Archive for the Reflexiones Category

El arrepentimiento – La Nota ausente en la predicación actual.

Posted in Reflexiones on noviembre 21, 2018 by elcaminoangosto

Recordando una reflexión de hace 3 años.

El Camino Angosto

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Por el Pr. Conrad Mbewe – Traducido por Pr. Alexander León. 

>>>>>>>>>>> Aquí el arttículo original  <<<<<<<<<<<

He observado con preocupación creciente cómo el arrepentimiento no es ya más un llamado claro en muchas de las predicaciones de hoy. Esto no necesariamente es así en todo el mundo, pero entre más escucho a varios  predicadores en suelo Africano confirmo que eso es así en nuestro continente.  La vasta mayoría de predicadores tratan al pecado más como una enfermedad que como un estado de rebelión. De ahí, que el remedio y su enfoque consiste más en la “liberación” que en el llamado al arrepentimiento. ¿Era ese el punto de vista prevaleciente en la Biblia?

El Arrepentimiento en el Nuevo Testamento.

Observemos a los predicadores del Nuevo Testamento. La predicación de Juan el Bautista se describe de esta manera: “En aquellos días vino Juan el Bautista en el desierto de Judea…

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¿Es la adoración de su iglesia más pagana que cristiana?

Posted in Reflexiones on noviembre 14, 2018 by elcaminoangosto

¡Es necesario insistir en esto!

El Camino Angosto

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*******AQUI*******  el artículo traducido al portugués  por Victor Binbato

Artículo original escrito por Todd Pruitt en Reformation 21, 2014,

Traducido al español por Alexander León

Hay un malentendido muy grande en las iglesias sobre el propósito de la música cristiana de adoración. Las iglesias anuncian rutinariamente un culto “dinámico” y “transformador”, el cual “lo llevará a usted más cerca de Dios”, o “cambiará su vida”. Ciertos CD´s de adoración prometen que la música lo llevará a usted “a la presencia de Dios”. Hasta un panfleto, de anuncio sobre una conferencia para líderes de adoración decía lo siguiente:

“Únase a nosotros para esta lección dinámica, la cual lo colocará a usted en el camino verdadero e inspirador donde podrá encontrarse con Dios y recibir la energía y el amor que usted necesita para ser un agente y un facilitador en el mundo de hoy… Además…

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¿Cuál es tu RELIGIÓN?

Posted in Alertas, Reflexiones with tags , , , on noviembre 9, 2018 by elcaminoangosto

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Vivimos en un tiempo donde la gente se entusiasma con las propuestas innovadoras y están dispuestos a apoyar a los que denuncian los sistemas establecidos para proponer soluciones diferentes.

Eso suena bien, pero a veces las tales propuestas no son más que una expresión de rebeldía adolescente desprovista de conocimiento y que además rechaza el conocimiento y por lo tanto en vez de proveer soluciones llevará al fracaso. Como está escrito:

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.” – Proverbios 1.7

Recientemente vi un video en el cual se le pregunta a alguien “de qué religión eres” y él contesta “soy de los que ama a todos” y “no juzgan a nadie“. Algunos se entusiasmaron con el video pero no parecen interesarse realmente en indagar sobre el significado verdadero de religión o de amor, y así, se quedan en la oscuridad de sus prejuicios y conceptos sacados del internet, ignorando que el mismo Cristo que nos advirtió sobre juzgar a otros, nos ordenó juzgar con justo juicio. (Juan 7.24) – [Un artículo al respecto de juzgar AQUI]

Las palabras tienen significado pero a veces cambian con el pasar del tiempo, además el contexto en el que se usan también debe considerarse. Si no comprendemos el significado de las palabras y si los que intercambian opiniones no están dando el mismo significado a las palabras, la conversación se vuelve infructuosa porque es como si cada uno utilizara un idioma diferente y así la comunicación es imposible.

Los ejemplos a continuación pueden servir para aclarar este asunto. Analizaremos las palabras Gracia, Tradición, Evangélico y Religión.

GRACIA

No he escuchado a nadie que niegue expresamente el concepto de “salvación por gracia”, tanto los teólogos católicos como protestantes sean reformados o no, afirman que la salvación es por gracia.

Sin embargo, hay importantes diferencias en el concepto de “Gracia” que cada uno sostiene. Por esta razón los reformados enfatizaríamos “Gracia sola “ o, “únicamente por gracia” mientras que en el Catolicismo se habla de “gracia infusa” y en el Arminianismo de “gracia previniente”. No voy a entrar en detalle en esos conceptos, lo que quiero enfatizar es que por no dar el mismo significado a la palabra, entonces debemos calificarla.

Dejaré claro eso sí lo que que nosotros confesamos: Que los creyentes no aportan absolutamente nada para la salvación, sino que la salvación es una obra que de principio a fin depende de Dios y es algo que el hombre no merece ni puede llegar a merecer. Dios el Padre desde la eternidad eligió un pueblo para tener de ellos misericordia, el Hijo, Jesucristo vino a redimir a ese pueblo específico y el Espíritu Santo aplica la obra de redención a los escogidos, trayéndolos al arrepentimiento y a la fe en Jesús para vivir una vida nueva. Eso es lo que nosotros confesamos como “La Gracia de la salvación”.

TRADICION

Algunos cristianos modernos rechazan todo lo que consideran “tradiciones”, tergiversando el concepto protestante según el cual debemos abandonar todo aquello que hemos creído o practicado solamente por tradición. Pero la Reforma Protestante nunca pretendió rechazar los siglos anteriores de cristianismo, lo que pretendió fue volver al modelo y práctica original del cristianismo bíblico. Por esta razón, las tradiciones que deben rechazarse son únicamente aquellas que no tienen soporte bíblico. Parece que algunos modernistas proponen un modelo completamente libre de reglas, y llaman “tradiciones inútiles” a ordenanzas sagradas establecidas por Cristo según la doctrina bíblica apostólica.

Nosotros confesamos que toda tradición contraria a las enseñanzas de las Sagradas Escrituras debe ser eliminada y todo aquello que Dios no haya expresamente ordenado en Su Palabra debe ser eliminado del culto al Señor porque Dios regula Su adoración. Las tradiciones particulares de cada iglesia o denominación deben evaluarse conforme a la Biblia y no según los gustos y tendencias modernas. Hay muchas tradiciones útiles que se basan en principios bíblicos las cuales debemos preservar y defender.

EVANGÉLICO

Según el Dr. Stephen Nichols, presidente del Reformation Bible College, la palabra “evangélico” surgió en el siglo 18 durante el “Gran Despertar”, para aclarar que no deberían ser considerados verdaderos cristianos los adherentes a una denominación específica como Episcopales, Presbiterianos o Bautistas, sino que todos los que se identificaran con ciertas marcas “evangélicas”.

Estas marcas eran:

  1. Biblicismo: Un alto concepto de la autoridad de la Sagrada Escritura
  2. Crucicentrismo: Una perspectiva que da un lugar central a la expiación de Cristo en la cruz
  3. Conversionismo: Un punto de vista que considera el nuevo nacimiento como algo de importancia primordial
  4. Activismo: un punto de vista que enfatiza el Evangelio como algo que afecta la vida y el discipulado

Tenemos que reconocer que estas marcas ya no identifican a muchos de los que hoy en día se conocen como “evangélicos”, tanto de las denominaciones históricas como de las más recientes. Tristemente, la imagen que muchos tienen de “los evangélicos” proviene de cadenas de televisión como TBN o Enlace en las cuales prevalece la falsa enseñanza de la prosperidad y los estilos de culto similares a los espectáculos mundanos.

Por esa razón algunos creyentes bíblicos hasta quisieran declinar de ese calificativo y negar que son evangélicos.

Pero citaré de nuevo aquí al Dr. Nichols que afirmó:

“… el término evangélico, sigue siendo útil, si lo entendemos correctamente. No es un término que nos separa de la teología (o que nos mueva hacia una mala teología), por el contrario, nos mueve hacia la teología – hacia el corazón mismo de la teología al recordar quién es Jesús y que fue lo que Él hizo. Ser un evangélico es abrazar el evangelio, y el evangelio es finalmente rico en contenido.” (*)

RELIGION

Aquí es donde vamos a extendernos más.

A partir del siglo XX parece haber surgido una aversión hacia la palabra religión. Se han hecho populares las frases como “No se trata de religión, se trata de relación”, “Cristo no es religión”, y también “ninguna religión salva”.

Esto es causado por ignorar lo que significa la palabra religión y qué es ser religioso.

¡La palabra religión es válida y es bíblica!

En el diccionario de la Real Academia Española de la lengua, la palabra religión está registrada así:

“Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.”

Esto quiere decir que una religión tiene un elemento principal que es la creencia en la “divinidad”, sea cual sea el concepto que se tenga de ella, y la religión involucra además una serie de conocimientos acerca de esa “divinidad” que llevan al ser humano a comprometerse o por lo menos procurar cierta conducta y a la práctica de algunos ritos.

El cristianismo es una religión, que basa su comprensión de Dios en las Sagradas Escrituras de la Biblia. Los cristianos compartimos con la religión judía la creencia en la legitimidad de los libros del Antiguo Testamento, lo que ellos denominan la Toráh, pero creemos que el Dios que se reveló a los judíos en la antigüedad se manifestó en Su Hijo Jesucristo, y en Él cumplió todas las promesas hechas a Israel y estableció un nuevo y mejor Pacto. Por medio de Cristo el camino a Dios se abre para todo aquel que cree en Él sin importar su procedencia, este es el cumplimiento de la promesa hecha a los patriarcas, de bendecir a todos los pueblos en la simiente de Abraham.

La mayoría de los judíos rechazaron al Mesías Salvador, y los que siguieron a Cristo fueron apodados “cristianos” (Hechos 11.26) y así, lo que inicialmente fue considerado una secta dentro de la religión judía se llegó a considerar la “religión cristiana”.

Ahora bien, al igual que en todas las religiones, hay grupos dentro de las religiones, con diferentes comprensiones que lo que debería ser la correcta profesión de la religión, esto es lo que complica el término religión. Dentro del Islam hay varias sectas, pero todos dicen ser musulmanes, dentro de los judíos había varias sectas (fariseos, saduceos, escenios), pero todos decían ser judíos. En el Cristianismo, llamamos sectas a los grupos que se apartan de ciertas doctrinas que esenciales, pero esta clasificación es a veces ambigua. De esto se trata la existencia de tantas “iglesias” y “grupos” o “sociedades cristianas”.

El Cristianismo desde fines de la era apostólica, ya comenzaba a sufrir ataques, no solamente por la cruel persecución, torturas y muerte que sufrieron los cristianos primitivos, sino porque comenzaron a surgir maestros engañadores entre las iglesias. Se pueden registrar divisiones entre las iglesias desde muy antiguo, pero aun así el cristianismo continuó expandiéndose poderosamente, por el testimonio de los fieles. En el siglo cuarto el Emperador Constantino (muy posiblemente por conveniencia) abrazó la Fe cristiana y procuró estandarizar una religión en todo el imperio y un siglo después surge el papado que llegó a consolidarse en la Iglesia Católica Romana en el siglo V aproximadamente.

Debemos reconocer dos cosas: (1) Nunca ha existido completa uniformidad entre las iglesias cristiana y (2) A través de la historia se levantaron voces para llamar a una vivencia más genuina del cristianismo.

En la Biblia la palabra religión se utiliza con tres sentidos:

(i) Credo o Sistema de Doctrina

(ii) Adoración o Culto, y

(iii) Prácticas y Ordenanzas.

La palabra griega utilizada es: θρησκεία

Hechos 26:5 – “nuestra religión”. Aquí el apóstol Pablo menciona al sistema hebreo de creencias como una religión.

Colosenses 2:18 – “culto a los ángeles”. En este contexto se habla de adoración, es decir rendir culto. Una traducción literal sería “religión a los ángeles”.

Santiago 1:27“religión pura”. En este pasaje, el apóstol se refiere a acciones concretas que identifican la profesión verdadera de la religión y habla de las obras de misericordia y de procurar la santidad apartándose de la mundanalidad.

Es necesario admitir que al igual que las demás religiones, la religión cristiana, tiene ciertos aspectos que podrían ser cumplidos solo en apariencia. Pero nosotros pensamos que el mensaje de Cristo va mucho más allá de una serie de creencias y ritos, sino que tiene que ver con una transformación interna que lleva a una verdadera relación con Dios por medio de Su Hijo Jesucristo. Sin este ingrediente, la profesión de la religión cristiana es tan inútil espiritualmente como cualquier otra religión. Tal vez esta sea una de las razones de la aversión hacia la utilización de la palabra religión.

Hoy han querido denunciar a los hipócritas como religiosos. Pero No deberíamos llamar religioso al hipócrita, sino que religioso debería ser el que con integridad practica su religión.

Algunos predicadores, queriendo evitar ese sentido ritualista que a veces se le había dado al Evangelio, menospreciaron la palabra religión. Algunos hasta llegaron a decir que “la religión no importa”, mientras uno tenga a Cristo. ¿Qué están queriendo decir? ¿Será que mientras usted tenga a Cristo no importa la religión que profese? – Esto no tiene sentido, porque así como la observancia de las normas cristianas no tiene valor sin una relación personal con Jesucristo, tampoco tiene valor una profesión de Fe en Jesucristo, si esta supuesta relación no produce un cambio de actitud y la observancia de los mandamientos.

Algunos piensan que cada iglesia es una religión y esto es una manera incorrecta de utilizar este término. Los católico-romanos, anglicanos, luteranos, episcopales, presbiterianos, reformados, bautistas, menonitas, pentecostales, etc., no son religiones diferentes, son diferentes confesiones dentro de la religión Cristiana. Ahora bien, ¿Qué tan alejada o cercana está cada una de estas confesiones del cristianismo bíblico y primitivo?,  Yo creo que la respuesta es qué tan cerca están de la definición anteriormente dada de “evangélico”.

Por último, considero apropiado recordar que una de las enseñanzas apostólicas es la llegada de la “apostasía”. Los apóstoles anunciaron de antemano el advenimiento de enseñanzas falsas dentro del cristianismo, anunciaron la entrada en las iglesias de lobos rapaces (Hechos 20.29), y de falsos hermanos que entrarían encubiertamente (II Pedro 2.1, Judas 1.4).

Creemos entonces que es labor importantísima de todos los que profesan ser cristianos, buscar una iglesia que predique la Biblia con fidelidad, y donde Cristo sea exaltado, y entre más apegada esté esa iglesia al modelo del Nuevo Testamento, mejor y mayor será el crecimiento cristiano de cada uno. El cristianismo es un camino, un sendero estrecho que lleva a la vida eterna, y el Evangelio dice que son pocos los que lo hallan (Mateo 7:14). Amén.


(*) http://www.ligonier.org/blog/evangelical-rescuing-term/

Cuatro necesidades del Creyente: (4) La necesidad de orar la palabra predicada

Posted in Reflexiones with tags , on octubre 3, 2018 by elcaminoangosto

Por Al Baker (Ministro de la Iglesia Presbiteriana en América)

Traducido con permiso por Alexander León.

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”Hechos 2.42

Santiago el apóstol, en su carta a las doce tribus que estaban esparcidas, procuró traerlas de vuelta a la cultura de avivamiento que ellos habían inicialmente experimentado en el día de Pentecostés, unos quince años antes cuando 3000 de ellos fueron salvados por medio de la predicación de Pedro. Los santos habían vuelto a la insensatez durante los últimos quince años, y Santiago no se guarda nada. Su mensaje golpea duro. En cierto punto él esgrime la espada del Espíritu al confrontarlos por su falta de oración. Él dice,

“… no tenéis lo que deseais porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, para gastar en vuestros placeres” (Santiago 4.2-3)

Las cuatro necesidades para cada creyente, las cuales surgen de una adoración bíblica son la predicación de la palabra de Dios que trae convicción, penetra al corazón, mueve a los feligreses al arrepentimiento y la fe; la comunión que mueve a la gente en pequeños grupos para apropiarse de la palabra predicada; la Cena del Señor que los alimenta y nutre de Cristo mismo y que promueve santidad en ellos; y orar la palabra predicada hasta que sea asimilada, hasta que sean transformados por esa palabra predicada.

Una mirada superficial a lo que se considera oración en nuestras congregaciones nos hace ver que está tristemente desprovisto de las características de la oración en avivamiento. Tenemos la tendencia a orar por el cayo del pie de la tía Berta; o por aquello que parece casi igual a las causas de los predicadores del evangelio de la prosperidad, pidiendo por un aumento de salario o la finalización exitosa del proyecto en la nueva casa del lago.

Ahora, sabemos que podemos y debemos orar por cualquier cosa con acción de gracias (Filipenses 4.6), pero debe haber un propósito mayor en la tía Berta que el alivio del cayo de su pie o un proyecto de una segunda casa. El contenido de nuestra oración debe seguir el patrón de la oración del Señor.

Más aun, debemos buscar a Dios en razón del propósito último de nuestras oraciones, el cual es que Él sea glorificado en la conversión de personas de todo pueblo y nación. Debemos orar por una cultura de avivamiento como la que vemos en los Hechos – la poderosa presencia del Espíritu Santo que produce oración poderosa, predicación poderosa, conversiones poderosas, asambleas poderosas, santidad poderosa, generosidad poderosa, poderoso evangelismo personal, poderoso impacto social, poderosa oposición, liderazgo poderoso, todo lo cual lleva a la poderosa plantación de iglesias en el mundo.

¿Ha notado cómo mucha de la predicación que se escucha hoy en día se refiere más que todo a nosotros? En los pasados cuarenta años más o menos, la predicación psicoterapéutica ha tomado el lugar de la predicación profética que llamaba a la gente a la fe, al arrepentimiento y a una vida santa. Al final lo que debería importarnos más es la expansión del reino y señorío de Cristo en la tierra, que la gloria de Jehová cubra toda la tierra, como las aguas cubren el mar.

Entonces, en el contexto del culto de adoración, ¿cómo oramos la palabra de Dios predicada? Consideremos dos ejemplos. Digamos que el predicador habló sobre Malaquías 3.10 sobre el diezmo donde Dios dijo

“Traed los diezmos al alfolí… probadme ahora en esto dice el Señor, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré bendición hasta que sobre abunde”.

Así el predicador, mientras expone el texto, esgrime la espada del Espíritu al hacer una simple pregunta, ¿Está usted diezmando? ¿Está usted dando al menos el 10% de sus ingresos para la obra del Señor? Si el creyente dice en su corazón “No, estoy fallando en diezmar”, entonces debe ir a Jesús en la Cena del Señor, pidiendo ser limpiado y mientras bebe la sangre de Cristo, pedir gracia para poder confiar que Dios proveerá para su familia mientras se esfuerza por dar en obediencia y con fe. Con su grupo de hermanos después del sermón y de la Cena del Señor, deberían orar los unos por los otros y hablar estas verdades los unos a los otros hasta que penetren y se apropien de ellas. Y luego durante la semana, debe orar pidiendo a Dios que le dé gracia continuamente por Su Santo Espíritu para obedecer este mandamiento. El predicador procura semanalmente dar una palabra de parte del Señor a Su pueblo, extraída del texto, y la gente debe recibir esa palabra implantada, que es poderosa para salvar sus almas (Santiago 1.21)

Aquí va otro ejemplo. El pastor está predicando en Efesios 5.25.33,

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”.

Después de exponer fiel y cuidadosamente el texto  y de establecer la idea central del texto que el Espíritu Santo ha inspirado, el predicador debe desenvolver esta gran verdad, haciendo referencia a otros pasajes que ayuden a aclarar este tema, ilustrándolo, aplicándolo, y esgrimiendo la espada del Espíritu al preguntar “¿Maridos, están obedeciendo fielmente este mandamiento de amar a sus esposas de manera sacrificial?” Sin duda cada marido tendrá que reconocer que está fallando en alguna medida con respecto a esto. Entonces debe arrepentirse, pedir gracia mientras participa de la Cena del Señor, para ser limpiado por Cristo, para ser nutrido por el poder santificador y pedir gracia y poder esa semana para amar a su esposa sacrificialmente. Este hombre hablará estas palabras a otros en su grupo y durante la semana orará en sus tiempos a solas con el Señor, pidiendo Su gracia para poder cumplir con este requerimiento de amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella.

¿Pueden ver cómo mucha de la predicación moderna está incumpliendo su propósito? Nunca habíamos tenido tanta información bíblica y teológica como ahora, pero nunca los creyentes habían estado tan desprovistos de santidad práctica y de crecimiento en la gracia. Nuestros matrimonios no son mucho mejores que los de algunos paganos o ateos que conocemos. Hermanos míos, esto no debe ser así.

Pero cuando no estamos esforzándonos por suplir las cuatro necesidades de los creyentes – recibiendo el ministerio de la Palabra, teniendo comunión alrededor de la Palabra, alimentándonos de la Palabra y orando la Palabra predicada, entonces la anemia espiritual es predecible y el avivamiento se detiene.

Predicador, procure por todos los medios exponer fielmente el texto, pero no se quede ahí. Su gente necesita más que información bíblica dirigida a su mente. El pueblo necesita la palabra que penetre en sus corazones, llevándolos al arrepentimiento y al perdón, llevándolos a alimentarse de Cristo, animándolos a la comunión con otros creyentes en referencia  las grandes verdades que usted les ha predicado y tratado de aplicar y causando que vayan a orar por obediencia.

Y querido miembro de la iglesia, ore por su predicar para que predique de esta manera, y reciba la palabra implantada, aliméntese usted de Cristo en la Cena del Señor, en la comunión y en las oraciones hasta que pueda usted apropiarse de ello.

Cuatro Necesidades del Creyente: (3) Partir el pan

Posted in Reflexiones with tags , on octubre 1, 2018 by elcaminoangosto

Por Al Baker (Ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana en America)

Traducido con permiso por Alexander León

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”  – Hechos 2.42

Yo, estoy muy agradecido porque muchas de nuestras Iglesias Presbiterianas y Reformadas observan la Cena del Señor cada domingo. Después de todo, creemos que la Cena del Señor es más que un memorial o un espacio para recordar. Creemos que, al igual que la palabra de Dios y la adoración pública, es un medio de gracia. Es decir, los sacramentos de la Cena del Señor y el Bautismo y las ordenanzas de la predicación y la adoración, son usados por Dios para hacer que Su pueblo crezca en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Sin embargo, me parece que nuestra observancia de la Cena del Señor no siempre promueve una vida de santidad personal. Podemos fácilmente declinar al punto de creer que se trata solo de un ritual, del mismo modo que la adoración pública y la predicación pueden a veces quedarse cortos en promover la santidad en la congregación. ¿Por qué razón sea dan estos casos con frecuencia?

Una mirada al sermón de Pedro en el día de Pentecostés puede de seguro instruirnos al respecto. El punto principal de Pedro, o podríamos decir, su tema, es: “Este es el día de la venida del Espíritu Santo”. Todo predicador, cada vez que predica, debe encontrar por medio de un estudio diligente cuál es el tema principal al cual el Espíritu Santo parece apuntar en el texto. El predicador hace esto al organizar y exponer el texto. En el caso del sermón de Pentecostés, este sería el bosquejo:

  1. Es el día de eventos extraordinarios en la tierra, Hechos 2.14-21
  2. Es el día de la pasión del Señor, Hechos 2.22-36
  3. Es el día de salvación, Hechos 2.37-40

Partiendo de esto, Pedro proclama la punta de lanza que cada sermón debe aplicar:

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” (Hechos 2.36). ¿Qué van a hacer ellos con este mensaje?

Y Hebreos nos dice que

la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4.12)

Esto, mis amigos, es lo que falta en mucha de la predicación de nuestros días. Rara vez hay una punta de lanza, o un golpe, o una llamado al arrepentimiento. Pocas veces escuchamos sobre la acción específica que Dios nos manda a tomar, extraído del texto mismo. No es de extrañarse entonces que veamos poca transformación en las iglesias.

Pero, ¿qué tiene que ver esto con la Cena del Señor? Jesús dejó claro que a menos que comiéramos su carne y bebiéramos su sangre, no tendríamos parte con Él. (Juan 6.3). Hay tanto una dimensión definitiva como una progresiva en la salvación de un creyente. Por otro lado, está el momento en que es regenerado por el Espíritu Santo (Romanos 6.6), nacido de nuevo para una esperanza viva (I Pedro 1.3), luego es también justificado, al recibir la justicia imputada de Cristo (II Corintios 5.21, Romanos 5.1). Y también recibe al Espíritu Santo en gracias santificadora (Hebreos 10.10, I Corintios 1.30) Esta es la naturaleza definitiva de nuestra salvación.

Sin embargo, hay una dimensión progresiva en nuestra salvación. Debemos crecer diariamente en la gracia y en el conocimiento de Jesucristo. Nosotros, sin embargo, batallamos con el pecado todos los días de nuestra vida, y por lo tanto nos quedamos cortos en cuanto a todo lo que Dios pide de nosotros. La predicación de la Palabra de Dios debe entonces redargüirnos (convencernos o persuadirnos de la verdad  en el sermón), reprendernos (mostrarnos lo que no está bien), y exhortarnos (impulsarnos a acciones específicas, basadas en el sermón recibido). Ver II Timoteo 4.1-5.

Entonces, ¿Qué hizo usted el día que Dios le mostró su pecado en su estado de inconverso? Usted se arrepintió y corrió a Jesús con un nuevo corazón en la regeneración, para la limpieza de sus pecados y el don del Espíritu Santo, el cual le dio el poder para vivir en santidad. Eso fue una acción definitiva.

Pero usted peca diariamente, y la predicación de la palabra de Dios trae la punta afilada del cuchillo de la convicción a su corazón, mente, emociones y voluntad. Y entonces, ¿Qué debe hacer cuando el Espíritu le revela pecado en la mañana de domingo? Debe ir a Cristo en la Cena del Señor, pidiéndole no solo que lo limpie sino que lo alimente con su cuerpo y con su sangre, para que usted pueda tener su santidad para una santificación mayor.

La mañana de Domingo usted debe ir a Jesús en la Cena del Señor para limpieza y poder. Pero la mañana de lunes y los días subsiguientes usted no puede ir a Cristo en la Cena, así que debe ir en sus tiempos personales de oración y lectura de la palabra de Dios.

De modo que, el problema de muchas de las predicaciones de hoy es que no lo llevan a ningún lado. Sí, algunos pastores son muy buenos al explicar un texto y proveer de muchísima información de valor. Este, sin embargo, no es el fin de la predicación. La predicación debe redargüir, reprender y exhortar. La predicación es esa punta afilada de la lanza. La predicación debe morder, convencer, y hacer que el incrédulo se sienta incómodo y también que los creyentes se sientan incómodos a veces.

La labor del Espíritu Santo es convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16.8-11). Un predicador que esté lleno del Espíritu, y que esgrime la espada del Espíritu, predicará al corazón, que es el centro de control de todo hombre. Su predicación debe causar que la gente en las bancas exclamen: “¿Ahora, qué haremos con lo que hemos oído?”

Como vimos en la entrega anterior, el creyente debería unirse en grupos pequeños y orar con otros con respecto a lo que han escuchado hasta que lo asimilen. Pero también debe ir a Cristo en la Cena del Señor para comer su carne y beber su sangre por la fe. Solamente ahí está el alimento y la bebida celestiales que promueven la santidad en el pueblo de Dios.

Por lo tanto, ore por su pastor para que predique con esa punta afilada de lanza del Espíritu Santo, y cuando por causa del sermón vea sus pecados, sea sentado o al caminar para participar del cuerpo y la sangre de Jesús, diga de manera consciente a Dios, “He pecado contra ti. Ahora veo lo que he hecho y lo que debo hacer. No puedo hacer esto en mis fuerzas. Por lo tanto vengo a ti, Señor Jesús. Aliméntame y sacia mi sed. Quiero obedecerte y honrarte esta semana que empieza”.

Cuatro Necesidades: (2) Comunión alrededor de la Palabra.

Posted in Reflexiones with tags , , on septiembre 27, 2018 by elcaminoangosto

Por Al Baker (Ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana en América)

Traducido con permiso por Alexander León.

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”Hechos 2.42

¿Por qué la enseñanza hace tan poco en la transformación de los que están en las bancas?

Cuando el apóstol Pedro predicó en el día de Pentecostés, después de que el prometido Espíritu Santo había sido derramado, en cumplimiento de la profecía (Joel 2.28-32), sus oyentes exclamaron compungidos, “¿Qué haremos? Y Pedro les dijo que se arrepintieran y se bautizaran en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados y así recibirían el don del Espíritu Santo (Hechos 2.38). A partir de ahí, Lucas, el escritor de los Hechos, nos dice que los nuevos convertidos se dedicaban continuamente a la doctrina de los apóstoles y a tener comunión, a partir el pan y a orar. La unión de estas cuatro necesidades para cada creyente no es algo aleatorio ni antojadizo, porque estas palabras fueron escritas bajo la dirección e inspiración del Espíritu Santo. Notemos el agrupamiento de las primeras dos necesidades y el de las últimas dos. Ellos perseveraban en la doctrina de los apóstoles, es decir, en el ministerio de la Palabra mientras era predicada; y a la vez perseveraban en la comunión unos con otros. De la misma manera, perseveraban en el partimiento del pan y en las oraciones. De manera que el ministerio de la Palabra y la comunión van juntos, como el partimiento del pan y las oraciones van juntos. Estas necesidades deben considerarse en pares.

De seguro habremos notado cómo casi sin excepción, después de la predicación de la palabra en nuestros cultos de occidente, cuando se da la bendición, los parroquianos salen de la iglesia, quizás comentando a un amigo lo excelente que estuvo el sermón que escucharon. O, es más probable que hermanos en Cristo comiencen a hablar de cómo su equipo favorito de fútbol se desempeñó en el juego del día anterior, entrando en algunos detalles sobre lo bien o mal que jugaron. O quizás, conversen sobre un viaje de negocios para la siguiente semana, o cómo les va a sus hijos en el equipo de baseball.

Sin embargo, lo que es poco común es escuchar lo que Lucas describe que ocurría con la iglesia primitiva después de la predicación de la palabra de Dios. Ellos perseveraban en la comunión. Esto por supuesto requiere una pregunta, ¿qué significa esa palabra griega koinonía que se ha traducido a comunión? No significa una reunión en la que disfrutaban de la compañía y la comida. No significa que los hermanos o hermanas salen a tomarse un café para conversar sobre las noticias, los deportes, el tiempo o la política. Ni siquiera significa necesariamente que se reunían en parejas para tener un Estudio Bíblico y discutir el sermón que les fue predicado el pasado Domingo. Por supuesto, nada de malo hay en todo lo descrito, pero eso no es perseverar en la comunión.

Koinonía se define como compañerismo, asociación, participación conjunta, lo que se comparte en común. Se usa diecinueve veces en el Nuevo Testamento y la Nueva Versión Americana lo traduce como contribuir en dos ocasiones, como compañerismo en doce ocasiones, participación en dos ocasiones y compartir en tres ocasiones.

De manera que en el contexto de Hechos 2.42, los nuevos creyentes están dedicados y perseverando en la enseñanza de los apóstoles y participaban compartiendo entre ellos con respecto a la palabra que recién se les había predicado.

Citando Deuteronomio 20.12, Pablo el apóstol, en el contexto de la fe que lleva a la justicia o salvación, dice:

No digas en tu corazón, ¿Quién subirá al Cielo? (esto es para traer abajo a Cristo), o ¿Quién descenderá al abismo? (esto es para levantar a Cristo de los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la Palabra, en tu boca y en tu corazón. – Esta es la Palabra de fe que predicamos” (Romanos 10.6-8)

En otras palabras, no pierdan su tiempo contemplando quién está en el cielo o quién está en el infierno. Enfóquense en su situación presente y en su necesidad. Usted no puede hacer nada por el que ya partió de este mundo. Pero Pablo afirma, la palabra de Dios predicada está cerca, en su boca y en su corazón. Él está urgiendo a los Romanos a que hagan algo con la palabra de Dios que se les ha predicado y que han estado escuchando. Él les urge a que confiesen con sus bocas que Jesús es el Señor, así como lo han escuchado en la predicación;  y él les urge a que crean en sus corazones (el centro de control de sus vidas, de donde manan todas las cosas) que Dios ha levantado a Jesús de entre los muertos. Haciendo esto, serán salvos.

Así, la palabra de Dios predicada debe dar como resultado la palabra en nuestras bocas y en nuestros corazones, esta palabra es capaz de salvar, santificar y finalmente glorificar. Notemos que Pablo no dice que la palabra debe estar en nuestras mentes. Eso se da por un hecho. Recibimos información en nuestra mente, pero Pablo procura algo mucho  más grande, algo que transforma y no simplemente informa.

Me pregunto qué pasaría si después de cada culto, después de que el predicador ha derramado su corazón en la predicación del Evangelio, apelando al corazón, la mente, la conciencia y la voluntad, si él entonces dijera: “Ahora, quiero que se dividan en grupos pequeños de cinco o seis y pasen diez minutos hablando cada uno al corazón del otro sobre la palabra que recién han escuchado. No hablen del equipo de fútbol. No hablen de los negocios de la semana que viene. En vez de eso, hablen de la palabra y de sus aplicaciones prácticas para cada uno, hasta que penetre y se apropien de ella.” La Escritura está repleta de esta idea de comunión en la palabra de Dios. Debemos hablar la verdad en amor (Efesios 4.15), hablar la verdad a nuestro prójimo (Efesios 4.25), animarnos unos a otros cada día en tanto que se dice hoy (Hebreos 3.13), y estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras (Hebreos 10.24).

Me parece a mí, que en la mayoría de los casos, el predicador simplemente expone el texto, algunas veces de manera brillante y coherente, sin que este llegue al corazón de los que escuchan. Con demasiada frecuencia la gente que escucha no experimenta ninguna transformación por causa de la palabra predicada, y se van a sus casas con más información almacenada en sus mentes solamente, para continuar desprovistos de la justicia que cambia vidas, de la paz y el gozo del Espíritu Santo.

Les ruego que este próximo Domingo, después de que el predicador concluya su sermón, busquen a un hermano o hermana o a dos más para hablar con respecto a lo que recién les fue predicado. Y hablen entre ustedes hasta que la palabra penetre y que se apropien de ella.

Cuatro Necesidades: (1) El ministerio de la Palabra

Posted in Reflexiones with tags , , on septiembre 25, 2018 by elcaminoangosto

Por Al Baker (Ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana en América)

Traducido con permiso por Alexander León.

[Nota del traductor: Difiero del autor en la interpretación de la frase “bautismo en el Espíritu Santo y fuego”, (pienso que se refiere a la salvación y al juicio), pero recomiendo esta serie de 4 artículos que estaré publicando: (1)  El ministerio de la Palabra, (2) Comunión alrededor de la Palabra, (3) Partiendo el Pan y (4) Orando la Palabra Predicada]

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hechos 2.42)

En cumplimiento de la profecía de Joel (Joel 2.28-32), en cumplimiento de la promesa de Cristo (Lucas 24.46-49, Hechos 1.8), y después de diez días de oración ferviente, el Espíritu Santo fue derramado sobre ciento veinte que estaban reunidos en el Aposento Alto en Jerusalén. Pedro, aquel que solo cincuenta días antes había sido intimidado por una moza para negar a Cristo tres veces, ahora, habiendo recibido el Espíritu Santo, predica con el poder del Espíritu Santo. Pedro se dirige a la mente (Hechos 2.14-35), declarando antes sus oyentes el cumplimiento de la profecía de Joel, su culpabilidad en la crucifixión de Cristo, y el cumplimiento de la profecía de David con respecto a la resurrección de Cristo. Luego Pedro dirige su arma hacia sus cuellos para llegar a sus corazones con el punto principal de su sermón

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2.36)

Y ¿cuál fue la respuesta de los que escucharon a Pedro? Ahora que habían escuchado esto, se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y al resto de los apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?

Se ha preguntado usted alguna vez ¿Por qué tanto de lo que se predica hoy hace tan poco efecto para transformar a los cristianos y convertir a los perdidos?  Sobre todo, es muy posible que muchos de los que escuchan al predicador no han nacido de nuevo, no  poseen la nueva vida en Cristo (Colosenses 3.1-3). El cristiano tiene la mente de Cristo (I Corintios 2.16), el corazón de Jesús en la regeneración (Juan 3.5-8; Romanos 6.4), la justicia de Jesús en la justificación (Romanos 5.1; I Corintios 1.30), y la santidad de Jesús en la santificación (I Corintios 1.30; Hebreos 12.14).

Así, un verdadero creyente tendrá hambre de escuchar la palabra de Dios y aplicarla a su vida. Sin embargo todos batallamos con el pecado interno y con las tentaciones que vienen del mundo, la carne y el demonio. Todos tenemos la tendencia a apartarnos de la sincera pureza y devoción a Cristo.

De manera que necesitamos la Palabra de Dios diariamente. Sin embargo el énfasis que hoy predomina está en otra parte. Vivimos en la era de la información y somos bombardeados constantemente por toda clase de información diversa, lo que podríamos llamar una “saturación de información”.

De manera personal, tendemos a pensar que mientras leamos una porción de las Escrituras cada mañana ya estamos listos para el día. O bien, como suelen pensar los que nos predican, pensamos que un sermón bien investigado, bien estructurado y una entrega coherente, repleta de ilustraciones y aplicaciones es lo que promueve una transformación espiritual y bíblica en la persona que se sienta en la banca.

Amigos míos, ¿No les parece que tenemos más información bíblica en estos tiempos de la que hemos tenido nunca antes? Lo único que se necesita es ir al Internet y encontraremos sermones de todos los grandes predicadores de todas las épocas. Sin embargo, generalmente estamos severamente afectados en lo que se refiere a la búsqueda de una santidad bíblica.

La palabra de Dios debe ser predicada con denuedo y proclamada sin equivocaciones o algo sofisticado, y la palabra debe ser recibida, meditada en el corazón y personalizada para la acción inmediata. Sí, por supuesto que el predicador debe dirigirse a la mente pero ese no es el objetivo final.

Si uno de nuestros nietos pasa la noche con nosotros, y la siguiente mañana yo noto que él no arregló su cama, yo puedo preguntarle ¿Sabes cómo arreglar tu cama? Tal vez nuestro nieto diga, “No, no he aprendido eso todavía”. Yo digo entonces, “Bueno, así es como debes hacerlo. Ahora practiquemos”. Así, el nieto tiene ahora el conocimiento y la habilidad para arreglar su cama cada vez que venga a pasar la noche con nosotros. Sin embargo, ¿Es ese conocimiento suficiente para moverlo a hacer su deber? Por supuesto que no. Él debe ser movido en su corazón para arreglar su cama. Debe desear hacerlo. Debo apelar a su corazón y convencerlo de la necesidad de hacer lo que ahora sabe y está capacitado para hacer.

Lo mismo es cierto con respecto a la predicación, enseñanza, discipulado, consejería o evangelización. Lo que sea que hagamos en la Palabra de Dios debe alcanzar el corazón.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, los predicadores solamente exponen el texto, algunas veces de manera brillante y coherente, pero la gente que recibe la palabra con frecuencia recibe la instrucción como entretenimiento, regresando a sus casas con más información almacenada en sus mentes pero continúan desprovistos de una justicia transformadora en sus vidas, de paz y de gozo en el Espíritu Santo.

Consideremos las predicaciones de los grandes hombres del pasado, hombres como George Whitefield, Jonathan Edwards, Samuel Davies, Charles Spurgeon y muchos otros. Sus predicaciones y sus vidas estuvieron marcadas por el fuego del Espíritu Santo. ¿Qué es eso? Juan el Bautista, el precursor del Señor Jesucristo, dijo que Uno vendría que los bautizaría en el Espíritu Santo y fuego. (Mateo 3.11). Isaías dijo que un ángel vino que tocó sus labios inmundos con un carbón encendido del altar (Isaías 6.6-7). Los hombres en el camino a Emaús, después de escuchar a Jesús cuando les abrió las Escrituras para mostrarles lo que de Él decían, dijeron que habían sentido que sus corazones ardían por dentro (Lucas 24.32). Malaquías dijo que la venida del Señor sería como fuego purificador (Malaquías 3.2-3). Aplicando las palabras del Salmista, el escritor a los Hebreos dice que Dios hace a sus ministros llama de fuego (Hebreos 1.7; Salmos 104.4). Pablo nos dice que seremos salvados como por fuego (I Corintios 3.15). Hebreos nos exhorta a adorar a Dios con reverencia porque nuestro Dios es fuego consumidor (Hebreos 12.29). Y Lucas dice que una de las manifestaciones del Espíritu Santo fueron lenguas que parecían de fuego (Hechos 2.3) Este fue el cumplimiento de las palabras de Juan (Lucas 3.16)

¿Qué significa esto? Fuego en la Biblia significa tres posibles cosas – pureza, poder y pasión. Isaías es purificado por el carbón del altar. El bautismo de Jesús en Espíritu Santo y fuego promete el poder de Dios. Y los ministros de Dios son llamas de fuego, llenos de pasión para llevar el evangelio a las naciones. Debemos rechazar la idea de que todos lo que necesitamos es información en los sermones, aunque esté basada en las Escrituras. Necesitamos tanto la Palabra como el Espíritu. Necesitamos tomar la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios (Efesios 6.17), pero también debemos orar con toda perseverancia y súplica en el Espíritu por todos los santos, para que la palabra sea dada a conocer con denuedo (Efesios 6.18-20)

¿Cómo llegamos ahí? Debemos tener el fuego del Espíritu Santo. Debemos tener la unción del Espíritu (I Juan 2.20). Hay una única manera, y es la oración ferviente y la súplica, derramando nuestros corazones ante Dios en arrepentimiento, pidiendo al Espíritu Santo (Lucas 11.13), buscando Su presencia y su poder hasta que lo obtengamos (Santiago 4.8). Si usted es un predicador, debe hacer esta su más alta prioridad en el ministerio. Si usted apoya a su predicador en oración, y es su deber hacerlo, entonces pida para que venga la unción y el fuego del Espíritu Santo, que venga en pureza de motivos, poder en la predicación, y pasión al desempeñar el ministerio. Yo sé que suena extraño y puede que no sea bien visto, pero deberíamos ir a la iglesia y ver a nuestro pastor arder con el fuego del Espíritu mientras proclama las inescrutables riquezas de Cristo. Esto no es un asunto casual. No es solo una sugerencia, esto es de vida o muerte (II Corintios 3-4).  Nuestras palabras son olor de vida para vida, o bien de muerte para muerte (II Corintios 2.15-16). El predicador debe predicar su punto principal y buscar un veredicto. ¿Qué van a hacer los asistentes con lo que han escuchado?

Samuel Chadwick decía que cuando la iglesia habla mucho de sus problemas y cuando aumentan las conferencias, entonces la iglesia está en problemas. La Iglesia busca actividades para tapar su falta de verdadero poder espiritual. “Actuamos como si el único remedio para nuestro declive fueran los métodos, organizaciones y compromisos”. Podemos hacer algo mejor y debemos hacer algo mejor. Debemos tener el fuego del Espíritu Santo.

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