La Iglesia se rinde ante la cultura cuando usa Música inapropiada.

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El título de este artículo propone una tesis que debe ser demostrada, porque no sería correcto hacer afirmaciones que no puedan probarse por las Sagradas Escrituras y por el sentido común analizando todos los datos que nos pueden brindar los estudiosos y revisando la historia de la humanidad, la tesis es: No toda música es apropiada, ni para la adoración a Dios, ni para llevar el mensaje evangélico.

La Biblia menciona la música miles de veces en contextos que son dignos de considerar.

La música, al igual que todas las artes y expresiones del ser humano puede ser hermosa, útil, buena, provechosa pero también puede ser fea, (vana) inútil, mala y dañina.

Vivimos en una época en la cual hacer afirmaciones absolutas es casi prohibido, pero los cristianos basamos nuestras creencias en las enseñanzas registradas en la Santa Biblia, las cuales son absolutas.

En el pasado, las artes eran evaluadas con mayor precisión y había estándares por medio de los cuáles los expertos evaluaban la calidad de las pinturas o esculturas. Tal cosa se ha ido perdiendo desde hace mucho y ahora se nos quiere hacer creer que cualquier combinación grotesca de colores es una obra de arte abstracto y que cualquier figura hecha de un poco de material metálico o de rocas sin forma concreta, es una gran escultura.

Al que entienda inglés le recomiendo un excelente video de Prager University que analiza la situación moderna de las artes: https://youtu.be/lNI07egoefc

Esto ayudará mucho para aclarar el punto que se trata de defender aquí al respecto de la pérdida de estándares en las artes.

La Biblia nos habla de lo hermoso y no se refiere a gustos personales particulares. Dios mandó que se hicieran ropas especiales para el sacerdocio y la razón que dio nos sirve para defender la tesis inicial sobre los estándares de belleza:

“… harás vestiduras sagradas a Aarón… para honra y hermosura” (Éxodo 28.2)

El uso de materiales preciosos y la combinación de ellos fueron usados por Bezaleel, y otros dotados como él, para la confección de todo lo que Dios había mandado y para esto necesitó la guía de Dios:

Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová.” (Éxodo 36.1)

Queda claro que, para hacer las cosas bien, se necesita la habilidad que Dios da y esto se reconocía en el pasado, pero ahora los más ridículos diseños de ropa son presentados como alta moda.

La Biblia nos enseña a apreciar las obras de Dios y a observar todo lo hermoso que Él ha hecho y también nos enseña a discriminar cuáles cosas dentro de la creación todavía son dignas de ser imitadas. Es decir, aunque el mundo en que vivimos está bajo la maldición del pecado (Génesis 3.17), todavía hay gran hermosura en la creación, sin embargo, también se ve la corrupción del pecado en distintos ámbitos de lo creado. Para hacer estas distinciones entre lo que todavía es hermoso y lo que ya no lo es, necesitamos discernimiento. La restauración progresiva de la imagen de Dios por la obra de Cristo en nosotros debería también abarcar este ámbito del discernimiento en las artes.

En las artes visuales, no es tan difícil saber cuándo algo es hermoso. Si la creación del pintor o el escultor se asemeja a lo que Dios creó y a aspectos positivos de la presente creación, entonces es algo bueno y bello.

Así, deberíamos celebrar al pintor y al escultor que tiene la habilidad de representar fielmente con colores y formas lo que ha observado en la creación.

Las artes florecieron cuando había respeto por los estándares naturales que se derivan de la creación de Dios, pero comenzó a decaer cuando los estándares se fueron dejando de lado. De eso todavía hay testimonios en los museos.

Muchas exposiciones de arte moderno son ofensivas a la vista, vulgares y hasta grotescas, pero hay quiénes pretenden quitarnos el derecho de opinar de esa manera, porque si lo hacemos somos retrógrados y de mente cerrada.

En el campo de la música el asunto es mucho más difícil, porque, no son tantos los que se creen pintores o escultores, pero sí son muchos los que se creen músicos. Por otro lado, la tendencia a cantar está en todos, sea que lo hagan bien o mal, pero debemos reconocer que hay música mala, porque no cualquier combinación de sonidos es buena música.

Hay sonidos hermosos y sonidos feos, hay belleza en la armonía pero fealdad en lo disonante, sin embargo, esta forma de pensar también está siendo prohibida. Así, nos obligan a afirmar que todo depende de los gustos y las influencias culturales.

Nos quieren obligar a afirmar que las excelentes y elaboradas composiciones sacras de Johan Sebastian Bach no son superiores a la música contemporánea, solamente “diferente”.

En la mente oscura del hombre moderno, son de igual valor los himnos tradicionales del cristianismo que los mantras repetitivos de los budistas con su nota grave mientras “cantan” OM.

La Biblia dice que el Rey David tuvo un don especial en cuanto a la música, tres referencias nos servirán de prueba:

… Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El ungido del Dios de Jacob, El dulce cantor de Israel…” (II Samuel 2.31)

Y los sacerdotes desempeñaban su ministerio; también los levitas, con los instrumentos de música de Jehová, los cuales había hecho el rey David para alabar a Jehová” (II Crónicas 7.6)

Y también nos enseña que los que cantaban en el servicio del templo eran dirigidos por alguien que tenía la capacidad especial para ello:

Y Quenanías, principal de los levitas en la música, fue puesto para dirigir el canto, porque era entendido en ello.” (I Crónicas 15.22)

En el Nuevo Testamento ya no hay una asignación por herencia como la tuvieron los levitas que eran los únicos permitidos en el servicio del templo, ahora todos podemos alabar a Dios con el canto, pero la creación de cantos y la dirección de ellos deberían pasar por una seria revisión según los estándares de reverencia y belleza que corresponde la adoración del Dios Santo al que servimos.

Tenemos los siguientes mandamientos en las cartas paulinas:

“… hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5.19)

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3.16)

Lo más importante en el canto es por supuesto un corazón renacido que capacitado por el Espíritu Santo pueda expresar alabanzas que corresponden a una realidad y no voces exquisitas al oído humano pero desagradables al oído divino porque provienen de corazones no arrepentidos.

Ahora bien, el principio que se nos enseña en el Antiguo Testamento permanece en el Nuevo con respecto a la forma de adoración y la necesaria guía para una adoración correcta.

Así como fallaron los antiguos sacerdotes han fallado los líderes del presente.

Dios denunció por medio de Su profeta a los sacerdotes de una manera muy enfática

Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos.” – (Ezequiel 22.26)

Esto lo vemos en la triste situación que comenzó a darse a partir del siglo XX cuando se empezaron a utilizar estilos y ritmos de música secular para ser incluida como cantos de adoración.

Este fenómeno no ocurrió de golpe, sino que, poco a poco, se fueron utilizando elementos del mundo en las iglesias hasta el punto que muchas personas al presente ni siquiera pueden diferenciar la música apropiada para el culto de la inapropiada porque crecieron escuchando música inapropiada.

Es posible que las intenciones fueran buenas en un principio, porque se intentaba hacer los cultos más atractivos para que la gente viniera a la iglesia, para que los jóvenes tuvieran estilos y ritmos de moda con el propósito de que pudieran escuchar el Evangelio.

Los estilos de adoración tienen una conexión inevitable con la posición teológica que se abraza, por esta razón las iglesias reformadas se vieron menos afectadas por estas tendencias, sin embargo, tampoco han demostrado ser inmunes. Algunos han cedido incluyendo las “composiciones de moda” o la alteración de los himnos para adaptarlos a la cultura pop, rock.

El hecho de que los estilos musicales tienen sus asociaciones es innegable, la misma Biblia identifica una cierta forma de cantar sensual y la identifica así:

“… cantará Tiro canción como de ramera” (Isaías 23.15)

La mayoría de los estilos musicales seculares tienen un nivel de sensualidad que los hace inapropiados para ser usados en la música sagrada.

Debemos reconocer que cuando se acepta un estilo musical mundano, no quedan argumentos para dejar por fuera otro estilo musical, tendríamos que permitir desde cumbia hasta salsa y desde rap hasta reguetón.

Para explicar mejor este asunto de la música de adoración, recomiendo este artículo:

https://elcaminoangosto.org/2015/12/15/la-musica-en-la-iglesia/

Se hace indispensable que hablemos del uso de música con intenciones evangelísticas o de enseñanza.

Todas las canciones llevan un mensaje, eso es innegable, todo autor y cantante tiene un propósito en lo que compone y canta.

El mensaje puede ser educativo, correctivo, político, social, etc., Pero, lo que NO han comprendido los autores cristianos es que el mensaje de la Palabra de Dios es muy sagrado para rebajarlo usando un vehículo profano, es decir un lenguaje musical mundano.

Aquí me estoy refiriendo a autores con buenas intenciones. Ya sabemos que hay quiénes se han involucrado en el campo de la música a la cual llaman “ministerio cristiano”, pero detrás de lo que andan es de la fama y la fortuna. A esos, poco les importa si lo que hacen está permitido en la Biblia o no. Esta publicación es para los que son ignorantes y desean aprender o para los que tienen dudas y no han indagado suficiente sobre este importante tema.

Hablemos un poco del lenguaje y sus formas. Existe el lenguaje culto y refinado y existe el lenguaje vulgar, las jergas de las calles y de los guetos y en medio de estos extremos una cantidad de formas de hablar diversas.

El mensaje de la Palabra de Dios no tiene que llevarse por medio de un lenguaje complicado que solo los eruditos pudieran entenderlo, eso estaría mal, pero también estaría mal usar el lenguaje de la pandilla callejera con tal de alcanzar a los pandilleros.

El lenguaje que debe usarse tiene que ser sencillo y claro pero decente. Es importante no solo el mensaje sino el vehículo con el cual se lleva el mensaje. No debemos pensar aquí únicamente en las palabras que se dicen sino en cómo se dicen, ambas cosas son importantes.

Por esta razón los estilos musicales del mundo no son apropiados para llevar el mensaje, porque el Evangelio debe ser proclamado a través de un vehículo apropiado, claro y limpio.

Los que usan estilos mundanos como Rock o Rap o cualquier otro estilo mundano parecen tener la buena intención de alcanzar ciertos grupos, pero al usar un vehículo incorrecto están desvirtuando el mensaje y sin darse cuenta están enviando un mensaje tergiversado a sus oyentes, no por las palabras, pero sí por el medio utilizado. Se crea confusión cuando el pecador piensa que puede recibir a Cristo y Su Evangelio pero sin dejar los estilos mundanos de música que tanto ama.

En una trampa parecida caen algunos líderes de jóvenes en las iglesias que piensan que deben vestirse muy a la moda para tratar de alcanzar a los muchachos y por eso vemos hombres de 35 años haciéndose tatuajes y poniéndose piercings para alcanzar a una cultura que ha abrazado estas prácticas.

Un misionero aprendía un idioma para poder llevar la Palabra de Dios a los nativos. Esto es necesario y elogiable. Sin embargo, el misionero sabio al visitar diferentes regiones, indagaba para no usar palabras que en otra región pudieran ser consideradas groseras o vulgares. Ahora ya no es así, parece que eso es poco importante y vemos misioneros usando lenguaje vulgar en sus prédicas, lo cual causa risas en la audiencia y ellos piensan que están aplicando la contextualización cultural en la que fueron adoctrinados en el Seminario, esto es triste. Lo que están haciendo es desvirtuar el mensaje usando un vehículo incorrecto. Lo mismo pasa con los estilos de música llamados urbanos o del gueto.

Algunos no están dispuestos a reconocer que hay diferencias entre lo santo y lo profano, entre lo limpio y lo no limpio y se aventuren a utilizar vehículos profanos para un mensaje tan sagrado como el Evangelio de Jesucristo. Esto es lamentable.

Insisto en que se están utilizando estilos musicales inapropiados en ciertos intentos de evangelización y propagación del mensaje bíblico. El vehículo NO es un vehículo apropiado, NO corresponde con la dignidad del mensaje. Nos deben importar las almas que deseamos alcanzar con nuestro mensaje, pero más debería interesarnos ser fieles a Aquel que nos encargó el mensaje. NO tenemos derecho de adaptarlo al mundo. Debemos llamar al mundo a que se adapte a las maneras sanas y santas del Evangelio.

Por no entender este principio de la diferenciación entre lo santo y lo profano es que escuchamos de anuncios cristianos, promociones de conferencias, videos y podcasts todos usando música de estilo inapropiado de fondo. ¿Sería mucho pedir que tomáramos un ejemplo de fondo musical como el del Ministerio Ligonier que usa música sacra de Handel para introducir su programa de Radio? O ¿qué tal volver a usar los cánticos evangélicos tradicionales en esas promociones? Parece que eso sería pedir demasiado, estamos en el siglo 21.

Vamos concluyendo esta aventurada publicación. La Biblia nos manda a alabar a Dios con cánticos y también a exhortarnos unos a otros con cantos, pero esos cantos deben ser una adecuada y armoniosa combinación de melodías y ritmos que sirvan de vehículo propicio para el mensaje que transportan. Pero todo va en decadencia y las llamadas “expresiones culturales” así lo demuestran, porque las creaciones de los artistas ya no se conforman a algún estándar de belleza, sino que se conforman a la vanidad moderna de querer hablarle a la gente en su lenguaje contaminado, en vez de enseñarles la verdad por medio de un lenguaje limpio.

El asunto de la música se complica aún más porque vivimos inmersos en una cultura de espectáculo, de manera que hasta la buena música cristiana puede ser mal utilizada. La iglesia debería contrarrestar la corriente mundana del entretenimiento, pero en vez de ello parece querer amoldarse al mundo siguiendo un modelo de entretenimiento en sus conferencias. Ya no solo es importante saber quién va a exponer la Palabra de Dios sino cuál músico o artista famoso participará en el evento.

¿No podríamos volver a hacer de la vida de la iglesia una actividad sencilla y reverente pero gozosa, como lo hacía la Iglesia primitiva según se describe en Hechos 2.46?  Parece que no, mientras sigamos cayendo en la trampa de usar los métodos y vehículos del mundo.

Que Dios nos libre de descuidarnos y caer en las trampas de la fama y la fortuna porque estas están dando terribles frutos, como lo podemos comprobar en los lamentables casos de apostasía entre los “cristianos famosos”, sean predicadores o cantantes.

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