Archivo para evangelio de la prosperidad

¿Quiere Dios que yo sea rico?

Posted in Reflexiones with tags , , , on agosto 15, 2017 by elcaminoangosto

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Artículo del Pr. Conrad Mbewe, traducido con permiso por Alexander León

Artículo original >>>>>>>> AQUI <<<<<<<<

Cada cierto tiempo, cuando me meto en discusiones sobre el asunto del evangelio de prosperidad, escucho las voces que simpatizan con ese veneno doctrinal decir esto: “…Pero, de seguro Dios no quiere que seamos pobres, ¿o sí?”

Esto se considera como la carta superior de la baraja, como si no hubiera una posición intermedia entre ser muy ricos y vivir en extrema pobreza. La Biblia tiene muchos textos que contestan esta pregunta.

La gente que dice tales cosas, sufren de amnesia deliberada. Ellos han escogido olvidar las palabras del hombre sabio que oró a Dios pidiendo:

Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte y blasfeme el nombre de mi Dios”  (Proverbios 30.7-9)

Si buscamos por toda la Biblia no encontraremos un solo versículo que advierta de algún daño espiritual causado por la pobreza material. Pero sí encontraremos muchos pasajes en la Biblia que nos advierten sobre los efectos negativos de las riquezas – y especialmente el amor a las riquezas. Nunca escuchamos a los predicadores de prosperidad predicar sobre esos versículos. Pareciera como si las Biblias de ellos no tuvieran esos versículos.

Aquí hay algunos salidos de los labios de nuestro Salvador.

En su famoso Sermón del Monte, Jesús enseñó:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón… Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6.19-24)

Luego el Señor Jesús en Marcos 10.17-25 trató con un joven rico de la clase gobernante que deseaba la salvación, siempre y cuando no tuviera que sacrificar sus riquezas. Cuando Jesús le dijo que tenía que dar todo a los pobre para que tuviera tesoro en el Cielo, la Biblia nos dice que tal cosa le dolió en el corazón. Se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Jesús entonces pronunció su sentencia inequívoca,

“¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas…! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.”

Repito, nunca escucharán estas palabras de los labios de los predicadores del evangelio de prosperidad. Al contrario, ellos parecen dar la impresión de que ser materialmente ricos es una señal segura de que todo está bien entre su alma y Dios.

Un ejemplo más del ministerio de Cristo debería ser suficiente. En una ocasión, alguien de la multitud le dijo a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo” Jesús se negó. Esto debería sorprender no solo a los predicadores de la prosperidad sino también a los predicadores del evangelio social. En vez de hacer lo que el hombre le pidió, Jesús hizo una advertencia a la persona que le pidió este favor. Él dijo:

Guardaos de toda avaricia porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12.13-15).

La bendición material no es equivalente a la bendición.

Con el fin de llevar esta lección un poco más allá, Jesús cementó todo esto con una parábola. Él dijo:

“La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” (Lucas 12.16-21).

Jesús parece estar diciendo que la acumulación de riquezas en muchos casos ocurre porque se desperdiciaron oportunidades de invertir en el reino de Dios. Así que ¡Eso equivale a la pobreza!

¿Qué podemos decir de los apóstoles? ¿Qué dicen ellos sobre la prosperidad financiera?

Un buen ejemplo es el apóstol Pablo. Escribiendo a Timoteo, su protegido, le habla sobre

“…hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia” (I Timoteo 6.5).

No puedo pensar en una mejor descripción para los predicadores de la prosperidad. Son personas de una mente corrupta, privados de la verdad, que ven los asuntos espirituales como un medio para otra cosa – para hacerse ricos. No están interesados en la salvación de las almas y por lo tanto hace mucho que perdieron el contenido del verdadero evangelio. Pero mejor dejo eso aquí …

Estamos viendo las advertencias del apóstol Pablo. Él se mantiene en la posición del hombre sabio que se describe en Proverbios 30, defendiendo que una posición financiera media es la mejor opción. Él dice,

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” (I Timoteo 6.6-8)

Esta es la respuesta que sigo dando a los que piensan que mi oposición a los predicadores de la prosperidad implica que yo promuevo la pobreza. ¿Por qué tenemos que ir de un extremo al otro?

Es muy claro que el apóstol Pablo advierte contra una sed insaciable de riquezas. Él dice:

“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. La buena batalla de la fe; Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas…” (I Tim. 6.9.11).

Los predicadores de la prosperidad deberían poner atención a estas advertencias y predicarlas a los que los escuchan. Por causa de haber rechazado este consejo es que muchos de sus seguidores han procurado las riquezas pagando el gran costo de sus vidas espirituales, sus matrimonios y sus familias.

El escritor de la carta a los Hebreos sella sus consejos para nosotros cuando escribe claramente,

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13.5).

Nada puede ser más claro que esto. Esta es la atmósfera general en la Biblia con respecto a las cosas materiales. Es exactamente lo opuesto a lo que los predicadores de prosperidad están diciendo. El mensaje de la Biblia es que hacemos daño a nuestras almas y a las almas de otros cuando procuramos riquezas como un fin en sí mismo. Los llevaríamos a una tarea imposible. Como Jesús dijo, No podéis servir a Dios y al dinero

Al juzgar el silencio sobre estos pasajes en los púlpitos de los predicadores de prosperidad, no me cabe duda de que ellos desearían que estos versículos no existieran en la Biblia porque vuelan en sus rostros en contra de sus enseñanzas. Los predicadores de prosperidad se tragan el camello y cuelan el mosquito. Ellos van a esos versículos que hablan de prosperidad holística (es decir, éxito general, para usar un término equivalente moderno) y torturan esos textos hasta que los hacen parecer relacionados con la prosperidad material solamente.

No me interpreten mal. Debemos alabar a Dios por aquellos entre nosotros a los que Dios ha querido favorecer con buenos empleos y negocios, lo cual ha resultado en mejores cuentas bancarias. Otros disfrutan de una buena herencia. Necesitamos orar por ellos para que Dios les dé sabiduría piadosa para que puedan utilizar sus riquezas con un beneficio eterno para sus almas y las almas de otros. Sin embargo, no debemos envidiarlos, porque las riquezas traen muchas penas. Más bien, oremos a Dios que no nos dé pobreza ni riqueza. Esa es una carga menos peligrosa para llevar en este mundo caído.

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NUESTRO SILENCIO EVANGÉLICO ES CRIMINAL

Posted in Alertas, Reflexiones with tags , , , , on octubre 11, 2012 by elcaminoangosto

Este es otro post traducido y publicado con permiso del blog del pastor africano Conrad Mbewe (Kabwata Baptist Church). Todo lo que él describe que ha sucedido y está sucediendo allá, coincide con la situación que vivimos en América Latina.

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Todos sabemos que el oscurantismo está sobre nosotros de nuevo en África. Es casi como una cobija de oscuridad que lentamente rodea la tierra. La gente no sabe absolutamente nada de los valores centrales del cristianismo evangélico – el nuevo nacimiento, el arrepentimiento y la fe, la justificación y la santificación, etc. – Han usurpado el cristianismo evangélico en África. Aún el término “nacido de nuevo” se vende sin una pizca del significado que Jesús le dio cuando utilizó esa frase en su conversación con Nicodemo. En verdad estos son los días del oscurantismo.

Hace mucho tiempo en Zambia, en los años 1970´s y los inicios de los 1980´s, uno podía ir a casi cualquier iglesia evangélica angloparlante un domingo y esperar que hubiera un estudio bíblico y escuchar la predicación fiel de la palabra de Dios. Puede ser que te sintieras un poco incómodo con ciertos aspectos introducidos en la adoración. Puede ser que estuvieras también en desacuerdo con algunos puntos que se asumían durante la predicación. Sin embargo, no podías dejar de notar el hecho de que había un sincero esfuerzo por entender el significado del texto de la Escritura y aplicarlo a los oyentes – tanto en el estudio bíblico como en los sermones. También podías escuchar el llamado al arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo. Es posible que no pusieran tan bien los puntos sobre las íes como uno desearía, pero regresabas a casa habiendo sido edificado.

George Whitefield la urgencia del Nuevo Nacimiento en el Gran Avivamiento Evangélico del Siglo 17

Eso es ahora algo que rara vez se da. Hoy, en la mayoría de las llamadas iglesias evangélicas en Zambia, no hay estudio bíblico y no soportarías quedarte hasta el final del culto si lo que andabas buscando es edificación espiritual. ¿Cuántas personas han sido traídas a las iglesias principalmente porque se les han hecho falsas promesas de ser curados del SIDA, ser promovidos en el trabajo, adquirir más dinero, etc.? ¿Cuántas personas están dando su dinero a los – así llamados – siervos de Dios que no son más que timadores religiosos? ¿Cuántas personas piensan ahora que adorar es danzar al son de música estridente que compite con los maestros de la rumba y del Congo? ¿Cuántos de nuestros predicadores piensan que predicar es vociferar repeticiones por un micrófono a todo volumen con un acento americano o nigeriano? – En esto se ha convertido la iglesia.

Comparo estos engaños con los días anteriores a la Reforma Protestante del siglo 16. La gente llenaba las iglesias, pero era por razones equivocadas. Estaban engañados y fascinados por un sacerdocio que pretendía tener poderes que no poseía, pero tras los cuales la gente corría. La superstición reinaba de forma suprema en la iglesia. La gente era pobre pero se les prometían varias bendiciones si solo daban lo que les quedaba a la iglesia. Con estos fondos se construyeron magníficos edificios de iglesias y los líderes superiores vivían como reyes y príncipes. ¿No es esto lo que ocurre en el seno del cristianismo evangélico de hoy? ¿O soy yo el único que ve estas cosas?

Bailarinas de esta clase están de moda en el “culto” de ciertas iglesias

El resultado de todo esto es que tenemos iglesias “protestantes” en casi cualquier calle pero la fe evangélica está completamente ausente. De hecho estas iglesias se han convertido en cuevas de iniquidad. Se sabe de pastores que han embarazado a jóvenes en sus iglesias, y las han hecho abortar, habiéndose puesto de acuerdo con sus padres por una buena suma de dinero, para evitar el escándalo, y sus esposas y los líderes de las iglesias lo saben. Y como andan los púlpitos, así andan las bancas. Casi nadie tiene hambre y sed de justicia. La inmoralidad predomina. La disciplina de la iglesia es escasa. Aquellos que están enterados de esta situación están mirando a la iglesia desde afuera y tapan sus narices con disgusto. Tenemos los números pero la sal ha perdido su sabor – y nosotros lo sabemos.

Seamos honestos. Todos sabemos que el así llamado – evangelio de la prosperidad – que está tan de moda en el evangelicalismo moderno, es una herejía. Sabemos que los únicos que se están enriqueciendo tremendamente son los predicadores a quienes los ciegos seguidores les están dando el dinero. Los seguidores, siguen en pobreza. No es otra cosa que un fraude religioso. También sabemos que el 99% de las sanidades físicas que ocurren ahí son falsas. Todos tenemos algún pariente que estaría vivo hoy si no les hubieran dicho que había sido sanado y por lo tanto dejó de tomar los medicamentos para su enfermedad. Estos hombres son asesinos. No se trata de que Conrad Mbewe esté siendo malicioso o inventando historias. Estos son hechos bien conocidos.

“Obispo” de la Iglesia de Restauración y Liberación (con acento Nigeriano) acusado recientemente de embarazar a 10 mujeres en su iglesia

La tragedia no es que todo esto esté pasando. El desastre es el silencio con respecto a todo esto por parte de aquellos que se supone que proveen guía espiritual a las masas. En Zambia, y en África en general, los líderes evangélicos que han subido en los escalones eclesiásticos se dan la mano con los farsantes y entonces no pueden hablar sobre este mal. Prefieren lanzar piedras a los líderes políticos que tratar con el caballo de Troya dentro del evangelicalismo. Prefieren decirle al mundo que deje de ser mundano que decírselo a aquellos que están infiltrados en la iglesia que dejen de hacerlo.  Y aún así, a la luz de este tsunami espiritual, el silencio es criminal.

El problema con el silencio actual es que la generación más joven que ahora está viniendo a los círculos evangélicos piensa que lo que ven es una alternativa viable y una forma de cristianismo evangélico, cuando no lo es. Ellos no tienen idea de que hace un tiempo los creyentes se reunían para tener serios estudios bíblicos y que adoraban con dignidad y reverencia, y que los sermones eran basados en la Biblia, centrados en Cristo y urgían a la necesidad de conversión espiritual. Por culpa de nuestro silencio, los nuevos predicadores procuran llenar las iglesias con cabras en vez de ovejas y andan en carros de lujo a expensas de los feligreses como un símbolo del éxito pastoral. No tienen idea de que no hace tanto tiempo los pastores se distinguían en la sociedad por su verdadero y piadoso servicio a Dios. Los líderes evangélicos de hoy están extraviando a toda una generación de almas inocentes con su silencio.

En el Siglo 16 Lutero dijo “Basta ya”

En los días del profeta Malaquías, la religión en Israel había caído hasta lo más bajo. El templo estaba lleno de actividad – con toda clase de sacrificios que se ofrecían en el altar. Pero la verdadera adoración estaba muriendo. Aquellos que venían al lugar de adoración estaban defraudando a Dios y los sacerdotes lo estaban permitiendo. Los hombres eran infieles a sus esposas y se divorciaban a voluntad, y los sacerdotes callaban al respecto. Dios finalmente hace caer la culpa donde tenía que caer – a los pies de los sacerdotes. Él dijo, “Y es que los labios del sacerdote son depositarios de la sabiduría; el pueblo espera hallar la ley en sus palabras, porque él es mensajero del Señor de los ejércitos. Pero ustedes se han apartado del camino; han hecho tropezar a muchos en la ley; han corrompido el pacto de Leví. Lo digo yo, el Señor de los ejércitos.” (Malaquías 2:7-8). Dios finalmente prefería que el Templo cerrara sus puertas y enviar a cada uno a su lugar! El silencio de ellos hizo que tuvieran una imagen errónea de Dios. Ellos no se preocuparon cuando la grandeza de Dios fue obscurecida.

Hace mucho tiempo, una generación del pueblo de Dios vio la decadencia espiritual y dijo: “Ya basta, es suficiente!” y de esta protesta nació la Reforma Protestante. En otra generación, cuando el liberalismo invadió la iglesia protestante y estaba amenazando su vida, una generación del pueblo de Dios dijo, “ya basta, es suficiente” y surgió el movimiento Evangélico que protestó en el siglo 18. A la luz de la oscuridad que nos envuelve, con iglesias que se han vuelto cuevas de médicos brujos, ¿no es tiempo de que los evangélicos digan: “Ya basta! Es suficiente”? ¿Cómo podemos callar ante el oscurantismo que nos rodea? De seguro, nuestro silencio evangélico tiene que ser criminal.

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