma racional y una conciencia, tenemos un espíritu que volverá a Aquel que lo otorgó cuando el cuerpo vuelva al polvo. (Eclesiastés 12.7)
¿Está usted preparado para el encuentro ineludible con el Creador?
Tragedias vienen y tragedias se van pero hay una tragedia definitiva para los que no tienen a Cristo. Si Cristo no es nuestro refugio no habrá esperanza.
Hoy 17 de Marzo se conmemora el nombre de cierto misionero inglés que en el siglo V llevó el Evangelio a la isla de Irlanda. Este hombre había sido secuestrado en su juventud de su país natal Inglaterra y tuvo que vivir en Irlanda como esclavo pero finalmente pudo escapar. Sin embargo, en el tiempo de su cautiverio físico, su alma fue liberada (experimentó la conversión) y años después regresó voluntariamente al país al cual había sido llevado por la fuerza, pero esta vez para llevar el mensaje de Jesucristo a esa tierra de paganos. Lo llaman “San Patricio”.
Hay un poema que se le atribuye a este misionero y pienso que en días de inseguridad y convulsión como los que vivimos, este poema u oración representa la súplica y los sentimientos de un verdadero cristiano.

Cristo conmigo,
Cristo delante mí,
Cristo detrás de mí,
Cristo dentro de mí,
Cristo debajo mí,
Cristo sobre mí,
Cristo a mi derecha,
Cristo a mi izquierda,
Cristo cuando me acuesto,
Cristo cuando me siento,
Cristo cuando me levanto,
Cristo en la anchura,
Cristo en la longitud,
Cristo en la altura
Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí,
Cristo en la boca de todo hombre que hable de mí,
Cristo en los ojos de todos los que me ven,
Cristo en los oídos de todos los que me escuchan.

Amén

Muchos invocan el nombre de Cristo de manera supersticiosa, pensando que es una especie de palabra mágica para ser librado de peligros en esta vida.
El peligro principal del cual Cristo salva es el pecado porque el destino de los pecadores es el abismo de la condenación. Si nuestro corazón no ha sido limpiado del pecado, no tenemos esperanza en el día final.
El que se ha arrepentido de sus pecados y ha confiado en El Salvador ya lo tiene todo, tener a Cristo es tenerlo todo. Aunque carezcamos de todo lo demás en esta vida, podremos decir como el apóstol Pablo, “… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4.13)
¿Es Cristo su fortaleza en estos días?
Cristo es la puerta del Cielo y todavía está abierta. Vaya a Jesucristo para poder entrar al reino de Dios.

¡Alerta! ¡Virus Mortal!

Posted in Reflexiones with tags , on marzo 10, 2020 by elcaminoangosto

Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed. – Lucas 12. 4,5

Esas son las palabras de nuestro Señor Jesucristo. Al decir esto, Jesucristo no tenía la intención de enseñar a sus discípulos a vivir de una manera despreocupada o irresponsable con respecto a los riesgos y peligros que amenazan constantemente la vida física. Eso no podría ser porque la Biblia nos enseña sobre la prudencia y la obligación que tenemos como mayordomos de cuidar nuestro cuerpo y de todo lo que Dios nos da.

Entonces ¿a qué se refería Cristo al enfatizar que no deberíamos temer a los que matan el cuerpo?

Lo que el Señor está tratando de contrarrestar es la tendencia generalizada a preocuparnos mucho más por el cuerpo y por todas las cosas de esta vida física, que tiene una duración temporal, en comparación con los asuntos espirituales que tienen consecuencias eternas. Le tenemos temor a los delincuentes, a los ladrones y asesinos y a lo que represente una amenaza para nuestra salud.

Podemos notar un temor generalizado a ser contagiados de los virus y la aparición de uno nuevo genera una preocupación muy notoria. Los negocios, los viajes, las transacciones comerciales y las actividades sociales, todas se ven afectadas. ¿Por qué? Por miedo al contagio.

He pensado en un escenario extremo para tratar de ilustrar el mensaje de este artículo.

Supongamos que cierto virus, uno como el coronavirus pero mucho peor, se vuelve una verdadera pandemia. Los gobiernos de cada país deciden tomar medidas extremas para que todos los habitantes sean diagnosticados y los que resulten positivos son llevados a campos de concentración en completo aislamiento y nadie sabe qué trato reciben o si podrán alguna vez salir de esas cárceles, porque los infectados no tienen ninguna posibilidad de recuperación, la tasa de mortalidad es del 100%

Esta situación comienza a generar pánico, no solo al virus sino a esas oficinas del ministerio de salud que comienzan a ser instaladas en todas partes, porque usted sabe que tarde o temprano será citado para el diagnóstico. Además, recientemente usted ha observado los síntomas de la enfermedad en usted o en su familia.

Los expertos han descubierto que la única posible cura sería una transfusión de sangre proveniente de alguien que tuviera la sangre completamente limpia de virus, pero no solo limpia de este virus actual sino que el donante nunca debe haber sido afectado por ninguna especie de virus. Tal persona no ha podido ser encontrada.

¿Cómo se sentiría? ¿Estaría preocupado por usted y por los suyos?

Aun en esta terrible condición, las palabras de Cristo siguen siendo útiles y podríamos tal vez parafrasearlas de la siguiente manera:

No temáis a los virus, ni al gobierno, que solamente pueden matar el cuerpo”.

Nadie se va a ir al infierno por tener un virus super contagioso, lo peor que podría suceder por culpa de ese virus es que usted llegue a morir físicamente.

Pero ¡CUIDADO!, existe un virus muchísimo más peligroso y la triste noticia es que ya todos hemos sido contagiados con ese virus, nacimos con el contagio. Es el virus del pecado. Cuando vemos a nuestros bebés, parece que vienen libres de ese virus, pero solo es cuestión de tiempo y sus conductas revelan los síntomas que comprueban que también nacieron contagiados.

La tasa de mortalidad para este virus del pecado es del 100%.

Para tratar el espantoso virus del pecado y sus consecuencias no hay cuarentenas ni medicamentos que sean efectivos, solamente algo parecido a una transfusión de sangre puede detener sus efectos.

Hay un único donador, porque es el único cuya sangre no está contaminada de ese virus del pecado, ese donador es Jesucristo, el Hijo de Dios.

Si este virus del pecado no se trata apropiadamente, llevará a los que lo poseen a la condenación del infierno y eso equivale a una tormentosa cuarentena eterna, un sufrimiento en cuerpo y alma.

La buena noticia es que aquellos que con humildad reconozcan su terrible condición y vengan a Cristo suplicando recibir la transfusión, serán limpiados y preservados para la vida eterna.

Recuerde, los que pretendan seguir sus propios métodos para tratar el virus del pecado, serán aislados en una espantosa cuarentena eterna por haber rechazado la cura gratuita que Dios había provisto en Su Hijo.

Las consecuencias del virus del pecado son terribles, pero solo los que tengan más temor de Dios que de las consecuencias de los virus estarán listos para la transfusión de sangre que les librará no solo de las consecuencias del virus, sino del poder dominante de ese virus y finalmente los librará para siempre de todo resto de ese virus del pecado en el día final.

¿A qué le tiene usted más temor? ¿Ha observado usted los síntomas del virus del pecado en usted y en su familia? ¿Cómo lo está tratando? ¿Ha encontrado usted la paz con Dios por medio de Jesucristo? ¿Ha usted tratado con el virus del pecado apropiadamente?

Reflexione con sinceridad y seriedad en las palabras de Cristo. ¿Le teme más usted a los que matan el cuerpo que a Dios que puede quitarle la vida y echarlo al infierno?

La muerte física será inevitable, pero los que tengamos a Jesucristo seremos librados de la muerte segunda, que se llama la condenación del infierno.

EL AMOR…

Posted in Reflexiones with tags , , , on febrero 13, 2020 by elcaminoangosto

El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. I Juan 4.8

Según la popular Wikipedia del Internet,

“El día de san Valentín es una celebración tradicional de países anglosajones que se ha ido implantando en otros países a lo largo del siglo XX principalmente en la que las parejas de enamorados expresan su amor y cariño mutuamente. Se celebra el 14 de febrero, onomástico de san Valentín. En algunos países se conoce como día de los enamorados y en otros como día del amor y la amistad. En Angloamérica hacia 1840, Esther A. Howland comenzó a vender las primeras tarjetas postales masivas de san Valentín, conocidas como “valentines”, con símbolos como la forma del corazón o de Cupido. También en este día es común la tradición de regalar rosas a aquellas personas a las que se tiene un especial afecto.”

Y con respecto al personaje al cual se le llama “San Valentín” el sitio de National Geographic afirma que:  

San Valentín fue un sacerdote de Roma que en el siglo III ponía en riesgo su vida para unir a las parejas en matrimonio. El emperador Claudio II lo prohibió porque a su juicio los solteros sin hijos eran mejores soldados. San Valentín al considerarlo injusto lo desafió. Este fue detenido y enviado por el emperador al prefecto de Roma, quien al ver que todas sus promesas para hacerlo renunciar a su fe eran ineficaces, mandó que lo golpearan y después lo decapitaran.

Quiero aprovechar esta fecha en que abundan las conversaciones sobre el amor para hablar de lo que parece ser el valor universal, es decir, las personas de todas las culturas y convicciones religiosas o filosóficas piensan que el amor es algo bueno. Todavía no he conocido a alguien que afirme que el amor sea malo.

Existen varios tipos de amor.

El primer tipo de amor es el amor que llamamos filial, este se refiere al amor que suele existir entre personas que tienen alguna conexión familiar o alguna amistad que los hace tratarse como hermanos, o al menos como deberían tratarse los hermanos.

Existe también el amor romántico, que es el que experimenta una pareja de enamorados, novios o cónyuges.

Sin embargo, puede afirmarse que estos dos tipos de amor son circunstanciales y muchas veces temporales, porque hay personas que profesaron amarse con todo el corazón y luego llegaron a odiarse a tal grado que no soportan ni verse y mucho menos vivir juntos.

Hay personas que disfrutaron de una linda amistad, pero el tiempo o las circunstancias hicieron que de aquel amor solo quede un buen recuerdo.

Todos los seres humanos, sean creyentes o incrédulos, sean cristianos o de cualquier otra religión, tienen la capacidad de experimentar los tipos de amor que se han descrito. Esto es una bendición que Dios quiso preservar para toda la humanidad.

La clase de amor al cual se refiere el apóstol Juan en la cita inicial de este artículo es diferente, es un amor que se asocia con Dios y con la esencia del Ser Divino y afecta a los otros tipos de amor, pero NO tenemos una capacidad natural para experimentar esa clase de amor. Solo viene por Su Gracia.

Esto no se trata de un sentimiento hermoso, es algo diferente y tiene las características que el apóstol Pablo describen I Corintios 13.4-7:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El capítulo 4 de la primera carta del apóstol Juan explica claramente que el amor de Dios se mostró al mundo cuando Él entregó a Su Hijo unigénito.

Es un hecho incomprensible que Dios estuviera dispuesto a entregar a Su Hijo a la muerte y es un hecho incomprensible que Cristo estuviera dispuesto a dar su vida por pecadores rebeldes como nosotros para darnos esperanza.

El apóstol Pablo afirma que Dios deposita esta clase de amor sobre los creyentes:

“… y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”Romanos 5.5

Cuando Dios salva pecadores, les imparte su amor y los capacita para amar de verdad, de una manera diferente.

No es difícil amar a los que nos aman, eso lo puede hacer cualquier persona, pero Dios nos capacita para amar a los que no merecen ser amados, así como Él nos amó sin que nosotros mereciéramos su amor.

El Señor Jesús confrontó a sus seguidores al respecto de la diferencia entre el amor común y el amor que deben practicar los hijos de Dios:

“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman” (Lucas 6.32)

Solamente el Espíritu Santo nos puede capacitar para cumplir este mandamiento de Cristo cuando dijo:

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”(Mateo 5.44)

¿Es esto posible?

No estamos afirmando que los cristianos aman perfectamente, todos fallamos en alguna medida. Sin embargo, el mismo Espíritu Santo que vino a derramar en nosotros el amor de Dios al salvarnos (Romanos 5.5), nos impulsa a esforzarnos y nos capacita para practicar esta clase de amor y crecer en este amor.

La persona que se aferra a la amargura y constante rencor, la persona que se niega a perdonar las ofensas, está en una condición muy grave porque no está manifestando la virtud del amor. En otras palabras, es probable que tal persona no pueda amar porque todavía no ha experimentado el amor de Dios, en otras palabras y volviendo a la cita original: No ha conocido a Dios.

Es importante recalcar que aunque el cristiano no ama perfectamente, sí tiene el deseo de crecer en amor y de llegar a amar como Cristo nos amó y por esta razón se esfuerza en buscar la llenura del Espíritu Santo.

Nuestro Señor Jesucristo advirtió sobre los obstáculos para el amor y afirmó que sólo los que perseveran en amor podrán ser salvos:

“y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.(Mateo 24.12-13)

No es el conocimiento bíblico ni el involucramiento en actividades de iglesia lo que identifica al verdadero cristiano. Según Jesucristo, la marca que debe identificar a sus seguidores es el amor. (Juan 13.35).

Así como podemos afirmar que los que pierden la fe tenían una fe falsa. Si el Señor dice que los que perseveran en amor son lo que serán salvos, eso significa que ¡sólo los que perseveran en amor tienen fe verdadera!

El que está lleno del Espíritu Santo, estará lleno de amor.

¿Amas a Jesucristo el Salvador? ¿Amas a tu prójimo? ¿Has experimentado los efectos del verdadero amor, el AMOR DE DIOS?

Desear y procurar el amor de Cristo es la marca de los verdaderos cristianos, porque Él dijo:

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros” (Juan 13.35).

Y el apóstol Juan recalcó:

el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. (I Juan 2.5-6)

El amor verdadero, el amor de Dios nos perfecionará en nosotros todos los tipos de amor, afecto y cariño que pueden exisitr.

La amistad y la hermandad serán limpiadas del egoísmo y la conveniencia cuando se experimente el amor de Dios y por supuesto, también el amor de una pareja dejará de ser una pasión descontrolada y egoísta como la que exalta el mundo para volverse un afecto limpio,  desinteresado, sacrificial y perdurable.

Que así sea. Amén.

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