Archivo para Alexander Leon

Pr. Héctor Velandia – Un ejemplo para imitar

Posted in Reflexiones with tags , , , on junio 21, 2019 by elcaminoangosto

Pr. Hector Velandia, su esposa Maria Ayala

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.” (Salmos 90.12)

Tuve el privilegio de ser invitado a la ciudad de Salinas en el Ecuador para predicar en el culto de Celebración de los 501 años de la Reforma Protestante y dar una serie de conferencias. Sucede con frecuencia que al orar para que Dios me conceda ser de bendición en el lugar que ministraré la Palabra, termina el viaje siendo una gran bendición para mi propia vida. Así sucedió en esa ocasión que pude conocer al pastor Héctor Velandia, colombiano radicado en esta ciudad de Ecuador.

Estoy seguro que el testimonio de este siervo de Cristo les será de bendición a muchos ya que a sus 64 años sigue sirviendo al Señor a pesar de haber perdido la vista hace 5 años.

El Pr. Velandia es originario de la región de Paipa Boyacá en Colombia, su testimonio de conversión es muy hermoso porque según cuenta, después de varias conversaciones con su vecino evangélico decidió decirle un día: “Mire, por favor ya no quiero que me siga hablando de este tema, déjeme en paz”. El vecino accedió, pero al día siguiente se acercó a unos cien metros de distancia y le pidió permiso para acercarse hasta la casa, una vez que estuvo en el patio le dijo a don Héctor que le obsequiaba una Biblia para que por sí mismo conociera la verdad, a lo cual accedió, asegurándole que la iba a leer para poder demostrarle que “es el Catolicismo el que está en lo correcto y no los Protestantes”.

Hector Velandia cumplió su compromiso de leer la Biblia y la leyó por 9 años hasta que Dios usó Su Palabra para traerlo a un conocimiento Salvador de Jesucristo.

En ese tiempo llegaron al lugar llegaron unos misioneros. Un sábado regresaba a su casa para almorzar y su esposa María Ayala con sus primeros tres hijos se estaba organizando para participar de la reunión a la cual los misioneros la habían invitado. Al regresar él le pregunto cómo le había ido en su reunión a lo que ella contesto que en esa reunión había entregado su vida al Señor Jesucristo.

Las reuniones continuaron por espacio de tres meses pero el lugar donde se reunían era demasiado pequeño por lo cual su esposa María le pidió que permitiera llevar a cabo las reuniones en su casa, porque había más espacio y comodidad.

Don Héctor no asistió a las dos primeras reuniones que se hicieron en su casa pero escuchó los sermones desde su habitación. Para la tercera reunión salió de su habitación al salón de la reunión y dio su testimonio de haber aceptado a Cristo como su Salvador. A partir de aquel momento en abril de 1990 comenzó a congregarse con los demás hermanos.

Dos meses después los hermanos le pidieron a los misioneros que le permitieran al hermano Héctor compartirles la palabra los días Miércoles y Sábados porque los misioneros solo podían asistir los días Domingos ya que ellos viajaban desde la ciudad de Villavicencio donde tenía un colegio cristiano y en el colegio la iglesia.

Cuando el hermano Héctor hizo su primer discipulado, tanto los misioneros como los hermanos notaron que contaba con algún conocimiento fruto de las lecturas continuas de la Biblia por nueve años.

Todos estuvieron de acuerdo en que el hermano Héctor les compartiera la palabra entre semana. Así sirvió en ese lugar por aproximadamente dos años hasta que por motivos del estudio de sus hijas mayores se vio forzado a trasladarse a la ciudad.

La enfermera del lugar quien se hospedaba en su casa, cuando le informaron que se iban a la ciudad, los remitió a su padre que era el Diacono de la iglesia allá y cuidador del templo y la casa pastoral porque al momento no había pastor, y así terminaron viviendo en la casa pastoral.

Tiempo después le pidieron hacer parte de la Asociación de iglesias Bautistas cuya sede estaba en Bogotá a lo cual accedió.

Una vez al mes 16 pastores de la denominación Bautista se reunían para la exposición de temas y también invitaron a don Héctor el cual se preparó para exponer sobre la soberanía de Dios. Durante su intervención, algunos pastores lo tildaron de “calvinista”, pero él aclaró que no sabía qué significaba ese término y hasta el momento ni siquiera sabía quién había sido Juan Calvino.

El pastor que dirigía el estudio intervino y llamó la atención a los pastores seminaristas y a otros con algunos títulos universitarios, preguntándoles qué habían aprendido ellos en el Seminario; ese día el pastor Héctor experimentó la gracia de Dios en su enseñanza porque siguió exponiendo el tema hasta concluir el tiempo que le correspondía a todos. Algunos de ellos se disculparon e incluso uno de los pastores lo felicitó y le prometió invitarlo a su iglesia a predicar ese tema.

El hermano Héctor terminó asumiendo un liderazgo pero con la particularidad de que nunca tuvo oportunidad de ir a prepararse al Seminario de la denominación, lo cual sin saberlo él, fue una protección divina ya que el Seminario estaba controlado por el liberalismo teológico.

El hermano Velandia me compartió un poco sus experiencias al tratar de fraternizar con otros pastores evangélicos de su región, en la participación de programas radiales, reuniones de líderes, etc., y cómo se notaba la triste tendencia de manejar los asuntos del reino de Cristo como si fueran un negocio con competencias y rivalidades carnales. Este tipo de rencillas entre los líderes evangélicos y las prácticas como el “robo de ovejas” le causaron gran desilusión.

En este contexto como era de esperarse era imposible tener comunión con las demás iglesias del lugar. Pasado un tiempo tuvieron la oportunidad de reunirse siete pastores de diferentes denominaciones y en esa reunión estuvieron de acuerdo en que el comportamiento que tenían entre iglesias no era Bíblico.

La semana siguiente junto a estos pastores se formó una asociación para la cual los demás pastores le pidieron al pastor Héctor fuera el presidente, cargo que desempeñó durante siete años, en los cuales celebraron cultos unidos, campanas al aire libre, cultos de oración y ayunos con los demás pastores. 

Cuenta el Pr. Velandia que a pesar de las diferencias doctrinales, tanto los pastores como las iglesias fueron muy bendecidos por el Señor en aquel tiempo.

En otra ocasión volvió a ser acusado de “calvinista” en un programa de radio que dirigió por nueve años, pero él insistía que solamente predicaba de manera consistente la doctrina según lo que el Espíritu Santo le mostraba en las Sagradas Escrituras.

El hijo del Pr. Velandia, Isaías Velandia, que hoy en día también está en el ministerio, me dio testimonio de haber visto siempre a su padre leer la Biblia durante varias horas todos los días.

Habiendo vivido en el pasado una vida bastante cómoda y en prosperidad, quiso el Señor que don Héctor y su familia llegaran a experimentar situaciones de mucha dificultad económica, pero el Señor los enseñó a depender de Él y les mostró Su fidelidad. 

En el año de 1997 un joven ecuatoriano, Roberto Bulgarín, graduado del Seminario Teológico del cual el Señor preservó a don Héctor, llegó a la región para hacer su trabajo comunal y poder graduarse y a raíz de esto, llegó a ser yerno del Pr. Velandia y se mudó con la hija del pastor Velandia para el Ecuador.

Hoy el Pr. Bulgarín da testimonio de que lamentablemente su tiempo en aquel Seminario no fue lo que debió ser en su formación bíblica, pues salió del Seminario con muchos vacíos y preguntas bíblicas y doctrinales. Hace pocos años el pastor Bulgarin conoció las Doctrinas de la Gracia, y abrazó la Reforma, y pudo confirmar que su suegro había sido un “calvinista” sin saberlo.

El Pr. Roberto Bulgarín, yerno de don Héctor es pastor de la Iglesia Bautista Dios nuestro Proveedor, su hijo Isaías Velandia es pastor de la Iglesia Bautista Reformada la Libertad, y se han unido a un excelente grupo de pastores que están trabajando arduamente por regresar a los principios bíblicos de la Reforma Protestante.

El pastor Velandia también se trasladó a Ecuador y perdió su vista hace 5 años. Sin embargo, no se ha retirado del ministerio de la predicación. Con la ayuda de su esposa doña María Ayala, él prepara sus sermones y luego predica según lo que el Señor trae a su mente del tema que ha estudiado. Esta labor la lleva a cabo cada Día del Señor en la iglesia Bautista Casa del Alfarero en la comuna de Rio Verde.

La actitud del Pr. Héctor Velandia es digna de ser reconocida e imitada, porque sigue sirviendo a Cristo a pesar de sus limitaciones. El hermano no faltó a ninguna de las Conferencias que se me habían asignado. Hay pastores que actúan como si un ministro más joven no tuviera algo qué enseñarles, pero este hombre con humildad escuchó y hasta me hizo consultas sobre temas que él todavía está estudiando. Pero fue más lo que el Señor me enseñó a mí por medio de él.

Estoy muy agradecido con el Señor por concederme esta bendición de conocer al Pr. Don Héctor y pido al Señor me dé un corazón humilde y enseñable como el de este siervo de Cristo, para poder servirle fielmente hasta el fin de mis días.

La Depravación del Corazón

Posted in Reflexiones with tags , , on abril 11, 2019 by elcaminoangosto

Thomas Reade

La corrupción de la raza humana después de la Caída [en pecado] fue radical y universal:

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la Tierra, y que el designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5).

Parecería sorprendente que alguien lea este pasaje en la Biblia y aun así niegue la doctrina de la depravación humana, si no supiéramos también de la ceguera natural del entendimiento por razón del mismo pecado.

Una verdad dolorosa es, sin embargo, claramente establecida: el corazón del hombre es malo. Y como esta solemne verdad debe ser colocada en la más brillante luz, se añade además que no solo los pensamientos, sino las imaginaciones de los pensamientos de su corazón son malas. Por medio de esta declaración, aprendemos de qué manera la Caída ha corrompido todas las maquinaciones secretas de la mente humana, ya que la fuente misma está contaminada.

Si la fuente está envenenada de esta manera, ¿podríamos dudar de las corrientes que fluyen de ella? Todos los que se conocen a sí mismos por medio de la enseñanza del divino Espíritu pueden testificar de la verdad de la Escritura desde su propia experiencia. “El corazón conoce la amargura de su alma” (Proverbios 14.10). ¡Oh, que la gracia soberana derribe todo orgullo e imaginación pecaminosa que contradiga la santa Ley de Dios y traiga todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo!

Algunos, que contienden por una porción de bondad natural, tal vez dicen, “Es cierto que la imaginación es frecuentemente desviada; pero ¿no debemos reconocer que algo queda de virtud?” ¿Qué dice la Escritura? “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5).

Digamos que es cierto, pero ¿no queda un poco de mezcla de bien con el mal? ¿Qué dice la Escritura? “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5)

Admitamos esto, pero ¿no quedan algunos intervalos de bondad? ¿Qué dice la Escritura? “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5).

Si esta es la condición del corazón humano, ¿No queda algo de bien al menos en la etapa inocente de la juventud que sea excepción a este terrible cargo? ¿Qué dice la Escritura? “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5). “Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron” (Salmos 58.3). “La necedad está ligada en el corazón del muchacho” (Proverbios 22.15). “… la adolescencia y la juventud son vanidad” (Eclesiastés 11.10).

Y, como una determinación para abatir el orgullo del hombre caído y establecer la doctrina del pecado original fuera de toda disputa, David, hablando bajo la influencia del Espíritu de verdad, declara: “… en maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51.5)

Muchos pasajes pertinentes e importantes podrían añadirse, los cuales confirman esta solemne verdad del pecado original “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie”(Job 14.4). “¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, Y para que se justifique el nacido de mujer?” (Job 15.14). “¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?” (Job 25.4).

Concluimos entonces con la Escritura que “… éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Efesios 2.3); y que “no hay justo ni aún uno” (Romanos 3.10)

¡Oh alma mía! No disputes con el Creador que está justamente ofendido, más bien confiesa tu culpa, tanto original como actual. Busca la gracia para postrarte a Sus pies y aceptar con un corazón gozoso esa oferta de perdón y paz, que tan libremente se te hace por medio del sacrificio propiciatorio de Su bien Amado Hijo.

La gracia de Dios, cuando se la mira, como debe ser, en conexión con el estado miserable del hombre pecador, brilla como un bello arcoíris sobre una nube oscura. Sus hermosos colores deleitan la mente en medio de su brillo.

¡Cuán consoladoras son para un alma que se doblega con un sentido de culpa las siguientes promesas!: “Y yo pasé junto a ti, y te vi sucia en tus sangres, y cuando estabas en tus sangres te dije: !!Vive! Sí, te dije, cuando estabas en tus sangres: !!Vive!” (Ezequiel 16.6).

Y luego viene la fuente de la misericordia “…Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.” (Jeremías 31.3)

Pero ¿cómo puede una criatura contaminada ser agradable a un Dios santo y puro? He aquí los efectos de la gracia soberana: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.  Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36.25-27)

La seguridad y la perseverancia del redimido está dulcemente declarada en la siguiente deliciosa promesa: “Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.(Jeremías 32.39-40)

Apoyo y éxito final son también prometidos al creyente cuando está bajo dificultades y pruebas para que se sostenga en la causa de Su Dios de Pacto y Salvador. “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador” (Isaías 43.2-3).

Para la presente y perdurable consolación del creyente, el perdón completo y libre de todos sus pecados es declarado por gracia: “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí.” (Isaías 44.22)

Bien puede el pecador rescatado exclamar: “Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí.” (Isaías 12.1-2) “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.” (Salmos 145.1-2) “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias” (Salmos 103-1-4) “Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace  maravillas.  Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.” (Salmos 72.18-19)

Thomas Reade (1776-1841): Autor Inglés de la ciudad de Manchester.

De Spiritual Exercises of the Heart, Reformation Heritage Books,

http://www.heritagebooks.org. Used by permission. (publicado por Herald of Grace por cortesía de Chapel Library)

¿Cuál es tu RELIGIÓN?

Posted in Alertas, Reflexiones with tags , , , on noviembre 9, 2018 by elcaminoangosto

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Vivimos en un tiempo donde la gente se entusiasma con las propuestas innovadoras y están dispuestos a apoyar a los que denuncian los sistemas establecidos para proponer soluciones diferentes.

Eso suena bien, pero a veces las tales propuestas no son más que una expresión de rebeldía adolescente desprovista de conocimiento y que además rechaza el conocimiento y por lo tanto en vez de proveer soluciones llevará al fracaso. Como está escrito:

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.” – Proverbios 1.7

Recientemente vi un video en el cual se le pregunta a alguien “de qué religión eres” y él contesta “soy de los que ama a todos” y “no juzgan a nadie“. Algunos se entusiasmaron con el video pero no parecen interesarse realmente en indagar sobre el significado verdadero de religión o de amor, y así, se quedan en la oscuridad de sus prejuicios y conceptos sacados del internet, ignorando que el mismo Cristo que nos advirtió sobre juzgar a otros, nos ordenó juzgar con justo juicio. (Juan 7.24) – [Un artículo al respecto de juzgar AQUI]

Las palabras tienen significado pero a veces cambian con el pasar del tiempo, además el contexto en el que se usan también debe considerarse. Si no comprendemos el significado de las palabras y si los que intercambian opiniones no están dando el mismo significado a las palabras, la conversación se vuelve infructuosa porque es como si cada uno utilizara un idioma diferente y así la comunicación es imposible.

Los ejemplos a continuación pueden servir para aclarar este asunto. Analizaremos las palabras Gracia, Tradición, Evangélico y Religión.

GRACIA

No he escuchado a nadie que niegue expresamente el concepto de “salvación por gracia”, tanto los teólogos católicos como protestantes sean reformados o no, afirman que la salvación es por gracia.

Sin embargo, hay importantes diferencias en el concepto de “Gracia” que cada uno sostiene. Por esta razón los reformados enfatizaríamos “Gracia sola “ o, “únicamente por gracia” mientras que en el Catolicismo se habla de “gracia infusa” y en el Arminianismo de “gracia previniente”. No voy a entrar en detalle en esos conceptos, lo que quiero enfatizar es que por no dar el mismo significado a la palabra, entonces debemos calificarla.

Dejaré claro eso sí lo que que nosotros confesamos: Que los creyentes no aportan absolutamente nada para la salvación, sino que la salvación es una obra que de principio a fin depende de Dios y es algo que el hombre no merece ni puede llegar a merecer. Dios el Padre desde la eternidad eligió un pueblo para tener de ellos misericordia, el Hijo, Jesucristo vino a redimir a ese pueblo específico y el Espíritu Santo aplica la obra de redención a los escogidos, trayéndolos al arrepentimiento y a la fe en Jesús para vivir una vida nueva. Eso es lo que nosotros confesamos como “La Gracia de la salvación”.

TRADICION

Algunos cristianos modernos rechazan todo lo que consideran “tradiciones”, tergiversando el concepto protestante según el cual debemos abandonar todo aquello que hemos creído o practicado solamente por tradición. Pero la Reforma Protestante nunca pretendió rechazar los siglos anteriores de cristianismo, lo que pretendió fue volver al modelo y práctica original del cristianismo bíblico. Por esta razón, las tradiciones que deben rechazarse son únicamente aquellas que no tienen soporte bíblico. Parece que algunos modernistas proponen un modelo completamente libre de reglas, y llaman “tradiciones inútiles” a ordenanzas sagradas establecidas por Cristo según la doctrina bíblica apostólica.

Nosotros confesamos que toda tradición contraria a las enseñanzas de las Sagradas Escrituras debe ser eliminada y todo aquello que Dios no haya expresamente ordenado en Su Palabra debe ser eliminado del culto al Señor porque Dios regula Su adoración. Las tradiciones particulares de cada iglesia o denominación deben evaluarse conforme a la Biblia y no según los gustos y tendencias modernas. Hay muchas tradiciones útiles que se basan en principios bíblicos las cuales debemos preservar y defender.

EVANGÉLICO

Según el Dr. Stephen Nichols, presidente del Reformation Bible College, la palabra “evangélico” surgió en el siglo 18 durante el “Gran Despertar”, para aclarar que no deberían ser considerados verdaderos cristianos los adherentes a una denominación específica como Episcopales, Presbiterianos o Bautistas, sino que todos los que se identificaran con ciertas marcas “evangélicas”.

Estas marcas eran:

  1. Biblicismo: Un alto concepto de la autoridad de la Sagrada Escritura
  2. Crucicentrismo: Una perspectiva que da un lugar central a la expiación de Cristo en la cruz
  3. Conversionismo: Un punto de vista que considera el nuevo nacimiento como algo de importancia primordial
  4. Activismo: un punto de vista que enfatiza el Evangelio como algo que afecta la vida y el discipulado

Tenemos que reconocer que estas marcas ya no identifican a muchos de los que hoy en día se conocen como “evangélicos”, tanto de las denominaciones históricas como de las más recientes. Tristemente, la imagen que muchos tienen de “los evangélicos” proviene de cadenas de televisión como TBN o Enlace en las cuales prevalece la falsa enseñanza de la prosperidad y los estilos de culto similares a los espectáculos mundanos.

Por esa razón algunos creyentes bíblicos hasta quisieran declinar de ese calificativo y negar que son evangélicos.

Pero citaré de nuevo aquí al Dr. Nichols que afirmó:

“… el término evangélico, sigue siendo útil, si lo entendemos correctamente. No es un término que nos separa de la teología (o que nos mueva hacia una mala teología), por el contrario, nos mueve hacia la teología – hacia el corazón mismo de la teología al recordar quién es Jesús y que fue lo que Él hizo. Ser un evangélico es abrazar el evangelio, y el evangelio es finalmente rico en contenido.” (*)

RELIGION

Aquí es donde vamos a extendernos más.

A partir del siglo XX parece haber surgido una aversión hacia la palabra religión. Se han hecho populares las frases como “No se trata de religión, se trata de relación”, “Cristo no es religión”, y también “ninguna religión salva”.

Esto es causado por ignorar lo que significa la palabra religión y qué es ser religioso.

¡La palabra religión es válida y es bíblica!

En el diccionario de la Real Academia Española de la lengua, la palabra religión está registrada así:

“Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.”

Esto quiere decir que una religión tiene un elemento principal que es la creencia en la “divinidad”, sea cual sea el concepto que se tenga de ella, y la religión involucra además una serie de conocimientos acerca de esa “divinidad” que llevan al ser humano a comprometerse o por lo menos procurar cierta conducta y a la práctica de algunos ritos.

El cristianismo es una religión, que basa su comprensión de Dios en las Sagradas Escrituras de la Biblia. Los cristianos compartimos con la religión judía la creencia en la legitimidad de los libros del Antiguo Testamento, lo que ellos denominan la Toráh, pero creemos que el Dios que se reveló a los judíos en la antigüedad se manifestó en Su Hijo Jesucristo, y en Él cumplió todas las promesas hechas a Israel y estableció un nuevo y mejor Pacto. Por medio de Cristo el camino a Dios se abre para todo aquel que cree en Él sin importar su procedencia, este es el cumplimiento de la promesa hecha a los patriarcas, de bendecir a todos los pueblos en la simiente de Abraham.

La mayoría de los judíos rechazaron al Mesías Salvador, y los que siguieron a Cristo fueron apodados “cristianos” (Hechos 11.26) y así, lo que inicialmente fue considerado una secta dentro de la religión judía se llegó a considerar la “religión cristiana”.

Ahora bien, al igual que en todas las religiones, hay grupos dentro de las religiones, con diferentes comprensiones que lo que debería ser la correcta profesión de la religión, esto es lo que complica el término religión. Dentro del Islam hay varias sectas, pero todos dicen ser musulmanes, dentro de los judíos había varias sectas (fariseos, saduceos, escenios), pero todos decían ser judíos. En el Cristianismo, llamamos sectas a los grupos que se apartan de ciertas doctrinas que esenciales, pero esta clasificación es a veces ambigua. De esto se trata la existencia de tantas “iglesias” y “grupos” o “sociedades cristianas”.

El Cristianismo desde fines de la era apostólica, ya comenzaba a sufrir ataques, no solamente por la cruel persecución, torturas y muerte que sufrieron los cristianos primitivos, sino porque comenzaron a surgir maestros engañadores entre las iglesias. Se pueden registrar divisiones entre las iglesias desde muy antiguo, pero aun así el cristianismo continuó expandiéndose poderosamente, por el testimonio de los fieles. En el siglo cuarto el Emperador Constantino (muy posiblemente por conveniencia) abrazó la Fe cristiana y procuró estandarizar una religión en todo el imperio y un siglo después surge el papado que llegó a consolidarse en la Iglesia Católica Romana en el siglo V aproximadamente.

Debemos reconocer dos cosas: (1) Nunca ha existido completa uniformidad entre las iglesias cristiana y (2) A través de la historia se levantaron voces para llamar a una vivencia más genuina del cristianismo.

En la Biblia la palabra religión se utiliza con tres sentidos:

(i) Credo o Sistema de Doctrina

(ii) Adoración o Culto, y

(iii) Prácticas y Ordenanzas.

La palabra griega utilizada es: θρησκεία

Hechos 26:5 – “nuestra religión”. Aquí el apóstol Pablo menciona al sistema hebreo de creencias como una religión.

Colosenses 2:18 – “culto a los ángeles”. En este contexto se habla de adoración, es decir rendir culto. Una traducción literal sería “religión a los ángeles”.

Santiago 1:27“religión pura”. En este pasaje, el apóstol se refiere a acciones concretas que identifican la profesión verdadera de la religión y habla de las obras de misericordia y de procurar la santidad apartándose de la mundanalidad.

Es necesario admitir que al igual que las demás religiones, la religión cristiana, tiene ciertos aspectos que podrían ser cumplidos solo en apariencia. Pero nosotros pensamos que el mensaje de Cristo va mucho más allá de una serie de creencias y ritos, sino que tiene que ver con una transformación interna que lleva a una verdadera relación con Dios por medio de Su Hijo Jesucristo. Sin este ingrediente, la profesión de la religión cristiana es tan inútil espiritualmente como cualquier otra religión. Tal vez esta sea una de las razones de la aversión hacia la utilización de la palabra religión.

Hoy han querido denunciar a los hipócritas como religiosos. Pero No deberíamos llamar religioso al hipócrita, sino que religioso debería ser el que con integridad practica su religión.

Algunos predicadores, queriendo evitar ese sentido ritualista que a veces se le había dado al Evangelio, menospreciaron la palabra religión. Algunos hasta llegaron a decir que “la religión no importa”, mientras uno tenga a Cristo. ¿Qué están queriendo decir? ¿Será que mientras usted tenga a Cristo no importa la religión que profese? – Esto no tiene sentido, porque así como la observancia de las normas cristianas no tiene valor sin una relación personal con Jesucristo, tampoco tiene valor una profesión de Fe en Jesucristo, si esta supuesta relación no produce un cambio de actitud y la observancia de los mandamientos.

Algunos piensan que cada iglesia es una religión y esto es una manera incorrecta de utilizar este término. Los católico-romanos, anglicanos, luteranos, episcopales, presbiterianos, reformados, bautistas, menonitas, pentecostales, etc., no son religiones diferentes, son diferentes confesiones dentro de la religión Cristiana. Ahora bien, ¿Qué tan alejada o cercana está cada una de estas confesiones del cristianismo bíblico y primitivo?,  Yo creo que la respuesta es qué tan cerca están de la definición anteriormente dada de “evangélico”.

Por último, considero apropiado recordar que una de las enseñanzas apostólicas es la llegada de la “apostasía”. Los apóstoles anunciaron de antemano el advenimiento de enseñanzas falsas dentro del cristianismo, anunciaron la entrada en las iglesias de lobos rapaces (Hechos 20.29), y de falsos hermanos que entrarían encubiertamente (II Pedro 2.1, Judas 1.4).

Creemos entonces que es labor importantísima de todos los que profesan ser cristianos, buscar una iglesia que predique la Biblia con fidelidad, y donde Cristo sea exaltado, y entre más apegada esté esa iglesia al modelo del Nuevo Testamento, mejor y mayor será el crecimiento cristiano de cada uno. El cristianismo es un camino, un sendero estrecho que lleva a la vida eterna, y el Evangelio dice que son pocos los que lo hallan (Mateo 7:14). Amén.


(*) http://www.ligonier.org/blog/evangelical-rescuing-term/

Cuatro Necesidades: (2) Comunión alrededor de la Palabra.

Posted in Reflexiones with tags , , on septiembre 27, 2018 by elcaminoangosto

Por Al Baker (Ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana en América)

Traducido con permiso por Alexander León.

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”Hechos 2.42

¿Por qué la enseñanza hace tan poco en la transformación de los que están en las bancas?

Cuando el apóstol Pedro predicó en el día de Pentecostés, después de que el prometido Espíritu Santo había sido derramado, en cumplimiento de la profecía (Joel 2.28-32), sus oyentes exclamaron compungidos, “¿Qué haremos? Y Pedro les dijo que se arrepintieran y se bautizaran en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados y así recibirían el don del Espíritu Santo (Hechos 2.38). A partir de ahí, Lucas, el escritor de los Hechos, nos dice que los nuevos convertidos se dedicaban continuamente a la doctrina de los apóstoles y a tener comunión, a partir el pan y a orar. La unión de estas cuatro necesidades para cada creyente no es algo aleatorio ni antojadizo, porque estas palabras fueron escritas bajo la dirección e inspiración del Espíritu Santo. Notemos el agrupamiento de las primeras dos necesidades y el de las últimas dos. Ellos perseveraban en la doctrina de los apóstoles, es decir, en el ministerio de la Palabra mientras era predicada; y a la vez perseveraban en la comunión unos con otros. De la misma manera, perseveraban en el partimiento del pan y en las oraciones. De manera que el ministerio de la Palabra y la comunión van juntos, como el partimiento del pan y las oraciones van juntos. Estas necesidades deben considerarse en pares.

De seguro habremos notado cómo casi sin excepción, después de la predicación de la palabra en nuestros cultos de occidente, cuando se da la bendición, los parroquianos salen de la iglesia, quizás comentando a un amigo lo excelente que estuvo el sermón que escucharon. O, es más probable que hermanos en Cristo comiencen a hablar de cómo su equipo favorito de fútbol se desempeñó en el juego del día anterior, entrando en algunos detalles sobre lo bien o mal que jugaron. O quizás, conversen sobre un viaje de negocios para la siguiente semana, o cómo les va a sus hijos en el equipo de baseball.

Sin embargo, lo que es poco común es escuchar lo que Lucas describe que ocurría con la iglesia primitiva después de la predicación de la palabra de Dios. Ellos perseveraban en la comunión. Esto por supuesto requiere una pregunta, ¿qué significa esa palabra griega koinonía que se ha traducido a comunión? No significa una reunión en la que disfrutaban de la compañía y la comida. No significa que los hermanos o hermanas salen a tomarse un café para conversar sobre las noticias, los deportes, el tiempo o la política. Ni siquiera significa necesariamente que se reunían en parejas para tener un Estudio Bíblico y discutir el sermón que les fue predicado el pasado Domingo. Por supuesto, nada de malo hay en todo lo descrito, pero eso no es perseverar en la comunión.

Koinonía se define como compañerismo, asociación, participación conjunta, lo que se comparte en común. Se usa diecinueve veces en el Nuevo Testamento y la Nueva Versión Americana lo traduce como contribuir en dos ocasiones, como compañerismo en doce ocasiones, participación en dos ocasiones y compartir en tres ocasiones.

De manera que en el contexto de Hechos 2.42, los nuevos creyentes están dedicados y perseverando en la enseñanza de los apóstoles y participaban compartiendo entre ellos con respecto a la palabra que recién se les había predicado.

Citando Deuteronomio 20.12, Pablo el apóstol, en el contexto de la fe que lleva a la justicia o salvación, dice:

No digas en tu corazón, ¿Quién subirá al Cielo? (esto es para traer abajo a Cristo), o ¿Quién descenderá al abismo? (esto es para levantar a Cristo de los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la Palabra, en tu boca y en tu corazón. – Esta es la Palabra de fe que predicamos” (Romanos 10.6-8)

En otras palabras, no pierdan su tiempo contemplando quién está en el cielo o quién está en el infierno. Enfóquense en su situación presente y en su necesidad. Usted no puede hacer nada por el que ya partió de este mundo. Pero Pablo afirma, la palabra de Dios predicada está cerca, en su boca y en su corazón. Él está urgiendo a los Romanos a que hagan algo con la palabra de Dios que se les ha predicado y que han estado escuchando. Él les urge a que confiesen con sus bocas que Jesús es el Señor, así como lo han escuchado en la predicación;  y él les urge a que crean en sus corazones (el centro de control de sus vidas, de donde manan todas las cosas) que Dios ha levantado a Jesús de entre los muertos. Haciendo esto, serán salvos.

Así, la palabra de Dios predicada debe dar como resultado la palabra en nuestras bocas y en nuestros corazones, esta palabra es capaz de salvar, santificar y finalmente glorificar. Notemos que Pablo no dice que la palabra debe estar en nuestras mentes. Eso se da por un hecho. Recibimos información en nuestra mente, pero Pablo procura algo mucho  más grande, algo que transforma y no simplemente informa.

Me pregunto qué pasaría si después de cada culto, después de que el predicador ha derramado su corazón en la predicación del Evangelio, apelando al corazón, la mente, la conciencia y la voluntad, si él entonces dijera: “Ahora, quiero que se dividan en grupos pequeños de cinco o seis y pasen diez minutos hablando cada uno al corazón del otro sobre la palabra que recién han escuchado. No hablen del equipo de fútbol. No hablen de los negocios de la semana que viene. En vez de eso, hablen de la palabra y de sus aplicaciones prácticas para cada uno, hasta que penetre y se apropien de ella.” La Escritura está repleta de esta idea de comunión en la palabra de Dios. Debemos hablar la verdad en amor (Efesios 4.15), hablar la verdad a nuestro prójimo (Efesios 4.25), animarnos unos a otros cada día en tanto que se dice hoy (Hebreos 3.13), y estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras (Hebreos 10.24).

Me parece a mí, que en la mayoría de los casos, el predicador simplemente expone el texto, algunas veces de manera brillante y coherente, sin que este llegue al corazón de los que escuchan. Con demasiada frecuencia la gente que escucha no experimenta ninguna transformación por causa de la palabra predicada, y se van a sus casas con más información almacenada en sus mentes solamente, para continuar desprovistos de la justicia que cambia vidas, de la paz y el gozo del Espíritu Santo.

Les ruego que este próximo Domingo, después de que el predicador concluya su sermón, busquen a un hermano o hermana o a dos más para hablar con respecto a lo que recién les fue predicado. Y hablen entre ustedes hasta que la palabra penetre y que se apropien de ella.

Cuatro Necesidades: (1) El ministerio de la Palabra

Posted in Reflexiones with tags , , on septiembre 25, 2018 by elcaminoangosto

Por Al Baker (Ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana en América)

Traducido con permiso por Alexander León.

[Nota del traductor: Difiero del autor en la interpretación de la frase “bautismo en el Espíritu Santo y fuego”, (pienso que se refiere a la salvación y al juicio), pero recomiendo esta serie de 4 artículos que estaré publicando: (1)  El ministerio de la Palabra, (2) Comunión alrededor de la Palabra, (3) Partiendo el Pan y (4) Orando la Palabra Predicada]

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hechos 2.42)

En cumplimiento de la profecía de Joel (Joel 2.28-32), en cumplimiento de la promesa de Cristo (Lucas 24.46-49, Hechos 1.8), y después de diez días de oración ferviente, el Espíritu Santo fue derramado sobre ciento veinte que estaban reunidos en el Aposento Alto en Jerusalén. Pedro, aquel que solo cincuenta días antes había sido intimidado por una moza para negar a Cristo tres veces, ahora, habiendo recibido el Espíritu Santo, predica con el poder del Espíritu Santo. Pedro se dirige a la mente (Hechos 2.14-35), declarando antes sus oyentes el cumplimiento de la profecía de Joel, su culpabilidad en la crucifixión de Cristo, y el cumplimiento de la profecía de David con respecto a la resurrección de Cristo. Luego Pedro dirige su arma hacia sus cuellos para llegar a sus corazones con el punto principal de su sermón

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2.36)

Y ¿cuál fue la respuesta de los que escucharon a Pedro? Ahora que habían escuchado esto, se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y al resto de los apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?

Se ha preguntado usted alguna vez ¿Por qué tanto de lo que se predica hoy hace tan poco efecto para transformar a los cristianos y convertir a los perdidos?  Sobre todo, es muy posible que muchos de los que escuchan al predicador no han nacido de nuevo, no  poseen la nueva vida en Cristo (Colosenses 3.1-3). El cristiano tiene la mente de Cristo (I Corintios 2.16), el corazón de Jesús en la regeneración (Juan 3.5-8; Romanos 6.4), la justicia de Jesús en la justificación (Romanos 5.1; I Corintios 1.30), y la santidad de Jesús en la santificación (I Corintios 1.30; Hebreos 12.14).

Así, un verdadero creyente tendrá hambre de escuchar la palabra de Dios y aplicarla a su vida. Sin embargo todos batallamos con el pecado interno y con las tentaciones que vienen del mundo, la carne y el demonio. Todos tenemos la tendencia a apartarnos de la sincera pureza y devoción a Cristo.

De manera que necesitamos la Palabra de Dios diariamente. Sin embargo el énfasis que hoy predomina está en otra parte. Vivimos en la era de la información y somos bombardeados constantemente por toda clase de información diversa, lo que podríamos llamar una “saturación de información”.

De manera personal, tendemos a pensar que mientras leamos una porción de las Escrituras cada mañana ya estamos listos para el día. O bien, como suelen pensar los que nos predican, pensamos que un sermón bien investigado, bien estructurado y una entrega coherente, repleta de ilustraciones y aplicaciones es lo que promueve una transformación espiritual y bíblica en la persona que se sienta en la banca.

Amigos míos, ¿No les parece que tenemos más información bíblica en estos tiempos de la que hemos tenido nunca antes? Lo único que se necesita es ir al Internet y encontraremos sermones de todos los grandes predicadores de todas las épocas. Sin embargo, generalmente estamos severamente afectados en lo que se refiere a la búsqueda de una santidad bíblica.

La palabra de Dios debe ser predicada con denuedo y proclamada sin equivocaciones o algo sofisticado, y la palabra debe ser recibida, meditada en el corazón y personalizada para la acción inmediata. Sí, por supuesto que el predicador debe dirigirse a la mente pero ese no es el objetivo final.

Si uno de nuestros nietos pasa la noche con nosotros, y la siguiente mañana yo noto que él no arregló su cama, yo puedo preguntarle ¿Sabes cómo arreglar tu cama? Tal vez nuestro nieto diga, “No, no he aprendido eso todavía”. Yo digo entonces, “Bueno, así es como debes hacerlo. Ahora practiquemos”. Así, el nieto tiene ahora el conocimiento y la habilidad para arreglar su cama cada vez que venga a pasar la noche con nosotros. Sin embargo, ¿Es ese conocimiento suficiente para moverlo a hacer su deber? Por supuesto que no. Él debe ser movido en su corazón para arreglar su cama. Debe desear hacerlo. Debo apelar a su corazón y convencerlo de la necesidad de hacer lo que ahora sabe y está capacitado para hacer.

Lo mismo es cierto con respecto a la predicación, enseñanza, discipulado, consejería o evangelización. Lo que sea que hagamos en la Palabra de Dios debe alcanzar el corazón.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, los predicadores solamente exponen el texto, algunas veces de manera brillante y coherente, pero la gente que recibe la palabra con frecuencia recibe la instrucción como entretenimiento, regresando a sus casas con más información almacenada en sus mentes pero continúan desprovistos de una justicia transformadora en sus vidas, de paz y de gozo en el Espíritu Santo.

Consideremos las predicaciones de los grandes hombres del pasado, hombres como George Whitefield, Jonathan Edwards, Samuel Davies, Charles Spurgeon y muchos otros. Sus predicaciones y sus vidas estuvieron marcadas por el fuego del Espíritu Santo. ¿Qué es eso? Juan el Bautista, el precursor del Señor Jesucristo, dijo que Uno vendría que los bautizaría en el Espíritu Santo y fuego. (Mateo 3.11). Isaías dijo que un ángel vino que tocó sus labios inmundos con un carbón encendido del altar (Isaías 6.6-7). Los hombres en el camino a Emaús, después de escuchar a Jesús cuando les abrió las Escrituras para mostrarles lo que de Él decían, dijeron que habían sentido que sus corazones ardían por dentro (Lucas 24.32). Malaquías dijo que la venida del Señor sería como fuego purificador (Malaquías 3.2-3). Aplicando las palabras del Salmista, el escritor a los Hebreos dice que Dios hace a sus ministros llama de fuego (Hebreos 1.7; Salmos 104.4). Pablo nos dice que seremos salvados como por fuego (I Corintios 3.15). Hebreos nos exhorta a adorar a Dios con reverencia porque nuestro Dios es fuego consumidor (Hebreos 12.29). Y Lucas dice que una de las manifestaciones del Espíritu Santo fueron lenguas que parecían de fuego (Hechos 2.3) Este fue el cumplimiento de las palabras de Juan (Lucas 3.16)

¿Qué significa esto? Fuego en la Biblia significa tres posibles cosas – pureza, poder y pasión. Isaías es purificado por el carbón del altar. El bautismo de Jesús en Espíritu Santo y fuego promete el poder de Dios. Y los ministros de Dios son llamas de fuego, llenos de pasión para llevar el evangelio a las naciones. Debemos rechazar la idea de que todos lo que necesitamos es información en los sermones, aunque esté basada en las Escrituras. Necesitamos tanto la Palabra como el Espíritu. Necesitamos tomar la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios (Efesios 6.17), pero también debemos orar con toda perseverancia y súplica en el Espíritu por todos los santos, para que la palabra sea dada a conocer con denuedo (Efesios 6.18-20)

¿Cómo llegamos ahí? Debemos tener el fuego del Espíritu Santo. Debemos tener la unción del Espíritu (I Juan 2.20). Hay una única manera, y es la oración ferviente y la súplica, derramando nuestros corazones ante Dios en arrepentimiento, pidiendo al Espíritu Santo (Lucas 11.13), buscando Su presencia y su poder hasta que lo obtengamos (Santiago 4.8). Si usted es un predicador, debe hacer esta su más alta prioridad en el ministerio. Si usted apoya a su predicador en oración, y es su deber hacerlo, entonces pida para que venga la unción y el fuego del Espíritu Santo, que venga en pureza de motivos, poder en la predicación, y pasión al desempeñar el ministerio. Yo sé que suena extraño y puede que no sea bien visto, pero deberíamos ir a la iglesia y ver a nuestro pastor arder con el fuego del Espíritu mientras proclama las inescrutables riquezas de Cristo. Esto no es un asunto casual. No es solo una sugerencia, esto es de vida o muerte (II Corintios 3-4).  Nuestras palabras son olor de vida para vida, o bien de muerte para muerte (II Corintios 2.15-16). El predicador debe predicar su punto principal y buscar un veredicto. ¿Qué van a hacer los asistentes con lo que han escuchado?

Samuel Chadwick decía que cuando la iglesia habla mucho de sus problemas y cuando aumentan las conferencias, entonces la iglesia está en problemas. La Iglesia busca actividades para tapar su falta de verdadero poder espiritual. “Actuamos como si el único remedio para nuestro declive fueran los métodos, organizaciones y compromisos”. Podemos hacer algo mejor y debemos hacer algo mejor. Debemos tener el fuego del Espíritu Santo.

La Libertad del Evangelio

Posted in Reflexiones with tags on septiembre 17, 2018 by elcaminoangosto

La libertad del evangelio (Pastor Alexander León) from Iglesia Bautista Los Lagos on Vimeo.

Consejos Para Escuchar la Palabra con Provecho

Posted in Reflexiones with tags , , on agosto 18, 2018 by elcaminoangosto

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Richard Baxter 1615 – 1691 (Pastor Angligano No Conformista)

  1. Lee y medita mucho la Biblia en privado; así entenderás mejor lo que se predica en público y podrás distinguir si lo que se dice es de Dios o no. Si no conoces la Palabra, lo que se predique te resultará extraño y de poco provecho.

  2. Busca el lugar con la enseñanza más clara, definida y convincente que puedas hallar. Es inmensa la diferencia que hay entre ser enseñado por un predicador juicioso, claro, preciso y capaz, que por uno ignorante, ambiguo, indefinido y seco, cuya predicación es una mezcla de ideas sin digerir. Un maestro ignorante no te va a hacer un cristiano entendido, y uno que predica erráticamente no te va dar un crecimiento sano ni te establecerá bien en la verdad.

  3. No oigas la Palabra con un corazón descuidado como si no tuviera importancia para ti. Escúchala consciente de tu necesidad y de la responsabilidad e implicaciones de lo que oyes. Si entiendes lo que esa Palabra significa para tu alma y si la amas como la Palabra de vida, entenderás mejor cada verdad predicada. El que no ama ni necesita algo, no se interesa en oírlo; pro si entendemos la excelencia y necesidad de la Palabra, nuestro amor y atención serán estimulados y nos será fácil entender lo que se predica.

  4. No toleres que los pensamientos vanos, el descuido o el letargo estorben tu atención. Si no estás atento, ¿Cómo entenderás y aprenderás? Enfócate en la predicación de la Palabra como si allí estuviera tu vida. Se tan diligente en aprender así como tu pastor es diligente para enseñar. Si un predicador negligente y aletargado es malo, un oyente apático y amodorrado no es bueno. Dice Moisés: “Aplicad a vuestro corazón todas las palabras que yo os testifico hoy—porque no es cosa vana; es vuestra vida.” Si tú esperas que Dios oiga tus oraciones en la aflicción, ¿Por qué no vas a oír sus Palabras sabiendo que “el que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” ( 28.9)?

  5. Pon atención al orden del sermón y a la doctrina en que está centrado. Primero porque eso es lo que el predicador quiere señalar, y luego por qué eso te ayudará a entender el resto, el cual depende y está relacionado a ello. Observa sobre todo los aspectos más importantes para tu alma y no te estés fijando en los detalles o aspectos ingeniosos; no seas como los niños que van a la escuela y lo único que hacen es rayar papeles con figuras inteligibles sin haber entendido su lección.

  6. Aprende primero los puntos esenciales de la doctrina, y procura que con cada predicación tu entendimiento de ellos se incremente más. Entendiendo bien las doctrinas esenciales podrás entender mejor las doctrinas no esenciales.

  7. Evita estas dos cosas: (a) apresurarte a explorar detalles doctrinales (que algunos llaman profundidades) antes de comprender bien lo esencial. (b) alimentarte de controversias secas y estériles y deleitarte con la hojarasca de palabras resonantes e impertinentes que no edifican entrando en discusiones vanas sobre formalismos y exterioridades.

  8. Cuando regreses a tu casa medita en lo que escuchaste hasta entenderlo bien (Salmo 1.2).

  9. Cuando tengas dudas, pregunta a los que te pueden ayudar y enseñar. Es señal de descuido y desprecio a la Palabra de Dios que alguien deje pasar el tiempo sin acercarse a sus pastores a buscar la explicación de sus dudas, teniendo ellos la capacidad, la responsabilidad y el deseo de enseñarte.

  10. Lee libros que puedan ayudarte a entender mejor las doctrinas que necesitas aprender.

  11. Ora fervientemente por sabiduría e iluminación del Espíritu ( 1.18; Hechos 26.18; Sant. 1.5).

  12. Practicar conscientemente lo que sabes, es la mejor y más excelente ayuda para conocer con solidez las verdades de Dios (Juan 12. 7, 17).

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