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Por qué dejamos a los niños participar en los Cultos públicos

Posted in Reflexiones with tags , on enero 17, 2020 by elcaminoangosto

Por Scott Aniol, traducido con permiso por Alexander León

Artículo original en inglés: AQUI

Recuerdo aquel Domingo cuando me dirigía a casa viniendo de la iglesia y Becky me dijo: “Wow, creo que pude escuchar todo el sermón de hoy”. Nuestros hijos finalmente llegaron a la edad en la cual logran quedarse quietos en el culto de nuestra iglesia sin necesitar de cuidados. Ahora, “hemos comenzado de nuevo” con dos hijos más.

No hay duda que cuidar de los hijos durante el culto es difícil para los padres, pero estoy convencido de que eso es lo mejor, para los padres y para toda la iglesia.

Recientemente, un artículo de un blog. [La Coalición por el Evangelio] explicaba por qué deberíamos “dejar a los niños salir del culto”.

Aquí hablaremos de por qué debemos dejarlos participar.

Creemos en el poder transformador de la Palabra de Dios.

“Ocurren cosas sorprendentes en nosotros como una congregación cuando la Palabra de Dios nos lava y el Espíritu de Dios trabaja dentro de nosotros. Cuando escuchamos el Evangelio de Jesucristo predicado desde el canon completo de las Escrituras, somos cambiados de un grado de gloria al siguiente – esta es la obra del Espíritu en nosotros (II Corintios 3.18)”

¿Por qué querríamos privar a nuestros niños de este medio de gracia ordenado por Dios y presrito en la Biblia, especialmente si ellos son no regenerados? Mis niños necesitan tanto la Palabra de Dios como yo la necesito, y la necesitan en el contexto del Cuerpo entero.

¿Puede ser difícil para las madres y los padres atender mientras cuidan de niños pequeños? Absolutamente. Pero aun eso mismo es transformador. Aprender a escuchar la Palabra predicada no es transformador solamente para los niños, enseñarlos a hacerlo es santificador para sus padres.

¿Se distraen los seres humanos con facilidad? Puede estar seguro de eso, especialmente en una sociedad de comidas rápidas y crecientemente orientada al entretenimiento. Por eso, puede ser que esforzarme por estar involucrado con el sermón mientras un bebé hace ruido en el pasillo mientras su madre busca una galleta en el bolso es también algo santificador para mí. Y quizás mi mirada de apoyo y mi sonrisa hacia la madre sea parte del trabajo del Cuerpo de Cristo.

Rechazamos el mito de los estilos y estados de aprendizaje.

Algunos de los razonamientos para sacar a los niños de la adoración provienen de la filosofía secular de la educación. Horace Mann, rechazó la filosofía de educación anterior y argumentó por una sistematización de la educación en la cual los estudiantes se agrupen con sus compañeros por similitud de edad y estableció ritmos fijos de aprendizaje para ellos. Más tarde, Granville Stanley Hall, un evolucionista Darwiniano también tuvo un impacto significativo en la filosofía de educación dominante de nuestro día, enseñó que los niños evolucionan de un estado primitivo a uno más iluminado, reflejando los estados de evolución de la humanidad, y por lo tanto los niños deberían ser educados aparte de sus padres para que ellos no entorpezcan este desarrollo. Esta filosofía fue aplicada por el padre de la educación moderna John Dewey, quien luego argumentó que los padres eran incapaces para educar sus propios hijos. De esta manera, la escuela pública, no el hogar, se consideró responsable de la instrucción de la siguiente generación.

No se tardó mucho para que los Cristianos comenzaran a aceptar los principios de esta filosofía de la educación. Aunque los Cristianos rechazaron inicialmente el fundamento Darwiniano de esta filosofía, fueron convencidos de que la idea de los expertos estaban mejor preparados para educar a los niños que sus padres. Aun peor, esta filosofía incursionó en las iglesias también, impactando la filosofía y la práctica del discipulado de los niños.

El crecimiento del sistema de educación pública, con su estructura de grupos por grados, exacerbó mucho más el cambio en la filosofía de educación de la iglesia; ya que los niños y los jóvenes se acostumbraron a pasar la mayor parte del tiempo con sus compañeros de grupo, alejados de sus padres y de los demás adultos (excepto por los “expertos” maestros), y ya no querían participar en las reuniones intergeneracionales de la Iglesia. El hecho de que los empresarios hayan creado deliberadamente mercados de ventas en base a una demografía que está cada vez más fragmentada por edad y status social, solamente incrementó las divisiones entre las generaciones dentro de las iglesias.

Fue en este ambiente que tanto dentro como fuera de la iglesia de donde se desarrollaron los modernos programas de la Escuela Dominical – horas de educación en la iglesia que frecuentemente llegaron a sustituir el discipulado espiritual regular en el hogar – y la iglesia para niños – una reunión para niños que se realiza en el momento en que se realiza el culto para “adultos”. Algunas iglesias han llegado hasta a crear reuniones y cultos para adolescentes, posponiendo la participación de ellos en el culto general hasta que hayan terminado la escuela secundaria, si acaso.

Creemos en bendecir y equipar a Papá y a Mamá

La labor de padres es una labor dura, no hay duda de ello. Esta es la razón por la cual los padres jóvenes – madres en particular – necesitan de todo el cuerpo que las rodea para darles aliento mientras procuran educar a sus niños en el culto. Ellas han estado lidiando con ellos solas toda la semana; ¿no sería maravilloso tener una hermano(a) que ya terminó de criar a sus hijos dispuesto(a) a darle una mano a aquel que está luchando, con alguna palabra de aliento o comentario motivador?

¿Sienten los padres que a veces necesitan un espacio de descanso de su labor de padres? De seguro que sí, especialmente en una sociedad en la cual el “tiempo personal” se ha vuelto una prioridad por sobre todas las otras cosas. Tal vez hacer a un lado mis intereses personales por el interés espiritual de mis hijos sea una bendición para mí también. Ciertamente no hay nada de malo en que los padres contraten una niñera para disfrutar de una tarde ellos solos, pero ¿por qué ese descanso de la labor de padres debería darse en el tiempo más importante de nuestra semana? ¿Cuál es el mensaje que estamos comunicando a nuestros hijos al respecto de la importancia (o falta de) del culto de adoración corporativo?

Pero ¿Qué es lo que la Biblia dice?

Me sorprende cuán frecuentemente esta parte del proceso se omite, o cómo se le priva a las Escrituras de su contexto con tal de defender la propuesta de sacar a los niños del culto de adoración. Contrario a tales argumentos, el precedente del Antiguo Testamento nos muestra a familias enteras viniendo a adorar juntos para las asambleas solemnes. Cuando el pueblo vino para renovar el pacto con Dios antes de cruzar el río Jordán, Moisés les declaró lo siguiente:

Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella. (Deuteronomio 31.12-13)

Lo mismo ocurrió después de que el pueblo conquistó Ai al otro lado del Jordán; se reunieron para adorar a Dios,

“No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos.” (Josué 8.35)

Aun dentro de la Ley, Dios dio mandamientos específicos para que cuando la gente se reuniera para adorar, debían hacerlo como familias (Deut 12.7, 12; 16. 11). Este precedente continuó donde quiera que el pueblo se reunía. Por ejemplo, cuando el Rey Josafat oró en favor del pueblo en el templo,

“Todo Judá estuvo delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres y sus hijos” (II Cronicas 20.13).

Cuando Joel llamó al pueblo para tener una asamblea solemne de arrepentimiento, él mandó ,

“Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia.(Joel 2.15-16).

De igual manera, después de que el pueblo regresó del exilio y Jerusalén fue reconstruida, incluyendo el templo,

“Y sacrificaron aquel día numerosas víctimas, y se regocijaron, porque Dios los había recreado con grande contentamiento; se alegraron también las mujeres y los niños; y el alborozo de Jerusalén fue oído desde lejos.” (Nehemias 12.43)

Es el deseo de Dios ser alabado, no en grupos divididos por demografía de edades, pero en un contexto multigeneracional,

“Los jóvenes y también las doncellas, los ancianos y los niños.”(Salmos 148.12)

Esto no cambió para la Iglesia del Nuevo Testamento. Familias completas venían cuando las iglesias se congregaban. Un ejemplo de esto en el libro de Los Hechos es Eutico, un muchacho que mientras escuchaba a Pablo predicar en Troas en un culto que se extendió por la noche, se quedó dormido y cayó por la ventana de un tercer piso (Hechos 20.7-12). Cuando Pablo escribió instrucciones a los hijos en sus cartas a las iglesias (Efesios 6.2-3; Colosenses 3.20), las cartas debían ser leídas en voz alta en las reuniones de la iglesia, por lo cual claramente asumía que los niños estuvieran presentes en la congregación.

En ninguna parte de las Escrituras, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, hay alguna sugerencia de que se debería hacer una segregación por edad en el contexto de las reuniones de la iglesia local.

Y ¿qué dijo Jesús?

“dejad a los niños venir a mí”

Las palabras sonaron extrañas a los oídos de los apóstoles. Él es el Maestro, es posible que ellos murmuraban. ¡Él está tratando de enseñar y estos niños aquí están causando distracción! ¿Por qué no los aparta?

Aquel día en una colina de Galilea, Jesús de Nazaret – el Hijo de Dios – recibió a los niños pequeños en sus brazos, y al hacerlo, nos proveyó de una tremenda ilustración sobre su perspectiva al respecto de los niños.

Aunque es posible que esta perspectiva se haya perdido dentro del mismo pueblo de Cristo hoy. Hoy los seguidores de Jesús no copian el ejemplo de su Maestro, sino el ejemplo de sus discípulos, que querían apartar a los niños para que causaran distracción a los adultos que escuchaban las enseñanzas de Cristo.

Así que, dejen que los niños vengan.

Johny y Susie lo necesitan.

Mamá y Papá lo necesitan.

Y toda la Iglesia lo necesita también.

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