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¿Ha sido tu fe probada?

Posted in Reflexiones with tags , , , on septiembre 28, 2017 by elcaminoangosto

Traducido por Alexander León

Artículo e John J. Murray publicado por Banner of Truth

Puede leer el original  >>>>>> AQUI <<<<<<<<<

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Hay muchas concepciones erradas con respecto a la fe en estos días. Algunos piensan de la fe como si fuera un utilería, diciendo “Desearía tener la fe que tienes”. Otros piensan en ella simplemente como el medio de salvación, para librarnos del infierno. Mucha de la predicación Evangelística en los años recientes se ha direccionado de esa manera. Ellos dicen “Cree en el Señor Jesucristo, y serán salvo”, entonces se realiza una decisión como si no tuviera la implicación posterior de una vida de obediencia. Muchos tienen la impresión de que su ejercicio de fe los libera de la ley, porque después de todo… “Una vez salvos, siempre salvos“. Tal clase de fe es superficial.

¿Es esta la fe que se exalta de manera tan alta en Hebreos 11? En esa Oda a la fe, a Abraham se le da un lugar principal. A él se le referencia más que a ningún otro en la galería, como el padre de los fieles. Se hace mención de Abraham noventa y nueve veces en el Nuevo Testamento. Él representa un patrón que debemos imitar.

Hay tres cosas particulares en su vida que demuestran la naturaleza de la fe verdadera:

La Fe verdadera cambia nuestra perspectiva por completo.

En los tratos de Dios con Abraham tenemos el inicio de la actividad redentora que llevaría al desarrollo del Pacto de Gracia. Vemos tres cosas aquí:

La iniciativa divina: Abraham es un ejemplo brillante de la iniciativa divina. En el momento de su llamado él estaba viviendo en Ur de los Caldeos, “adorando otros dioses” (Josué 24.2) y en la oscuridad del paganismo. No pensaba en el Dios verdadero.

De pronto, como describe el mártir Esteban en Hechos 7.2, “el Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia”. Lo describe como “el Dios de gloria” porque su manifestación personal es su gloria. ¡Qué clase de reacción esto debe haber producido en la mente de Abraham! Debió ser como la revelación que Isaías tuvo en el tempo, una revelación soberana y un llamado, y le fue concedida gracia para responder al llamado. Sucede lo mismo con todo el que es “nacido del Espíritu”.

Obediencia absoluta. “Por la fe Abraham, cuando fue llamado… obedeció” (Hebreos 11.8). Fue un llamado eficaz. Él no había cumplido el propósito de su existencia – glorificar a Dios. En vez de eso, él había destronado al Dios vivo y se había hecho ídolos de su propia imaginación. El llamado de Dios fue para traer a Abraham hacia sí mismo y debe haber entonces una respuesta inmediata e incondicional. Tenía que salir de entre los adoradores paganos y hacer de Dios su propio Dios y su herencia. La Palabra de Dios se volvió el todo para él y no hizo nada que Dios no le mandara. Como observa Thomas Manton: “La fe es nuestra vida, el alma que mueve el cuerpo entero de la obediencia”.

Separación para Dios: La perspectiva de Abraham cambió por completo. Antes vivía para las cosas de esta vida y las riquezas y honores de ella pero comenzó a vivir la vida en términos de su destino final. Fue liberado de su deseo de hacer de este mundo su hogar porque Dios le prometió una herencia. Esta herencia era “una patria mejor” y “una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios”. Es la patria o país donde Dios habita. Él ha preparado esta patria para su pueblo y Él mismo es su herencia final. El plan completo se describe de una manera muy bella en el Progreso del Peregrino de Bunyan, donde vemos a Cristiano huyendo de la Ciudad de la Destrucción y su viaje a la Ciudad Celestial.

La Fe verdadera descansa en las promesas de Dios.

La segunda característica de la fe es la confianza en las promesas de Dios. El escritor todavía está hablando de la fe de Abraham pero ahora se vuelve a Sara. Ambos están involucrados porque se refiere a su descendencia. “Por la fe Sara recibió fuerzas para concebir” (v.11)

Parecía una situación imposible; Abraham de 100 años y Sara de 90. Ella había sobrepasado en mucho la edad de concebir. Cuando escuchó primero la noticia de un heredero, la incredulidad se apoderó de ella temporalmente y su fe tembló: “Se rió, pues, Sara dentro de sí” (Génesis 18.12). “Y Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Génesis 18.13-14)

¿Qué produjo el cambio? Ella dejó de mirar el problema y comenzó a mirar al Señor, “porque creyó que era fiel quien lo había prometido” (v.11). Ella desvió su mirada del problema y la puso en El que prometió. Él se volvió el objeto de su fe.

Dice Sinclair Ferguson:

… la fe verdadera toma su carácter y calidad del objeto en el cual está puesta y no de sí misma

¿Hay algo difícil para el Señor? Él creo el mundo de la nada (Hebreos 11.3). Él prometió y él hará que suceda. Abraham y Sara tuvieron un niño.

La Fe verdadera es probada.

La tercera característica de la fe verdadera es que es probada: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac” (11.7). Hay una tradición judía que dice que Abraham fue probado en 10 ocasiones diferentes. Si es así, esta debe haber sido la más dolorosa. El mandamiento prohibía quitar la vida e Isaac era el mejor regalo que había recibido de Dios. En Isaac, la promesa debía cumplirse y aun así, le estaba siendo quitado. ¿Actúa la providencia en contra de la promesa?

Pero Abraham creía que el Dios que le había prometido era capaz de levántalo aun de los muertos. De hecho él ofreció a Isaac en voluntad, corazón y afecto. Dios aceptó la voluntad en lugar del hecho, “porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único” (Génesis 22.13) y “de entre los muertos… en sentido figurado, también lo volvió a recibir” (v.19)

Como cristianos no debemos temer las pruebas y tribulaciones. De hecho, una vida sin molestias es una gran causa de preocupación. Santiago comienza su epístola con estas palabras “hermanos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1.2). Esta es la gran experiencia común del Redentor y de los redimidos, hay un propósito en ello, “sabiendo esto que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis completos y no os falte nada” (v.3-4)

Las pruebas y tribulaciones avientan la paja y producen perseverancia en una vida de obediencia sincera. Pedro, en su primera epístola, habla sobre el gozo de nuestra gran salvación, y luego trae la advertencia “aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”. (I Pedro 1.6-7). El elemento genuino de la fe es probado por un proceso similar al del refinado de los más valiosos y preciosos metales. El resultado es lo que recibe la aprobación de Dios y redunda para Su gloria.

Muchos pasajes de la Escritura nos advierten de los peligros de una fe temporal y de una fe que fracasa. La fe de los cristianos hebreos estaba siendo conmovida: “No perdáis vuestra confianza” (Hebreos 10.35). El escritor luego dice “nosotros no somos de los que retroceden” (v.39), después de lo cual nos introduce inmediatamente a la galería de la fe, de quienes se dijo “todos murieron en la fe” (Hebreos 11.13). La fe dominaba sus vidas mientras los problemas abundaban.

Como decía Juan Calvino,

“el que ellos alcanzaran tales triunfos con tan limitados recursos debería avergonzarnos a nosotros”.

Lutero lo puso de esta manera:

“Cuando Abraham se levante en el día final, nos reprenderá por nuestra incredulidad y dirá: “Yo no tenía ni la centésima parte de las promesas que vosotros tenéis, y creí” (Tabletalk, 2009, p.233)

La nube de testigos está ahí para animarnos a perseverar hasta el final (Hebreos 12.1-4). Esta fe, como sostenía Lutero, es una gracia operativa, es una gracia que conquista, y finalmente, es una gracia victoriosa. ¡Que Dios nos conceda poseerla!

 

 

 

 

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¿Es la adoración de su iglesia más pagana que cristiana?

Posted in Doctrina, Reflexiones with tags , , , on agosto 24, 2017 by elcaminoangosto

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*******AQUI*******  el artículo traducido al portugués  por Victor Binbato

Artículo original escrito por Todd Pruitt en Reformation 21, 2014,

Traducido al español por Alexander León

Hay un malentendido muy grande en las iglesias sobre el propósito de la música cristiana de adoración. Las iglesias anuncian rutinariamente un culto “dinámico” y “transformador”, el cual “lo llevará a usted más cerca de Dios”, o “cambiará su vida”. Ciertos CD´s de adoración prometen que la música lo llevará a usted “a la presencia de Dios”. Hasta un panfleto, de anuncio sobre una conferencia para líderes de adoración decía lo siguiente:

“Únase a nosotros para esta lección dinámica, la cual lo colocará a usted en el camino verdadero e inspirador donde podrá encontrarse con Dios y recibir la energía y el amor que usted necesita para ser un agente y un facilitador en el mundo de hoy… Además de eso, nuestros programas de enseñanza son eventos de adoración que lo pondrán a usted en contacto con el poder y el amor de Dios

El problema con el panfleto y con muchos anuncios de iglesias es que ese tipo de promesas revelan un error teológico significativo. La música es vista como un medio para facilitar nuestro encuentro con Dios. Ella nos acercará a Dios. En ese esquema, la música se torna un mediador entre Dios y los hombres. Pero, esa idea está más próxima a las prácticas paganas que a la adoración cristiana.

Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Solamente Él es quien nos lleva a Dios. La noción popular, aunque errónea – relativa a la música de adoración daña la verdad fundamental de la fe cristiana. Es irónico que muchos cristianos niegan el papel de las ordenanzas sacramentales, las cuales el propio Señor dio para su Iglesia (el bautismo y la cena del Señor) y sin embargo, sí dan poderes sacramentales a la música. La música y la “experiencia de adoración” son vistas como medios por los cuales entramos en la presencia de Dios y recibimos sus beneficios salvíficos. Simplemente no hay ninguna evidencia en la Escritura que diga que la música sirve de medio para tener encuentros o experiencias con Dios. Esa es una noción del paganismo. Tal cosa está muy lejos del cristianismo.

En su útil libro “True Worship” (Adoración Verdadera), Vaughan Roberts muestra cuatro consecuencias de ver a la música como un encuentro con Dios. Voy a resumirlos.

  1. Se marginaliza la Palabra de Dios.

En varias iglesias y encuentros cristianos, no es poco común que la Palabra de Dios sea dejada de lado. La música da una sensación elusiva de enajenación, mientras que la Biblia se ve como algo mundano. Los púlpitos han disminuido y hasta desaparecido, mientras que las bandas y las lucen han aumentado. Pero la fe no viene por la música, o las experiencias de supuestos encuentros con Dios. La Fe viene por medio de la proclamación de la Palabra de Dios (Romanos 10.17)

  1. Nuestra certeza es amenazada

Si asociamos la presencia de Dios con una experiencia particular o con una emoción, ¿qué sucederá cuando ya no sintamos eso más? Buscaremos iglesias cuyos grupos de alabanza, orquestas u órganos produzcan en nosotros los sentimientos que estamos buscando. Pero la realidad de Dios en nuestras vidas depende de la mediación de Cristo, no de experiencias subjetivas.

  1. Los músicas adquieren un status sacerdotal

Cuando la música es vista como un medio de encuentro con Dios, los líderes de alabanza y los músicos comienzan a ejercer el papel del pastor. Se vuelven aquellos que – en lugar de Jesucristo, el único que ya cumplió esa función – nos llevan a la presencia de Dios. De esa forma. Cuando un líder de adoración o una banda no me ayudan a experimentar a Dios, entonces falló y debe ser sustituido. Por otro lado, cuando creemos que ellos tienen éxito en llevarnos a la presencia de Dios, entonces tendrán en nuestra mente un status elevado

  1. La división aumenta.

Cuando identificamos un encuentro con Dios con un sentimiento, y solo una determinada música que produce ese sentimiento, entonces insistiremos en que aquella música debe tocarse regularmente en nuestra iglesia y reuniones. Si todos tuvieran el mismo gusto que nosotros, no habría problema. Pero si otros dependen de otra música para que ese sentimiento se produzca en ellos, entonces para ellos es importante cultivar la división. Y como rutinariamente clasificamos esos sentimientos como encuentros con Dios, nuestras demandas para que ese sentimiento se produzca se volverán rígidas. Ese es el motivo por el cual muchas iglesias sucumben y ofrecen como alternativa diferentes estilos de culto. Haciendo eso, sin querer están aprobando una división y la centralización del ego en medio del pueblo de Dios.

La Escritura está llena de exhortaciones para el pueblo de Dios cante y haga canciones para el Señor. Nuestro Dios fue benigno al darnos ese medio para adorarlo. Pero es importante entender que la música, en nuestra adoración, es para dos propósitos específicos: honrar a Dios y edificar a la comunidad de los creyentes. Infelizmente, muchos cristianos tienden a dar a la música un poder sacramental sobre el cual la Escritura jamás habló.

¿Quiere Dios que yo sea rico?

Posted in Reflexiones with tags , , , on agosto 15, 2017 by elcaminoangosto

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Artículo del Pr. Conrad Mbewe, traducido con permiso por Alexander León

Artículo original >>>>>>>> AQUI <<<<<<<<

Cada cierto tiempo, cuando me meto en discusiones sobre el asunto del evangelio de prosperidad, escucho las voces que simpatizan con ese veneno doctrinal decir esto: “…Pero, de seguro Dios no quiere que seamos pobres, ¿o sí?”

Esto se considera como la carta superior de la baraja, como si no hubiera una posición intermedia entre ser muy ricos y vivir en extrema pobreza. La Biblia tiene muchos textos que contestan esta pregunta.

La gente que dice tales cosas, sufren de amnesia deliberada. Ellos han escogido olvidar las palabras del hombre sabio que oró a Dios pidiendo:

Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte y blasfeme el nombre de mi Dios”  (Proverbios 30.7-9)

Si buscamos por toda la Biblia no encontraremos un solo versículo que advierta de algún daño espiritual causado por la pobreza material. Pero sí encontraremos muchos pasajes en la Biblia que nos advierten sobre los efectos negativos de las riquezas – y especialmente el amor a las riquezas. Nunca escuchamos a los predicadores de prosperidad predicar sobre esos versículos. Pareciera como si las Biblias de ellos no tuvieran esos versículos.

Aquí hay algunos salidos de los labios de nuestro Salvador.

En su famoso Sermón del Monte, Jesús enseñó:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón… Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6.19-24)

Luego el Señor Jesús en Marcos 10.17-25 trató con un joven rico de la clase gobernante que deseaba la salvación, siempre y cuando no tuviera que sacrificar sus riquezas. Cuando Jesús le dijo que tenía que dar todo a los pobre para que tuviera tesoro en el Cielo, la Biblia nos dice que tal cosa le dolió en el corazón. Se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Jesús entonces pronunció su sentencia inequívoca,

“¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas…! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.”

Repito, nunca escucharán estas palabras de los labios de los predicadores del evangelio de prosperidad. Al contrario, ellos parecen dar la impresión de que ser materialmente ricos es una señal segura de que todo está bien entre su alma y Dios.

Un ejemplo más del ministerio de Cristo debería ser suficiente. En una ocasión, alguien de la multitud le dijo a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo” Jesús se negó. Esto debería sorprender no solo a los predicadores de la prosperidad sino también a los predicadores del evangelio social. En vez de hacer lo que el hombre le pidió, Jesús hizo una advertencia a la persona que le pidió este favor. Él dijo:

Guardaos de toda avaricia porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12.13-15).

La bendición material no es equivalente a la bendición.

Con el fin de llevar esta lección un poco más allá, Jesús cementó todo esto con una parábola. Él dijo:

“La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” (Lucas 12.16-21).

Jesús parece estar diciendo que la acumulación de riquezas en muchos casos ocurre porque se desperdiciaron oportunidades de invertir en el reino de Dios. Así que ¡Eso equivale a la pobreza!

¿Qué podemos decir de los apóstoles? ¿Qué dicen ellos sobre la prosperidad financiera?

Un buen ejemplo es el apóstol Pablo. Escribiendo a Timoteo, su protegido, le habla sobre

“…hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia” (I Timoteo 6.5).

No puedo pensar en una mejor descripción para los predicadores de la prosperidad. Son personas de una mente corrupta, privados de la verdad, que ven los asuntos espirituales como un medio para otra cosa – para hacerse ricos. No están interesados en la salvación de las almas y por lo tanto hace mucho que perdieron el contenido del verdadero evangelio. Pero mejor dejo eso aquí …

Estamos viendo las advertencias del apóstol Pablo. Él se mantiene en la posición del hombre sabio que se describe en Proverbios 30, defendiendo que una posición financiera media es la mejor opción. Él dice,

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” (I Timoteo 6.6-8)

Esta es la respuesta que sigo dando a los que piensan que mi oposición a los predicadores de la prosperidad implica que yo promuevo la pobreza. ¿Por qué tenemos que ir de un extremo al otro?

Es muy claro que el apóstol Pablo advierte contra una sed insaciable de riquezas. Él dice:

“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. La buena batalla de la fe; Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas…” (I Tim. 6.9.11).

Los predicadores de la prosperidad deberían poner atención a estas advertencias y predicarlas a los que los escuchan. Por causa de haber rechazado este consejo es que muchos de sus seguidores han procurado las riquezas pagando el gran costo de sus vidas espirituales, sus matrimonios y sus familias.

El escritor de la carta a los Hebreos sella sus consejos para nosotros cuando escribe claramente,

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13.5).

Nada puede ser más claro que esto. Esta es la atmósfera general en la Biblia con respecto a las cosas materiales. Es exactamente lo opuesto a lo que los predicadores de prosperidad están diciendo. El mensaje de la Biblia es que hacemos daño a nuestras almas y a las almas de otros cuando procuramos riquezas como un fin en sí mismo. Los llevaríamos a una tarea imposible. Como Jesús dijo, No podéis servir a Dios y al dinero

Al juzgar el silencio sobre estos pasajes en los púlpitos de los predicadores de prosperidad, no me cabe duda de que ellos desearían que estos versículos no existieran en la Biblia porque vuelan en sus rostros en contra de sus enseñanzas. Los predicadores de prosperidad se tragan el camello y cuelan el mosquito. Ellos van a esos versículos que hablan de prosperidad holística (es decir, éxito general, para usar un término equivalente moderno) y torturan esos textos hasta que los hacen parecer relacionados con la prosperidad material solamente.

No me interpreten mal. Debemos alabar a Dios por aquellos entre nosotros a los que Dios ha querido favorecer con buenos empleos y negocios, lo cual ha resultado en mejores cuentas bancarias. Otros disfrutan de una buena herencia. Necesitamos orar por ellos para que Dios les dé sabiduría piadosa para que puedan utilizar sus riquezas con un beneficio eterno para sus almas y las almas de otros. Sin embargo, no debemos envidiarlos, porque las riquezas traen muchas penas. Más bien, oremos a Dios que no nos dé pobreza ni riqueza. Esa es una carga menos peligrosa para llevar en este mundo caído.

¿Por qué dos Cultos los Domingos?

Posted in Iglesias, Reflexiones with tags , , , , on agosto 1, 2017 by elcaminoangosto

Solemos repetir en nuestra Iglesia: ¿Hay algo mejor o más provechoso que podamos hacer en la tarde/noche del Día del Señor, que venir al segundo culto? Si usted encuentra algo más provechoso, está bien, nosotros creemos que regresar para adorar juntos por segunda vez es lo mejor para hacer los Domingos. En el siguiente artículo  el Pr. John Benton ofrece otras buenas razones para el segundo culto dominical.

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Por John Benton

Traducido con permiso del sitio Banner of Truth por Alexander León.

Artículo original >>>>>>>>>>> AQUÍ  <<<<<<<<<<<<

¿Por qué ir a dos cultos los Domingos? ¿No es suficiente con uno? En muchas iglesias el culto de la tarde está desapareciendo.

Hay dos razones principales por lo cual esto está sucediendo. Primero, las demandas por parte de los empleadores han aumentado enormemente en los últimos 30 años. Los fines de semana se han vuelto muy apreciados. Participar en dos cultos los Domingos se considera tomar demasiado tiempo del fin de semana. Segundo, a partir de 1994, el gobierno de Tory [en Inglaterra] legalizó la apertura indiscriminada del comercio los Domingos [Antes, había una regulación especial para las compañías grandes que no les permitía un horario igual al del resto de la semana]. Esta secularización del día, ayudó a que las personas tuvieran muchas más opciones en cuanto a cómo pasar el día. De forma simultánea, puso una presión extra sobre muchos, para trabajar los Domingos.

La Escritura dice que “no debemos dejar de congregarnos, sino animarnos unos a otros – y tanto más cuando veis que aquel Día se acerca” (Hebreos 10.25). Muchos creyentes dan por suficiente reunirse una vez en el día del Señor, pero hay otros que, por cuestiones de salud, edad y otras circunstancias realmente no pueden reunirse dos veces los Domingos. Entonces, ¿Tiene algún sentido mantener la tradición de dos cultos?

Creo que sí.

Dos cultos son útiles de forma práctica.

Por ejemplo, conozco una pareja de Cristianos, una enfermera y un policía, que con frecuencia tienen que trabajar fines de semana. Ellos comenzaron a asistir a una nueva iglesia que se reunía en una escuela y solamente tenían un culto por la mañana. Pero sus horarios de trabajo solían chocar con los servicios de la mañana, siendo imposibilitados de reunirse durante varias semanas. Concluyeron que debían buscar una iglesia que tuviera ambos cultos.

También tener dos cultos es de gran ayuda para la evangelización. Muchos no-creyentes trabajan los Domingos. Recientemente tuve una conversación como esta:

– “Te invito a la iglesia”, dije,

– “Bueno, yo trabajo hasta tarde los Sábados, así que es un poco difícil para mí los Domingos por la mañana”.

– “¿Y el Domingo por la noche?”

– “Bueno, sí, supongo que podría acompañarte el Domingo por la noche”.

De manera que, dos cultos tienen sentido de manera práctica.

 

La Escritura muestra el patrón de dos cultos.

Aunque no hay un mandamiento explícito en el Nuevo Testamento, eso es evidente en el Antiguo Testamento. Encontramos este patrón de “mañana y tarde” explícitamente en el Salmo 92:

Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche”.

Como Cristianos, nos reunimos los Domingos como día de la resurrección de Cristo. Es digno de notarse que los Evangelios registran las apariciones de la resurrección en la mañana y en la noche (Juan 20.1, 19)

 

Dos cultos se ajustan al cuarto mandamiento.

El mandamiento nos dice que debemos “Recordar el día de reposo para santificarlo”. Con el cambio del Antiguo al Nuevo Pacto, el Sabbath (Reposo) fue cambiado a la bendición del Día del Señor. De acuerdo con Génesis 1, un día tiene una tarde y una mañana. Y a pesar de lo que ha ocurrido con nuestra cultura evangélica, este sigue siendo el Día del Señor, no es la Mañana del Señor lo que tenemos que celebrar.

Corresponde a la tradición de la Iglesia.

Al revisar la historia, encontramos que la adoración en la mañana y en la tarde de los Domingos fue la norma. A inicios del siglo cuarto (cuando la persecución había disminuido y la iglesia tuvo oportunidad de establecerse), encontramos al historiador eclesiástico Eusebio describiendo la práctica de la iglesia de la siguiente manera:

“Ciertamente no es una pequeña muestra del poder de Dios que a través de todo el mundo las iglesias de Dios muy de mañana y en las horas de la tarde… ofrecen himnos, alabanzas a Dios” (Comentario sobre el Salmo 64).

Durante la Edad Media, la adoración matutina era conocida como “matines” y la adoración vespertina como “vísperas”. En la época de la Reforma Protestante la costumbre de tener culto mañana y tarde se mantuvo en el Libro de Oración Común de Cranmer con sus rúbricas para la Oración Matutina y la Oración Vespertina. Así que las iglesias que han abandonado el culto de la tarde se han apartado drásticamente de la norma practicada por la Iglesia de Cristo. Ahora, yo no soy fanático de la tradición, pero la pregunta es esta: “¿Somos más sabios y mejores Cristianos que aquellos que fueron antes de nosotros, o es que estamos sucumbiendo ante el espíritu de la época que marginaliza a Dios? ¿No hemos caído en hacer solo el mínimo?

Y tengamos en cuenta que al considerar las presiones de la vida moderna, es hasta los últimos 100 años que el Sábado se volvió un día libre. Tenemos más tiempo libre y tiempo para nuestras familias que muchos de nuestros antepasados.

Dos Cultos llenos de entusiasmo reprende al secularismo.

Las reuniones de los Cristianos, especialmente en el Día del Señor, apuntan hacia el futuro Día del Señor (Hebreos 10.25). El día especial, uno entre siete, siempre apuntó hacia el reino de Dios. Esta es la razón por la cual el Señor Jesús hizo muchos de sus milagros en el día de reposo. Él no lo hizo solamente para molestar a los Fariseos. Hizo milagros en Sábado porque era lo apropiado. Aquellos milagros eran una muestra del poder y el gozo del reino futuro. Con la resurrección de Jesús el primer día de la semana, el Domingo nos habla de la misma cosa. Mira hacia adelante al reposo y liberación y gozo y comunión del mundo venidero, cuando Cristo regrese.

Ahora el secularismo mira todo en términos de esta vida. Pero al venir a la iglesia el Domingo, nosotros estamos haciendo una declaración. Estamos diciendo “No” al punto de vista que afirma que esta vida es todo. Nosotros estamos diciendo y mirando hacia el futuro reino venidero de Cristo. Y, al tener dos cultos los Domingos, estamos diciendo, “Esto no es solamente un deber, ¡estamos realmente interesados en esto!”.

Dos cultos ofrecen dos oportunidades de ser animados.

Hebreos 10.25 dice que el propósito de reunirnos es edificarnos unos a otros. Somos animados al encontrarnos con el pueblo de Dios, al orar los unos por los otros, compartir nuestras vidas. En particular, nuestra fe es fortalecida por la predicación de la Palabra de Dios. “Oh, yo puedo escuchar un sermón grabado, o tener un estudio bíblico en casa”. Eso es cierto. Pero, como dijo Christopher Ash en la EMA de este año, eso no es lo mismo que estar juntos bajo al Palabra de Dios sabiendo todos lo que hemos escuchado para animarnos unos a otros a obedecer. ¿Cómo pueden los miembros del cuerpo de Cristo decirse unos a otros “yo no te necesito”?

En una sociedad en la cual recibimos tantos bombardeos impíos desde los medios de comunicación para tratar de desviarnos, necesitamos una doble dosis de la Palabra de Dios para alimentar nuestras almas y mantenernos en el camino correcto. Hay Cristianos que se devuelven al mundo, matrimonios que fracasan y, no digo que siempre, pero frecuentemente, descuidar el culto de la tarde es la primera señal de que algo no anda bien. Permítanme decir también que algunos de ustedes anhelan desesperadamente la conversión de sus hijos. Pero si ustedes rechazan el culto de la tarde difícilmente les están dando un ejemplo de entusiasmo para las cosas de Cristo. Luego, se preguntan por qué ellos no están interesados.

Dos cultos ofrecen dos oportunidades de animar a otros.

Quedarse en casa y escuchar un sermón es algo muy centrado en uno mismo, el Domingo no es solamente para que usted sea animado sino para que usted anime a otros. Así que las noches de Domingo son una segunda oportunidad para hace eso. Tal vez en la mañana usted tuvo sus chicos con usted. No es fácil conversar con otros mientras los cuida. Pero si esposo y esposa se turnan para cuidar los chicos, pueden tener la oportunidad de hablar y orar con otros y de animarlos.

Y aun su misma presencia es  de ánimo. Cuando los maestros de Escuela Dominical, o aquellos que solamente pueden salir por la tarde, vienen a un culto vespertino y encuentran la congregación dispersa y los cantos débiles, no serán animados de la misma manera que con una congregación grande con todos sus amigos.

Así que, podrán ver, que aunque no hay un mandamiento explícito en la Escritura de que las Iglesias deban tener culto mañana y tarde, y no es pecado tener solo un culto, de todas maneras tiene mucho sentido de manera práctica. Y es algo bastante serio. Nuestra nación que está tan necesitada no va a ser salvada al ver muchas iglesias vacías los Domingos por la noche. La gente se sentirá  retada cuando vean iglesias llenas, escuchando con entusiasmo y cantando y pensarán ¿Qué está pasando ahí?

¿Qué diferencia hace Dios los Lunes por la mañana?

Posted in Reflexiones with tags , , , on junio 30, 2017 by elcaminoangosto

Por: Michael Reeves y Tim Chester. © 2017 Editora FIEL. Website: editorafiel.com . Traducido del portugués por Alexander León.

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La frase SOLI DEO GLORIA, “Solamente a Dios la Gloria”, era una de las afirmaciones principales del pensamiento de la Reforma Protestante. La Reforma enfatizó que todos los logros de la salvación estaban distantes del valor humano, colocando todo a los pies de Dios. Nadie podía decir: “Recibí la vida eterna porque tengo una vida buena, o porque soy religioso y consagrado, o porque mi razonamiento es bastante sagaz”. Toda la gloria pertenece solamente a Dios. En eso los reformadores reflejan el pensamiento del apóstol Pablo en I Corintios 1.28-31:

“…y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.”

Pero, SOLI DEO GLORIA también se volvió un resumen de un estilo de vida reformado. La vida cotidiana se volvió el contexto en el cual glorificamos a Dios. Tal énfasis en la vida cotidiana venía del re-descubrimiento de las Escrituras por parte de los reformadores, pues ellas reflejan el cristianismo bíblico. Pero también fluyó de su re-descubrimiento de la justificación por la fe.

 

Re-direccionamiento de las buenas obras.

La Misa había pasado a ser vista como un sacrificio, una renovación del acto de expiación del Calvario que aseguraba la bendición de Dios. De esta manera, entre más se realizara, más se agradaba a Dios. No era indispensable la presencia de la congregación. La Misa podía ser realizada por los curas (sacerdotes) repetidamente, de forma mecánica. Esa práctica refuerza la idea de que la esencia del cristianismo está lejos de lo que ocurre en la vida diaria. Y lleva a un mundo dividido entre lo espiritual y lo secular.

¿Dónde está la actividad que tiene valor para con Dios? Si somos justificados por infusiones de la gracia que nos son administradas por medio de los sacramentos, como sugiere la iglesia católica, entonces las actividades que importan en la iglesia son las actividades sacramentales. O bien, si queremos alcanzar unión con Cristo por medio del misticismo y la contemplación, las actividades importantes son aquellas que suceden en el monasterio. Si usted está deseoso de conocer a Dios, debería volverse monje. Si uno tiene deseos de servir a Dios, debería hacerse sacerdote o fraile o monja.

El re-descubrimiento de Lutero con respecto a la justificación por la fe quitó el ímpetu de tales actividades. Dios no exige deberes religiosos como una manera de pagar por la salvación. Si la justificación ocurre por medio de la fe, el foco y la naturaleza de las actividades religiosas cambian radicalmente. Lutero discute en detalle la naturaleza de las buenas obras en el Tratado: La libertad del Cristiano. Lutero comienza por la justificación. Somos salvos solamente por la fe, y “no parcialmente por la fe y parcialmente por las obras. Cualquier reivindicación en el sentido de que sus obras contribuyen para la salvación niega la efectividad de la fe. Sin fe en Cristo, no existe conexión con las buenas obras”.

Lo que Lutero quiere decir es que, si no es posible tener fe en que solamente Cristo salva, ninguna otra cosa nos podrá beneficiar.

Eso despierta la siguiente pregunta: ¿Por qué, entonces, se prescriben tantas obras en las Escrituras? Una buena respuesta es que los mandamientos de la Escritura revelan nuestra incapacidad de cumplirlos. Por medio de ellos, el hombre es “verdaderamente humillado y reducido a nada a sus propios ojos”. Su propósito es direccionarnos a las promesas de las Escrituras. Ellos nos impulsan para los brazos de Cristo.

Entonces, ¿podemos ser negligentes en cuanto a las buenas obras? La respuesta de Pablo a esa pregunta en Romanos 6.1-2 es:

“… ¿en ninguna manera!” La respuesta de Lutero es semejante: “Yo respondo: No es así, oh hombres impíos, No es así”. Y explica:

Aunque, como he dicho, un hombre sea abundante y suficientemente justificado por la fe internamente en su espíritu, y así tiene todo lo que se necesita, excepto en lo que esa fe y esas riquezas deben crecer día a día hasta la vida futura; con todo, permanece en su vida mortal sobre la tierra. En esta vida el hombre tiene que controlar su propio cuerpo y lidiar con los otros hombres. Aquí comienzan las buenas obras; aquí el hombre no puede gozar del ocio; aquí ciertamente debe disciplinar su cuerpo por medio de ayunos, vigilias, herramientas y otras disciplinas razonables, y sujetarse al Espíritu, para que obedezca y se conforme al hombre interior y a la fe, no volviéndose contra la fe ni impidiendo al hombre interior, como es la naturaleza del cuerpo hacer a menos que sea impedido. El hombre interior, que, por la fe, fue creado a imagen de Dios, es jubiloso y feliz por causa de Cristo, en quien tantos beneficios le fueron conferidos; y, por tanto, es su única ocupación servir a Dios con alegría y sin pensar en la ganancia, en amor que no se contrae.

Aquí lo que Lutero está diciendo. Primero, aunque no tenemos que controlar nuestros cuerpos para alcanzar el cielo, tenemos que vivir “esta vida mortal sobre la tierra”. Las disciplinas espirituales son importantes para garantizar que nuestra vida externa se conforme a nuestro estatus interno, “para que nuestro cuerpo obedezca y se conforme al hombre interior y a la fe”. En la medida en que haga eso, bien como en las situaciones que cada uno de nosotros tenga que ayunar y laborar, varían de persona a persona, porque nuestro objetivo es controlar la codicia de la carne. Tal autodisciplina no es un fin en sí misma, sino un medio para el autocontrol.

“Así, aquellos que presumen de ser justificados por las obras no consideran la mortificación de las concupiscencias, sino que apenas consideran las propias obras, y piensan que, si logran hacer tantas y tan buenas obras en la medida de que les sea posible, habrán hecho bien y se volverá justos”.

Segundo, aunque no tengamos que controlar nuestros cuerpos para llegar al cielo, esa es nuestra alegría, debido a los beneficios conferidos sobre nosotros en Cristo, en el sentido de que ahora deseamos “servir a Dios con alegría”. Anteriormente, servíamos a Dios porque creíamos que eso nos llevaría a nuestra salvación- era un servicio centrado en el Yo. Ahora servicio con “amor sin angustia”.

Seguidamente, Lutero ofrece una variedad de analogías para ilustrar su punto de vista:

Somos como Adán y Eva antes de la Caída, que trabajaban libremente para gradar a Dios, y no para obtener justicia, la cual ellos ya poseían en plena medida.

Somos como un obispo que cumple sus deberes porque es obispo, y no para llegar a ser obispo.

Somos como un árbol que produce buenos frutos porque es un buen árbol, y no para volverse un buen árbol.

Somos como una casa bien construida. Una casa bien construida no es lo que hace bueno a un constructor. Es el buen constructor el que construye una casa buena.  Nuestras obras no nos hacen buenos. Una vez que somos hechos buenos por la fe, entonces producimos buenas obras.

Al librarnos de la necesidad de realizar buenas obras para nuestra propia salvación, el Evangelio nos liberta para hacer el bien por amor al prójimo:

El hombre… no necesita de esas cosas para su justificación y salvación. Por lo tanto, debe ser guiado en todas sus obras por ese pensamiento, y contemplar solamente esto: servir en beneficio del prójimo en todo lo que haga, sin considerar su propio provecho sino solo la necesidad y el provecho del prójimo.

En vez de hacer el bien para Dios, tenemos ese bien de parte de Dios. Pero ese bien que viene de Dios deberá fluir para los demás. Cristo se identificó con nosotros de tal modo que, “de Cristo, han fluído todas las cosas buenas y estas cosas buenas están fluyendo en nosotros”. De esa misma manera, debemos identificarnos con el prójimo para que las buenas cosas “fluyan sobre aquellos que tienen necesidad de ellas”

La iglesia católica creía que una persona realizaba buenas obras para ser salva. Las buenas obras eran hechas para Dios, a fin de ganarnos su aprobación. Pero Lutero rechazó la idea de que las buenas obras fueran hechas para Dios. Al final, Dios no necesita de nuestras buenas obras. Las buenas obras hechas para Dios, que nos sacan del mundo (ejercicios espirituales, vida monástica, votos de celibato y pobreza), no surgen del hecho de que Dios las necesite. En vez de eso, nuestras buenas obras son hechas para nuestro prójimo. Así, el Evangelio nos impulsas de vuelta para el mundo, a fin de servir al prójimo en amor.

Concluimos, por lo tanto, que el cristiano no vive por sí mismo, sino que en Cristo vive para su prójimo. De otra manera, no es cristiano. Vive en Cristo por la fe, y en su prójimo por el amor. Por la fe, el hombre es llevado más allá de sí mismo, para Dios. Por amor, desciende más bajo de sí mismo, para su prójimo.

 

Reportaje desde Kuala Lumpur

Posted in Reflexiones on marzo 21, 2017 by elcaminoangosto

Publiqué esto hace 7 años y considero que todavía puede ser útil.

El Camino Angosto

Torres Petronas – Kuala Lumpur

Hace un tiempo traduje y publiqué un reportaje sobre cierta iglesia que está realizando una labor muy notoria, una iglesia que predica las Doctrinas de la Gracia sin compromisos y que está trabajando fuertemente por medio de otros ministerios para ayudar a la restauración de iglesias débiles y al plantamiento de iglesias fuertes en doctrina y en práctica. Esa iglesia es Capitol Hill Baptist Church, una iglesia grande en Estados Unidos y el reportaje se llamaba: “De regreso al Calvinismo

Ahora quiero compartir mi reportaje personal sobre una iglesia que podría parecernos insignificante en tamaño, pero que también es una iglesia ejemplar. Una iglesia que, según lo que yo pude observar, cumple de manera excelente con la definición que diera aquel antiguo escritor bautista del siglo 19, J.M. Pendleton:

“En respuesta a la pregunta, ¿Qué es una iglesia? debe decirse: Una iglesia es una congregación de discípulos de…

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SE BUSCAN: PREDICADORES APASIONADOS

Posted in Pastoral, Reflexiones with tags , , , on febrero 21, 2017 by elcaminoangosto

Puede leer el artículo original en inglés >>>>>> AQUI  <<<<<<

Se cuenta una historia sobre un joven nervioso que una vez vino al panel de selección de un ministerio Metodista. Durante la entrevista, este tímido muchacho aprovechó la oportunidad para explicar que no era tan dotado como para encender el río Támesis. Uno de los entrevistadores, el Dr. W E Sangster, le respondió con estas palabras: “Mi querido joven, no estoy interesado en saber si usted puede encender el río Támesis. Lo que yo deseo saber es esto: ¿Si yo lo levanto a usted por el cuello y lo lanzo en el Támesis se escuchará el sonido que hace un metal ardiente al caer en el agua?” En pocas palabras, estos entrevistadores lo que buscaban era, como algo de primera importancia, no era hombres con gran conocimiento o habilidades, sino hombres ardiendo por la verdad de la palabra de Dios. Ellos querían predicadores con peso en sus almas.

Creo que es obvio que esta es una de las grandes necesidades de nuestro tiempo, para todos los que tienen en el corazón el anhelo de prosperidad para la iglesia militante. No hay escasez de hombres que llevan el título de Pastor, Reverendo, Obispo, Evangelista, etc., porque se producen en serie en los Colegios bíblicos y Seminarios como se reproducen los folletos en una imprenta. Nunca en la historia de la iglesia hemos tenido en nuestros púlpitos tantos Bas, BThs, Mas, PhDs, etc. Sin embargo, tenemos también que admitir que muy pocos de estos harían algún ruido si los lanzamos al Támesis. El Profesionalismo está a la orden del día. Los hombres preparan sus sermones con la misma frialdad con la que preparaban sus asignaciones en la Universidad, y se quedan satisfechos cuando en lugar de una calificación de 100, al final del culto obtienen un “Gracias Pastor por ese maravilloso sermón”.

Obviamente, se necesita hacer algo para arreglar esta situación, porque ninguna iglesia se levantará más alto que su púlpito. A la actitud de gente moribunda que prevalece en las bancas se le puede seguir el rastro hasta la tibieza que hay en el púlpito. Es la falta de convicción bíblica sólida en el púlpito, lo que ha engendrado la casi total ausencia de disposición en las bancas. Si esto es cierto, entonces todos nuestros esfuerzos para restaurar el Cristianismo bíblico en las bancas será en vano si no removemos la enfermedad del púlpito. Si cada Domingo, lo que sale de la boca del predicador es tan frío como lo que sale de un congelador, entonces ¿cómo podemos esperar que la iglesia esté  la temperatura de las exigencias de Dios?

Necesitamos comenzar por afirmar que tomar un texto de las Escrituras y luego dar vueltas sobre él de manera monótona sobre un tema religioso relacionado con el texto NO es predicar – o por lo menos no lo es en el sentido bíblico. Lean los mensajes que entregaron los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles en el Nuevo Testamento y verán si no se sienten animados. Estos hombres estaban profundamente afectados por la palabra de Dios y no hay duda de ello. Ellos no solamente conocían el asunto del cual predicaban, ¡ellos lo sentían! Para ellos, la predicación era mucho más que un intento en el arte de la comunicación; era una forma de aliviar su propia carga. Ellos sabían algo de lo que experimentó el profeta Jeremías cuando dijo:

“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” (Jeremías 20.9)

El Dr. Martyn Lloyd-Jones hace notar esto a partir de los escritos del apóstol Pablo. Se imagina a alguien diciendo: “Si usted tiene verdadera preparación académica no estará animado; solo estará dignificado. Leerá un gran tratado en quietud y sin ninguna pasión”. ¡Sin lugar a dudas! Y  luego responde: “¡Eso es apagar el Espíritu! El apóstol Pablo quebranta algunas de las reglas gramaticales; interrumpe su propio argumento. Esto es por causa del fuego. Somos tan decorosos, tan controlados, hacemos todo con tanta decencia que ¡no hay vida, no hay calor, no hay poder!  Pero eso no corresponde al Cristianismo del Nuevo Testamento” – (The Christian Warfare).

Si este “ronquido articulado” (como lo llama Charles Haddon Spurgeon) no es predicar, hablando bíblicamente, entonces ¿qué es predicar? Permítanme citar al Dr. Lloyd Jones de nuevo, quien, en respuesta a esta pregunta dice: “Predicar es lógica ardiente” Razonamiento elocuente… Es teología en fuego… Predicar es la teología que proviene de un hombre que está encendido. (La Predicación y los Predicadores). Y a esta definición, respondemos con un fuerte ¡Amén!

Esta definición inevitablemente implica que las verdades que manejamos están diseñadas para ser una carga y una pasión en el predicador. Podemos perdonar a un hombre que habla sobre el clima, si provoca sueño en la audiencia, pero el predicador está tratando con asuntos de la vida eterna y la muerte eterna. ¿Cómo podemos hablar del Dios viviente, de la trágica caída del hombre, de la gloriosa redención en Cristo, del poder omnipotente del Espíritu Santo, de la iglesia de los redimidos comprados por sangre, las glorias del Cielo y los tormentos del infierno sin que al menos nos tiemblen los labios? Esta es la verdad de Dios que hizo a los profetas, apóstoles, evangelistas y reformadores, arder y brillar donde quiera que estuvieron.

Sin embargo, es necesario aclarar con gran énfasis que a menos que el Espíritu Santo haga arder estas verdades en nuestro ser, podemos conocerlas pero carecer de ese sentido de asombro. Dos predicadores pueden predicar sermones con excelente teología en ellos; en uno puedes sentir que proviene de un congelador, mientras que en el otro tu corazón se derrite y te sientes movido en lo profundo de tu ser. Estoy persuadido que la diferencia radica en el estudio [oficina]. Para el primero el estudio es una fábrica donde ser arma el sermón; para el otro, el estudio es el vientre en el cual se concibe un sermón con el auxilio del Espíritu Santo.

El ejemplo del gran evangelista, George Whitefield es digno de mención. “Whitefield pasaba horas de cada día de rodillas con la Palabra de Dios abierta delante de él, y era a partir de la cámara de audiencia del Cielo que partía para predicar esas maravillosas palabras de poder, que movieron las almas de la multitud. Estas verdades eternas entonces pasaron por él mucho más allá de su intelecto, tomaron posesión del hombre completo, y no podía entonces evitar hablar con ternura y santa sinceridad, porque había visto luz en la luz de Dios, y el mundo espiritual se iluminaba con luz alrededor de él” (Hezekiah Harvey – The pastor)

Si queremos que vuelva la predicación bíblica poderosa a nuestros púlpitos, necesitaremos una reforma en esos cuartos u oficinas que llamamos estudios. Necesitaremos aprender a ver nuestros estudios como el lugar donde nos encontramos con Dios para recibir una palabra para Su pueblo. Entonces, necesitaremos comenzar las preparaciones de nuestro sermón con un espíritu devocional, derramado sobre las Sagradas Escrituras

“hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (II Pedro 1.19).

Sí, tenemos que evitar levantarnos apuradamente hacia el púlpito hasta que el mensaje y el mensajero sean uno, unidos como con soldadura por la Antorcha de Dios – el Espíritu Santo. Entonces, y solo entonces, seremos predicadores con peso en el alma preocupados por proclamar “la carga del Señor” a un mundo enfermo de pecado.

No debemos rendirnos nunca en lo que se refiere al entrenamiento ministerial. Ni tenemos que engañarnos pensando que los comentarios, las concordancias, los lexicones, etc., son extras de las cuales podemos prescindir y dejarlas que acumulen polvo. No, tenemos que estar agradecidos por todas estas herramientas. Pero recordemos las palabras de J.W. Alexander:

“Ningún hombre puede ser un gran predicador si no tiene un gran sentimiento” (Thoughts on Preaching). Así que, no dependamos solamente de nuestro entrenamiento preparatorio y de las ayudas bíblicas. Más bien, seamos como aquel antiguo Elías y volvámonos al Señor en oración para aquello que solamente Él puede darnos – fuego celestial.

¡Oh, que nuestros estudios/oficinas puedan levantarse en la oración de Elías, como estoy seguro que ocurría en los días de la Reforma!

Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. (I Reyes 18.36-37). ¡Amén!

[Este artículo, con algunos pequeños cambios editoriales fue reproducido de la revista canadiense The Gospel Witness de Julio de 1994. Fue reproducido por la ahora extinta revista: Reformation Africa South, donde la publiqué primero. Un amigo, Andre Pinard, me la envió y la publicó en Facebook. Cuando lo leí, me sorprendía con agrado de que ese mismo sentir tenía hace 23 años. Mis convicciones no han cambiado y por eso pensé hacer un post en mi blog dándole un poco de vida extra. Espero que bendiga muchas más personas]

 

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