Archive for the Pastoral Category

Trato particular según el estado del alma

Posted in Pastoral with tags , , , on julio 18, 2017 by elcaminoangosto

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Tomado del libro “El Arte de Profetizar” de William Perkins (1558-1602)

Capítulo VII – Categorías de Oyentes.

  1. Aquellos que son incrédulos, ignorantes y no son enseñables.

Estos tienen que ser preparados primero para recibir la doctrina de la Palabra. Josafat envió Levitas por las ciudades de Judá para enseñar al pueblo, y sacarlos de la idolatría (II Crónicas 17.9). Esta preparación debe hacerse en parte discutiendo o razonando con ellos, para enterarnos de su actitud y disposición, y en parte reprobando cualquier pecado notorio, para que sus conciencias sean tocadas con el temor y se vuelvan enseñables (mire Hechos 9.3-5); 16.27-31; 17.17; 17.22-24).

Cuando hay alguna esperanza de que se hayan vuelto enseñables y preparados, el mensaje de la Palabra de Dios debe dárseles, usualmente en términos básicos concentrándose en los puntos generales (como, por ejemplo, Pablo lo hizo en Atenas, Hechos 17.30, 31). Si no hay respuesta positiva a tal enseñanza, entonces debe enseñarse de una manera más detallada y plena. Pero si se mantienen en su incredulidad y no hay esperanza real de ganarlos, deben simplemente ser dejados (Prov. 9.8; Mateo 7.6; Hechos 19.9)

  1. Aquellos que son enseñables pero ignorantes

Debemos instruir tales personas por medio de Catecismos (cf. Lucas 1.4; Hechos 18.25, 26). Un Catecismo es una explicación breve de las enseñanzas fundamentales de la fe Cristiana dadas en forma de preguntas y respuestas. Esto ayuda tanto al entendimiento como a la memoria. Por eso, el contenido de un catecismo debe ser los fundamentos de la fe Cristiana, un resumen de los principios básicos (Hebreos 5.12)

Un principio básico de la fe es una verdad bíblica que está directa e inmediatamente conectado tanto con la salvación de los hombres y la gloria de Dios. Si alguno de esos principios es negado, no hay esperanza de salvación. Hay seis principios así: arrepentimiento, fe, bautismo (es decir, los sacramentos), la imposición de manos (esto es una imagen visual del ministerio de la Palabra), la resurrección, y el juicio final (Hebreos 6.1-3)

La forma distintiva de un catecismo es la manera en que maneja los elementos fundamentales llanamente por medio de pregunta y respuesta (Hechos 8.37; I Pedro 3.21). Como Tertuliano dijo, “El alma no se limpia con lavarse, sino con respuestas”

Aquí es importante reconocer la diferencia entre “leche” y “comida sólida”. Estas categorías ser refieren a la misma verdad; la diferencia entre ellas es la manera y el estilo de la enseñanza. “Leche” es una explicación breve y llana de los principios de la fe: que tenemos que creer en un solo Dios, y en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; que tenemos que depender solamente de la gracia de Dios en Cristo; que tenemos que creer en el perdón de los pecados; y cuando somos enseñados que tenemos que arrepentirnos, abstenernos del mal y hacer el bien.

“Alimento sólido”, por otro lado, se refiere a un manejo detallado, iluminador y claro de la doctrina de la fe. Incluye la exposición lúcida y cuidadosa de la enseñanza bíblica en temas tales como la condición del hombre antes de la caída, la caída, el pecado original y el pecado actual, la culpa humana, el libre albedrío; los misterios de la Trinidad, las dos naturalezas de Cristo, unidas en una sola persona, el oficio de Cristo como Mediador, la imputación de la justicia, la fe, la gracia y el uso de la ley. La “leche” debe darse a los bebés, es decir a aquellos que son inmaduros o débiles en conocimiento, la carne debe darse a aquellos que son más maduros, es decir, aquellos que están mejor instruidos (I Corintios 3.1, 2 Hebreos 5.13)

  1. Hay algunos que tienen conocimiento, pero nunca han sido humillados.

Aquí necesitamos ver la manifestación del arrepentimiento en lo que Pablo llama tristeza según Dios (I Corintios 7.8-10). La tristeza según Dios es un dolor por el pecado por el hecho de que es pecado. Para enfatizar este afecto, el ministerio de la ley es necesario. Esto puede hacer nacer un sentido real de contrición en el corazón, o del terror en la conciencia. Aunque esto no es útil por sí mismo, provee el remedio necesario para vencer la terquedad pecaminosa, y para preparar la mente a fin de que sea enseñable.

Con el fin de surja esta tristeza legal es apropiado usar cierta porción escogida de la ley, que sirva para reprobar cualquier pecado visible en aquellos que todavía no se han humillado. Dolerse de un pecado y dolerse por un solo pecado es, en sustancia, el dolor y el arrepentimiento de todos (Salmos 32.5; Hechos 2.23; 8.22)

Además, si alguien que está afligido por la Cruz y con tragedias externas, tiene una tristeza mundana – no lamenta el pecado como pecado, sino solamente el castigo – no se le debe dar prometer consuelo inmediato. Tal dolor debe primero ser transformado en tristeza según Dios.

Dejemos que el Evangelio sea predicado de tal forma que el Espíritu Santo verdaderamente aplique la salvación. Porque al renovar a los hombres para que comiencen a desear y a hacer lo que agrada a Dios, el Espíritu Santo realmente produce en ellos tristeza según Dios y arrepentimiento para salvación.

Para el de corazón endurecido, la ley debe enfatizarse, y su maldición claramente establecerse así como sus amenazas. También debe enseñarse la dificultad de obtener liberación a aquellos que se sienten punzados en su corazón. (Mateo 3.7; 19.16, 17; 23.13, 33). Pero cuando el inicio de una tristeza según Dios aparece, ellos deben ser consolados con el Evangelio.

  1. Aquellos que ya se han humillado.

Aquí debemos considerar cuidadosamente si la humillación que ha tenido lugar es completa y sana o recién ha comenzado y todavía es liviana y superficial. Es importante que la gente no reciba el consuelo antes de lo apropiado. Si ocurre así, puede endurecerse luego de la misma manera que el hierro que habiendo estado en el horno se endurece al enfriarse.

Aquí están algunas directrices para tratar con aquellos que tienen una humillación parcial. Exponerles la Ley cuidadosamente junto con el Evangelio, para que aterrorizados por sus pecados y por el juicio de Dios, tengan a la vez consuelo en el Evangelio (Génesis 3.9-15; II Sam. 12; Hechos 8.20-23). Natán nos da un ejemplo de esto. Habiendo sido enviado por Dios, trajo a David a un reconocimiento de su verdadera condición por medio de una parábola, y luego le pronunció el perdón cuando su arrepentimiento fue evidente.

En esta manera la fe y el arrepentimiento y los consuelos del evangelio deben enseñarse y ser ofrecidos a aquellos que están verdaderamente humillados (Mateo 9.13; Lucas 4.18; Hechos 2.37, 38)

  1. Aquellos que ya son creyentes.

Debemos enseñarles

  • El Evangelio: la enseñanza bíblica de la justificación, santificación y perseverancia
  • La Ley: pero tal como se aplica a los que ya no están bajo su maldición, para enseñarles cómo dar fruto de una nueva obediencia y mantenerse en el arrepentimiento (Romanos 8.1; I Tim. 1.9). Aquí la enseñanza de Pablo sirve como modelo
  • Aunque alguien que ha sido justificado y santo ante los ojos de Dios no debe temer la maldición de la ley, se debe recordar la oposición que hay hacia la ley por causa del pecado remanente. Como un padre muestra a sus hijos el posible castigo con el fin de inculcarles un sentido de temor apropiado en caso de que hagan lo malo, así también la meditación en la maldición de la ley debe animar con frecuencia a los verdaderos creyentes, para disuadirles de abusar de la misericordia de Dios con una vida pecaminosa, y para aumentar la humildad. Nuestra santificación es parcial todavía. Para que los remanentes de pecados puedan ser destruidos tenemos siempre que comenzar nuestra meditación en la ley, y con un sentido de nuestro pecado, para poder ser traídos a descansar en el Evangelio.
  1. Aquellos que han retrocedido.

Algunos pueden haberse apartado parcialmente del estado de gracia, sea en su fe o en su estilo de vida.

Fallos en la fe se refieren tanto al conocimiento de la doctrina del Evangelio o a abrazar a Cristo.

Fallos en el conocimiento involucra caer en el error, sea en una doctrina secundaria o fundamental.

En esta situación, la doctrina específica que contrarresta el error debe ser expuesta y enseñada. Tenemos que enfatizarles la importancia de esto, así como la doctrina del arrepentimiento.

Pero tenemos que hacer esto con afecto fraternal, como Pablo enseña en Gálatas 6.1 (cf. II Tim. 2.25).

Una falla en abrazar a Cristo lleva a la desesperación. Para poder restaurar esto debemos diagnosticar la condición y prescribir el remedio. Tenemos que analizar la causa de la tentación o de la condición. El diagnóstico de la causa se puede hacer apropiadamente por medio de la confesión privada (cf. Santiago 5.17). Pero para evitar que tal confesión se vuelva un instrumento de tortura debe estar gobernada por estos principios:

  • Debe realizarse de manera voluntaria y no bajo presión. La salvación no depende de esto.
  • No debe ser una confesión de todos los pecados, sino de aquellos que lastiman la conciencia y pueden llevar a un mayor riesgo espiritual si no se tratan.
  • Tal confesión debe hacerse principalmente a los pastores, pero con el entendimiento de que puede ser compartida confidencialmente con otros hombres dignos de confianza en la iglesia.

El diagnóstico de la condición espiritual involucra investigar si están bajo la ley o bajo la gracia. Para poder verificar esto tenemos que hacer preguntas para descubrir si están tristes consigo mismos porque han ofendido a Dios. ¿Odian el pecado? Esta es la base del arrepentimiento que trae salvación. Seguidamente debemos preguntar si tienen en su corazón deseo de reconciliación con Dios. Esta es la base de la verdadera fe.

Cuando el diagnóstico está completo, debemos prescribir el remedio y aplicar el Evangelio. Esto tiene dos partes: Primero, deben explicarse varias verdades del Evangelio e imprimirlas con frecuencia en ellos, lo cual incluye:

  • Que sus pecados son perdonables
  • Que las promesas de la gracia son para todos los que creen, no para algunos individuos específicos, de manera que ellos no se sientan excluidos.
  • Que el deseo de creer es en sí mismo fe (Salmos 145.19; Apoc. 21.6)
  • Que el pecado no anula la gracia sino que (ya que Dios hace que todo obre para bien de los que son suyos) puede llevar a una mayor ilustración del mismo.
  • Que en este mundo pecaminoso y caído, todas las obras de Dios son realizadas por medios que son contrarios a Él mismo.

Segundo, deben ser animados en la misma amargura de la tentación, para ejercer la fe que ha estado inactiva – pero latente. Deben volver a asegurarse de que sus pecados han sido perdonados. Y deben ser animados a pelear vigorosamente en oración, sea a solas o con otros, contra los deseos carnales y la esperanza humana. Deben ser exhortados con insistencia para que puedan hacer estas cosas; hasta aquellos que no quieren deben ser constreñidos a hacerlas (vea Salmos 77.1, 2; 130.1, 2; Romano 4.18)

Para que tales remedios puedan funcionar, el poder ministerial de “atar y desatar” debe ser usado en la forma en que se prescribe en las Escrituras (II Samuel 12.13; II Corintios 5.20). Si resulta que la melancolía aqueja la mente del individuo, entonces el remedio debe buscarse en privado.

Fallar en el estilo de vida toma lugar cuando un Cristiano comete pecado voluntario, como en el caso de la borrachera de Noé, el adulterio de David, la negación de Pedro y ejemplos similares. La fuerza y la disposición de la gracia interna, puede perderse por un tiempo en términos tanto de sentido como de la experiencia de su poder. La ley debe exponerse junto con el Evangelio a aquellos que han caído. Cada nuevo acto de pecado requiere un nuevo acto de fe y de arrepentimiento (Isaías 1.4, 16, 18)

  1. Iglesias que tienen tanto creyentes como incrédulos.

Esta es una situación típica en nuestras iglesias. Cada doctrina debe ser expuesta para ellos, tanto de la ley como del Evangelio, mientras se observen las limitaciones y circunscripciones debidas (vea Juan 7.37. Esto era lo que lo profetas hacían en sus sermones, cuando anunciaban juicio a los impíos, y promesas de liberación en el Mesías a los que se arrepentían.

Pero ¿qué sucede si algunos de la congregación desesperan el resto se endurece? ¿Qué debe hacerse? La respuesta es: aquellos que se endurecen deben escuchar la ley en el ámbito y límites de las personas que están en sus pecados. Pero los afligidos deben ser ayudados especialmente a escuchar la voz del Evangelio aplicada a ellos.

 

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SE BUSCAN: PREDICADORES APASIONADOS

Posted in Pastoral, Reflexiones with tags , , , on febrero 21, 2017 by elcaminoangosto

Puede leer el artículo original en inglés >>>>>> AQUI  <<<<<<

Se cuenta una historia sobre un joven nervioso que una vez vino al panel de selección de un ministerio Metodista. Durante la entrevista, este tímido muchacho aprovechó la oportunidad para explicar que no era tan dotado como para encender el río Támesis. Uno de los entrevistadores, el Dr. W E Sangster, le respondió con estas palabras: “Mi querido joven, no estoy interesado en saber si usted puede encender el río Támesis. Lo que yo deseo saber es esto: ¿Si yo lo levanto a usted por el cuello y lo lanzo en el Támesis se escuchará el sonido que hace un metal ardiente al caer en el agua?” En pocas palabras, estos entrevistadores lo que buscaban era, como algo de primera importancia, no era hombres con gran conocimiento o habilidades, sino hombres ardiendo por la verdad de la palabra de Dios. Ellos querían predicadores con peso en sus almas.

Creo que es obvio que esta es una de las grandes necesidades de nuestro tiempo, para todos los que tienen en el corazón el anhelo de prosperidad para la iglesia militante. No hay escasez de hombres que llevan el título de Pastor, Reverendo, Obispo, Evangelista, etc., porque se producen en serie en los Colegios bíblicos y Seminarios como se reproducen los folletos en una imprenta. Nunca en la historia de la iglesia hemos tenido en nuestros púlpitos tantos Bas, BThs, Mas, PhDs, etc. Sin embargo, tenemos también que admitir que muy pocos de estos harían algún ruido si los lanzamos al Támesis. El Profesionalismo está a la orden del día. Los hombres preparan sus sermones con la misma frialdad con la que preparaban sus asignaciones en la Universidad, y se quedan satisfechos cuando en lugar de una calificación de 100, al final del culto obtienen un “Gracias Pastor por ese maravilloso sermón”.

Obviamente, se necesita hacer algo para arreglar esta situación, porque ninguna iglesia se levantará más alto que su púlpito. A la actitud de gente moribunda que prevalece en las bancas se le puede seguir el rastro hasta la tibieza que hay en el púlpito. Es la falta de convicción bíblica sólida en el púlpito, lo que ha engendrado la casi total ausencia de disposición en las bancas. Si esto es cierto, entonces todos nuestros esfuerzos para restaurar el Cristianismo bíblico en las bancas será en vano si no removemos la enfermedad del púlpito. Si cada Domingo, lo que sale de la boca del predicador es tan frío como lo que sale de un congelador, entonces ¿cómo podemos esperar que la iglesia esté  la temperatura de las exigencias de Dios?

Necesitamos comenzar por afirmar que tomar un texto de las Escrituras y luego dar vueltas sobre él de manera monótona sobre un tema religioso relacionado con el texto NO es predicar – o por lo menos no lo es en el sentido bíblico. Lean los mensajes que entregaron los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles en el Nuevo Testamento y verán si no se sienten animados. Estos hombres estaban profundamente afectados por la palabra de Dios y no hay duda de ello. Ellos no solamente conocían el asunto del cual predicaban, ¡ellos lo sentían! Para ellos, la predicación era mucho más que un intento en el arte de la comunicación; era una forma de aliviar su propia carga. Ellos sabían algo de lo que experimentó el profeta Jeremías cuando dijo:

“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” (Jeremías 20.9)

El Dr. Martyn Lloyd-Jones hace notar esto a partir de los escritos del apóstol Pablo. Se imagina a alguien diciendo: “Si usted tiene verdadera preparación académica no estará animado; solo estará dignificado. Leerá un gran tratado en quietud y sin ninguna pasión”. ¡Sin lugar a dudas! Y  luego responde: “¡Eso es apagar el Espíritu! El apóstol Pablo quebranta algunas de las reglas gramaticales; interrumpe su propio argumento. Esto es por causa del fuego. Somos tan decorosos, tan controlados, hacemos todo con tanta decencia que ¡no hay vida, no hay calor, no hay poder!  Pero eso no corresponde al Cristianismo del Nuevo Testamento” – (The Christian Warfare).

Si este “ronquido articulado” (como lo llama Charles Haddon Spurgeon) no es predicar, hablando bíblicamente, entonces ¿qué es predicar? Permítanme citar al Dr. Lloyd Jones de nuevo, quien, en respuesta a esta pregunta dice: “Predicar es lógica ardiente” Razonamiento elocuente… Es teología en fuego… Predicar es la teología que proviene de un hombre que está encendido. (La Predicación y los Predicadores). Y a esta definición, respondemos con un fuerte ¡Amén!

Esta definición inevitablemente implica que las verdades que manejamos están diseñadas para ser una carga y una pasión en el predicador. Podemos perdonar a un hombre que habla sobre el clima, si provoca sueño en la audiencia, pero el predicador está tratando con asuntos de la vida eterna y la muerte eterna. ¿Cómo podemos hablar del Dios viviente, de la trágica caída del hombre, de la gloriosa redención en Cristo, del poder omnipotente del Espíritu Santo, de la iglesia de los redimidos comprados por sangre, las glorias del Cielo y los tormentos del infierno sin que al menos nos tiemblen los labios? Esta es la verdad de Dios que hizo a los profetas, apóstoles, evangelistas y reformadores, arder y brillar donde quiera que estuvieron.

Sin embargo, es necesario aclarar con gran énfasis que a menos que el Espíritu Santo haga arder estas verdades en nuestro ser, podemos conocerlas pero carecer de ese sentido de asombro. Dos predicadores pueden predicar sermones con excelente teología en ellos; en uno puedes sentir que proviene de un congelador, mientras que en el otro tu corazón se derrite y te sientes movido en lo profundo de tu ser. Estoy persuadido que la diferencia radica en el estudio [oficina]. Para el primero el estudio es una fábrica donde ser arma el sermón; para el otro, el estudio es el vientre en el cual se concibe un sermón con el auxilio del Espíritu Santo.

El ejemplo del gran evangelista, George Whitefield es digno de mención. “Whitefield pasaba horas de cada día de rodillas con la Palabra de Dios abierta delante de él, y era a partir de la cámara de audiencia del Cielo que partía para predicar esas maravillosas palabras de poder, que movieron las almas de la multitud. Estas verdades eternas entonces pasaron por él mucho más allá de su intelecto, tomaron posesión del hombre completo, y no podía entonces evitar hablar con ternura y santa sinceridad, porque había visto luz en la luz de Dios, y el mundo espiritual se iluminaba con luz alrededor de él” (Hezekiah Harvey – The pastor)

Si queremos que vuelva la predicación bíblica poderosa a nuestros púlpitos, necesitaremos una reforma en esos cuartos u oficinas que llamamos estudios. Necesitaremos aprender a ver nuestros estudios como el lugar donde nos encontramos con Dios para recibir una palabra para Su pueblo. Entonces, necesitaremos comenzar las preparaciones de nuestro sermón con un espíritu devocional, derramado sobre las Sagradas Escrituras

“hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (II Pedro 1.19).

Sí, tenemos que evitar levantarnos apuradamente hacia el púlpito hasta que el mensaje y el mensajero sean uno, unidos como con soldadura por la Antorcha de Dios – el Espíritu Santo. Entonces, y solo entonces, seremos predicadores con peso en el alma preocupados por proclamar “la carga del Señor” a un mundo enfermo de pecado.

No debemos rendirnos nunca en lo que se refiere al entrenamiento ministerial. Ni tenemos que engañarnos pensando que los comentarios, las concordancias, los lexicones, etc., son extras de las cuales podemos prescindir y dejarlas que acumulen polvo. No, tenemos que estar agradecidos por todas estas herramientas. Pero recordemos las palabras de J.W. Alexander:

“Ningún hombre puede ser un gran predicador si no tiene un gran sentimiento” (Thoughts on Preaching). Así que, no dependamos solamente de nuestro entrenamiento preparatorio y de las ayudas bíblicas. Más bien, seamos como aquel antiguo Elías y volvámonos al Señor en oración para aquello que solamente Él puede darnos – fuego celestial.

¡Oh, que nuestros estudios/oficinas puedan levantarse en la oración de Elías, como estoy seguro que ocurría en los días de la Reforma!

Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. (I Reyes 18.36-37). ¡Amén!

[Este artículo, con algunos pequeños cambios editoriales fue reproducido de la revista canadiense The Gospel Witness de Julio de 1994. Fue reproducido por la ahora extinta revista: Reformation Africa South, donde la publiqué primero. Un amigo, Andre Pinard, me la envió y la publicó en Facebook. Cuando lo leí, me sorprendía con agrado de que ese mismo sentir tenía hace 23 años. Mis convicciones no han cambiado y por eso pensé hacer un post en mi blog dándole un poco de vida extra. Espero que bendiga muchas más personas]

 

Poderoso en las Escrituras

Posted in Pastoral, Reflexiones with tags , , , on septiembre 20, 2016 by elcaminoangosto

Resumen del mensaje dado en la actividad de compañerismo juvenil de la Iglesia Bautista Reformada en Damansara (Malaysia) en Marzo del 2016 por el Pr. B.S. Poh

Traducido por Alexander León

Artículo original >>>>>>>>>AQUI<<<<<<<<<

 

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Hechos 18.24 nos cuenta que Apolos era “hombre elocuente y poderoso en las Escrituras”. ¿Qué significa ser “poderoso en las Escrituras”? Él era un creyente, aunque al estilo del Antiguo Testamento, porque “solamente conocía el bautismo de Juan” (25). En otras palabras, él había sido discípulo de Juan el Bautista, pero dejó la región de Judea antes de escuchar que Jesucristo era “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1.29), y ciertamente antes de Pentecostés (Hechos 2.1 ss).

Apolos era un hombre dedicado por completo al Señor – en su mente, corazón y voluntad. Se nos dice que “había sido instruido en el camino del Señor” y que era “ferviente de espíritu”, y “enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor”, aunque solo conocía el bautismo de Juan (25).

Para que una persona esté totalmente comprometida con el Señor y tenga la habilidad de manejar las Escrituras bien, se necesita más que elocuencia. Una espada es una espada, sea quien sea que la use (cf. Efesios 6.17). Sin embargo, una espada es mucho más que una espada, cuando el que la usa es un espadario entrenado. Apolos era un espadario entrenado, aunque no en el sentido formal. No se nos dice que fuera entrenado en la escuela de los Fariseos, como lo fue Pablo (Hechos 22.3). ¿Qué había pasado en su entrenamiento?

1. Lo que significa ser “poderoso en las Escrituras”

  • Un buen conocimiento de las Escrituras.

No consideraríamos a alguien “poderoso en las Escrituras” si no sabe cómo buscar un pasaje en las Escrituras. El que sea poderoso en las Escrituras sabe cómo localizar aquellos pasajes que otros consideran libros oscuros de la Biblia, por ejemplo, Miqueas, Habacuc, Abdías, o Filemón. Sabe bien dónde están los más conocidos libros de la Biblia: Los Salmos, Isaías, Daniel, o Romanos.

Hay quiénes memorizan los libros de la Biblia de memoria o en una canción, pero esto nunca puede superar el conocimiento de las Escrituras por medio de la lectura regular y sistemática de las Escrituras. El tiempo que se pasa diariamente “a solas”, con la Biblia y en oración, es una práctica que por mucho tiempo fue honrada entre los Protestantes. El Señor enseñó a sus discípulos a orar al Padre en el secreto prometiendo que el Padre los recompensaría en público (Mateo 6.6). El rostro de Moisés resplandecía cuando se encontraba con Jehová (Éxodo 34.35). Apolos debe haber pasado mucho tiempo leyendo las Escrituras y orando.

No tenemos que pasar horas estudiando la Biblia y orando todos los días. Para la mayoría de las personas, un tiempo de 15 minutos con Dios antes de iniciar las labores diarias estaría bien. Si sigues un plan de lectura, puedes terminar la Biblia en un año o en tres años. Debes leer inteligentemente y con devoción, no solamente para cumplir la cuota diaria de lectura. Podría haber un día en el que fallas porque las circunstancias interrumpen tu “tiempo a solas”. Lo que es importante es no permitir que esto se prolongue. Y cuando regresas para mantener tu “tiempo a solas”, no es sabio tratar de apurarse para ponerse al día, eso suele generar desánimo. Más bien, localiza la lectura para ese día y continúa de ahí en adelante.

  • Un buen entendimiento de la teología

Hay una diferencia entre conocer los hechos de la Biblia y conocer la enseñanza de la Biblia. Algunas iglesias enfatizan mucho lo primero y descuidan lo segundo, lo cual es lamentable. La gente joven de esas iglesias suelen enorgullecerse en los Test de conocimiento Bíblico, pero a la vez son débiles en el entendimiento teológico. No tienen claridad sobre las doctrinas importantes que constituyen el evangelio, cómo nuestros pecados fueron expiados por la muerte de Cristo, el proceso de santificación, etc. No tienen un entendimiento global de la enseñanza de la Biblia.

Nuestra iglesia se suscribe a la Confesión de Londres de 1689. Revisamos la confesión periódicamente cada cierto número de años, porque creemos que es importante para los miembros de la iglesia recordar los fundamentos de la fe. No debemos asumir que los miembros conocen la Confesión de Fe. Además, siempre hay nuevos miembros, así como personas que vienen a indagar, entonces conocer la Confesión de Fe será de utilidad para ellos.

La Doctrina debe valorarse antes de la práctica. Aquellos que se enfocan en la práctica pueden aparecer celosos por el Señor, pero su celo no durará si no se sostiene por medio de la doctrina. Uno no puede dedicarse a trabajar todo el tiempo sin ingerir alimento. La enseñanza de la Biblia es nuestro alimento espiritual. Cuando la doctrina se entiende de manera sistemática, se constituye en teología. Un buen entendimiento de la teología nos hará “poderosos en las Escrituras”.

  • Capacidad de articular la verdad apropiadamente.

Apolos se describe como un “hombre elocuente”. ¿Era elocuente por naturaleza o fue entrando para ser elocuente? La elocuencia natural tiene su valor, pero puede constituir una trampa. El que se confía de su elocuencia natural puede volverse descuidado y hablar aire vacío. Pensemos en algunos políticos que son grandes oradores. Puede que te impresiones por su discurso, solo para descubrir luego cuán insubstancial y cuan inconsecuente ha sido. La elocuencia es un arte para el cual hay que entrenarse. Se facilita por medio de un buen entendimiento de la sustancia.

Un entendimiento claro de la verdad – de su significado, de su valor e importancia, de sus posibles entendimientos erróneos, de sus perversiones por otros – todo lleva a su articulación. Cuando el pensamiento es claro, y el corazón es cálido, las palabras fluirán con suavidad. La verdad que se presenta de esta manera será placentera a los oídos y será felizmente recibida. Serás considerado “elocuente” por los que te escuchan.

Además de un buen entendimiento de la verdad está la importancia de un buen manejo del lenguaje. La verdad se expresa con palabras. Las palabras se tocan como las cuerdas de un instrumento, de acuerdo con las reglas de la gramática. Un buen entendimiento del lenguaje facilita la articulación de la verdad. Uno no tiene que ser un gran lingüista para ser un buen orador, pero a la vez, el que usa un lenguaje atropellado no puede esperar ser un buen orador. Cambios de expresión, e idiomas, ayudan a expresar la verdad de una manera clara y poderosa. La práctica regular, acompañada de una intención de mejorar en el vehículo de la comunicación, incrementará rápidamente la elocuencia.

2. ¿Cómo podemos ser poderosos en las Escrituras

  • Escuchar la Palabra de Dios de forma regular

Se dice que los católico-romanos “van a misa”, mientras que los protestantes van a la iglesia a escuchar la palabra de Dios. La asistencia regular a las reuniones de la iglesia determina en gran medida cuán firme es su cimiento doctrinal. Construir un entendimiento de la Biblia es como construir una pared. Debe hacerse ladrillo por ladrillo y capa por capa (cf. Isaías 28.10). Debe hacerse de forma regular. Si hay grandes hendiduras o muchas hendijas, la pared no será fuerte. El miembro de la iglesia que es fiel en su asistencia regular, será un hijo de Dios que crece espiritualmente. Y lo contrario también es cierto, aquellos que asisten de forma irregular no pueden crecer bien.

El hambre de la justicia de Dios y por lo tanto de la palabra de Dios, es una señal segura de la verdadera espiritualidad. Somos salvos por la justicia imputada de Cristo (Mateo 6.33; II Corintios 5.21). Como consecuencia, creceremos en justicia. Así como la fe sin obras está muerta, el Cristianismo sin justicia es falso. Uno se convierte en luz para el mundo solamente por medio de la fe en LA luz del mundo (Mateo 5.14; Juan 8.12). Para ministrar vida a otros, debemos tener vida en nosotros mismos. La vida espiritual que tenemos debe nutrirse para que podamos ser usados efectivamente por el Señor al ministrar a otros.

Las iglesias que no predican y enseñan la palabra de Dios sistemáticamente no pueden producir hombres y mujeres que sean poderosos en las Escrituras. La primacía de la palabra de Dios tiene que mantenerse en la iglesia (Mateo 28.18-19; Romanos 10.17; II Tim. 3.16-17). La palabra de Dios no se encuentra en el cinema o en el  Mall (Centro Comercial). Se encuentra en la iglesia. Es una tragedia cuando los que tienen hambre de la verdad vienen a la iglesia para ser alimentados y ¡lo que les sirven es una comida liviana y aguada! Una dieta buena, balanceada de la palabra de Dios, servida regularmente, producirá siervos de Dios saludables y capaces.

  • Aprovechen a los maestros y consejeros

Todos necesitamos maestros. Cuando éramos chicos nuestros padres eran nuestros maestros. Ir a la escuela es una manera de reconocer que necesitamos maestros. En el ámbito espiritual, necesitamos la guía de maestros. Apolos ya era un hombre poderoso en las Escrituras, y estaba enseñando lo concerniente al Señor – pero inadecuadamente. Él conocía las profecías concernientes a la venida del Salvador. Conocía de la necesidad de arrepentirse y tener fe en Cristo para salvación. Y estaba esperando la venida de ese Salvador. Apolos, sin embargo, necesitaba que se le mostrara que ese Salvador ya había venido, que había muerto y resucitado. Necesitaba saber que el Espíritu Santo había sido derramado sobre la iglesia, y que la gran comisión había sido dada por el Señor

Aquila y Priscila fueron usados por Dios para “llenar los huecos” en el entendimiento de Apolos. ¡Imagínense qué revelación fue esto para Apolos! ¡Qué gozo! ¡Qué emoción poder conocer la verdad más exactamente!

No se nos dice que Aquila y Priscila fueran “poderosos en las Escrituras”, pero sabían suficiente de la verdad para guiar a Apolos en su entendimiento. Ellos se mencionan primero en Hechos 18.13. Habían venido como obreros en la expansión del Evangelio con Pablo (Romanos 16.3). Por dicha, hay muchas personas piadosas en la iglesia que no son oradores públicos, pero que son buenos para brindar mentoría a otros individuos, incluyendo a predicadores. Ananías de Damasco fue una guía para Pablo cuando era recién convertido (Hechos 9.10).

Y ¿qué de Apolos? Él se convirtió en un hombre cada vez más útil en el servicio al Señor. Fue presentado a los discípulos. Fue  muy útil para ayudar a los discípulos que trataban de alcanzar a los Judíos. Se nos dice que “vigorosamente discutía con los judíos públicamente, mostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo” (28). ¡Oh, que hubiera muchos hombres como Apolos!

3. Uso correcto de los libros y ayudas

Tenemos maestros presentes que están cerca. Puede que tengamos que recurrir a maestros a la distancia y en el pasado – por medio de libros. Hay innumerables libros en el mundo. Es imposible leer todos los libros. Es imposible incluso leer la mayoría de los libros de ciertas materias. El Predicador dice que “no hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne” (Eclesiastés 12.12). No es el número de libros leído lo que cuenta, sino el tipo de libros que se leen. Pablo pidió sus libros, mostrando que él leía mucho – y podemos estar seguros que él leía la clase correcta de libros (II Timoteo 4.13).

Cuando yo era un joven creyente, fui guiado a leer libros publicados por Banner of Truth (Estandarte de la Verdad) y los que vende la librería del Tabernáculo Metropolitano. Esta última continúa produciendo una revisión regular de los libros que ahí se venden lo cual ha ayudado a muchísimos cristianos y predicadores. En vez de lanzarte a buscar buenos libros, en medio de incontables opciones de libros en el mundo que son de dudosa calidad, ¿por qué no comenzar donde yo empecé? Conforme nos vamos volviendo más maduros y experimentados, seremos capaces de profundizar en otras fuentes y sacar de allá y de acá joyas de lectura.

Sin embargo, el tiempo no está de nuestro lado. Tenemos que aprender a discriminar entre el material ligero y pobre del pesado y más útil. Aquellos que quieran tomarse el tiempo para aprender el arte de la lectura veloz se beneficiarán de ello, aun si su habilidad sea básica. (Un libro de ayuda sobre esto es “Rapid Reading with a purpose” por BE Johnson (“Lectura rápida con un propósito). No desearíamos quedarnos atrás o atrasarnos con respecto al “cómo” en vez de hacer lo que debemos hacer. En este caso leer libros buenos tiene el propósito de ayudarnos a entender lo que la Biblia enseña. Un buen hábito para cultivar es dedicar un espacio a la lectura cada noche, entre media hora y una hora. Que el libro esté cerca de la cama. El propósito no debemos olvidarlo: “que podamos llegar a ser poderoso en las Escrituras”

¿Qué valor tiene llegar a ser poderoso en las Escrituras?

Hemos preguntado ¿Qué es ser poderoso en las Escrituras? Consiste en conocer bien la Biblia, conocer bien la teología bíblica y articular bien la enseñanza de la Biblia. Hemos preguntado ¿Cómo podemos llegar a ser poderosos en las Escrituras? Por medio de escuchar regularmente la predicación y enseñanza de las Escrituras, teniendo acceso a maestros y consejeros y con un uso adecuados de libros y ayudas. Una pregunta final debe ser contestada, ¿Qué valor tiene todo esto?

Listamos a continuación tres valores. Primero, aquellos que son poderosos en las Escrituras tendrán el consuelo y la fuerza que las Escrituras dan. La vida está llena de retos y adversidades. El plan de Dios, sus promesas y sus propósitos están en la Biblia. Aquellos que estén bien arraigados en las verdades bíblicas estarán igualmente fortalecidos, y serán más capaces de manejar estos retos y pruebas de la vida. Todos los cristianos tienen fe, pero nuestra fe necesita ser fortalecida (Mateo 6.60; Luchas 17.5). Todos los cristianos necesitan crecer (Hebreos 5.12; II Pedro 3.18). ¿Cómo puede haber crecimiento espiritual sin recibir alimento espiritual? (Mateo 4.4)

Segundo, después de considerarnos a nosotros mismos, debemos mirar hacia Dios. Como hijos, desearíamos glorificar a nuestro Padre que está en los Cielos. La gloria de Dios en los creyentes (Juan 17.22) y en la iglesia (Efesios 3.20), se da por la presencia del Espíritu Santo (I Corintios 3.16; 6.19). El Espíritu Santo inspiró a los que escribieron la Biblia  (II Timoteo 3.16-17). El mismo Espíritu nos convierte por medio de la palabra escuchada (Romanos 10.17). ¿Nos sorprende entonces que el Espíritu que mora en nosotros sea quien nos dirija a la palabra inspirada para el crecimiento espiritual? (I Pedro 2.2)

Tercero, habiendo mirado hacia Dios, debemos mirar ahora horizontalmente. Deseamos edificar a los hermanos y estar involucrados en edificar la iglesia de nuestro Señor (I Corintios 14.26). Debemos desear con ansiedad los mejores dones, es decir, ser maestros para el mundo (I Corintios 12.31; Hebreos 5.14). De mismo modo que Apolos fue usado para ayudar a los discípulos, así seremos grandemente usados por el Señor si somos “poderosos en las Escrituras”.

Vemos entonces cuán importante es llegar a ser “poderosos en las Escrituras” – nos fortalece en la fe, glorifica a nuestro Dios, y nos hace útiles en el servicio a Dios. A Dios sea la gloria.

Simplicidad en la Predicación

Posted in Pastoral, Reflexiones with tags , on abril 13, 2016 by elcaminoangosto

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Cuando la predicación es “demasiado”: Un ruego por la simplicidad profunda.

El Dr. David Murray es profesor de Antiguo Testamento y de Teología Práctica en el Seminario Teológico Puritano y es el Presidente de Head Heart Hand Media, una compañía de filmación cristiana. Recientemente publicó un excelente artículo en el cual nos advierte contra la tendencia de algunos predicadores, especialmente los de persuasión reformada de predicar sermones innecesariamente complicados. Tal predicación tiene el efecto (sin duda no mal intencionado) de fallar en la alimentación de las ovejas de una forma menos efectiva que un sermón más digerible. El Dr. Murray identifica varias características en un sermón super-complicado y ofrece algunos consejos sobre cómo un pastor tiene que luchar por evitar la complejidad en sus sermones. Con su permiso, se ha reproducido su artículo, en espera de que sea útil, como lo ha sido para mí.

 Un ruego por la simplicidad profunda.

Por David Murray.

Por muchos años hemos lamentado con justa causa la abundancia de sermones demasiado débiles. Y, por su puesto, ese problema aún persiste. Sin embargo, en muchos círculos, especialmente en algunas Iglesias Reformadas, podemos estar en peligro de complicar demasiado los sermones.

Por sobre-complicar los sermones quiero decir:

  • Demasiado material: demasiado contenido compactado en muy poco tiempo.
  • Demasiadas palabras:el hecho de que alguien hable 200 palabras por  minuto sin respirar, no significa que nosotros podamos escuchar y entender a esa velocidad.
  • Demasiadas palabras:¿Por qué usar palabras largas cuando hay otras que son adecuados substitutos? Y ¿por qué usar términos en latín y en griego?
  • Demasiadas oraciones: Los que leen, son capaces de seguir oraciones de cuatro líneas (y títulos de dos líneas), pero no los que escuchan.
  • Demasiados argumentos:Si te toma veinte minutos y veinte pasos lógicos para probar el punto que deseas defender, lo estarás defendiendo para ti mismo.
  • Simplemente demasiado largo:Tiene que haber un feliz promedio entre los sermones en carrera corta de 10 minutos y las maratones de más de una hora.
  • Demasiadas divisiones:Cuando vamos por el sexto sub-punto del cuarto tema, estamos perdidos.
  • Demasiada lógica, no hay suficientes ilustraciones:Hay que leer los Evangelios y preguntarse a uno mismo si estamos siendo ilustrativos como Jesús o filosóficos como Platón. Sí, necesitamos lógica. Pero también  necesitamos ilustraciones (e.g. el reino de los cielos es semejante a…) e historias (e.g. había un hombre rico…)
  • Demasiadas citas:Los Léxicos y Concordancias son magníficos servidores pero muy pesados amos. Toma tu texto para predicar y excava en él hasta que encuentres agua fresca, en vez e dejarlo y seguir excavando cientos de huecos en referencias Bíblicas de una pulgada de profundidad por todo el desierto. Y, aunque me encantan las citas del Pastor Puritano, Pastor Spurgeon y el Pastor Lloyd-Jones, en realidad vine para escuchar al Pastor Usted.
  • Demasiado desorden:¿Es necesario ese párrafo, esa oración? Yo se que suena bien, pero ¿es necesario?
  • Demasiada lectura:Si estuvieras forzado a hablar sin notas, o con solo una hoja de bosquejo, tendrías que simplificar. Predicar a partir de un manuscrito te permite usar muchos complejos argumentos y oraciones y te hace lucir mejor. Pero esto hace que los que escuchan se adormezcan. Si tienes que escribirlo todo, entonces hay que hacerlo en un estilo oral, evitando que los sermones se conviertan en lecturas.
  • Demasiada doctrina.La Teología sistemática es maravillosa. La teología bíblica es grandiosa. Pero saber explicar el texto de forma sencilla es mejor que ambas cosas. La teología sistemática y bíblica nos ayudan a entender el texto pero no tienen que imponerse sobre el texto. Tal vez intenta imaginarte explicando el texto a un niño de 10 o 12 años, luego… Pero por favor, por favor, solo explica el texto.

 

Es maravilloso que muchos púlpitos reformados están llenos de sermones bien estudiados y de sermones bien preparados llenos de la verdad bíblica. Pero me temo que muchos en nuestra audiencia no pueden tragar trozos tan grandes de carne que se sirven desde algunos púlpitos. Ellos necesitan carne, pero hay que marinarla, condimentarla, cocinarla bien, y cortarla en trocitos que quepan en la boca. ¡Algunos hasta necesitan ayuda para masticarla! (Me detendré aquí)

Hay dos formas de simplificar nuestros sermones, la primera es intelectual y la segunda es espiritual. La solución intelectual involucra la enérgica tarea mental de simplificar nuestros sermones sin compasión. Cualquier tonto puede predicar como un genio, pero se necesita de un genio para predicar de forma simple. Y por genio, no pretendo considerar a personas que tengan la habilidad innata de hacer simple lo que es complicado. El genio es usualmente el resultado final de un trabajo extremadamente arduo. Hay una tremenda diferencia (al menos 10 horas de diferencia), entre preparar sermones simples y preparar sermones simplistas.

La mayoría de mis sermones están listos para ser predicados después de unas 8 horas de trabajo. Pero si mi intención es que la mayoría de mi audiencia adquiera el máximo de entendimiento, tengo que amarrarme al escritorio y presionar mi mente para podar, cortar, clarificar, ilustrar, etc. Por al menos dos horas. Además de estudiar cómo hicieron los mejores predicadores para comunicar verdades profundas sin ahogar a su audiencia, el mejor recurso que he encontrado es el libro de William Zinser “Escribir bien”. Lea y relea  ( y vuelva a leer) las páginas 7-23. Y estudie mucho las páginas 10 y 11 en las cuales Zinser aplica el cuchillo al manuscrito. Luego, afile su propio cuchillo.

El antiguo profesor de Princeton, J. W. Alexander escribió: “Es una observación muy interesante que algunos de los más grandes sermones son los más simples en diseño y desarrollo. La simplicidad en el diseño, organización y desarrollo es la marca de un gran comunicador. La complejidad confunde – la simplicidad satisface”.

La solución espiritual es el amor por las almas. Esa vieja frase tan utilizada tiene que volverse una realidad en nuestros días. Si amamos a los que nos escuchan y queremos verlos vivir mejor, y mejor preparados para la vida, haremos lo mejor por simplificar nuestros sermones para el beneficio de ellos. Si tenemos presente el bienestar espiritual y destino eterno de los que nos escuchan, la tarea de hacernos entender mejor será una cuestión de vida  o muerte.

Es maravilloso que Dios esté llamando a predicadores con mentes brillantes al ministerio de la Palabra. Pero las mentes brillantes necesitan corazones grandes si han de servir con amor y simpatía a los menos dotados hijos de Dios, los cuales muchas veces han sido bendecidos con mayor gracia.

Jay Adams relata en Truth Applied, cómo Martín Lutero inicialmente usaba una jerga académica cuando predicaba a las monjas en la capilla de un convento. Pero, cuando se hizo Pastor de una iglesia den el pueblo de Wittenberg, se dio cuenta de que tenía que trabajar para lograr que le entendieran. El usó a los niños como su estándar de inteligibilidad. “Predico al pequeño Hans y a la pequeña Elisabeth”, decía. Si ellos pueden entender, los demás podrán también. Rehusó entrar en el juego de los educados de su congregación. “Cuando predico aquí en Wittenberg, desciendo al nivel más bajo. No busco a los doctores o los maestros, de los cuales habrá unos 40 presentes, sino que predico a los centenares o miles entre la gente joven. A ellos predico… si los demás no quieren escuchar – la puerta está abierta.”

Que se diga de nosotros lo que eventualmente se dijo de Lutero, “Es imposible no entenderle”.

Conferencia CLIR – Consejería para los atrapados en pecados sexuales

Posted in Pastoral with tags , , , , on julio 26, 2014 by elcaminoangosto

21 CONSEJOS PARA LA PREPARACION DE SERMONES

Posted in Pastoral, Reflexiones with tags , , , on junio 18, 2013 by elcaminoangosto

Este es un resumen del apéndice del libro titulado “No como cualquier otro libro” del Dr. Peter Masters, pastor del Tabernáculo Metroplitano en Londres

21 PASOS PARA LA PREPARACION DE SERMONES

biblia


Es mi anhelo y oración que este material le sea de mucha bendición y confrontación para que los que somos predicadores. Es una tarea muy sagrada la que el Señor nos ha encomendado y debemos esforzarnos para mejorar constantemente en ella.

Si usted no es predicador, ore mucho por su pastor o pastores para que ellos sean fieles en la realización de esta solemne labor, fieles al Señor Jesucristo y que usen bien la Palabra de Verdad (II Timoteo 2:15)

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  1. Lea cuidadosamente el capítulo o episodio completo más de una vez, hasta que posea una visión clara del mismo.
  2. Hágase las preguntas:  ¿Qué está aconteciendo? ¿Cuál es el evento o tema obvio y literal? ¿Quién está haciendo qué, y con qué objetivo? ¿Qué punto está siendo defendido o presentado? ¿Qué eventos históricos se están describiendo?
  3. Hágase la pregunta: ¿Cuál es el contexto general?
  4. Establezca fechas y lugares. Esto es estrictamente parte de la regla anterior, pero es lo suficientemente importante como para que se le de un apartado propio.
  5. Compare las Escrituras. La regla de I Corintios 2:13 debe ser aplicada ahora, y es aquí donde debemos consultar pasajes paralelos y otras porciones bíblicas que brinden luz al texto que se está estudiando.
  6. Identifique los problemas en el pasaje y resuélvalos. Tenga especial cuidado en resolver cualquier frase difícil, contradicciones aparentes, elementos en apariencia injustos y otras cuestiones que presenten una piedra de tropiezo al entendimiento.
  7. Identifique las palabras clave y sus significados.
  8. Busque el significado pastoral. Esta es la etapa más importante de la preparación, es decir, el análisis del pasaje para encontrar  el mensaje espiritual.
  9. Identifique el tema principal.
  10. Identifique principios y temas subordinados.
  11. Considere de qué manera va a presentar la aplicación práctica.
  12. Determine la organización del sermón.
  13. Consulta más detallada de comentarios
  14. Revisión rigurosa: ¿Acaso es nuestro sermón solamente descriptivo? ¿Estamos diciendo a la gente algo que ellos podrían leer por sí mismos?
  15. Revisión rigurosa: ¿Es nuestra aplicación realista? ¿Está sugerida por el pasaje? ¿Son nuestras aplicaciones dignas y sensatas? ¿Honran a Cristo?
  16. Revisión rigurosa: ¿Es este mi tema favorito? ¿Predico esto mismo a partir de cualquier cantidad de textos?
  17. Revisión rigurosa: ¿Está bien organizado el sermón? ¿Son lógicas y consecutivas las secciones? Un mensaje caótico es un insulto para la inteligencia de los que escuchan.
  18. Revisión rigurosa: ¿Existe reprobación, protesta y razonamiento en mi sermón? ¿Se presentará el sermón de manera que los oyentes serán movidos e instados a responder?
  19. Revisión rigurosa: Hay demasiado material? Si el mensaje es demasiado complejo, será necesario “podarlo” y no resentir por ello. (la parte más dolorosa del proceso)
  20. Revisión rigurosa: ¿Existen demasiadas referencias secundarias? Evite perder tiempo, romper el mensaje y agotar a los que escuchan por abusar de las referencias secundarias.
  21. Oración ferviente. Todo el proceso empieza con oración, se realiza con frecuentes oraciones y se culmina llevando una vez más todo al Señor en oración. Muchas veces en la oración Dios envía mayor claridad en cuanto a los temas y cómo tratarlos.
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