Archivo para Música enla Iglesia

¿Es la adoración de su iglesia más pagana que cristiana?

Posted in Doctrina, Reflexiones with tags , , , on agosto 24, 2017 by elcaminoangosto

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*******AQUI*******  el artículo traducido al portugués  por Victor Binbato

Artículo original escrito por Todd Pruitt en Reformation 21, 2014,

Traducido al español por Alexander León

Hay un malentendido muy grande en las iglesias sobre el propósito de la música cristiana de adoración. Las iglesias anuncian rutinariamente un culto “dinámico” y “transformador”, el cual “lo llevará a usted más cerca de Dios”, o “cambiará su vida”. Ciertos CD´s de adoración prometen que la música lo llevará a usted “a la presencia de Dios”. Hasta un panfleto, de anuncio sobre una conferencia para líderes de adoración decía lo siguiente:

“Únase a nosotros para esta lección dinámica, la cual lo colocará a usted en el camino verdadero e inspirador donde podrá encontrarse con Dios y recibir la energía y el amor que usted necesita para ser un agente y un facilitador en el mundo de hoy… Además de eso, nuestros programas de enseñanza son eventos de adoración que lo pondrán a usted en contacto con el poder y el amor de Dios

El problema con el panfleto y con muchos anuncios de iglesias es que ese tipo de promesas revelan un error teológico significativo. La música es vista como un medio para facilitar nuestro encuentro con Dios. Ella nos acercará a Dios. En ese esquema, la música se torna un mediador entre Dios y los hombres. Pero, esa idea está más próxima a las prácticas paganas que a la adoración cristiana.

Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Solamente Él es quien nos lleva a Dios. La noción popular, aunque errónea – relativa a la música de adoración daña la verdad fundamental de la fe cristiana. Es irónico que muchos cristianos niegan el papel de las ordenanzas sacramentales, las cuales el propio Señor dio para su Iglesia (el bautismo y la cena del Señor) y sin embargo, sí dan poderes sacramentales a la música. La música y la “experiencia de adoración” son vistas como medios por los cuales entramos en la presencia de Dios y recibimos sus beneficios salvíficos. Simplemente no hay ninguna evidencia en la Escritura que diga que la música sirve de medio para tener encuentros o experiencias con Dios. Esa es una noción del paganismo. Tal cosa está muy lejos del cristianismo.

En su útil libro “True Worship” (Adoración Verdadera), Vaughan Roberts muestra cuatro consecuencias de ver a la música como un encuentro con Dios. Voy a resumirlos.

  1. Se marginaliza la Palabra de Dios.

En varias iglesias y encuentros cristianos, no es poco común que la Palabra de Dios sea dejada de lado. La música da una sensación elusiva de enajenación, mientras que la Biblia se ve como algo mundano. Los púlpitos han disminuido y hasta desaparecido, mientras que las bandas y las lucen han aumentado. Pero la fe no viene por la música, o las experiencias de supuestos encuentros con Dios. La Fe viene por medio de la proclamación de la Palabra de Dios (Romanos 10.17)

  1. Nuestra certeza es amenazada

Si asociamos la presencia de Dios con una experiencia particular o con una emoción, ¿qué sucederá cuando ya no sintamos eso más? Buscaremos iglesias cuyos grupos de alabanza, orquestas u órganos produzcan en nosotros los sentimientos que estamos buscando. Pero la realidad de Dios en nuestras vidas depende de la mediación de Cristo, no de experiencias subjetivas.

  1. Los músicas adquieren un status sacerdotal

Cuando la música es vista como un medio de encuentro con Dios, los líderes de alabanza y los músicos comienzan a ejercer el papel del pastor. Se vuelven aquellos que – en lugar de Jesucristo, el único que ya cumplió esa función – nos llevan a la presencia de Dios. De esa forma. Cuando un líder de adoración o una banda no me ayudan a experimentar a Dios, entonces falló y debe ser sustituido. Por otro lado, cuando creemos que ellos tienen éxito en llevarnos a la presencia de Dios, entonces tendrán en nuestra mente un status elevado

  1. La división aumenta.

Cuando identificamos un encuentro con Dios con un sentimiento, y solo una determinada música que produce ese sentimiento, entonces insistiremos en que aquella música debe tocarse regularmente en nuestra iglesia y reuniones. Si todos tuvieran el mismo gusto que nosotros, no habría problema. Pero si otros dependen de otra música para que ese sentimiento se produzca en ellos, entonces para ellos es importante cultivar la división. Y como rutinariamente clasificamos esos sentimientos como encuentros con Dios, nuestras demandas para que ese sentimiento se produzca se volverán rígidas. Ese es el motivo por el cual muchas iglesias sucumben y ofrecen como alternativa diferentes estilos de culto. Haciendo eso, sin querer están aprobando una división y la centralización del ego en medio del pueblo de Dios.

La Escritura está llena de exhortaciones para el pueblo de Dios cante y haga canciones para el Señor. Nuestro Dios fue benigno al darnos ese medio para adorarlo. Pero es importante entender que la música, en nuestra adoración, es para dos propósitos específicos: honrar a Dios y edificar a la comunidad de los creyentes. Infelizmente, muchos cristianos tienden a dar a la música un poder sacramental sobre el cual la Escritura jamás habló.

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La música en la Iglesia

Posted in Doctrina, Reflexiones with tags , , on diciembre 15, 2015 by elcaminoangosto

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Fragmento del documento sobre el Principio Regulativo de la adoración de la ARBCA (Asociación de Iglesias Bautistas Reformadas de América) – Documento original >>>>>>>>AQUI<<<<<<<

Se responden las siguientes preguntas:

¿Qué principios deben utilizarse para determinar qué clase de música es aceptable en la adoración pública?

¿Qué papel juega la instrumentación en la adoración pública?

¿Qué podemos decir de la música en la adoración que no es de participación congregacional?

 ¿Qué enseña o implica la Confesión (CBFL 1689) con respecto a la participación de los feligreses? ¿Por qué no cantamos solamente los Salmos?

Uno de los grandes privilegios del pueblo de Dios es que estamos invitados a cantar alabanzas a nuestro grande y glorioso Dios. Dios nos ha mandado que le cantemos alabanzas, porque así le agrada y al agradarle también traemos placer a nosotros  mismos. Los elementos de la adoración pública no aparecen porque sean gratos a los adoradores sino que están incluidos porque agradan a Dios, aunque al venir ante Su presencia y cumplir aquello que a Él le agrada, experimentamos plenitud de gozo y bendición.

Para determinar cuál música es aceptable en la adoración, debemos reconocer que las palabras que cantamos deben ser tan bíblicas como las oraciones que elevamos y las predicaciones que realizamos. Al estudiar los Salmos notamos que poseen ciertas cualidades: centrados en Dios, tienen dignidad, ideas bíblicas, tema, orden, propósito, etc. Los himnos y cánticos que cantamos deben seguir este mismo patrón.

La declaración de Principio para la Música en la Iglesia, tomada del Himnario Salterio de la Iglesia Cristiana Reformada (Grand Rapids: CRC Publications, 1988, pp 11-15) da una guía muy útil con respecto a esto. Establece lo siguiente:

i. La música de la iglesia debe representar el rango completo de la revelación de Dios.

ii. El servicio de música debe contribuir al servicio de la Palabra

iii. La poesía de las canciones debe ser buena poesía; no debe depender de la música para ser buena. La música de las canciones debe poder defenderse artísticamente como buena música; no debe depender de las palabras para ser buena.

iv. La poesía de las canciones debe ser fiel a la Palabra inspirada. Tal poesía al mismo tiempo debe ser vital – libre de los defectos de la artificialidad y el sentimentalismo.

v. La poesía debe ser genuinamente expresiva de la experiencia religiosa, pero debe estar en armonía con todo el consejo de Dios.

vi. La música debe ser apropiada al texto litúrgico al cual ha sido adaptado.

vii. La música de la iglesia no debe sugerir otros lugares u ocasiones aparte de la iglesia y la adoración… para que la asociación mental a una práctica secular no interfiera con el servicio de adoración.

viii. La música de la iglesia debe expresar la tradición Reformada.

Este mismo documento comienza con el principio y dos sub-puntos:

Principio: La música de la iglesia debe ser apropiada para la adoración.

  1. La música de la iglesia debe ser litúrgica. En espíritu, forma, y contenido, debe ser una expresión positiva del pensamiento y sentimiento religioso escritural. Debe servir al ministerio de la Palabra.
  2. La música de la iglesia debe ser hermosa. Su pensamiento religioso o espíritu debe estar incluido apropiadamente en la poesía como poesía, en la música como música, y en la amalgama de estos como canción. Debe satisfacer las leyes estéticas del balance, la unidad, variedad, armonía, diseño, ritmo, sujeción, y vigor, los cuales constituyen las condiciones de todo arte.

La función primaria en la adoración es que la congregación exprese alabanza y adoración a Dios. Consecuentemente la música de adoración debe dirigirse primariamente hacia la participación congregacional. El Apóstol Pablo, en Colosenses 3:16, manda a los miembros de la iglesia “La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos á los otros con salmos é himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.” Esto implicaría que la música predominante en el servicio de adoración debe ser de naturaleza participativa congregacional. De acuerdo con este texto, las canciones que se cantan deben tener tres elementos: 1) dar alabanza y gracias a Dios, 2) enseñar las verdades teológicas, y 3) exhortar unos a otros. Los himnos, tanto viejos como nuevos, parecen cumplir con este requerimiento. Solo porque un himno sea nuevo no significa que es de menor calidad que uno antiguo, ni el hecho de que sea nuevo lo hace tampoco de más alta calidad. Un himno, sea cual sea la época de su composición, debe conformarse a los altos estándares musicales que son apropiados para la adoración a Dios y los estándares teológicos de las Escrituras. Aunque las formas de música menos tradicionales, si se usan juiciosamente, pueden ser apropiadas, debemos asegurarnos de tener mucho cuidado para que la congregación en su alabanza conjunta se conforme a los parámetros bíblicos que se ajustan a la adoración a Dios. Así, sería más apropiado usarlos en conjunto con los himnos que tienen un más completo contenido teológico, así como con los Salmos. No es nuestro punto de vista que el principio regulativo requiere que cantemos exclusivamente los Salmos. Las Escrituras registran oraciones, sermones, revelan la voluntad de Dios. Pero no demos concluir que solamente debamos orar utilizando las palabras de las Escrituras, o solamente leer las Escrituras al predicar. Las oraciones de la Biblia son modelos para nosotros, y debemos cuidadosamente expandir la palabra de Dios al predicar. Las palabras específicas de nuestras oraciones son nuestras, y las palabras específicas de nuestros sermones son de composición humana. Del mismo modo con las alabanzas que cantamos. Los salmos deben ser un patrón para las canciones que cantamos en la adoración, i.e. las palabras que cantamos deberían ser tan bíblicas como los salmos. Al estudiar los salmos vemos que poseen ciertas características generales: están centrados en Dios, tienen dignidad, ideas bíblicas, tema, orden, propósito, etc. Las palabras de los himnos y de las canciones que cantamos deben poseer las mismas características.

 

La palabra “psalmos” significa “tocado con un instrumento de cuerda”, como en el Salterio del Antiguo Testamento. Los Salmos mencionan una amplia variedad de instrumentos, de cuerda, de bronce, percusión, etc. Las Escrituras no especifican cuáles instrumentos son aceptables y cuáles no. De modo que podemos asumir que un instrumento es aceptable si se toca con destreza y de una manera que se ajusta a la adoración. Sería impropio utilizar instrumentos en una manera en la cual la mente de los feligreses se desenfoque de la adoración por la forma en que se está ejecutando. La utilización de instrumentos está primariamente diseñada para acompañar el canto de los salmos, himnos y los cánticos espirituales. La instrumentación debe utilizarse para la adoración conjunta con el fin de mejorar el canto congregacional. Si sobrepasa el canto de la congregación, ya sea en volumen o en arreglo, entonces no se está utilizando con una intención bíblica y debe ser modificado. Del mismo modo la música que se ejecuta con los instrumentos debe producir el mismo sentimiento en las emociones que se intenta con las palabras de los himnos o salmos o cánticos espirituales, no debe haber discrepancia entre ellos.

Mientras el canto congregacional debe recibir el énfasis en la adoración pública, el principio regulativo no excluye necesariamente el uso de música especial. Cada iglesia tendrá sus propias convicciones con respecto a lo que es apropiado y a la frecuencia de la música especial. Para prevenir que la música especial tienda a convertirse en entretenimiento, los ancianos de la iglesia deben dirigir a aquellos que proveen la música especial, para que el propósito sea el que se manda en Colosenses 3:16. Los que ejecutan música especial deben ser instruidos de forma especial y cuidadosa sobre el propósito de edificación ordenado por el apóstol Pablo y evitar la tendencia al entretenimiento. Los ancianos de cada iglesia local deben asumir la responsabilidad de realizar esta instrucción y de supervisar cuidadosamente la situación para que la música especial se conforme al criterio bíblico al igual que los cantos congregacionales.

 

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