Has hecho ver a Tu pueblo cosas duras

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Oh Dios, tú nos has desechado, nos quebrantaste;
Te has airado; !!vuélvete a nosotros!

Hiciste temblar la tierra, la has hendido;
Sana sus roturas, porque titubea.

Has hecho ver a tu pueblo cosas duras;
Nos hiciste beber vino de aturdimiento.

Has dado a los que te temen bandera
Que alcen por causa de la verdad. Selah

Para que se libren tus amados,
Salva con tu diestra, y óyeme

Salmos 60.1-4

Se ha dicho que el libro de los Salmos es como la anatomía del alma porque contiene todas las posibles emociones del creyente: gozo y alabanza, pero también temores y miedos, frustraciones y dudas, enojo y amargura y todo en un lenguaje inspirado por el Espíritu Santo para que podamos elevar plegarias santas a Dios.

Este Salmo expresa lo que muchos sentimos y deseamos expresar con respecto a la situación actual que las Iglesias enfrentamos por causa de la Pandemia.

La situación actual es difícil, y en el corazón de los cristianos hay una mezcla de emociones: dolor, inconformidad e indignación. Vivimos bajo gobiernos materialistas que menosprecian lo espiritual y que actúan según lo que conviene a sus intereses políticos.

La pandemia ha dado oportunidad a los gobiernos para suprimir muchas libertades y una vez que las libertades son retiradas, no es fácil recuperarlas.

Hay muchas preguntas sin respuestas. Y los que se supone que son expertos en la materia parece que tampoco saben tanto porque se contradicen unos a otros. ¿Cómo se transmite el virus? ¿No deberían estar en cuarentena solamente los enfermos y todos los demás estar guardando medidas de especial higiene y distanciamiento físico? ¿Evitarán las medidas adoptadas el contagio? ¿Son consistentes los gobiernos cuando dicen que se preocupan por todas las vidas? Parece que las otras causas de muerte han quedado en el olvido y la economía, la educación y el progreso del país ya no son importantes. ¿Por qué lo único que parece importante es que no se propague un virus en particular? ¿Será así el mundo se detendrá de ahora en adelante cada vez que un virus aparezca?

Dios está humillando el orgullo de los seres humanos que pensaban que tenían el control y con un microorganismo está derribando las ilusiones vanas de este mundo materialista.

Sin embargo, lo que está ocurriendo afecta a lo cristianos también, y no podemos ignorar que Dios está tratando con Sus hijos.

Por favor consideren esta ilustración. Una familia se sienta a cenar, el padre dirige a su familia en acción de gracias por los alimentos y uno de los hijos se queja de la comida, el padre le recuerda a su hijo que debemos ser agradecidos y disfrutar con alegría lo que Dios provea, pero el hijo sigue en su actitud de menosprecio por lo que hay para cenar. Esta no es la primera vez que el padre ha tenido que reprender a su hijo por esta mala actitud y falta de agradecimiento, de manera que, en esta ocasión además de reprender a su hijo, le castiga con ir a su habitación y acostarse sin cenar.

Creo que muchas veces los creyentes fuimos como ese hijo mal agradecido que no valoró lo que era poder reunirse como familia espiritual para disfrutar del pan del Cielo que es el alimento espiritual que se sirve en cada culto cristiano y por eso, el castigo ha sido no poder congregarse.

Creo que muchas veces los creyentes se atrevieron a la Mesa del Señor sin discernir el cuerpo del Señor (I Corintios 11.29) y ahora el castigo es no poder celebrar la ordenanza sagrada de la comunión: la Cena del Señor.

¿Somos conscientes de que Dios nos ha privado de bendiciones que teníamos y no valorábamos apropiadamente?

Así como un padre responsable no castiga antojadizamente sino que procura que su hijo aprenda la lección y corrija la conducta equivocada, de la misma manera Dios está enseñándonos algo y debemos con diligencia inquirir qué es lo que nos está enseñando.

Pienso que hasta que experimentemos un verdadero arrepentimiento y tengamos la sincera intención de valorar la Institución de Cristo y Sus ordenanzas (los sacramentos), Dios no nos va a levantar este castigo.

(Los invito a leer otro artículo que había publicado titulado “¿De qué tenemos que arrepentirnos los Cristianos?

Dios nos está haciendo “ver cosas duras” y las seguiremos viendo hasta que entendamos que Dios a Su pueblo le ha dado una bandera, y esa bandera debemos amarla y alzarla con valor por causa de la Verdad.

Debemos salir de la comodidad de rutinas religiosas mediocres, para practicar la religión de Cristo con pasión y devoción, para que el mundo escuche el Evangelio que predicamos y vea en nosotros el resultado que ese Evangelio produce. Clamemos al Señor y supliquemos que nos perdone y prometamos dedicar el resto de nuestro peregrinaje a la labor asignada, levantar la bandera de Cristo, la bandera del Evangelio, por causa de la Verdad.

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