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El arrepentimiento – La Nota ausente en la predicación actual.

Posted in Reflexiones with tags , , on enero 27, 2015 by elcaminoangosto

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Por el Pr. Conrad Mbewe – Traducido por Pr. Alexander León. 

>>>>>>>>>>> Aquí el arttículo original  <<<<<<<<<<<

He observado con preocupación creciente cómo el arrepentimiento no es ya más un llamado claro en muchas de las predicaciones de hoy. Esto no necesariamente es así en todo el mundo, pero entre más escucho a varios  predicadores en suelo Africano confirmo que eso es así en nuestro continente.  La vasta mayoría de predicadores tratan al pecado más como una enfermedad que como un estado de rebelión. De ahí, que el remedio y su enfoque consiste más en la “liberación” que en el llamado al arrepentimiento. ¿Era ese el punto de vista prevaleciente en la Biblia?

El Arrepentimiento en el Nuevo Testamento.

Observemos a los predicadores del Nuevo Testamento. La predicación de Juan el Bautista se describe de esta manera: “En aquellos días vino Juan el Bautista en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:1,2).

¿Y qué leemos con respecto a Jesús?, exactamente lo mismo: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4.17).

¿Cómo describe la Biblia la predicación de los apóstoles en las Evangelios? “Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.” (Marcos 6.12)

Cuando llegamos a los Hechos, es como si se hubieran abierto las compuertas de una represa.

En el día de Pentecostés, cuando a causa del sermón de Pedro la gente cayó bajo convicción y preguntaron a los apóstoles qué debían hacer, él respondió: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre del Señor Jesucristo para perdón de vuestros pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 3:37-38)

Después de que la sanidad del cojo en el Templo, Pedro le dijo a la multitud reunida, “Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados…” (Hechos 3:17-19)

Cuando Simón el Mago maliciosamente intentó aumentar sus poderes de hechicería, Pedro no le dijo que necesitaba liberación. Por el contrario le dijo “Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de don se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón” (Hechos 8:20-23)

Eso con respecto a Pedro. ¿Y qué de Pablo? Cuando Pablo estaba predicando en el Areópago en Atenas, su sermón terminó con una poderosa confrontación: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17.30)

Luego, hacia el final de su ministerio, esta es la forma en la cual Pablo resume todo su ministerio: “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” (Hechos 26.19-20).

Cuando el Nuevo Testamento estaba llegando a su cierre, Jesús envió siete cartas al apóstol Juan para que las remitiera a siete iglesias. Cinco de ellas incluyen un claro llamado al arrepentimiento. La primera dice: “Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y has las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:5)

El Arrepentimiento en la Historia y en la actualidad.

Evidentemente, el arrepentimiento no fue un asunto secundario para los predicadores del Nuevo Testamento. Fue la característica de la predicación poderosa de los ministros evangélicos a lo largo de los siglos. Lean las predicaciones de los padres de la iglesia antigua, de los Reformadores, de los Puritanos, los predicadores del Gran Despertar, etc., y se darán cuenta que de manera invariable se incluía el llamado a los pecadores para que se arrepintieran. En sus mentes, el pecado era primariamente un estado de rebelión y no solamente una enfermedad o esclavitud de lo cual la gente tenía que ser liberada.

¿Por qué nosotros, como predicadores del siglo veintiuno, todavía predicamos el arrepentimiento? ¿No causaré esto un alejamiento en las personas que resultará en iglesias vacías?

El arrepentimiento es una condición del corazón en la cual una persona admite su error y se vuelve, se aparta de ese error. Se resume de la mejor manera en Proverbios 28.13, “El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia”. Entonces, el arrepentimiento incluye tanto la confesión como el abandono del pecado, lo cual surge de un corazón que reconoce su propio fallo  en cumplir las demandas de la ley de Dios.

En lo que tiene que ver con la salvación, el arrepentimiento es simplemente el otro lado de la moneda de la fe. Por esta razón es que algunas veces el llamado de los apóstoles simplemente se resumió como “Arrepentíos… para el perdón de vuestros pecados” (Hechos 2.37-38), y oras veces se resumía como “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16.31). Estas no son dos formas distintas de salvación. Estaban refiriéndose solo a un lado de la moneda. Por dicha, hubo ocasiones en las cuales los apóstoles resumieron su predicación de manera que incluyeron los dos lados. Pablo dijo: “… nade que fuese útil he rehuido anunciaros y enseñaros… testificando… acerca del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20.20-21). Las dos cosas van juntas siempre.

¿Por qué el Arrepentimiento está ausente hoy?

Pienso que la primera razón es nuestra preocupación descontrolada por los números. Si predicas el arrepentimiento solamente podrás sostener a aquellos que se arrepienten, mientras que si dejas de predicar el arrepentimiento y en lugar de eso hablas de una manera más motivacional, todos querrán venir a escucharte. Haga su investigación y verá la razón por la cual los sermones de auto-ayuda se han vuelto la dieta principal en muchos púlpitos de hoy. Esos sermones atraen y mantienen a las multitudes. Y con las multitudes viene el dinero. Esa es la primera razón.

Sin embargo, hay una segunda razón a la cual tengo que referirme. Dentro del Evangelicalismo, hay una creciente opinión de que el pecado es primariamente una maldición de la cual las personas son víctimas y por eso necesitan ser liberados. Este es el punto de vista predominante en tierras Africanas. Por ejemplo, a los adúlteros crónicos, se les invita a sesiones de liberación en vez de llamarlos al arrepentimiento. Esto es incorrecto. Si Juan el Bautista hubiera pensado así, no habría confrontado al rey Herodes por su relación con Herodías, la esposa de su hermano. Más bien, le habría invitado a venir a la sesión de liberación en el desierto y de esa manera Juan se hubiera evitado la muerte  prematura (la decapitación).

La diferencia principal entre el nuevo movimiento de “liberación” y la antigua práctica evangélica de llamar al arrepentimiento es que esta última asume la responsabilidad del hombre por el pecado. El pecador no es víctima de una maldición generacional de la cual necesita ser liberado. El pecador es un rebelde que necesita rendirse de su guerrilla contra Dios. El pecador necesita salir de su arbusto con su AK47 en alto y convertirse en un ciudadano del reino de Dios.

¡Haber fallado en el entendimiento de esta diferencia, ha llenado las iglesias en África con cabras! Hombres y mujeres que no son confrontados con la maldad de sus pecados. No son guiados para que puedan ver que son rebeldes contra la majestuosa ley de Dios. No están experimentando convicción de pecado por el Espíritu Santo y no están viniendo al Salvador crucificado en arrepentimiento y fe. En vez de esto, vienen a los predicadores con sus problemas de deudas, esterilidad, falta de empleo, enojo, enfermedades, etc., para que los liberen de todo eso. Se le echa la culpa de todo a las maldiciones generacionales o a los demonios.

El fruto de predicar Arrepentimiento.

Recordemos que la salvación es una obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo utilizará nuestro mensaje de fe y arrepentimiento para atraer las almas. Aquellos a los que Dios va a salvar no huirán una vez que son confrontados con la realidad de su rebelión contra Dios. Ellos reconocerán que esto es verdad y el Espíritu Santo los llevará al Hijo de Dios para salvación. Ellos vendrán arrepentidos y creyendo, en respuesta al mensaje del evangelio.

Hay cierta indisposición al mensaje del Evangelio. Sí, se trata de buenas nuevas porque nos habla de un Salvador que fue enviado del Cielo para rescatarnos gratuitamente de nuestros pecados. Sin embargo, el mensaje viene con una condición para los que se benefician de él. La condición incluye el llamado al arrepentimiento. La gente no se vuelve Cristiana mientras están silban y se sienten bien con respecto a sí mismas. ¡Deben haber sido quebrantados por la convicción de pecado!

¿Deseamos ver iglesias en África llenas de verdaderos convertidos? Entonces restauremos la predicación del arrepentimiento en el lugar que le corresponde bíblicamente. Sí, al principio esto vaciará nuestras iglesias, pero eso no será una gran pérdida. La gente simplemente irá al lugar al cual pertenece. Sin embargo, conforme mantengamos fielmente el mensaje de arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo, el Espíritu Santo comenzará a atraer Su pueblo a sí mismo en verdadera convicción de pecado y conversión. Nuestras iglesias comenzarán a llenarse con personas que han sido verdaderamente salvadas y van para el Cielo. ¡Nuestra adoración se volverá verdaderamente espiritual porque brotará de corazones que conocen y ama al Padre, al Hijo y al Espíritu Sano!

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Devocional 23/10/2012 – Bendita humillación

Posted in Devocionales, Reflexiones with tags , , on octubre 23, 2012 by elcaminoangosto

Salmos 119:167

Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra.

Una palabra no grata para la mayoría: humillación. ¿Qué piensas de esto?

En general todos detestamos ser humillados. La humillación trae vergüenza y una gran incomodidad, es una situación muy desagradable en la cual nos podemos sentir burlados, despreciados, o al menos menospreciados y de poco valor. Pensemos un poco en esto.

La humillación es algo que se sufre cuando nuestros defectos, carencias, equivocaciones y fracasos son expuestos. ¿Le parece a alguien que esto puede tener algo de positivo?

En el Salmo que hemos leído, el escritor parece tener una perspectiva muy diferente de la realidad. Para él la situación de humillación le fue provechosa, porque le hizo entender que andaba descarriado. Así es, los valores del cristianismo son contrarios a los del mundo.

El asunto es el siguiente: mientras nosotros no reconozcamos que estábamos descarriados, seguiremos descarriados. Podemos estar muy seguros y mostrarnos orgullosos de nuestra conducta y de nuestras creencias, pero si estamos equivocados eso tendrá una consecuencia fatal. Vivir engañado y morir engañado es espantoso y lo peor es que sucede con muchísima frecuencia. Las personas tienen un concepto erróneo de sí mismas.

Mientras el ser humano se crea una buena persona, sus posibilidades de salvación son nulas. En cambio, cuando a raiz de terribles tropiezos, sufrimos la humillación que nos lleva a reconocer nuestra terrible condición espiritual, nuestra incapacidad de vencer el pecado y lo erróneo de nuestro camino, entonces comienza la esperanza.

A veces la gente piensa que los “descarriados” son únicamente los que sucumbieron a vicios muy notorios o adicciones, pero la Biblia nos dice que todos nos habíamos descarriado (Isaías 53.6).

El evangelismo de hoy, con sus diversos métodos y actividades, parece atraer a muchos, y en ese sentido pareciera ser exitoso, sin embargo, desde el punto de vista bíblico es ineficaz, porque no produce los frutos dignos del arrepentimiento y las vidas no están siendo transformadas radicalmente, más bien, lo que vemos son cambios superficiales y temporales.

En cambio, el Evangelismo bíblico incluye la necesidad de humillación y el reconocimiento de cuán descarriados hemos andado sin Cristo y de cuán necesitados estamos, para que entonces podamos comenzar a guardar Su palabra. Tenemos que reconocer que no estábamos guardando la Palabra de Dios y la verdad ni siquiera nos interesaba guardarla.

Por esta razón se hace tan necesaria esa humillación, para que pudiéramos reconocer esta realidad, de lo contrario seguiríamos en nuestro orgullo pensando que todo está bien o tal vez consolándonos a nosotros mismos al compararnos con gente que está en una condición espiritual peor. Siendo esto así, deberíamos poder decir como en el Salmo, “es bueno haber sido humillado”, para que el orgullo sea vencido, la autosuficiencia, la confianza en nosotros mismos.

Muchísimas personas preferirán evitar aquella humillación y seguir aparentando que no se han descarriado y se acostumbran a fingir que todo está muy bien, prefieren seguir hablando positivamente. Este terrible auto-engaño es de lo más común.

Quiera Dios humillarnos y seguirnos humillando, para que lleguemos a ser verdaderamente humildes, porque está escrito que Él da gracia a los humildes (Santiago 4.6) y habita con el quebrantado y humilde de espíritu (Isaías 57.15).

¿Has sido humillado ya? ¿Te ha llevado la humillación a un clamor sincero y anhelante de recibir la gracia de Dios? O ¿eres de los que creen que son buenas personas? Mientras no abandones el orgullo que te hace pensar que eres buen cristiano, seguirás descarriado, pero si con humildad te rindes y dejas de fingir, alcanzarás misericordia.
Quiera el Señor que así sea. Amén

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¿QUIERES UN MILAGRO?

Posted in Reflexiones with tags , , , , on agosto 6, 2012 by elcaminoangosto

 

¿Tienes problemas económicos-financieros? ¿Tienes problemas de salud? ¿Problemas en el matrimonio o  familiares? ¿Problemas en el trabajo? ¿Quieres alcanzar tus metas y no has podido? ¡Ven por tu milagro!

Esta parece ser una fórmula muy utilizada en la actualidad para invitar a las personas a eventos “evangelísticos”. El mensaje es muy simple: “Ven a nuestra reunión y Dios te concederá todo eso que  anhelas.”

¿Es esto correcto?

Aquí No pretendo juzgar las intenciones de las personas, porque, aunque no se puede negar que algunos han hecho de la religión un negocio, sabemos que también hay muchos otros con buenas intenciones. PERO, ¿Se trata de esto la religión Cristiana? ¿Qué dice la Biblia sobre la condición del hombre y cuáles son sus verdaderas  necesidades en la vida? ¿Cuál es el mensaje del Evangelio según la Biblia?

Cuando nuestro Señor Jesucristo  caminó por esta tierra, hizo muchos milagros, sanó a muchos enfermos, pero Él no fue un curandero, no era ese el propósito de su ministerio. Dios no es el genio de la lámpara maravillosa que viene a concedernos 3 deseos. La Biblia dice que Dios sabe de qué tienen necesidad sus hijos y les provee según Su misericordia, pero muchísimos que no son sus hijos quieren venir a Dios para que les solucione los problemas cuando ni siquiera se han interesado en conocerle por medio de Su HIJO.

La Biblia relata que Cristo en una ocasión hizo un milagro tal, que una multitud de más de 5 mil personas fue alimentada con 5 panes y  dos peces, porque con su bendición, fueron multiplicados esos alimentos y  todos comieron y hasta recogieron de lo que sobró 12 canastas.

En la biblia los milagros son también llamados señales”, es decir, son eventos que indican (señalan, apuntan hacia) algo. En este caso, lo que Dios estaba haciendo era una confirmación acerca de Cristo, Su persona y Su mensaje.

Después de realizar esta señal de la multiplicación de alimentos, Jesús se apartó de la multitud y fue al otro lado del lago, y la gente el día siguiente lo estaba buscando.  Veamos lo que relata el apóstol Juan: Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús”(Juan 6.24)

Luego de que la gente lo hallara al otro lado, el Señor hizo algo muy diferente a lo que haría un predicador moderno, los confrontó con la realidad de sus motivaciones y les dijo:

“De cierto de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Juan 6.26)

Jesús, conociendo el corazón de las personas, puso al descubierto sus verdaderas intenciones. La gente no estaba realmente interesada en Jesús, sino en lo que vieron que creyeron que podían obtener de Él.

¡Qué triste realidad! Es lo mismo que vemos hoy en día, miles y miles que van a las iglesias  y eventos cristianos, no están interesados en conocer a Cristo ni sus enseñanzas  para seguirle, mucho menos están interesados en abandonar su propio estilio de vida para vivir para Él, sino que están interesados en las bendiciones materiales y temporales que suponen que Él les dará.

El propósito de las sanidades y milagros realizados por Cristo y por sus Apóstoles siempre fue el mismo: autenticar su mensaje, es decir, confirmar que ellos hablaban de parte de Dios, porque al tener convencimiento de que ellos  hablaban de parte de Dios, tendrían que atender aquel mensaje. Pero, ¿cuál era ese mensaje?

Leemos las palabras de Cristo en el principio del Evangelio según San Marcos: “… el reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed al Evangelio” (Marcos 1:15).

Si hemos de llamarnos cristianos tenemos que recibir este mensaje, entenderlo y atenderlo. Es un llamado al arrepentimiento, es decir, a abandonar nuestro propio camino y dejar de vivir según nuestras propias reglas, para vivir según la ley de Dios. Pero, si no se enseña sobre la gravedad del pecado y la realidad del Juicio venidero, ¿cómo podrá el ser humano apreciar el Evangelio? El Evangelio es apreciado cuando el pecador, desespera de sí mismo, cuando reconoce su miseria espiritual, su incapacidad de cambiar su condición espiritual, y la inutilidad de sus esfuerzos por cambiar. Entonces, y solo entonces, podrá el pecador apreciar la misericordia de Dios que se ofrece a todo el que cree en Su Hijo Jesucristo.

Más que criticar a los que están predicando esas versiones distorsionadas del Evangelio, este artículo pretende hacer que reflexionemos en nuestra situación personal delante de Dios.

¿Has sido libertado de tus pecados? ¿Has encontrado plena satisfacción en Cristo? ¿O has estado “buscando” a Dios por motivos equivocados?

Habrá un día de Juicio, y el apóstol Pablo lo describió como “…el día en que Dios juzgará los secretos de los hombres, conforme a mi Evangelio”. (Romanos 2.16)

¿Estás preparado para ese día?

“Porque qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? (Mateo 16.26)

Sí, ¡Todos necesitamos un milagro!, pero este milagro no se refiere a las necesidades de esta vida temporal. Si logramos recuperarnos de un problema de salud, en algún momento nos volveremos a enfermar. Si logramos obtener una situación económica y familiar estable, de igual forma enfrentaremos la muerte eventualmente y si el problema espiritual no ha sido resuelto, no tendremos esperanza.

El milagro del cual estamos urgidos es un cambio en nuestro interior, un cambio de corazón, para que podamos entender cuánto necesitamos a Cristo y que si no lo tenemos a Él, no tenemos nada. Aquellos en los cuales Dios realiza este milagro, experimentan un cambio tal que ya no viven más para sí mismos, sino para Aquel que dio su vida por ellos.

Cristo no nos llama a una vida de comodidad y autocomplacencia, nos llama a seguirle:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lucas 9.23)

La convicción de que estar con Cristo vale más que cualquier otra cosa en la vida solo la poseen aquellos que han experimentado el MILAGRO del nuevo nacimiento.

La Oración de un pueblo en cautividad… Isaías 63

Posted in Reflexiones with tags , , , on junio 28, 2011 by elcaminoangosto

La Oración de un pueblo en Cautividad: Un sermón predicado en la Iglesia Bautista Reformada Los Lagos en Heredia, Costa Rica, en el día del Señor, 15 de Mayo, 2011.

Las causas de la ruina espiritual
— Pecado
— Mediocridad
— Como la hoja… como viento
Consecuencias del pecado
— Sión es un desierto, Jerusalén una soledad
— Nadie hay que invoque tu nombre
El anhelo de restauración
— Que el nombre de Dios sea notorio
— Oh si rompieses los Cielos…

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