4 Amenazas Prácticas contra la Iglesia de Hoy

Posted in Reflexiones with tags , , on noviembre 22, 2017 by elcaminoangosto

Por Jared Longshore

Traducido con permiso por Alexander León

Artículo original en inglés  >>>>> AQUI <<<<<<<

Recientemente vi que los refugios para catástrofes (“doomsday bunkers”) están tomando importancia. Yo no soy del tipo que busca refugio subterráneo con comida enlatada. Pero, comienzo a mejorar en mi apreciación por aquellos que se identifican con amenazas verdaderas y toman medidas para refugiarse.

Cualquier cálculo de amenaza para la iglesia corre el riesgo de sonar universal y sin esperanza. Por eso, es necesario aclarar que: (1) Estas amenazas se comparten desde una posición privilegiada muy limitada. (2) Dios puede destruir esas amenazas con golpe de su  muñeca. Aquí están cuatro amenazas prácticas que detecta mi radar:

Enfrentamos la amenaza de no reunirnos con suficiente regularidad como iglesia. Si yo fuera el diablo, procuraría tener a los cristianos separados. Los convencería de que una hora a la semana es un tiempo suficiente para pasar juntos. Cuando yo era joven, tuve el privilegio de crecer en una iglesia donde me fue enseñada la Biblia varias veces a la semana. En las mañanas y tardes del Domingo y los Miércoles por la noche, yo pasé por lo menos 8 horas a la semana con el pueblo de Dios, mucho de ese tiempo lo pasé escuchando las verdades bíblicas. No tengo idea de cuántas penas he sido librado y cuántas bendiciones he recibido de los medios de gracia mientras gente común me servía la Palabra de Dios. Muchos cristianos hoy se reúnen solo esporádicamente las mañanas de Domingo. Ninguna organización, escuela, ejército o iglesia puede sobrevivir si se reúnen poco. Dios nos manda a estimularnos unos a otros al amor,

“no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10.25).

Nuestra falta al no congregarnos no es solamente una falta de disciplina, sino de deseo. Simplemente no amamos la palabra de Dios y al pueblo de Dios como decimos amarlos. Agreguemos a eso un punto de vista inmaduro de lo que es la iglesia, y tendremos una vasta multitud de cristianos muy ocupados, pero no trabajando para edificar la iglesia en el mundo.

Neutralice esta amenaza con este libro: La membresía de la Iglesia por Jonathan Leeman.

Sufrimos la amenaza de estar centrados en nosotros mismos. En el diccionario Oxford del 2013 la palabra del año fue selfie (auto-foto). El Facebook no fue el que creó este fenómeno en el corazón humano, sino que ha revelado el monstruo-yo que estaba adentro. Las redes sociales son una bolsa mezclada que el enemigo ha usado para exacerbar nuestra obscesión con ser el número uno. La iglesia, sin embargo, progresa al dejar de mirarse a sí misma y poner la mirada en Cristo y preocuparse por otros.  La iglesia no puede funcionar apropiadamente si los miembros no se niegan a sí mismos. Es una receta para el desastre cuando comenzamos a pensar que la iglesia existe para que podamos expresar nuestros dones o cuando pensamos que la iglesia debe acomodarse a nuestras preferencias. Es común escuchar la frase: “Deseo ir a una iglesia con profundo compañerismo, predicación sólida y pasión por las misiones”. Pero, lo que necesitamos escuchar es: “En esta iglesia, voy a iniciar un profundo compañerismo, voy a promover la predicación sólida y me voy a sacrificar con el fin de que misiones apasionadas”. Las palabras de Pablo nos sirven bien cuando enfrentamos este peligro particular:

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2.3).

Neutralice esta amenaza con este libro Side by Side por Ed Welch

Enfrentamos la amenaza de ser flacos en la Biblia. Sí, hemos memorizado algunos versículos. Y cierta moralidad cristiana culturalmente aceptable nos sirve de guía. Pero, parece que cada vez más la gran mayoría de los evangélicos tienen muy poco de la Biblia en sus huesos. Cada cristiano está siendo discipulado por el mundo que le rodea. Por esta razón Pablo dijo:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12.2).

En ciertas maneras, me temo que hemos sido “Caananizados”. Dios tiene mucho que decir sobre cómo gastamos nuestro tiempo, cómo nos comportamos en el hogar, lo que vemos, cuándo y a quiénes nos sometemos, cómo gastamos nuestro dinero, y cómo criamos a nuestros hijos. Si nos apartamos de la Palabra de Dios en lo que se refiere a estos temas, y otros, estamos en serio peligro. Necesitamos ponernos serios en la tarea de cambiar nuestra mentalidad para que se ajuste a la palabra de Dios porque

“toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (II Timoteo 3.16-17).

Neutralice esta amenaza con este libro: Confía en Su Palabra por Kevin Deyoung

Enfrentamos la amenaza de temer a los hombres y no temer a Dios. El Evangelio demanda que temamos a Dios y no al hombre. Si vamos a amar a los hombres como debemos, entonces no podemos temerles. Cuando las autoridades les dijeron a Pedro y a Juan que dejaran de hablar de Cristo, ellos respondieron:

“Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” (Hechos 4.19-20).

Si uno toma una actitud así hoy, la gente lo mira a uno levantando las cejas, incluso si son cristianos. ¿Por qué ocurre esto? Hemos perdido la orientación. Respetamos a las personas a expensas de Dios. Dios nos ha mandado llenar la tierra con el conocimiento del Señor. Pero ponemos este mandamiento y otros a un lado cuando los hombres dicen que tal actividad es inaceptable. Hemos perdido un contexto para entender lo que dicen Salmos como el 2, 5 y 7. Y estamos perdiendo el lugar que corresponde en la vida cristiana a:

“Teme a Dios y guarda sus mandamientos” (Eclesiastés 12.13).

Quiera Dios darnos gracia para orar con David

“… afirma mi corazón para que tema tu nombre” (Salmos 86.11).

Neutralice esta amenaza con el libro: Cuando la gente es grande y Dios es pequeño de Ed Welch.

 

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MEDITACION PARA LOS HEREDEROS DE LA REFORMA DEL SIGLO 16

Posted in Reflexiones on noviembre 1, 2017 by elcaminoangosto

Origen: MEDITACION PARA LOS HEREDEROS DE LA REFORMA DEL SIGLO 16

¿Ha sido tu fe probada?

Posted in Reflexiones with tags , , , on septiembre 28, 2017 by elcaminoangosto

Traducido por Alexander León

Artículo e John J. Murray publicado por Banner of Truth

Puede leer el original  >>>>>> AQUI <<<<<<<<<

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Hay muchas concepciones erradas con respecto a la fe en estos días. Algunos piensan de la fe como si fuera un utilería, diciendo “Desearía tener la fe que tienes”. Otros piensan en ella simplemente como el medio de salvación, para librarnos del infierno. Mucha de la predicación Evangelística en los años recientes se ha direccionado de esa manera. Ellos dicen “Cree en el Señor Jesucristo, y serán salvo”, entonces se realiza una decisión como si no tuviera la implicación posterior de una vida de obediencia. Muchos tienen la impresión de que su ejercicio de fe los libera de la ley, porque después de todo… “Una vez salvos, siempre salvos“. Tal clase de fe es superficial.

¿Es esta la fe que se exalta de manera tan alta en Hebreos 11? En esa Oda a la fe, a Abraham se le da un lugar principal. A él se le referencia más que a ningún otro en la galería, como el padre de los fieles. Se hace mención de Abraham noventa y nueve veces en el Nuevo Testamento. Él representa un patrón que debemos imitar.

Hay tres cosas particulares en su vida que demuestran la naturaleza de la fe verdadera:

La Fe verdadera cambia nuestra perspectiva por completo.

En los tratos de Dios con Abraham tenemos el inicio de la actividad redentora que llevaría al desarrollo del Pacto de Gracia. Vemos tres cosas aquí:

La iniciativa divina: Abraham es un ejemplo brillante de la iniciativa divina. En el momento de su llamado él estaba viviendo en Ur de los Caldeos, “adorando otros dioses” (Josué 24.2) y en la oscuridad del paganismo. No pensaba en el Dios verdadero.

De pronto, como describe el mártir Esteban en Hechos 7.2, “el Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia”. Lo describe como “el Dios de gloria” porque su manifestación personal es su gloria. ¡Qué clase de reacción esto debe haber producido en la mente de Abraham! Debió ser como la revelación que Isaías tuvo en el tempo, una revelación soberana y un llamado, y le fue concedida gracia para responder al llamado. Sucede lo mismo con todo el que es “nacido del Espíritu”.

Obediencia absoluta. “Por la fe Abraham, cuando fue llamado… obedeció” (Hebreos 11.8). Fue un llamado eficaz. Él no había cumplido el propósito de su existencia – glorificar a Dios. En vez de eso, él había destronado al Dios vivo y se había hecho ídolos de su propia imaginación. El llamado de Dios fue para traer a Abraham hacia sí mismo y debe haber entonces una respuesta inmediata e incondicional. Tenía que salir de entre los adoradores paganos y hacer de Dios su propio Dios y su herencia. La Palabra de Dios se volvió el todo para él y no hizo nada que Dios no le mandara. Como observa Thomas Manton: “La fe es nuestra vida, el alma que mueve el cuerpo entero de la obediencia”.

Separación para Dios: La perspectiva de Abraham cambió por completo. Antes vivía para las cosas de esta vida y las riquezas y honores de ella pero comenzó a vivir la vida en términos de su destino final. Fue liberado de su deseo de hacer de este mundo su hogar porque Dios le prometió una herencia. Esta herencia era “una patria mejor” y “una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios”. Es la patria o país donde Dios habita. Él ha preparado esta patria para su pueblo y Él mismo es su herencia final. El plan completo se describe de una manera muy bella en el Progreso del Peregrino de Bunyan, donde vemos a Cristiano huyendo de la Ciudad de la Destrucción y su viaje a la Ciudad Celestial.

La Fe verdadera descansa en las promesas de Dios.

La segunda característica de la fe es la confianza en las promesas de Dios. El escritor todavía está hablando de la fe de Abraham pero ahora se vuelve a Sara. Ambos están involucrados porque se refiere a su descendencia. “Por la fe Sara recibió fuerzas para concebir” (v.11)

Parecía una situación imposible; Abraham de 100 años y Sara de 90. Ella había sobrepasado en mucho la edad de concebir. Cuando escuchó primero la noticia de un heredero, la incredulidad se apoderó de ella temporalmente y su fe tembló: “Se rió, pues, Sara dentro de sí” (Génesis 18.12). “Y Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Génesis 18.13-14)

¿Qué produjo el cambio? Ella dejó de mirar el problema y comenzó a mirar al Señor, “porque creyó que era fiel quien lo había prometido” (v.11). Ella desvió su mirada del problema y la puso en El que prometió. Él se volvió el objeto de su fe.

Dice Sinclair Ferguson:

… la fe verdadera toma su carácter y calidad del objeto en el cual está puesta y no de sí misma

¿Hay algo difícil para el Señor? Él creo el mundo de la nada (Hebreos 11.3). Él prometió y él hará que suceda. Abraham y Sara tuvieron un niño.

La Fe verdadera es probada.

La tercera característica de la fe verdadera es que es probada: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac” (11.7). Hay una tradición judía que dice que Abraham fue probado en 10 ocasiones diferentes. Si es así, esta debe haber sido la más dolorosa. El mandamiento prohibía quitar la vida e Isaac era el mejor regalo que había recibido de Dios. En Isaac, la promesa debía cumplirse y aun así, le estaba siendo quitado. ¿Actúa la providencia en contra de la promesa?

Pero Abraham creía que el Dios que le había prometido era capaz de levántalo aun de los muertos. De hecho él ofreció a Isaac en voluntad, corazón y afecto. Dios aceptó la voluntad en lugar del hecho, “porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único” (Génesis 22.13) y “de entre los muertos… en sentido figurado, también lo volvió a recibir” (v.19)

Como cristianos no debemos temer las pruebas y tribulaciones. De hecho, una vida sin molestias es una gran causa de preocupación. Santiago comienza su epístola con estas palabras “hermanos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1.2). Esta es la gran experiencia común del Redentor y de los redimidos, hay un propósito en ello, “sabiendo esto que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis completos y no os falte nada” (v.3-4)

Las pruebas y tribulaciones avientan la paja y producen perseverancia en una vida de obediencia sincera. Pedro, en su primera epístola, habla sobre el gozo de nuestra gran salvación, y luego trae la advertencia “aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”. (I Pedro 1.6-7). El elemento genuino de la fe es probado por un proceso similar al del refinado de los más valiosos y preciosos metales. El resultado es lo que recibe la aprobación de Dios y redunda para Su gloria.

Muchos pasajes de la Escritura nos advierten de los peligros de una fe temporal y de una fe que fracasa. La fe de los cristianos hebreos estaba siendo conmovida: “No perdáis vuestra confianza” (Hebreos 10.35). El escritor luego dice “nosotros no somos de los que retroceden” (v.39), después de lo cual nos introduce inmediatamente a la galería de la fe, de quienes se dijo “todos murieron en la fe” (Hebreos 11.13). La fe dominaba sus vidas mientras los problemas abundaban.

Como decía Juan Calvino,

“el que ellos alcanzaran tales triunfos con tan limitados recursos debería avergonzarnos a nosotros”.

Lutero lo puso de esta manera:

“Cuando Abraham se levante en el día final, nos reprenderá por nuestra incredulidad y dirá: “Yo no tenía ni la centésima parte de las promesas que vosotros tenéis, y creí” (Tabletalk, 2009, p.233)

La nube de testigos está ahí para animarnos a perseverar hasta el final (Hebreos 12.1-4). Esta fe, como sostenía Lutero, es una gracia operativa, es una gracia que conquista, y finalmente, es una gracia victoriosa. ¡Que Dios nos conceda poseerla!

 

 

 

 

¿Es la adoración de su iglesia más pagana que cristiana?

Posted in Doctrina, Reflexiones with tags , , , on agosto 24, 2017 by elcaminoangosto

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*******AQUI*******  el artículo traducido al portugués  por Victor Binbato

Artículo original escrito por Todd Pruitt en Reformation 21, 2014,

Traducido al español por Alexander León

Hay un malentendido muy grande en las iglesias sobre el propósito de la música cristiana de adoración. Las iglesias anuncian rutinariamente un culto “dinámico” y “transformador”, el cual “lo llevará a usted más cerca de Dios”, o “cambiará su vida”. Ciertos CD´s de adoración prometen que la música lo llevará a usted “a la presencia de Dios”. Hasta un panfleto, de anuncio sobre una conferencia para líderes de adoración decía lo siguiente:

“Únase a nosotros para esta lección dinámica, la cual lo colocará a usted en el camino verdadero e inspirador donde podrá encontrarse con Dios y recibir la energía y el amor que usted necesita para ser un agente y un facilitador en el mundo de hoy… Además de eso, nuestros programas de enseñanza son eventos de adoración que lo pondrán a usted en contacto con el poder y el amor de Dios

El problema con el panfleto y con muchos anuncios de iglesias es que ese tipo de promesas revelan un error teológico significativo. La música es vista como un medio para facilitar nuestro encuentro con Dios. Ella nos acercará a Dios. En ese esquema, la música se torna un mediador entre Dios y los hombres. Pero, esa idea está más próxima a las prácticas paganas que a la adoración cristiana.

Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Solamente Él es quien nos lleva a Dios. La noción popular, aunque errónea – relativa a la música de adoración daña la verdad fundamental de la fe cristiana. Es irónico que muchos cristianos niegan el papel de las ordenanzas sacramentales, las cuales el propio Señor dio para su Iglesia (el bautismo y la cena del Señor) y sin embargo, sí dan poderes sacramentales a la música. La música y la “experiencia de adoración” son vistas como medios por los cuales entramos en la presencia de Dios y recibimos sus beneficios salvíficos. Simplemente no hay ninguna evidencia en la Escritura que diga que la música sirve de medio para tener encuentros o experiencias con Dios. Esa es una noción del paganismo. Tal cosa está muy lejos del cristianismo.

En su útil libro “True Worship” (Adoración Verdadera), Vaughan Roberts muestra cuatro consecuencias de ver a la música como un encuentro con Dios. Voy a resumirlos.

  1. Se marginaliza la Palabra de Dios.

En varias iglesias y encuentros cristianos, no es poco común que la Palabra de Dios sea dejada de lado. La música da una sensación elusiva de enajenación, mientras que la Biblia se ve como algo mundano. Los púlpitos han disminuido y hasta desaparecido, mientras que las bandas y las lucen han aumentado. Pero la fe no viene por la música, o las experiencias de supuestos encuentros con Dios. La Fe viene por medio de la proclamación de la Palabra de Dios (Romanos 10.17)

  1. Nuestra certeza es amenazada

Si asociamos la presencia de Dios con una experiencia particular o con una emoción, ¿qué sucederá cuando ya no sintamos eso más? Buscaremos iglesias cuyos grupos de alabanza, orquestas u órganos produzcan en nosotros los sentimientos que estamos buscando. Pero la realidad de Dios en nuestras vidas depende de la mediación de Cristo, no de experiencias subjetivas.

  1. Los músicas adquieren un status sacerdotal

Cuando la música es vista como un medio de encuentro con Dios, los líderes de alabanza y los músicos comienzan a ejercer el papel del pastor. Se vuelven aquellos que – en lugar de Jesucristo, el único que ya cumplió esa función – nos llevan a la presencia de Dios. De esa forma. Cuando un líder de adoración o una banda no me ayudan a experimentar a Dios, entonces falló y debe ser sustituido. Por otro lado, cuando creemos que ellos tienen éxito en llevarnos a la presencia de Dios, entonces tendrán en nuestra mente un status elevado

  1. La división aumenta.

Cuando identificamos un encuentro con Dios con un sentimiento, y solo una determinada música que produce ese sentimiento, entonces insistiremos en que aquella música debe tocarse regularmente en nuestra iglesia y reuniones. Si todos tuvieran el mismo gusto que nosotros, no habría problema. Pero si otros dependen de otra música para que ese sentimiento se produzca en ellos, entonces para ellos es importante cultivar la división. Y como rutinariamente clasificamos esos sentimientos como encuentros con Dios, nuestras demandas para que ese sentimiento se produzca se volverán rígidas. Ese es el motivo por el cual muchas iglesias sucumben y ofrecen como alternativa diferentes estilos de culto. Haciendo eso, sin querer están aprobando una división y la centralización del ego en medio del pueblo de Dios.

La Escritura está llena de exhortaciones para el pueblo de Dios cante y haga canciones para el Señor. Nuestro Dios fue benigno al darnos ese medio para adorarlo. Pero es importante entender que la música, en nuestra adoración, es para dos propósitos específicos: honrar a Dios y edificar a la comunidad de los creyentes. Infelizmente, muchos cristianos tienden a dar a la música un poder sacramental sobre el cual la Escritura jamás habló.

¿Quiere Dios que yo sea rico?

Posted in Reflexiones with tags , , , on agosto 15, 2017 by elcaminoangosto

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Artículo del Pr. Conrad Mbewe, traducido con permiso por Alexander León

Artículo original >>>>>>>> AQUI <<<<<<<<

Cada cierto tiempo, cuando me meto en discusiones sobre el asunto del evangelio de prosperidad, escucho las voces que simpatizan con ese veneno doctrinal decir esto: “…Pero, de seguro Dios no quiere que seamos pobres, ¿o sí?”

Esto se considera como la carta superior de la baraja, como si no hubiera una posición intermedia entre ser muy ricos y vivir en extrema pobreza. La Biblia tiene muchos textos que contestan esta pregunta.

La gente que dice tales cosas, sufren de amnesia deliberada. Ellos han escogido olvidar las palabras del hombre sabio que oró a Dios pidiendo:

Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte y blasfeme el nombre de mi Dios”  (Proverbios 30.7-9)

Si buscamos por toda la Biblia no encontraremos un solo versículo que advierta de algún daño espiritual causado por la pobreza material. Pero sí encontraremos muchos pasajes en la Biblia que nos advierten sobre los efectos negativos de las riquezas – y especialmente el amor a las riquezas. Nunca escuchamos a los predicadores de prosperidad predicar sobre esos versículos. Pareciera como si las Biblias de ellos no tuvieran esos versículos.

Aquí hay algunos salidos de los labios de nuestro Salvador.

En su famoso Sermón del Monte, Jesús enseñó:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón… Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6.19-24)

Luego el Señor Jesús en Marcos 10.17-25 trató con un joven rico de la clase gobernante que deseaba la salvación, siempre y cuando no tuviera que sacrificar sus riquezas. Cuando Jesús le dijo que tenía que dar todo a los pobre para que tuviera tesoro en el Cielo, la Biblia nos dice que tal cosa le dolió en el corazón. Se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Jesús entonces pronunció su sentencia inequívoca,

“¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas…! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.”

Repito, nunca escucharán estas palabras de los labios de los predicadores del evangelio de prosperidad. Al contrario, ellos parecen dar la impresión de que ser materialmente ricos es una señal segura de que todo está bien entre su alma y Dios.

Un ejemplo más del ministerio de Cristo debería ser suficiente. En una ocasión, alguien de la multitud le dijo a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo” Jesús se negó. Esto debería sorprender no solo a los predicadores de la prosperidad sino también a los predicadores del evangelio social. En vez de hacer lo que el hombre le pidió, Jesús hizo una advertencia a la persona que le pidió este favor. Él dijo:

Guardaos de toda avaricia porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12.13-15).

La bendición material no es equivalente a la bendición.

Con el fin de llevar esta lección un poco más allá, Jesús cementó todo esto con una parábola. Él dijo:

“La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” (Lucas 12.16-21).

Jesús parece estar diciendo que la acumulación de riquezas en muchos casos ocurre porque se desperdiciaron oportunidades de invertir en el reino de Dios. Así que ¡Eso equivale a la pobreza!

¿Qué podemos decir de los apóstoles? ¿Qué dicen ellos sobre la prosperidad financiera?

Un buen ejemplo es el apóstol Pablo. Escribiendo a Timoteo, su protegido, le habla sobre

“…hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia” (I Timoteo 6.5).

No puedo pensar en una mejor descripción para los predicadores de la prosperidad. Son personas de una mente corrupta, privados de la verdad, que ven los asuntos espirituales como un medio para otra cosa – para hacerse ricos. No están interesados en la salvación de las almas y por lo tanto hace mucho que perdieron el contenido del verdadero evangelio. Pero mejor dejo eso aquí …

Estamos viendo las advertencias del apóstol Pablo. Él se mantiene en la posición del hombre sabio que se describe en Proverbios 30, defendiendo que una posición financiera media es la mejor opción. Él dice,

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” (I Timoteo 6.6-8)

Esta es la respuesta que sigo dando a los que piensan que mi oposición a los predicadores de la prosperidad implica que yo promuevo la pobreza. ¿Por qué tenemos que ir de un extremo al otro?

Es muy claro que el apóstol Pablo advierte contra una sed insaciable de riquezas. Él dice:

“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. La buena batalla de la fe; Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas…” (I Tim. 6.9.11).

Los predicadores de la prosperidad deberían poner atención a estas advertencias y predicarlas a los que los escuchan. Por causa de haber rechazado este consejo es que muchos de sus seguidores han procurado las riquezas pagando el gran costo de sus vidas espirituales, sus matrimonios y sus familias.

El escritor de la carta a los Hebreos sella sus consejos para nosotros cuando escribe claramente,

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13.5).

Nada puede ser más claro que esto. Esta es la atmósfera general en la Biblia con respecto a las cosas materiales. Es exactamente lo opuesto a lo que los predicadores de prosperidad están diciendo. El mensaje de la Biblia es que hacemos daño a nuestras almas y a las almas de otros cuando procuramos riquezas como un fin en sí mismo. Los llevaríamos a una tarea imposible. Como Jesús dijo, No podéis servir a Dios y al dinero

Al juzgar el silencio sobre estos pasajes en los púlpitos de los predicadores de prosperidad, no me cabe duda de que ellos desearían que estos versículos no existieran en la Biblia porque vuelan en sus rostros en contra de sus enseñanzas. Los predicadores de prosperidad se tragan el camello y cuelan el mosquito. Ellos van a esos versículos que hablan de prosperidad holística (es decir, éxito general, para usar un término equivalente moderno) y torturan esos textos hasta que los hacen parecer relacionados con la prosperidad material solamente.

No me interpreten mal. Debemos alabar a Dios por aquellos entre nosotros a los que Dios ha querido favorecer con buenos empleos y negocios, lo cual ha resultado en mejores cuentas bancarias. Otros disfrutan de una buena herencia. Necesitamos orar por ellos para que Dios les dé sabiduría piadosa para que puedan utilizar sus riquezas con un beneficio eterno para sus almas y las almas de otros. Sin embargo, no debemos envidiarlos, porque las riquezas traen muchas penas. Más bien, oremos a Dios que no nos dé pobreza ni riqueza. Esa es una carga menos peligrosa para llevar en este mundo caído.

¿Por qué dos Cultos los Domingos?

Posted in Iglesias, Reflexiones with tags , , , , on agosto 1, 2017 by elcaminoangosto

Solemos repetir en nuestra Iglesia: ¿Hay algo mejor o más provechoso que podamos hacer en la tarde/noche del Día del Señor, que venir al segundo culto? Si usted encuentra algo más provechoso, está bien, nosotros creemos que regresar para adorar juntos por segunda vez es lo mejor para hacer los Domingos. En el siguiente artículo  el Pr. John Benton ofrece otras buenas razones para el segundo culto dominical.

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Por John Benton

Traducido con permiso del sitio Banner of Truth por Alexander León.

Artículo original >>>>>>>>>>> AQUÍ  <<<<<<<<<<<<

¿Por qué ir a dos cultos los Domingos? ¿No es suficiente con uno? En muchas iglesias el culto de la tarde está desapareciendo.

Hay dos razones principales por lo cual esto está sucediendo. Primero, las demandas por parte de los empleadores han aumentado enormemente en los últimos 30 años. Los fines de semana se han vuelto muy apreciados. Participar en dos cultos los Domingos se considera tomar demasiado tiempo del fin de semana. Segundo, a partir de 1994, el gobierno de Tory [en Inglaterra] legalizó la apertura indiscriminada del comercio los Domingos [Antes, había una regulación especial para las compañías grandes que no les permitía un horario igual al del resto de la semana]. Esta secularización del día, ayudó a que las personas tuvieran muchas más opciones en cuanto a cómo pasar el día. De forma simultánea, puso una presión extra sobre muchos, para trabajar los Domingos.

La Escritura dice que “no debemos dejar de congregarnos, sino animarnos unos a otros – y tanto más cuando veis que aquel Día se acerca” (Hebreos 10.25). Muchos creyentes dan por suficiente reunirse una vez en el día del Señor, pero hay otros que, por cuestiones de salud, edad y otras circunstancias realmente no pueden reunirse dos veces los Domingos. Entonces, ¿Tiene algún sentido mantener la tradición de dos cultos?

Creo que sí.

Dos cultos son útiles de forma práctica.

Por ejemplo, conozco una pareja de Cristianos, una enfermera y un policía, que con frecuencia tienen que trabajar fines de semana. Ellos comenzaron a asistir a una nueva iglesia que se reunía en una escuela y solamente tenían un culto por la mañana. Pero sus horarios de trabajo solían chocar con los servicios de la mañana, siendo imposibilitados de reunirse durante varias semanas. Concluyeron que debían buscar una iglesia que tuviera ambos cultos.

También tener dos cultos es de gran ayuda para la evangelización. Muchos no-creyentes trabajan los Domingos. Recientemente tuve una conversación como esta:

– “Te invito a la iglesia”, dije,

– “Bueno, yo trabajo hasta tarde los Sábados, así que es un poco difícil para mí los Domingos por la mañana”.

– “¿Y el Domingo por la noche?”

– “Bueno, sí, supongo que podría acompañarte el Domingo por la noche”.

De manera que, dos cultos tienen sentido de manera práctica.

 

La Escritura muestra el patrón de dos cultos.

Aunque no hay un mandamiento explícito en el Nuevo Testamento, eso es evidente en el Antiguo Testamento. Encontramos este patrón de “mañana y tarde” explícitamente en el Salmo 92:

Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche”.

Como Cristianos, nos reunimos los Domingos como día de la resurrección de Cristo. Es digno de notarse que los Evangelios registran las apariciones de la resurrección en la mañana y en la noche (Juan 20.1, 19)

 

Dos cultos se ajustan al cuarto mandamiento.

El mandamiento nos dice que debemos “Recordar el día de reposo para santificarlo”. Con el cambio del Antiguo al Nuevo Pacto, el Sabbath (Reposo) fue cambiado a la bendición del Día del Señor. De acuerdo con Génesis 1, un día tiene una tarde y una mañana. Y a pesar de lo que ha ocurrido con nuestra cultura evangélica, este sigue siendo el Día del Señor, no es la Mañana del Señor lo que tenemos que celebrar.

Corresponde a la tradición de la Iglesia.

Al revisar la historia, encontramos que la adoración en la mañana y en la tarde de los Domingos fue la norma. A inicios del siglo cuarto (cuando la persecución había disminuido y la iglesia tuvo oportunidad de establecerse), encontramos al historiador eclesiástico Eusebio describiendo la práctica de la iglesia de la siguiente manera:

“Ciertamente no es una pequeña muestra del poder de Dios que a través de todo el mundo las iglesias de Dios muy de mañana y en las horas de la tarde… ofrecen himnos, alabanzas a Dios” (Comentario sobre el Salmo 64).

Durante la Edad Media, la adoración matutina era conocida como “matines” y la adoración vespertina como “vísperas”. En la época de la Reforma Protestante la costumbre de tener culto mañana y tarde se mantuvo en el Libro de Oración Común de Cranmer con sus rúbricas para la Oración Matutina y la Oración Vespertina. Así que las iglesias que han abandonado el culto de la tarde se han apartado drásticamente de la norma practicada por la Iglesia de Cristo. Ahora, yo no soy fanático de la tradición, pero la pregunta es esta: “¿Somos más sabios y mejores Cristianos que aquellos que fueron antes de nosotros, o es que estamos sucumbiendo ante el espíritu de la época que marginaliza a Dios? ¿No hemos caído en hacer solo el mínimo?

Y tengamos en cuenta que al considerar las presiones de la vida moderna, es hasta los últimos 100 años que el Sábado se volvió un día libre. Tenemos más tiempo libre y tiempo para nuestras familias que muchos de nuestros antepasados.

Dos Cultos llenos de entusiasmo reprende al secularismo.

Las reuniones de los Cristianos, especialmente en el Día del Señor, apuntan hacia el futuro Día del Señor (Hebreos 10.25). El día especial, uno entre siete, siempre apuntó hacia el reino de Dios. Esta es la razón por la cual el Señor Jesús hizo muchos de sus milagros en el día de reposo. Él no lo hizo solamente para molestar a los Fariseos. Hizo milagros en Sábado porque era lo apropiado. Aquellos milagros eran una muestra del poder y el gozo del reino futuro. Con la resurrección de Jesús el primer día de la semana, el Domingo nos habla de la misma cosa. Mira hacia adelante al reposo y liberación y gozo y comunión del mundo venidero, cuando Cristo regrese.

Ahora el secularismo mira todo en términos de esta vida. Pero al venir a la iglesia el Domingo, nosotros estamos haciendo una declaración. Estamos diciendo “No” al punto de vista que afirma que esta vida es todo. Nosotros estamos diciendo y mirando hacia el futuro reino venidero de Cristo. Y, al tener dos cultos los Domingos, estamos diciendo, “Esto no es solamente un deber, ¡estamos realmente interesados en esto!”.

Dos cultos ofrecen dos oportunidades de ser animados.

Hebreos 10.25 dice que el propósito de reunirnos es edificarnos unos a otros. Somos animados al encontrarnos con el pueblo de Dios, al orar los unos por los otros, compartir nuestras vidas. En particular, nuestra fe es fortalecida por la predicación de la Palabra de Dios. “Oh, yo puedo escuchar un sermón grabado, o tener un estudio bíblico en casa”. Eso es cierto. Pero, como dijo Christopher Ash en la EMA de este año, eso no es lo mismo que estar juntos bajo al Palabra de Dios sabiendo todos lo que hemos escuchado para animarnos unos a otros a obedecer. ¿Cómo pueden los miembros del cuerpo de Cristo decirse unos a otros “yo no te necesito”?

En una sociedad en la cual recibimos tantos bombardeos impíos desde los medios de comunicación para tratar de desviarnos, necesitamos una doble dosis de la Palabra de Dios para alimentar nuestras almas y mantenernos en el camino correcto. Hay Cristianos que se devuelven al mundo, matrimonios que fracasan y, no digo que siempre, pero frecuentemente, descuidar el culto de la tarde es la primera señal de que algo no anda bien. Permítanme decir también que algunos de ustedes anhelan desesperadamente la conversión de sus hijos. Pero si ustedes rechazan el culto de la tarde difícilmente les están dando un ejemplo de entusiasmo para las cosas de Cristo. Luego, se preguntan por qué ellos no están interesados.

Dos cultos ofrecen dos oportunidades de animar a otros.

Quedarse en casa y escuchar un sermón es algo muy centrado en uno mismo, el Domingo no es solamente para que usted sea animado sino para que usted anime a otros. Así que las noches de Domingo son una segunda oportunidad para hace eso. Tal vez en la mañana usted tuvo sus chicos con usted. No es fácil conversar con otros mientras los cuida. Pero si esposo y esposa se turnan para cuidar los chicos, pueden tener la oportunidad de hablar y orar con otros y de animarlos.

Y aun su misma presencia es  de ánimo. Cuando los maestros de Escuela Dominical, o aquellos que solamente pueden salir por la tarde, vienen a un culto vespertino y encuentran la congregación dispersa y los cantos débiles, no serán animados de la misma manera que con una congregación grande con todos sus amigos.

Así que, podrán ver, que aunque no hay un mandamiento explícito en la Escritura de que las Iglesias deban tener culto mañana y tarde, y no es pecado tener solo un culto, de todas maneras tiene mucho sentido de manera práctica. Y es algo bastante serio. Nuestra nación que está tan necesitada no va a ser salvada al ver muchas iglesias vacías los Domingos por la noche. La gente se sentirá  retada cuando vean iglesias llenas, escuchando con entusiasmo y cantando y pensarán ¿Qué está pasando ahí?

Trato particular según el estado del alma

Posted in Pastoral with tags , , , on julio 18, 2017 by elcaminoangosto

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Tomado del libro “El Arte de Profetizar” de William Perkins (1558-1602)

Capítulo VII – Categorías de Oyentes.

  1. Aquellos que son incrédulos, ignorantes y no son enseñables.

Estos tienen que ser preparados primero para recibir la doctrina de la Palabra. Josafat envió Levitas por las ciudades de Judá para enseñar al pueblo, y sacarlos de la idolatría (II Crónicas 17.9). Esta preparación debe hacerse en parte discutiendo o razonando con ellos, para enterarnos de su actitud y disposición, y en parte reprobando cualquier pecado notorio, para que sus conciencias sean tocadas con el temor y se vuelvan enseñables (mire Hechos 9.3-5); 16.27-31; 17.17; 17.22-24).

Cuando hay alguna esperanza de que se hayan vuelto enseñables y preparados, el mensaje de la Palabra de Dios debe dárseles, usualmente en términos básicos concentrándose en los puntos generales (como, por ejemplo, Pablo lo hizo en Atenas, Hechos 17.30, 31). Si no hay respuesta positiva a tal enseñanza, entonces debe enseñarse de una manera más detallada y plena. Pero si se mantienen en su incredulidad y no hay esperanza real de ganarlos, deben simplemente ser dejados (Prov. 9.8; Mateo 7.6; Hechos 19.9)

  1. Aquellos que son enseñables pero ignorantes

Debemos instruir tales personas por medio de Catecismos (cf. Lucas 1.4; Hechos 18.25, 26). Un Catecismo es una explicación breve de las enseñanzas fundamentales de la fe Cristiana dadas en forma de preguntas y respuestas. Esto ayuda tanto al entendimiento como a la memoria. Por eso, el contenido de un catecismo debe ser los fundamentos de la fe Cristiana, un resumen de los principios básicos (Hebreos 5.12)

Un principio básico de la fe es una verdad bíblica que está directa e inmediatamente conectado tanto con la salvación de los hombres y la gloria de Dios. Si alguno de esos principios es negado, no hay esperanza de salvación. Hay seis principios así: arrepentimiento, fe, bautismo (es decir, los sacramentos), la imposición de manos (esto es una imagen visual del ministerio de la Palabra), la resurrección, y el juicio final (Hebreos 6.1-3)

La forma distintiva de un catecismo es la manera en que maneja los elementos fundamentales llanamente por medio de pregunta y respuesta (Hechos 8.37; I Pedro 3.21). Como Tertuliano dijo, “El alma no se limpia con lavarse, sino con respuestas”

Aquí es importante reconocer la diferencia entre “leche” y “comida sólida”. Estas categorías ser refieren a la misma verdad; la diferencia entre ellas es la manera y el estilo de la enseñanza. “Leche” es una explicación breve y llana de los principios de la fe: que tenemos que creer en un solo Dios, y en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; que tenemos que depender solamente de la gracia de Dios en Cristo; que tenemos que creer en el perdón de los pecados; y cuando somos enseñados que tenemos que arrepentirnos, abstenernos del mal y hacer el bien.

“Alimento sólido”, por otro lado, se refiere a un manejo detallado, iluminador y claro de la doctrina de la fe. Incluye la exposición lúcida y cuidadosa de la enseñanza bíblica en temas tales como la condición del hombre antes de la caída, la caída, el pecado original y el pecado actual, la culpa humana, el libre albedrío; los misterios de la Trinidad, las dos naturalezas de Cristo, unidas en una sola persona, el oficio de Cristo como Mediador, la imputación de la justicia, la fe, la gracia y el uso de la ley. La “leche” debe darse a los bebés, es decir a aquellos que son inmaduros o débiles en conocimiento, la carne debe darse a aquellos que son más maduros, es decir, aquellos que están mejor instruidos (I Corintios 3.1, 2 Hebreos 5.13)

  1. Hay algunos que tienen conocimiento, pero nunca han sido humillados.

Aquí necesitamos ver la manifestación del arrepentimiento en lo que Pablo llama tristeza según Dios (I Corintios 7.8-10). La tristeza según Dios es un dolor por el pecado por el hecho de que es pecado. Para enfatizar este afecto, el ministerio de la ley es necesario. Esto puede hacer nacer un sentido real de contrición en el corazón, o del terror en la conciencia. Aunque esto no es útil por sí mismo, provee el remedio necesario para vencer la terquedad pecaminosa, y para preparar la mente a fin de que sea enseñable.

Con el fin de surja esta tristeza legal es apropiado usar cierta porción escogida de la ley, que sirva para reprobar cualquier pecado visible en aquellos que todavía no se han humillado. Dolerse de un pecado y dolerse por un solo pecado es, en sustancia, el dolor y el arrepentimiento de todos (Salmos 32.5; Hechos 2.23; 8.22)

Además, si alguien que está afligido por la Cruz y con tragedias externas, tiene una tristeza mundana – no lamenta el pecado como pecado, sino solamente el castigo – no se le debe dar prometer consuelo inmediato. Tal dolor debe primero ser transformado en tristeza según Dios.

Dejemos que el Evangelio sea predicado de tal forma que el Espíritu Santo verdaderamente aplique la salvación. Porque al renovar a los hombres para que comiencen a desear y a hacer lo que agrada a Dios, el Espíritu Santo realmente produce en ellos tristeza según Dios y arrepentimiento para salvación.

Para el de corazón endurecido, la ley debe enfatizarse, y su maldición claramente establecerse así como sus amenazas. También debe enseñarse la dificultad de obtener liberación a aquellos que se sienten punzados en su corazón. (Mateo 3.7; 19.16, 17; 23.13, 33). Pero cuando el inicio de una tristeza según Dios aparece, ellos deben ser consolados con el Evangelio.

  1. Aquellos que ya se han humillado.

Aquí debemos considerar cuidadosamente si la humillación que ha tenido lugar es completa y sana o recién ha comenzado y todavía es liviana y superficial. Es importante que la gente no reciba el consuelo antes de lo apropiado. Si ocurre así, puede endurecerse luego de la misma manera que el hierro que habiendo estado en el horno se endurece al enfriarse.

Aquí están algunas directrices para tratar con aquellos que tienen una humillación parcial. Exponerles la Ley cuidadosamente junto con el Evangelio, para que aterrorizados por sus pecados y por el juicio de Dios, tengan a la vez consuelo en el Evangelio (Génesis 3.9-15; II Sam. 12; Hechos 8.20-23). Natán nos da un ejemplo de esto. Habiendo sido enviado por Dios, trajo a David a un reconocimiento de su verdadera condición por medio de una parábola, y luego le pronunció el perdón cuando su arrepentimiento fue evidente.

En esta manera la fe y el arrepentimiento y los consuelos del evangelio deben enseñarse y ser ofrecidos a aquellos que están verdaderamente humillados (Mateo 9.13; Lucas 4.18; Hechos 2.37, 38)

  1. Aquellos que ya son creyentes.

Debemos enseñarles

  • El Evangelio: la enseñanza bíblica de la justificación, santificación y perseverancia
  • La Ley: pero tal como se aplica a los que ya no están bajo su maldición, para enseñarles cómo dar fruto de una nueva obediencia y mantenerse en el arrepentimiento (Romanos 8.1; I Tim. 1.9). Aquí la enseñanza de Pablo sirve como modelo
  • Aunque alguien que ha sido justificado y santo ante los ojos de Dios no debe temer la maldición de la ley, se debe recordar la oposición que hay hacia la ley por causa del pecado remanente. Como un padre muestra a sus hijos el posible castigo con el fin de inculcarles un sentido de temor apropiado en caso de que hagan lo malo, así también la meditación en la maldición de la ley debe animar con frecuencia a los verdaderos creyentes, para disuadirles de abusar de la misericordia de Dios con una vida pecaminosa, y para aumentar la humildad. Nuestra santificación es parcial todavía. Para que los remanentes de pecados puedan ser destruidos tenemos siempre que comenzar nuestra meditación en la ley, y con un sentido de nuestro pecado, para poder ser traídos a descansar en el Evangelio.
  1. Aquellos que han retrocedido.

Algunos pueden haberse apartado parcialmente del estado de gracia, sea en su fe o en su estilo de vida.

Fallos en la fe se refieren tanto al conocimiento de la doctrina del Evangelio o a abrazar a Cristo.

Fallos en el conocimiento involucra caer en el error, sea en una doctrina secundaria o fundamental.

En esta situación, la doctrina específica que contrarresta el error debe ser expuesta y enseñada. Tenemos que enfatizarles la importancia de esto, así como la doctrina del arrepentimiento.

Pero tenemos que hacer esto con afecto fraternal, como Pablo enseña en Gálatas 6.1 (cf. II Tim. 2.25).

Una falla en abrazar a Cristo lleva a la desesperación. Para poder restaurar esto debemos diagnosticar la condición y prescribir el remedio. Tenemos que analizar la causa de la tentación o de la condición. El diagnóstico de la causa se puede hacer apropiadamente por medio de la confesión privada (cf. Santiago 5.17). Pero para evitar que tal confesión se vuelva un instrumento de tortura debe estar gobernada por estos principios:

  • Debe realizarse de manera voluntaria y no bajo presión. La salvación no depende de esto.
  • No debe ser una confesión de todos los pecados, sino de aquellos que lastiman la conciencia y pueden llevar a un mayor riesgo espiritual si no se tratan.
  • Tal confesión debe hacerse principalmente a los pastores, pero con el entendimiento de que puede ser compartida confidencialmente con otros hombres dignos de confianza en la iglesia.

El diagnóstico de la condición espiritual involucra investigar si están bajo la ley o bajo la gracia. Para poder verificar esto tenemos que hacer preguntas para descubrir si están tristes consigo mismos porque han ofendido a Dios. ¿Odian el pecado? Esta es la base del arrepentimiento que trae salvación. Seguidamente debemos preguntar si tienen en su corazón deseo de reconciliación con Dios. Esta es la base de la verdadera fe.

Cuando el diagnóstico está completo, debemos prescribir el remedio y aplicar el Evangelio. Esto tiene dos partes: Primero, deben explicarse varias verdades del Evangelio e imprimirlas con frecuencia en ellos, lo cual incluye:

  • Que sus pecados son perdonables
  • Que las promesas de la gracia son para todos los que creen, no para algunos individuos específicos, de manera que ellos no se sientan excluidos.
  • Que el deseo de creer es en sí mismo fe (Salmos 145.19; Apoc. 21.6)
  • Que el pecado no anula la gracia sino que (ya que Dios hace que todo obre para bien de los que son suyos) puede llevar a una mayor ilustración del mismo.
  • Que en este mundo pecaminoso y caído, todas las obras de Dios son realizadas por medios que son contrarios a Él mismo.

Segundo, deben ser animados en la misma amargura de la tentación, para ejercer la fe que ha estado inactiva – pero latente. Deben volver a asegurarse de que sus pecados han sido perdonados. Y deben ser animados a pelear vigorosamente en oración, sea a solas o con otros, contra los deseos carnales y la esperanza humana. Deben ser exhortados con insistencia para que puedan hacer estas cosas; hasta aquellos que no quieren deben ser constreñidos a hacerlas (vea Salmos 77.1, 2; 130.1, 2; Romano 4.18)

Para que tales remedios puedan funcionar, el poder ministerial de “atar y desatar” debe ser usado en la forma en que se prescribe en las Escrituras (II Samuel 12.13; II Corintios 5.20). Si resulta que la melancolía aqueja la mente del individuo, entonces el remedio debe buscarse en privado.

Fallar en el estilo de vida toma lugar cuando un Cristiano comete pecado voluntario, como en el caso de la borrachera de Noé, el adulterio de David, la negación de Pedro y ejemplos similares. La fuerza y la disposición de la gracia interna, puede perderse por un tiempo en términos tanto de sentido como de la experiencia de su poder. La ley debe exponerse junto con el Evangelio a aquellos que han caído. Cada nuevo acto de pecado requiere un nuevo acto de fe y de arrepentimiento (Isaías 1.4, 16, 18)

  1. Iglesias que tienen tanto creyentes como incrédulos.

Esta es una situación típica en nuestras iglesias. Cada doctrina debe ser expuesta para ellos, tanto de la ley como del Evangelio, mientras se observen las limitaciones y circunscripciones debidas (vea Juan 7.37. Esto era lo que lo profetas hacían en sus sermones, cuando anunciaban juicio a los impíos, y promesas de liberación en el Mesías a los que se arrepentían.

Pero ¿qué sucede si algunos de la congregación desesperan el resto se endurece? ¿Qué debe hacerse? La respuesta es: aquellos que se endurecen deben escuchar la ley en el ámbito y límites de las personas que están en sus pecados. Pero los afligidos deben ser ayudados especialmente a escuchar la voz del Evangelio aplicada a ellos.

 

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