¡Están cerrando todo!

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Las cosas que eran importantes para la gente: deportes, entretenimiento, diversión, viajar, festejar y hasta la educación. Todo ha comenzado a perder importancia. Estadios cerrados, cinemas, restaurantes, parques de diversiones y hasta las fronteras cerradas, fiestas y paseos cancelados, escuelas cerradas.
Parece que pronto las puertas de las iglesias estarán cerradas también.
¿Será demasiado tarde para buscar a Dios y darle importancia a lo que de verdad tiene importancia?
Son muchos los que están muy preocupados, pero la triste realidad es que su preocupación se concentra en sobrevivir a esta pandemia pero no toman tiempo para reflexionar en la realidad de que el día de la muerte llegará tarde o temprano y todas las medicinas y alimentos acumulados no podrán impedir que ese día final llegue.
¡Cuán bueno sería si las personas se preocuparan por sus almas así como se preocupan tanto por la salud de sus cuerpos! Pero pareciera que que hemos caído en la trampa de pensar que no tenemos alma
El relato del Génesis nos describe que cuando Dios creó todas las cosas las creó por la palabra de Su poder pero cuando creó al ser humano lo hizo diferente, Dios formó al hombre Él mismo y para darle vida sopló en su nariz el aliento. Esto nos diferencia de todas las demás criaturas, tenemos un alma racional y una conciencia, tenemos un espíritu que volverá a Aquel que lo otorgó cuando el cuerpo vuelva al polvo. (Eclesiastés 12.7)
¿Está usted preparado para el encuentro ineludible con el Creador?
Tragedias vienen y tragedias se van pero hay una tragedia definitiva para los que no tienen a Cristo. Si Cristo no es nuestro refugio no habrá esperanza.
Hoy 17 de Marzo se conmemora el nombre de cierto misionero inglés que en el siglo V llevó el Evangelio a la isla de Irlanda. Este hombre había sido secuestrado en su juventud de su país natal Inglaterra y tuvo que vivir en Irlanda como esclavo pero finalmente pudo escapar. Sin embargo, en el tiempo de su cautiverio físico, su alma fue liberada (experimentó la conversión) y años después regresó voluntariamente al país al cual había sido llevado por la fuerza, pero esta vez para llevar el mensaje de Jesucristo a esa tierra de paganos. Lo llaman “San Patricio”.
Hay un poema que se le atribuye a este misionero y pienso que en días de inseguridad y convulsión como los que vivimos, este poema u oración representa la súplica y los sentimientos de un verdadero cristiano.

Cristo conmigo,
Cristo delante mí,
Cristo detrás de mí,
Cristo dentro de mí,
Cristo debajo mí,
Cristo sobre mí,
Cristo a mi derecha,
Cristo a mi izquierda,
Cristo cuando me acuesto,
Cristo cuando me siento,
Cristo cuando me levanto,
Cristo en la anchura,
Cristo en la longitud,
Cristo en la altura
Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí,
Cristo en la boca de todo hombre que hable de mí,
Cristo en los ojos de todos los que me ven,
Cristo en los oídos de todos los que me escuchan.

Amén

Muchos invocan el nombre de Cristo de manera supersticiosa, pensando que es una especie de palabra mágica para ser librado de peligros en esta vida.
El peligro principal del cual Cristo salva es el pecado porque el destino de los pecadores es el abismo de la condenación. Si nuestro corazón no ha sido limpiado del pecado, no tenemos esperanza en el día final.
El que se ha arrepentido de sus pecados y ha confiado en El Salvador ya lo tiene todo, tener a Cristo es tenerlo todo. Aunque carezcamos de todo lo demás en esta vida, podremos decir como el apóstol Pablo, “… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4.13)
¿Es Cristo su fortaleza en estos días?
Cristo es la puerta del Cielo y todavía está abierta. Vaya a Jesucristo para poder entrar al reino de Dios.

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