Usted no puede plantar una iglesia si no sabe qué es una iglesia.

Posted in Iglesias with tags , , , on julio 13, 2017 by elcaminoangosto

estudio biblico

 

Traducido del sitio Voltemos ao Evangelho

Artículo original de Nathan Knight (9 Marks)

Así que, ¿Está usted pensando en plantar una iglesia?

¿Qué cree usted que se necesita? ¿El Evangelio? Sí. ¿El poder capacitador del Espíritu? Sí. ¿Una iglesia que lo envíe a usted? Sí. ¿Qué otras personas lo acompañen? Sí. ¿Dinero? Probablemente.

Pero, ¿Y qué de tener una eclesiología robusta?

La eclesiología no puede suponerse ni debe considerarse como una distracción para la “misión” del plantador de iglesias. Tampoco debe considerarse un tipo de complemento que usted puede agrega aquí y allá conforme tenga necesidad. Al contrario, la eclesiología debe informar, instruir y hasta estimular la misión de plantación de iglesias para la gloria de Dios.

En otras palabras: usted que es plantador de iglesias necesita una eclesiología robusta que esté bien establecida antes de comenzar a intentar plantar una iglesia.

Una iglesia es más que una reunión de personas en torno a un punto de predicación y alabanza. Existen directrices bien definidas que nos fueron dadas por el Señor. Esas directrices distinguen a los cristianos en el mundo, con el fin de prefigurar una ciudad mejor, una ciudad en la cual todos viviremos por la eternidad. Debemos dedicar tiempo para pensar en esas directrices e instituirlas cuidadosamente para bien de nuestro prójimo y para la gloria de Dios.

Plantamos la iglesia Restauración aquí en el Distrituo de Columbia, en el 2010. Permítame acompañarlo a través de cuatro preguntas que fueron instructivas para nosotros cuando comenzamos nuestro trabajo.

  1. ¿Qué es una iglesia?

Esta pregunta parece ridículamente simplista, pero responderla probó ser una de las cosas más útiles que hicimos.

¿Era nuestro grupo estudio bíblico una iglesia? ¿La reunión de personas con música y predicación era una iglesia? ¿Cómo sabemos que tuvimos éxito al plantar una iglesia?

Al analizar simplemente la palabra “iglesia” (ekklessia) en la Biblia, aprendimos que la iglesia es una asamblea de personas “llamadas”

También encontramos una definición clásica maravillosamente práctica. Esa definición exige tres cosas antes de que una reunión de cristianos  pueda ser considerada como una “iglesia”:

  • La predicación correcta de la Palabra de Dios (Proclamar el Evangelio)
  • La administración correcta de las ordenanzas (Representar el Evangelio)
  • Ejercer la disciplina eclesiástica restauradora (Proteger el Evangelio)

Armados con esa definición y esas tres descripciones, supimos cómo luciría nuestro objetivo y nuestro éxito.

  1. ¿Quiénes componen una iglesia?

La respuesta a esa pregunta puede parecer fácil, excepto por todas aquellas alertas en la Biblia sobre: los falsos maestros, cristianos profesantes que no perseveran y aquellos que hacen cosas en el nombre del Señor, pero que nunca fueron realmente conocidos por Él. Por lo tanto, sabíamos que necesitábamos tener cuidado con quiénes podían ser identificados como la iglesia.

  1. ¿Quiénes participan de las ordenanzas?

Una vez que se aclaró la definición de iglesia y de las personas que la deben componer, comenzamos a discutir la relación entre la iglesia y las ordenanzas del bautismo (Mateo 28.19-20) y de la Cena del Señor (Marcos 14.22-25, I Corintios 11.17-33)

Las ordenanzas fueron dadas a la iglesia como señales o indicadores de los embajadores del Reino. Por lo tanto, sabíamos instintivamente que no las debíamos practicar hasta que nos convirtiéramos en una iglesia.

El 28 de marzo de 2010, tuvimos una ceremonia en la cual los miembros se comprometieron unos con otros de acuerdo con nuestra Declaración de fe y un Pacto de la Iglesia. Después, otro hombre y yo fuimos establecidos como ancianos y solamente después de eso practicamos el bautismo y celebramos juntos la Cena del Señor.

Usted puede imaginarse la alegría de aquellas personas aquella noche cuando nos reunimos y nos convertimos en una iglesia. Exactamente aquello por lo cual habíamos estado orando, enseñando y hablando durante muchos meses, finalmente se volvió una realidad. Una iglesia fue plantada y Cristo fue exaltado ya que otra reunión de cristianos fue distinguida de el mundo por las directrices claras y enfáticas de la membresía, el bautismo y la Cena del Señor.

  1. ¿Cuál es mi trabajo como pastor?

Fuimos establecidos como pastores porque nuestro pueblo había sido instruido al respecto en las epístolas pastorales (I Timoteo 3.1-7; Tito 1.5-9). Una vez que nos constituimos como iglesia y fuimos oficialmente llamados como pastores, tomamos nuestras instrucciones a partir de Hechos 6.1-6 y Hechos 20.17-35.

Esos pasajes nos dicen que la mayor parte de nuestro trabajo consiste en predicar, orar y vigilar por causa de los posibles lobos, pastorear al rebaño, cuidar de nosotros mismos, cuidar de nuestras familias y hacer discípulos. Hebreos 13-17 también se destacó en nuestras mentes: daremos cuenta a Dios de cómo cuidamos de esas personas.

La Eclesiología es importante.

Una eclesiología clara al inicio definió nuestra orientación para la plantación de iglesias. Nos direccionó, nos dio coraje y nos mantuvo enfocados en el plan de Dios para su pueblo. El trabajo fue y continúa siendo difícil. Pero nunca nos hemos arrepentido de empuñar la espada de la Palabra de Dios en el arduo trabajo de plantar iglesias.

La eclesiología es una de las metodologías de Dios para Su gloria. No desacelera ni se desvía de la misión. En vez de eso, estimula la misión de la iglesia distinguiendo al pueblo de Dios en el mundo. Pablo escribió a una iglesia local y les dijo que eran

“… hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2.15)

Plantador de iglesias, piense en estas cuestiones ahora. No espere a instituir convicciones claras después de reunir una multitud, sino establézcalas cuidadosamente tan pronto como usted sea enviado. Explique a los que están a su lado lo que usted está y no está haciendo, para que ellos puedan estar informados para el bien del prójimo y para la gloria de Dios.

 

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¿Qué diferencia hace Dios los Lunes por la mañana?

Posted in Reflexiones with tags , , , on junio 30, 2017 by elcaminoangosto

Por: Michael Reeves y Tim Chester. © 2017 Editora FIEL. Website: editorafiel.com . Traducido del portugués por Alexander León.

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La frase SOLI DEO GLORIA, “Solamente a Dios la Gloria”, era una de las afirmaciones principales del pensamiento de la Reforma Protestante. La Reforma enfatizó que todos los logros de la salvación estaban distantes del valor humano, colocando todo a los pies de Dios. Nadie podía decir: “Recibí la vida eterna porque tengo una vida buena, o porque soy religioso y consagrado, o porque mi razonamiento es bastante sagaz”. Toda la gloria pertenece solamente a Dios. En eso los reformadores reflejan el pensamiento del apóstol Pablo en I Corintios 1.28-31:

“…y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.”

Pero, SOLI DEO GLORIA también se volvió un resumen de un estilo de vida reformado. La vida cotidiana se volvió el contexto en el cual glorificamos a Dios. Tal énfasis en la vida cotidiana venía del re-descubrimiento de las Escrituras por parte de los reformadores, pues ellas reflejan el cristianismo bíblico. Pero también fluyó de su re-descubrimiento de la justificación por la fe.

 

Re-direccionamiento de las buenas obras.

La Misa había pasado a ser vista como un sacrificio, una renovación del acto de expiación del Calvario que aseguraba la bendición de Dios. De esta manera, entre más se realizara, más se agradaba a Dios. No era indispensable la presencia de la congregación. La Misa podía ser realizada por los curas (sacerdotes) repetidamente, de forma mecánica. Esa práctica refuerza la idea de que la esencia del cristianismo está lejos de lo que ocurre en la vida diaria. Y lleva a un mundo dividido entre lo espiritual y lo secular.

¿Dónde está la actividad que tiene valor para con Dios? Si somos justificados por infusiones de la gracia que nos son administradas por medio de los sacramentos, como sugiere la iglesia católica, entonces las actividades que importan en la iglesia son las actividades sacramentales. O bien, si queremos alcanzar unión con Cristo por medio del misticismo y la contemplación, las actividades importantes son aquellas que suceden en el monasterio. Si usted está deseoso de conocer a Dios, debería volverse monje. Si uno tiene deseos de servir a Dios, debería hacerse sacerdote o fraile o monja.

El re-descubrimiento de Lutero con respecto a la justificación por la fe quitó el ímpetu de tales actividades. Dios no exige deberes religiosos como una manera de pagar por la salvación. Si la justificación ocurre por medio de la fe, el foco y la naturaleza de las actividades religiosas cambian radicalmente. Lutero discute en detalle la naturaleza de las buenas obras en el Tratado: La libertad del Cristiano. Lutero comienza por la justificación. Somos salvos solamente por la fe, y “no parcialmente por la fe y parcialmente por las obras. Cualquier reivindicación en el sentido de que sus obras contribuyen para la salvación niega la efectividad de la fe. Sin fe en Cristo, no existe conexión con las buenas obras”.

Lo que Lutero quiere decir es que, si no es posible tener fe en que solamente Cristo salva, ninguna otra cosa nos podrá beneficiar.

Eso despierta la siguiente pregunta: ¿Por qué, entonces, se prescriben tantas obras en las Escrituras? Una buena respuesta es que los mandamientos de la Escritura revelan nuestra incapacidad de cumplirlos. Por medio de ellos, el hombre es “verdaderamente humillado y reducido a nada a sus propios ojos”. Su propósito es direccionarnos a las promesas de las Escrituras. Ellos nos impulsan para los brazos de Cristo.

Entonces, ¿podemos ser negligentes en cuanto a las buenas obras? La respuesta de Pablo a esa pregunta en Romanos 6.1-2 es:

“… ¿en ninguna manera!” La respuesta de Lutero es semejante: “Yo respondo: No es así, oh hombres impíos, No es así”. Y explica:

Aunque, como he dicho, un hombre sea abundante y suficientemente justificado por la fe internamente en su espíritu, y así tiene todo lo que se necesita, excepto en lo que esa fe y esas riquezas deben crecer día a día hasta la vida futura; con todo, permanece en su vida mortal sobre la tierra. En esta vida el hombre tiene que controlar su propio cuerpo y lidiar con los otros hombres. Aquí comienzan las buenas obras; aquí el hombre no puede gozar del ocio; aquí ciertamente debe disciplinar su cuerpo por medio de ayunos, vigilias, herramientas y otras disciplinas razonables, y sujetarse al Espíritu, para que obedezca y se conforme al hombre interior y a la fe, no volviéndose contra la fe ni impidiendo al hombre interior, como es la naturaleza del cuerpo hacer a menos que sea impedido. El hombre interior, que, por la fe, fue creado a imagen de Dios, es jubiloso y feliz por causa de Cristo, en quien tantos beneficios le fueron conferidos; y, por tanto, es su única ocupación servir a Dios con alegría y sin pensar en la ganancia, en amor que no se contrae.

Aquí lo que Lutero está diciendo. Primero, aunque no tenemos que controlar nuestros cuerpos para alcanzar el cielo, tenemos que vivir “esta vida mortal sobre la tierra”. Las disciplinas espirituales son importantes para garantizar que nuestra vida externa se conforme a nuestro estatus interno, “para que nuestro cuerpo obedezca y se conforme al hombre interior y a la fe”. En la medida en que haga eso, bien como en las situaciones que cada uno de nosotros tenga que ayunar y laborar, varían de persona a persona, porque nuestro objetivo es controlar la codicia de la carne. Tal autodisciplina no es un fin en sí misma, sino un medio para el autocontrol.

“Así, aquellos que presumen de ser justificados por las obras no consideran la mortificación de las concupiscencias, sino que apenas consideran las propias obras, y piensan que, si logran hacer tantas y tan buenas obras en la medida de que les sea posible, habrán hecho bien y se volverá justos”.

Segundo, aunque no tengamos que controlar nuestros cuerpos para llegar al cielo, esa es nuestra alegría, debido a los beneficios conferidos sobre nosotros en Cristo, en el sentido de que ahora deseamos “servir a Dios con alegría”. Anteriormente, servíamos a Dios porque creíamos que eso nos llevaría a nuestra salvación- era un servicio centrado en el Yo. Ahora servicio con “amor sin angustia”.

Seguidamente, Lutero ofrece una variedad de analogías para ilustrar su punto de vista:

Somos como Adán y Eva antes de la Caída, que trabajaban libremente para gradar a Dios, y no para obtener justicia, la cual ellos ya poseían en plena medida.

Somos como un obispo que cumple sus deberes porque es obispo, y no para llegar a ser obispo.

Somos como un árbol que produce buenos frutos porque es un buen árbol, y no para volverse un buen árbol.

Somos como una casa bien construida. Una casa bien construida no es lo que hace bueno a un constructor. Es el buen constructor el que construye una casa buena.  Nuestras obras no nos hacen buenos. Una vez que somos hechos buenos por la fe, entonces producimos buenas obras.

Al librarnos de la necesidad de realizar buenas obras para nuestra propia salvación, el Evangelio nos liberta para hacer el bien por amor al prójimo:

El hombre… no necesita de esas cosas para su justificación y salvación. Por lo tanto, debe ser guiado en todas sus obras por ese pensamiento, y contemplar solamente esto: servir en beneficio del prójimo en todo lo que haga, sin considerar su propio provecho sino solo la necesidad y el provecho del prójimo.

En vez de hacer el bien para Dios, tenemos ese bien de parte de Dios. Pero ese bien que viene de Dios deberá fluir para los demás. Cristo se identificó con nosotros de tal modo que, “de Cristo, han fluído todas las cosas buenas y estas cosas buenas están fluyendo en nosotros”. De esa misma manera, debemos identificarnos con el prójimo para que las buenas cosas “fluyan sobre aquellos que tienen necesidad de ellas”

La iglesia católica creía que una persona realizaba buenas obras para ser salva. Las buenas obras eran hechas para Dios, a fin de ganarnos su aprobación. Pero Lutero rechazó la idea de que las buenas obras fueran hechas para Dios. Al final, Dios no necesita de nuestras buenas obras. Las buenas obras hechas para Dios, que nos sacan del mundo (ejercicios espirituales, vida monástica, votos de celibato y pobreza), no surgen del hecho de que Dios las necesite. En vez de eso, nuestras buenas obras son hechas para nuestro prójimo. Así, el Evangelio nos impulsas de vuelta para el mundo, a fin de servir al prójimo en amor.

Concluimos, por lo tanto, que el cristiano no vive por sí mismo, sino que en Cristo vive para su prójimo. De otra manera, no es cristiano. Vive en Cristo por la fe, y en su prójimo por el amor. Por la fe, el hombre es llevado más allá de sí mismo, para Dios. Por amor, desciende más bajo de sí mismo, para su prójimo.

 

¡Sitio recomendado!

Posted in Links Recomendados with tags on abril 14, 2017 by elcaminoangosto

Doy gracias a Dios por tantos buenos sitios en Internet que procuran traer luz e instrucción a nuestro mundo que está en la oscuridad del error y la ignorancia. Recién supe de uno en particular, en el cual encontré mucha información útil y en un formato apropiado para el estudio personal o en grupo por medio de presentaciones o “slides”.

Espero que les sea de mucha bendición como lo está siendo para mí. Pueden visitar el sitio haciendo click en la siguiente imagen

Echaré la red

 

Reportaje desde Kuala Lumpur

Posted in Reflexiones on marzo 21, 2017 by elcaminoangosto

Publiqué esto hace 7 años y considero que todavía puede ser útil.

El Camino Angosto

Torres Petronas – Kuala Lumpur

Hace un tiempo traduje y publiqué un reportaje sobre cierta iglesia que está realizando una labor muy notoria, una iglesia que predica las Doctrinas de la Gracia sin compromisos y que está trabajando fuertemente por medio de otros ministerios para ayudar a la restauración de iglesias débiles y al plantamiento de iglesias fuertes en doctrina y en práctica. Esa iglesia es Capitol Hill Baptist Church, una iglesia grande en Estados Unidos y el reportaje se llamaba: “De regreso al Calvinismo

Ahora quiero compartir mi reportaje personal sobre una iglesia que podría parecernos insignificante en tamaño, pero que también es una iglesia ejemplar. Una iglesia que, según lo que yo pude observar, cumple de manera excelente con la definición que diera aquel antiguo escritor bautista del siglo 19, J.M. Pendleton:

“En respuesta a la pregunta, ¿Qué es una iglesia? debe decirse: Una iglesia es una congregación de discípulos de…

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SE BUSCAN: PREDICADORES APASIONADOS

Posted in Pastoral, Reflexiones with tags , , , on febrero 21, 2017 by elcaminoangosto

Puede leer el artículo original en inglés >>>>>> AQUI  <<<<<<

Se cuenta una historia sobre un joven nervioso que una vez vino al panel de selección de un ministerio Metodista. Durante la entrevista, este tímido muchacho aprovechó la oportunidad para explicar que no era tan dotado como para encender el río Támesis. Uno de los entrevistadores, el Dr. W E Sangster, le respondió con estas palabras: “Mi querido joven, no estoy interesado en saber si usted puede encender el río Támesis. Lo que yo deseo saber es esto: ¿Si yo lo levanto a usted por el cuello y lo lanzo en el Támesis se escuchará el sonido que hace un metal ardiente al caer en el agua?” En pocas palabras, estos entrevistadores lo que buscaban era, como algo de primera importancia, no era hombres con gran conocimiento o habilidades, sino hombres ardiendo por la verdad de la palabra de Dios. Ellos querían predicadores con peso en sus almas.

Creo que es obvio que esta es una de las grandes necesidades de nuestro tiempo, para todos los que tienen en el corazón el anhelo de prosperidad para la iglesia militante. No hay escasez de hombres que llevan el título de Pastor, Reverendo, Obispo, Evangelista, etc., porque se producen en serie en los Colegios bíblicos y Seminarios como se reproducen los folletos en una imprenta. Nunca en la historia de la iglesia hemos tenido en nuestros púlpitos tantos Bas, BThs, Mas, PhDs, etc. Sin embargo, tenemos también que admitir que muy pocos de estos harían algún ruido si los lanzamos al Támesis. El Profesionalismo está a la orden del día. Los hombres preparan sus sermones con la misma frialdad con la que preparaban sus asignaciones en la Universidad, y se quedan satisfechos cuando en lugar de una calificación de 100, al final del culto obtienen un “Gracias Pastor por ese maravilloso sermón”.

Obviamente, se necesita hacer algo para arreglar esta situación, porque ninguna iglesia se levantará más alto que su púlpito. A la actitud de gente moribunda que prevalece en las bancas se le puede seguir el rastro hasta la tibieza que hay en el púlpito. Es la falta de convicción bíblica sólida en el púlpito, lo que ha engendrado la casi total ausencia de disposición en las bancas. Si esto es cierto, entonces todos nuestros esfuerzos para restaurar el Cristianismo bíblico en las bancas será en vano si no removemos la enfermedad del púlpito. Si cada Domingo, lo que sale de la boca del predicador es tan frío como lo que sale de un congelador, entonces ¿cómo podemos esperar que la iglesia esté  la temperatura de las exigencias de Dios?

Necesitamos comenzar por afirmar que tomar un texto de las Escrituras y luego dar vueltas sobre él de manera monótona sobre un tema religioso relacionado con el texto NO es predicar – o por lo menos no lo es en el sentido bíblico. Lean los mensajes que entregaron los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles en el Nuevo Testamento y verán si no se sienten animados. Estos hombres estaban profundamente afectados por la palabra de Dios y no hay duda de ello. Ellos no solamente conocían el asunto del cual predicaban, ¡ellos lo sentían! Para ellos, la predicación era mucho más que un intento en el arte de la comunicación; era una forma de aliviar su propia carga. Ellos sabían algo de lo que experimentó el profeta Jeremías cuando dijo:

“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” (Jeremías 20.9)

El Dr. Martyn Lloyd-Jones hace notar esto a partir de los escritos del apóstol Pablo. Se imagina a alguien diciendo: “Si usted tiene verdadera preparación académica no estará animado; solo estará dignificado. Leerá un gran tratado en quietud y sin ninguna pasión”. ¡Sin lugar a dudas! Y  luego responde: “¡Eso es apagar el Espíritu! El apóstol Pablo quebranta algunas de las reglas gramaticales; interrumpe su propio argumento. Esto es por causa del fuego. Somos tan decorosos, tan controlados, hacemos todo con tanta decencia que ¡no hay vida, no hay calor, no hay poder!  Pero eso no corresponde al Cristianismo del Nuevo Testamento” – (The Christian Warfare).

Si este “ronquido articulado” (como lo llama Charles Haddon Spurgeon) no es predicar, hablando bíblicamente, entonces ¿qué es predicar? Permítanme citar al Dr. Lloyd Jones de nuevo, quien, en respuesta a esta pregunta dice: “Predicar es lógica ardiente” Razonamiento elocuente… Es teología en fuego… Predicar es la teología que proviene de un hombre que está encendido. (La Predicación y los Predicadores). Y a esta definición, respondemos con un fuerte ¡Amén!

Esta definición inevitablemente implica que las verdades que manejamos están diseñadas para ser una carga y una pasión en el predicador. Podemos perdonar a un hombre que habla sobre el clima, si provoca sueño en la audiencia, pero el predicador está tratando con asuntos de la vida eterna y la muerte eterna. ¿Cómo podemos hablar del Dios viviente, de la trágica caída del hombre, de la gloriosa redención en Cristo, del poder omnipotente del Espíritu Santo, de la iglesia de los redimidos comprados por sangre, las glorias del Cielo y los tormentos del infierno sin que al menos nos tiemblen los labios? Esta es la verdad de Dios que hizo a los profetas, apóstoles, evangelistas y reformadores, arder y brillar donde quiera que estuvieron.

Sin embargo, es necesario aclarar con gran énfasis que a menos que el Espíritu Santo haga arder estas verdades en nuestro ser, podemos conocerlas pero carecer de ese sentido de asombro. Dos predicadores pueden predicar sermones con excelente teología en ellos; en uno puedes sentir que proviene de un congelador, mientras que en el otro tu corazón se derrite y te sientes movido en lo profundo de tu ser. Estoy persuadido que la diferencia radica en el estudio [oficina]. Para el primero el estudio es una fábrica donde ser arma el sermón; para el otro, el estudio es el vientre en el cual se concibe un sermón con el auxilio del Espíritu Santo.

El ejemplo del gran evangelista, George Whitefield es digno de mención. “Whitefield pasaba horas de cada día de rodillas con la Palabra de Dios abierta delante de él, y era a partir de la cámara de audiencia del Cielo que partía para predicar esas maravillosas palabras de poder, que movieron las almas de la multitud. Estas verdades eternas entonces pasaron por él mucho más allá de su intelecto, tomaron posesión del hombre completo, y no podía entonces evitar hablar con ternura y santa sinceridad, porque había visto luz en la luz de Dios, y el mundo espiritual se iluminaba con luz alrededor de él” (Hezekiah Harvey – The pastor)

Si queremos que vuelva la predicación bíblica poderosa a nuestros púlpitos, necesitaremos una reforma en esos cuartos u oficinas que llamamos estudios. Necesitaremos aprender a ver nuestros estudios como el lugar donde nos encontramos con Dios para recibir una palabra para Su pueblo. Entonces, necesitaremos comenzar las preparaciones de nuestro sermón con un espíritu devocional, derramado sobre las Sagradas Escrituras

“hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (II Pedro 1.19).

Sí, tenemos que evitar levantarnos apuradamente hacia el púlpito hasta que el mensaje y el mensajero sean uno, unidos como con soldadura por la Antorcha de Dios – el Espíritu Santo. Entonces, y solo entonces, seremos predicadores con peso en el alma preocupados por proclamar “la carga del Señor” a un mundo enfermo de pecado.

No debemos rendirnos nunca en lo que se refiere al entrenamiento ministerial. Ni tenemos que engañarnos pensando que los comentarios, las concordancias, los lexicones, etc., son extras de las cuales podemos prescindir y dejarlas que acumulen polvo. No, tenemos que estar agradecidos por todas estas herramientas. Pero recordemos las palabras de J.W. Alexander:

“Ningún hombre puede ser un gran predicador si no tiene un gran sentimiento” (Thoughts on Preaching). Así que, no dependamos solamente de nuestro entrenamiento preparatorio y de las ayudas bíblicas. Más bien, seamos como aquel antiguo Elías y volvámonos al Señor en oración para aquello que solamente Él puede darnos – fuego celestial.

¡Oh, que nuestros estudios/oficinas puedan levantarse en la oración de Elías, como estoy seguro que ocurría en los días de la Reforma!

Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. (I Reyes 18.36-37). ¡Amén!

[Este artículo, con algunos pequeños cambios editoriales fue reproducido de la revista canadiense The Gospel Witness de Julio de 1994. Fue reproducido por la ahora extinta revista: Reformation Africa South, donde la publiqué primero. Un amigo, Andre Pinard, me la envió y la publicó en Facebook. Cuando lo leí, me sorprendía con agrado de que ese mismo sentir tenía hace 23 años. Mis convicciones no han cambiado y por eso pensé hacer un post en mi blog dándole un poco de vida extra. Espero que bendiga muchas más personas]

 

¿Cómo saber si soy convertido de verdad?

Posted in Reflexiones on febrero 16, 2017 by elcaminoangosto

faq

La primera epístola de Juan ofrece varias “pruebas” para ayudar a los cristianos a confirmar que sí han llegado a tener la fe en Cristo que salva:

  1. La prueba de la fe: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (I Juan 5.1ª). Entonces usted debe preguntarse ¿He confiado plenamente en Cristo para salvación?
  2. La prueba de la obediencia: “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado(I Juan 1.6-7). Entonces pregúntese a sí mismo: ¿Muestra mi vida un patrón de pecado habitual sin arrepentimiento o hay lucha contra el pecado y arrepentimiento para andar en la luz?
  3. La prueba del amor: “El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él(I Juan 3.14b,15) Entonces pregúntese a sí mismo: ¿Amo a otros cristianos de maneras concretas que demuestran la realidad de mi fe?
  4. La prueba de la perseverancia: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (I Juan 2.19). Aquellos que no permanecen en la fe prueban que su fe era falsa desde el inicio. Entonces pregúntese a sí mismo: ¿Permanezco en la fe a pesar de las luchas y oposiciones?

Un principio adicional: hasta los cristianos son propensos al auto-engaño. Por esta razón, trabaje en estas preguntas con los miembros de su iglesia que le conocen mejor y que lo aman (vea Proverbios 11.4; 15.22). Obviamente esto es difícil de hacer si usted no ha dejado que las personas tengan acceso a su vida desde el inicio.

¿Puede alguien ser genuinamente convertido y vivir contento en el pecado?

Hablando de forma general, No.

  • Juan es absolutamente claro: solamente los que andan en luz, obedecen los mandamientos de Dios y aman a otros cristianos son genuinamente convertidos (I Juan 1.6-7; 2.4-6; 3.7-8)
  • Pablo levanta el mismo punto cuando escribe: “No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? (I Corintios 6.9). En otro lugar, dice claramente: “Porque si vivía conforme a la carne moriréis, mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8.13). Aquellos que luchan activamente contra el pecado y buscan la integridad.
  • El mismo Cristo dijo: “No puede el árbol bueno dar frutos malos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego (Mateo 7.18-19). Todos aquellos que nacen de nuevo producen buen fruto espiritual, lo cual los destaca como diferentes al mundo (Ver también Mateo 5-13-16; Mateo 7.21-22)

Aunque no hay ningún cristiano perfecto en esta vida, el Nuevo Testamento insiste en que solamente las personas cuyas vidas demuestran fruto espiritual, son las que han nacido de nuevo.

¿Cómo puedo confrontar de forma amable a alguien que afirma ser convertido, pero que no vive como un cristiano?

Ore por usted mismo y por la otra persona. Ore para que usted sea fiel al hablar la verdad, apoyándose en el Espíritu de Dios para hacer una obra de verdadera persuasión (I Corintios 3.6-7; II Corintios 7.8-10). Ore para que la persona se convenza y para que tenga un cambio de corazón.

Hable la verdad en amor (Efesios 4.15). Aborde a la persona cuidadosamente, pacientemente e inteligentemente. Explique que usted está confrontando a partir de una preocupación profunda y para el bien eterno de ella.

Llévelo a las Escrituras. Explique que su propósito no es darle un veredicto final de su alma. Al contrario de eso, usted está preocupado por el hecho de que no está viviendo como la Escritura dice que un cristiano debe vivir. Indique pasajes como Mateo 7.13-29; Romanos 6.12-23; 8.13; I Corintios 6.9-11, II Corintios 13.5 y todo el libro de I Juan.

Cuestiónele gentilmente. Pregunte cosas como:

¿Usted piensa que su vida está de acuerdo con la figura que la Biblia nos da sobre un cristiano genuino?

¿Está usted luchando genuinamente contra el pecado o está amándolo secretamente?

¿Cree usted de verdad que ser cristiano significa arrepentirse de sus pecados y confiar en Cristo?

Recuérdele la profesión de fe y su bautismo. Recuérdele el Evangelio. Clame para que considere la eternidad. Recuérdele que la alegría eterna o la condenación eterna están en juego. (Salmo 49; Mateo 25.31-46).

Traducido de Voltemos Ao Evangelho

Artículo original en inglés AQUI – haciendo referencia a lo escrito por Thabiti Anyabwile ¿Qué es un miembro saludable de la Iglesia?

Día del AMOR

Posted in Reflexiones with tags , , , on febrero 14, 2017 by elcaminoangosto

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El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. I Juan 4.8

Según la popular Wikipedia del Internet,

El día de san Valentín es una celebración tradicional de países anglosajones que se ha ido implantando en otros países a lo largo del siglo XX principalmente en la que las parejas de enamorados expresan su amor y cariño mutuamente. Se celebra el 14 de febrero, onomástico de san Valentín. En algunos países se conoce como día de los enamorados y en otros como día del amor y la amistad. En Angloamérica hacia 1840, Esther A. Howland comenzó a vender las primeras tarjetas postales masivas de san Valentín, conocidas como “valentines”, con símbolos como la forma del corazón o de Cupido. También en este día es común la tradición de regalar rosas a aquellas personas a las que se tiene un especial afecto.

Quiero aprovechar esta fecha para hablar de lo que parece ser un valor universal, es decir, las personas de todas las culturas y convicciones religiosas o  filosóficas piensan que el amor es algo bueno. Nadie afirma que el amor sea malo.

El idioma griego (koiné), en el cual fue escrito el Nuevo Testamento, es un idioma muy específico, es decir, tiene varias palabras para lo que nosotros solo tenemos una. En español tenemos una palabra para “amor”, pero en griego hay tres palabras que se pueden traducir como amor, según la clase de amor del cual se está hablando.

Hay una palabra griega que significa amor pero se usaba para la relación de afecto entre personas que tienen alguna afinidad, sea familiar, de amistad o de camaradería. En pocas palabras es “amor de hermano” (fileo).

Este versículo no usa ese término porque todas las personas pueden experimentar esa clase de amor, sea cual sea su religión y hasta los que son ateos tienen la capacidad de amar de esta manera.

Hay otra palabra que se usa para el amor romántico (eros), este es el amor que experimenta una pareja de enamorados. Tampoco es a esta clase de amor que se refiere nuestro texto, porque también cualquier ser humano es capaz de sentir esta clase de amor.

Las dos clases de amor que acabamos de describir, pueden experimentarse y eventualmente terminar. Hay personas que profesaron amarse con todo el corazón y luego llegar a odiarse a tal grado que no soportan vivir juntos ni verse.

Hay personas que disfrutaron de una linda amistad, pero el tiempo o las circunstancias hicieron que de aquel amor solo quede un buen recuerdo.

Pero la clase de amor del que habla el apóstol Juan aquí se asocia con Dios y con la esencia del Ser Divino. Él es amor. (ágape)

Esto no se trata de un sentimiento hermoso, es algo diferente y tiene las características que se describen en I Corintios 13.4-7:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El capítulo 4 de la epístola de Juan explica claramente que el amor de Dios se mostró al mundo cuando Él entregó a Su Hijo unigénito.

Es un hecho incomprensible que Dios estuviera dispuesto a entregar a Su Hijo a la muerte y es un hecho incomprensible que Cristo estuviera dispuesto a dar su vida por pecadores rebeldes como nosotros para darnos esperanza.

Como está escrito:

… y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” – Romanos 5.5

Cuando Dios salva pecadores, les imparte su amor y los capacita para amar de verdad.

No es difícil amar a los que nos aman, eso también lo pueden hacer los incrédulos, pero Dios nos capacita para amar a los que no merecen ser amados, así como Él nos amó sin que nosotros mereciéramos su amor.

El Señor Jesús habló sobre la singularidad de este amor:

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman” (Lucas 6.32)

Solamente el Espíritu Santo nos puede capacitar para cumplir esta ordenanza de Cristo cuando dijo:

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” – (Mateo 5.44)

¿Es posible tal cosa?

Ningún cristiano ama perfectamente, todos fallamos en alguna medida. Sin embargo, el Espíritu Santo que derramó en nosotros el amor de Dios, nos impulsa a esforzarnos por practicar esta clase de amor y a crecer en amor.

La persona que alberga amargura, constante rencor, la persona que se niega a perdonar la ofensa, está en una condición muy grave porque no está manifestando la virtud del amor.

No estamos afirmando que para ser cristiano hay que amar perfectamente siempre, pero lo que sí tiene el cristiano es el deseo de crecer en amor y de llegar a amar como Cristo nos amó y para esto buscamos la llenura del Espíritu Santo.

Cristo advirtió que solo los que perseveran en amor podrán ser salvos:

y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” (Mateo 24.12-13)

Hay quiénes aparentemente conocen mucho de la Biblia, de autores cristianos y hasta pueden estar muy involucrados en actividades de la iglesia, pero nada de esto nos garantiza que sean verdaderos cristianos, es el amor lo que identificará siempre a los que son de Cristo.

Los que pierden la fe, dejan de amar y una fe temporal no es fe verdadera. Son los que perseveran en amor los que serán salvos.

El que está lleno del Espíritu Santo, estará lleno de amor.

¿Amas a Jesucristo el Salvador? ¿Amas a tu prójimo?

Ningún creyente ama como debería amar pero entonces la pregunta es ¿Deseas poder amar como Cristo?

Desear y procurar el amor de Cristo es la marca de los verdaderos cristianos, porque Él dijo:

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros” (Juan 13.35).

Y el apóstol Juan recalcó:

el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. (I Juan 2.5-6)

Que así sea. Amén.

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