Archivo para Alexander Leon

Cuatro Necesidades: (2) Comunión alrededor de la Palabra.

Posted in Reflexiones with tags , , on septiembre 27, 2018 by elcaminoangosto

Por Al Baker (Ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana en América)

Traducido con permiso por Alexander León.

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”Hechos 2.42

¿Por qué la enseñanza hace tan poco en la transformación de los que están en las bancas?

Cuando el apóstol Pedro predicó en el día de Pentecostés, después de que el prometido Espíritu Santo había sido derramado, en cumplimiento de la profecía (Joel 2.28-32), sus oyentes exclamaron compungidos, “¿Qué haremos? Y Pedro les dijo que se arrepintieran y se bautizaran en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados y así recibirían el don del Espíritu Santo (Hechos 2.38). A partir de ahí, Lucas, el escritor de los Hechos, nos dice que los nuevos convertidos se dedicaban continuamente a la doctrina de los apóstoles y a tener comunión, a partir el pan y a orar. La unión de estas cuatro necesidades para cada creyente no es algo aleatorio ni antojadizo, porque estas palabras fueron escritas bajo la dirección e inspiración del Espíritu Santo. Notemos el agrupamiento de las primeras dos necesidades y el de las últimas dos. Ellos perseveraban en la doctrina de los apóstoles, es decir, en el ministerio de la Palabra mientras era predicada; y a la vez perseveraban en la comunión unos con otros. De la misma manera, perseveraban en el partimiento del pan y en las oraciones. De manera que el ministerio de la Palabra y la comunión van juntos, como el partimiento del pan y las oraciones van juntos. Estas necesidades deben considerarse en pares.

De seguro habremos notado cómo casi sin excepción, después de la predicación de la palabra en nuestros cultos de occidente, cuando se da la bendición, los parroquianos salen de la iglesia, quizás comentando a un amigo lo excelente que estuvo el sermón que escucharon. O, es más probable que hermanos en Cristo comiencen a hablar de cómo su equipo favorito de fútbol se desempeñó en el juego del día anterior, entrando en algunos detalles sobre lo bien o mal que jugaron. O quizás, conversen sobre un viaje de negocios para la siguiente semana, o cómo les va a sus hijos en el equipo de baseball.

Sin embargo, lo que es poco común es escuchar lo que Lucas describe que ocurría con la iglesia primitiva después de la predicación de la palabra de Dios. Ellos perseveraban en la comunión. Esto por supuesto requiere una pregunta, ¿qué significa esa palabra griega koinonía que se ha traducido a comunión? No significa una reunión en la que disfrutaban de la compañía y la comida. No significa que los hermanos o hermanas salen a tomarse un café para conversar sobre las noticias, los deportes, el tiempo o la política. Ni siquiera significa necesariamente que se reunían en parejas para tener un Estudio Bíblico y discutir el sermón que les fue predicado el pasado Domingo. Por supuesto, nada de malo hay en todo lo descrito, pero eso no es perseverar en la comunión.

Koinonía se define como compañerismo, asociación, participación conjunta, lo que se comparte en común. Se usa diecinueve veces en el Nuevo Testamento y la Nueva Versión Americana lo traduce como contribuir en dos ocasiones, como compañerismo en doce ocasiones, participación en dos ocasiones y compartir en tres ocasiones.

De manera que en el contexto de Hechos 2.42, los nuevos creyentes están dedicados y perseverando en la enseñanza de los apóstoles y participaban compartiendo entre ellos con respecto a la palabra que recién se les había predicado.

Citando Deuteronomio 20.12, Pablo el apóstol, en el contexto de la fe que lleva a la justicia o salvación, dice:

No digas en tu corazón, ¿Quién subirá al Cielo? (esto es para traer abajo a Cristo), o ¿Quién descenderá al abismo? (esto es para levantar a Cristo de los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la Palabra, en tu boca y en tu corazón. – Esta es la Palabra de fe que predicamos” (Romanos 10.6-8)

En otras palabras, no pierdan su tiempo contemplando quién está en el cielo o quién está en el infierno. Enfóquense en su situación presente y en su necesidad. Usted no puede hacer nada por el que ya partió de este mundo. Pero Pablo afirma, la palabra de Dios predicada está cerca, en su boca y en su corazón. Él está urgiendo a los Romanos a que hagan algo con la palabra de Dios que se les ha predicado y que han estado escuchando. Él les urge a que confiesen con sus bocas que Jesús es el Señor, así como lo han escuchado en la predicación;  y él les urge a que crean en sus corazones (el centro de control de sus vidas, de donde manan todas las cosas) que Dios ha levantado a Jesús de entre los muertos. Haciendo esto, serán salvos.

Así, la palabra de Dios predicada debe dar como resultado la palabra en nuestras bocas y en nuestros corazones, esta palabra es capaz de salvar, santificar y finalmente glorificar. Notemos que Pablo no dice que la palabra debe estar en nuestras mentes. Eso se da por un hecho. Recibimos información en nuestra mente, pero Pablo procura algo mucho  más grande, algo que transforma y no simplemente informa.

Me pregunto qué pasaría si después de cada culto, después de que el predicador ha derramado su corazón en la predicación del Evangelio, apelando al corazón, la mente, la conciencia y la voluntad, si él entonces dijera: “Ahora, quiero que se dividan en grupos pequeños de cinco o seis y pasen diez minutos hablando cada uno al corazón del otro sobre la palabra que recién han escuchado. No hablen del equipo de fútbol. No hablen de los negocios de la semana que viene. En vez de eso, hablen de la palabra y de sus aplicaciones prácticas para cada uno, hasta que penetre y se apropien de ella.” La Escritura está repleta de esta idea de comunión en la palabra de Dios. Debemos hablar la verdad en amor (Efesios 4.15), hablar la verdad a nuestro prójimo (Efesios 4.25), animarnos unos a otros cada día en tanto que se dice hoy (Hebreos 3.13), y estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras (Hebreos 10.24).

Me parece a mí, que en la mayoría de los casos, el predicador simplemente expone el texto, algunas veces de manera brillante y coherente, sin que este llegue al corazón de los que escuchan. Con demasiada frecuencia la gente que escucha no experimenta ninguna transformación por causa de la palabra predicada, y se van a sus casas con más información almacenada en sus mentes solamente, para continuar desprovistos de la justicia que cambia vidas, de la paz y el gozo del Espíritu Santo.

Les ruego que este próximo Domingo, después de que el predicador concluya su sermón, busquen a un hermano o hermana o a dos más para hablar con respecto a lo que recién les fue predicado. Y hablen entre ustedes hasta que la palabra penetre y que se apropien de ella.

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Cuatro Necesidades: (1) El ministerio de la Palabra

Posted in Reflexiones with tags , , on septiembre 25, 2018 by elcaminoangosto

Por Al Baker (Ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana en América)

Traducido con permiso por Alexander León.

[Nota del traductor: Difiero del autor en la interpretación de la frase “bautismo en el Espíritu Santo y fuego”, (pienso que se refiere a la salvación y al juicio), pero recomiendo esta serie de 4 artículos que estaré publicando: (1)  El ministerio de la Palabra, (2) Comunión alrededor de la Palabra, (3) Partiendo el Pan y (4) Orando la Palabra Predicada]

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hechos 2.42)

En cumplimiento de la profecía de Joel (Joel 2.28-32), en cumplimiento de la promesa de Cristo (Lucas 24.46-49, Hechos 1.8), y después de diez días de oración ferviente, el Espíritu Santo fue derramado sobre ciento veinte que estaban reunidos en el Aposento Alto en Jerusalén. Pedro, aquel que solo cincuenta días antes había sido intimidado por una moza para negar a Cristo tres veces, ahora, habiendo recibido el Espíritu Santo, predica con el poder del Espíritu Santo. Pedro se dirige a la mente (Hechos 2.14-35), declarando antes sus oyentes el cumplimiento de la profecía de Joel, su culpabilidad en la crucifixión de Cristo, y el cumplimiento de la profecía de David con respecto a la resurrección de Cristo. Luego Pedro dirige su arma hacia sus cuellos para llegar a sus corazones con el punto principal de su sermón

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2.36)

Y ¿cuál fue la respuesta de los que escucharon a Pedro? Ahora que habían escuchado esto, se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y al resto de los apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?

Se ha preguntado usted alguna vez ¿Por qué tanto de lo que se predica hoy hace tan poco efecto para transformar a los cristianos y convertir a los perdidos?  Sobre todo, es muy posible que muchos de los que escuchan al predicador no han nacido de nuevo, no  poseen la nueva vida en Cristo (Colosenses 3.1-3). El cristiano tiene la mente de Cristo (I Corintios 2.16), el corazón de Jesús en la regeneración (Juan 3.5-8; Romanos 6.4), la justicia de Jesús en la justificación (Romanos 5.1; I Corintios 1.30), y la santidad de Jesús en la santificación (I Corintios 1.30; Hebreos 12.14).

Así, un verdadero creyente tendrá hambre de escuchar la palabra de Dios y aplicarla a su vida. Sin embargo todos batallamos con el pecado interno y con las tentaciones que vienen del mundo, la carne y el demonio. Todos tenemos la tendencia a apartarnos de la sincera pureza y devoción a Cristo.

De manera que necesitamos la Palabra de Dios diariamente. Sin embargo el énfasis que hoy predomina está en otra parte. Vivimos en la era de la información y somos bombardeados constantemente por toda clase de información diversa, lo que podríamos llamar una “saturación de información”.

De manera personal, tendemos a pensar que mientras leamos una porción de las Escrituras cada mañana ya estamos listos para el día. O bien, como suelen pensar los que nos predican, pensamos que un sermón bien investigado, bien estructurado y una entrega coherente, repleta de ilustraciones y aplicaciones es lo que promueve una transformación espiritual y bíblica en la persona que se sienta en la banca.

Amigos míos, ¿No les parece que tenemos más información bíblica en estos tiempos de la que hemos tenido nunca antes? Lo único que se necesita es ir al Internet y encontraremos sermones de todos los grandes predicadores de todas las épocas. Sin embargo, generalmente estamos severamente afectados en lo que se refiere a la búsqueda de una santidad bíblica.

La palabra de Dios debe ser predicada con denuedo y proclamada sin equivocaciones o algo sofisticado, y la palabra debe ser recibida, meditada en el corazón y personalizada para la acción inmediata. Sí, por supuesto que el predicador debe dirigirse a la mente pero ese no es el objetivo final.

Si uno de nuestros nietos pasa la noche con nosotros, y la siguiente mañana yo noto que él no arregló su cama, yo puedo preguntarle ¿Sabes cómo arreglar tu cama? Tal vez nuestro nieto diga, “No, no he aprendido eso todavía”. Yo digo entonces, “Bueno, así es como debes hacerlo. Ahora practiquemos”. Así, el nieto tiene ahora el conocimiento y la habilidad para arreglar su cama cada vez que venga a pasar la noche con nosotros. Sin embargo, ¿Es ese conocimiento suficiente para moverlo a hacer su deber? Por supuesto que no. Él debe ser movido en su corazón para arreglar su cama. Debe desear hacerlo. Debo apelar a su corazón y convencerlo de la necesidad de hacer lo que ahora sabe y está capacitado para hacer.

Lo mismo es cierto con respecto a la predicación, enseñanza, discipulado, consejería o evangelización. Lo que sea que hagamos en la Palabra de Dios debe alcanzar el corazón.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, los predicadores solamente exponen el texto, algunas veces de manera brillante y coherente, pero la gente que recibe la palabra con frecuencia recibe la instrucción como entretenimiento, regresando a sus casas con más información almacenada en sus mentes pero continúan desprovistos de una justicia transformadora en sus vidas, de paz y de gozo en el Espíritu Santo.

Consideremos las predicaciones de los grandes hombres del pasado, hombres como George Whitefield, Jonathan Edwards, Samuel Davies, Charles Spurgeon y muchos otros. Sus predicaciones y sus vidas estuvieron marcadas por el fuego del Espíritu Santo. ¿Qué es eso? Juan el Bautista, el precursor del Señor Jesucristo, dijo que Uno vendría que los bautizaría en el Espíritu Santo y fuego. (Mateo 3.11). Isaías dijo que un ángel vino que tocó sus labios inmundos con un carbón encendido del altar (Isaías 6.6-7). Los hombres en el camino a Emaús, después de escuchar a Jesús cuando les abrió las Escrituras para mostrarles lo que de Él decían, dijeron que habían sentido que sus corazones ardían por dentro (Lucas 24.32). Malaquías dijo que la venida del Señor sería como fuego purificador (Malaquías 3.2-3). Aplicando las palabras del Salmista, el escritor a los Hebreos dice que Dios hace a sus ministros llama de fuego (Hebreos 1.7; Salmos 104.4). Pablo nos dice que seremos salvados como por fuego (I Corintios 3.15). Hebreos nos exhorta a adorar a Dios con reverencia porque nuestro Dios es fuego consumidor (Hebreos 12.29). Y Lucas dice que una de las manifestaciones del Espíritu Santo fueron lenguas que parecían de fuego (Hechos 2.3) Este fue el cumplimiento de las palabras de Juan (Lucas 3.16)

¿Qué significa esto? Fuego en la Biblia significa tres posibles cosas – pureza, poder y pasión. Isaías es purificado por el carbón del altar. El bautismo de Jesús en Espíritu Santo y fuego promete el poder de Dios. Y los ministros de Dios son llamas de fuego, llenos de pasión para llevar el evangelio a las naciones. Debemos rechazar la idea de que todos lo que necesitamos es información en los sermones, aunque esté basada en las Escrituras. Necesitamos tanto la Palabra como el Espíritu. Necesitamos tomar la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios (Efesios 6.17), pero también debemos orar con toda perseverancia y súplica en el Espíritu por todos los santos, para que la palabra sea dada a conocer con denuedo (Efesios 6.18-20)

¿Cómo llegamos ahí? Debemos tener el fuego del Espíritu Santo. Debemos tener la unción del Espíritu (I Juan 2.20). Hay una única manera, y es la oración ferviente y la súplica, derramando nuestros corazones ante Dios en arrepentimiento, pidiendo al Espíritu Santo (Lucas 11.13), buscando Su presencia y su poder hasta que lo obtengamos (Santiago 4.8). Si usted es un predicador, debe hacer esta su más alta prioridad en el ministerio. Si usted apoya a su predicador en oración, y es su deber hacerlo, entonces pida para que venga la unción y el fuego del Espíritu Santo, que venga en pureza de motivos, poder en la predicación, y pasión al desempeñar el ministerio. Yo sé que suena extraño y puede que no sea bien visto, pero deberíamos ir a la iglesia y ver a nuestro pastor arder con el fuego del Espíritu mientras proclama las inescrutables riquezas de Cristo. Esto no es un asunto casual. No es solo una sugerencia, esto es de vida o muerte (II Corintios 3-4).  Nuestras palabras son olor de vida para vida, o bien de muerte para muerte (II Corintios 2.15-16). El predicador debe predicar su punto principal y buscar un veredicto. ¿Qué van a hacer los asistentes con lo que han escuchado?

Samuel Chadwick decía que cuando la iglesia habla mucho de sus problemas y cuando aumentan las conferencias, entonces la iglesia está en problemas. La Iglesia busca actividades para tapar su falta de verdadero poder espiritual. “Actuamos como si el único remedio para nuestro declive fueran los métodos, organizaciones y compromisos”. Podemos hacer algo mejor y debemos hacer algo mejor. Debemos tener el fuego del Espíritu Santo.

La Libertad del Evangelio

Posted in Reflexiones with tags on septiembre 17, 2018 by elcaminoangosto

La libertad del evangelio (Pastor Alexander León) from Iglesia Bautista Los Lagos on Vimeo.

Consejos Para Escuchar la Palabra con Provecho

Posted in Reflexiones with tags , , on agosto 18, 2018 by elcaminoangosto

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Richard Baxter 1615 – 1691 (Pastor Angligano No Conformista)

  1. Lee y medita mucho la Biblia en privado; así entenderás mejor lo que se predica en público y podrás distinguir si lo que se dice es de Dios o no. Si no conoces la Palabra, lo que se predique te resultará extraño y de poco provecho.

  2. Busca el lugar con la enseñanza más clara, definida y convincente que puedas hallar. Es inmensa la diferencia que hay entre ser enseñado por un predicador juicioso, claro, preciso y capaz, que por uno ignorante, ambiguo, indefinido y seco, cuya predicación es una mezcla de ideas sin digerir. Un maestro ignorante no te va a hacer un cristiano entendido, y uno que predica erráticamente no te va dar un crecimiento sano ni te establecerá bien en la verdad.

  3. No oigas la Palabra con un corazón descuidado como si no tuviera importancia para ti. Escúchala consciente de tu necesidad y de la responsabilidad e implicaciones de lo que oyes. Si entiendes lo que esa Palabra significa para tu alma y si la amas como la Palabra de vida, entenderás mejor cada verdad predicada. El que no ama ni necesita algo, no se interesa en oírlo; pro si entendemos la excelencia y necesidad de la Palabra, nuestro amor y atención serán estimulados y nos será fácil entender lo que se predica.

  4. No toleres que los pensamientos vanos, el descuido o el letargo estorben tu atención. Si no estás atento, ¿Cómo entenderás y aprenderás? Enfócate en la predicación de la Palabra como si allí estuviera tu vida. Se tan diligente en aprender así como tu pastor es diligente para enseñar. Si un predicador negligente y aletargado es malo, un oyente apático y amodorrado no es bueno. Dice Moisés: “Aplicad a vuestro corazón todas las palabras que yo os testifico hoy—porque no es cosa vana; es vuestra vida.” Si tú esperas que Dios oiga tus oraciones en la aflicción, ¿Por qué no vas a oír sus Palabras sabiendo que “el que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” ( 28.9)?

  5. Pon atención al orden del sermón y a la doctrina en que está centrado. Primero porque eso es lo que el predicador quiere señalar, y luego por qué eso te ayudará a entender el resto, el cual depende y está relacionado a ello. Observa sobre todo los aspectos más importantes para tu alma y no te estés fijando en los detalles o aspectos ingeniosos; no seas como los niños que van a la escuela y lo único que hacen es rayar papeles con figuras inteligibles sin haber entendido su lección.

  6. Aprende primero los puntos esenciales de la doctrina, y procura que con cada predicación tu entendimiento de ellos se incremente más. Entendiendo bien las doctrinas esenciales podrás entender mejor las doctrinas no esenciales.

  7. Evita estas dos cosas: (a) apresurarte a explorar detalles doctrinales (que algunos llaman profundidades) antes de comprender bien lo esencial. (b) alimentarte de controversias secas y estériles y deleitarte con la hojarasca de palabras resonantes e impertinentes que no edifican entrando en discusiones vanas sobre formalismos y exterioridades.

  8. Cuando regreses a tu casa medita en lo que escuchaste hasta entenderlo bien (Salmo 1.2).

  9. Cuando tengas dudas, pregunta a los que te pueden ayudar y enseñar. Es señal de descuido y desprecio a la Palabra de Dios que alguien deje pasar el tiempo sin acercarse a sus pastores a buscar la explicación de sus dudas, teniendo ellos la capacidad, la responsabilidad y el deseo de enseñarte.

  10. Lee libros que puedan ayudarte a entender mejor las doctrinas que necesitas aprender.

  11. Ora fervientemente por sabiduría e iluminación del Espíritu ( 1.18; Hechos 26.18; Sant. 1.5).

  12. Practicar conscientemente lo que sabes, es la mejor y más excelente ayuda para conocer con solidez las verdades de Dios (Juan 12. 7, 17).

¿LGBTI?

Posted in Alertas, Reflexiones with tags , , , on julio 23, 2018 by elcaminoangosto

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Artículo escrito para el Boletín Teológico

>>Reforma Siglo XXI

Consejos Pastorales sobre la Ideología de Género y el Quebrantamiento Sexual

Los padres y los pastores de las iglesias estamos enfrentado una oposición directa contra nuestro deber en la labor didáctica y correctiva de nuestros niños y nuestras ovejas.

En ciertos lugares, la impiedad ha escalado en los sistemas gubernamentales para que los estados establezcan leyes que castigan a los padres que procuran ejercer disciplina sobre sus hijos según las convicciones bíblicas. Hay una campaña orquestada en los medios para impedir que los padres se involucren en la corrección de conductas contrarias a la moral cristiana.

Este sistema represivo que intenta eliminar a los padres del proceso educativo y formativo, se presenta usando un lenguaje de derechos humanos y de derechos de los niños, llegando algunos hasta el punto de afirmar que inculcar una religión a los niños es un tipo de violación. Los padres ya no tienen derecho de influir en la manera de pensar de sus hijos pero el Estado sí tiene el derecho de inculcarles su sistema de valores.

El caos parece imperar en la sociedad moderna y la minoría dominante parece haber perdido la capacidad de realizar un debate racional al respecto de sus posiciones, las cuales, no solo se supone que debemos aprender a tolerar, sino que ahora se nos está obligando a aceptar y aprobar. El derecho a disentir parece haber desaparecido.

La comunidad psiquiátrica sufrió seria presión durante varias décadas para que se llegara a aceptar, aunque sin pruebas, que la conducta homosexual era normal y no debía considerarse una anomalía sino que era un estado normal y natural con posibles causas genéticas, porque anteriormente era catalogado como una patología.

Los reportes o “Informes Kinsey” con respecto a la Conducta Sexual Masculina y Femenina, que se publicaron en 1948 y 1953 respectivamente, llegaron a influir de una manera considerable en la opinión al respecto de estos temas, de manera que todavía se hace referencia a datos que provienen de esos reportes, como si fueran verdades demostradas, aunque se ha comprobado que no tienen un fundamento científico y que la investigación no fue honesta.

Luego, los pastores apóstatas de algunas iglesias fueron cediendo ante el mundo cuando comenzaron a dudar si de verdad las conductas homosexuales tenían una causa genética, como si eso cambiara de alguna manera la ley de Dios al respecto de la sexualidad. Y ahora, después de que ingenuamente muchas iglesias cedieron ante la psicología y desistieron de la consejería bíblica, enfrentamos un cambio repentino, un cambio de estrategia y no muchos se están dando cuenta.

Los argumentos a favor de la “diversidad de conductas sexuales” ya no tienen que ver con la genética, sino que ahora se apela al derecho que tiene todo ser humano de elegir su propia sexualidad según se auto-perciba. Esta auto-percepción implica que hay hombres que se consideran mujeres y a la inversa, y también hay espacio para las dudas de identidad temporales o permanentes, sin el permiso de que alguien se atreva a considerar esta situación como una anomalía.

Aquellos que una vez defendían tenazmente sus “tendencias innatas”, ahora afirman que no debemos hablar de ninguna disposición innata y parece que ya la genética no importa para nada, sino que cada uno puede y debe decidir su orientación sexual sin las restricciones opresoras de “una sociedad patriarcal antiguada y retrógrada”.

Los grupos de activistas LGBTI no quieren que los padres influyan de ninguna manera en la sexualidad de sus hijos pero basta observar con detenimiento para comprobar que ellos sí se esfuerzan por influir constantemente por diversos medios, para causar confusión en nuestros pequeños y en los que ya no son tan pequeños también.

No solo la industria impía del entretenimiento de Hollywood con sus artistas o la industria de la moda, dominada en su mayoría por gente cuyo estilo de vida es inmoral, sino que también las organizaciones “no gubernamentales” auspiciadas por las Naciones Unidas han tenido su participación directa para que los Ministerios de Educación de muchos países sucumbieran ante esta dañina mentira de la llamada “ideología de género”.

Ante esta triste situación, la familia cristiana y la Iglesia deben tener claridad sobre cómo debemos actuar, en defensa de lo que es bueno y de lo que agrada a Dios y en defensa de nuestros hijos.

Entonces, sin tomar en cuenta las posiciones cambiantes del mundo, sugiero que apliquemos las siguientes recomendaciones al tratar casos relacionados con conductas o sentimientos sexuales contrarios a la ley del Señor.

Los padres deben, más que antes, esforzarse por asumir sus roles bíblicamente establecidos y desempeñarlos en el temor de Dios. La influencia correcta de padres piadosos que ejercen sus respectivos roles, previene en gran medida la confusión de identidad.

Esto no significa que un padre no debe cocinar o involucrarse en las tareas de la casa o que una mujer no puede aprender mecánica automotriz. Pero debe observarse un claro compromiso con los roles asignados por Dios, para que el padre se vea como proveedor y protector y ejerza un liderazgo amoroso y que la madre tenga la disposición de cuidar de su esposo, hijos y casa como su vocación principal. (Tito 2.4)

Los padres deben observar con cuidado las conductas, aficiones e inclinaciones de sus hijos desde pequeños para poder corregirles con amor. En muchas ocasiones los niños han presentado tendencias incorrectas desde muy pequeños y los padres han preferido ignorar el asunto, pensando que se solucionará solo.

Si un niño imita más a su madre o a las mujeres que a su padre o hermanos, esto es una clara alerta, pero debe abordarse el problema con amor y con paciencia.

Hemos sido testigos de varoncitos pequeños que jugaron a vestirse con la ropa de la mamá y el incidente fue tomado a broma o bien a burla pero nadie tomó tiempo para tratar el asunto con seriedad y para aplicar el principio enseñado en Deuteronomio 22.5 según el cual, Dios detesta que una persona trate de asumir una conducta o vestimenta contraria al sexo que Dios le asignó.

No debemos tener miedo de llamar las cosas por su verdadero nombre según los estándares de la Palabra de Dios.

Las orientaciones y prácticas sexuales que se apartan de los parámetros establecidos por Dios, son perversiones y abominaciones según se detalla en Levítico 18 y 20.

A nadie le gusta que se le califique de “pervertido”, sin embargo, es la Verdad lo que ayudará a nuestros hijos a luchar contra toda tendencia a las perversiones.

Debemos enseñar con claridad en nuestras casas y en nuestras iglesias que el pecado no se limita a las acciones, sino a los pensamientos y a los sentimientos, para que nosotros y nuestros hijos luchemos apropiadamente no solamente con las prácticas, sino contra cualquier tendencia impura que llegue a surgir en nuestro corazón.

El claro mensaje del Evangelio es lo único que dará verdadera esperanza en este mundo que llama a lo bueno malo y a lo malo bueno (Isaías 5.20)

Muy brevemente me he referido a lo que es nuestro deber para el cuidado y buen desarrollo de nuestros hijos, observándoles y orientándoles para que estén agradecidos y satisfechos con el sexo que Dios les otorgó, pero ellos deben llegar a entender que su deber es esforzarse por llegar a ser la clase de hombres o mujeres que dan gloria a Dios con sus vidas, tomando como modelos los héroes de la Biblia y nuestros antepasados en la Fe y también, de forma ideal, el ejemplo de sus padres, que deberían procurar ser modelos de piedad.

Debemos observar a nuestros hijos y preguntarnos ¿Están tratando de imitarnos a nosotros o a otros creyentes ejemplares? O ¿están se nota que están tratando de imitar a las “estrellas” de este mundo?

Si los jóvenes están procurando parecerse más a los artistas y cantantes, pronto la manera de pensar de esos artistas y cantantes influirá en ellos más que nosotros.

Hay otro reto que debemos enfrentar como iglesias del siglo XXI. Tenemos que recibir personas que vendrán a la Iglesia, cuyo pasado ha sido de quebrantamiento en el área sexual. Puede ser que se trate de hombres afeminados, mujeres masculinas o bien personas que a pesar de tener una apariencia externa acorde con su sexo, han estado atrapados ya sea por los sentimientos de atracción homosexual o por prácticas sexuales impuras identificadas hoy en día como “parafilias”.

Muchos encuentran este tema incómodo y optan por un completo silencio, pero tal cosa es una alternativa inaceptable.

¿Cómo enfrentaremos el caso de un hombre que llega a nuestra congregación y tiene ademanes y formas de hablar o vestir que no son varoniles?

¿Qué haremos con las mujeres que lucen como hombres?

¿Y cómo reaccionaremos ante los que abusaron de sus cuerpos con notorios tatuajes y piercings?

Los que provienen de un contexto de drogadicción y delincuencia también suelen tener un lenguaje y maneras que notoriamente demuestran su procedencia, pero debemos ser pacientes y procurar ganarlos a todos para Cristo.

Las mujeres que han tenido una vida sensual y licenciosa, desconocen por completo las normas bíblicas de la modestia y el pudor.

Todo lo anterior se trata de un mismo tema pero con diferentes escenarios, son pecadores necesitados del Salvador y de una iglesia que les oriente en el camino de santidad.

He incluido estos dos últimos ejemplos de los ex drogadictos y las mujeres sensuales para que nos percatemos que al final, la tarea es la misma y la solución la misma.

La predicación fiel del Evangelio nos da esperanza, nos asegura que hay perdón para todos los que se arrepienten, sea cual sea el contexto pecaminoso del cual provengan.

En I Corintios 6.11, el apóstol Pablo, después de haber proclamado la verdad sobre el destino de los fornicarios, los afeminados, los que se echan con varones, los borrachos, los avaros, los maldicientes, etc… y de haber advertido sobre el engaño de pensar que los que practican tales cosas pudieran entrar en el Reino de Dios… concluye con el consuelo evangélico:

“… y esto erais algunos, mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido justificados, en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios”.

Pero el Evangelio, no solo provee esperanza de perdón y justificación por medio de la fe en Jesucristo, también promete el auxilio del Espíritu Santo en el proceso de santificación, en el cual, los que han sido limpiados por la sangre del Cordero y que han sido libertados del poder dominante del pecado, son capacitados para vencer también el poder del pecado remanente y de las consecuencias de la vida antigua.

No debemos caer en el error de pensar que por amor al hermano que lucha con tendencias sexuales incorrectas debemos usar términos menos ofensivos. El que lucha con deseos hacia alguien de su mismo sexo debe entender que está luchando con una perversión sexual y que el pecado no solamente consiste en las acciones, sino que también los pensamientos y los sentimientos cuentan como pecado, de manera que no debe conformarse con haber dejado su pasada vida “sexualmente activa”.

El que ha sido rescatado de la cárcel del pecado y en particular de vicios adictivos como lo son las drogas y las prácticas sexuales impuras, tendrá que luchar con las consecuencias de esos pecados habituales y los pastores deben ser conscientes de que son casos complicados, que requieren paciencia y perseverancia, oración y clamor, seguimiento y enseñanza.

Los creyentes en general, y no solo los ancianos de la iglesia, deben ser conscientes de la necesidad de seguimiento y consejería que necesitan los que sufrieron quebrantamientos en el área sexual, sea que fueran abusados o abusadores.

El seguimiento necesario implica confrontación, rendición de cuentas, apoyo en oración, pero también la sabia inclusión de este tipo de creyentes en la vida de la iglesia.

Por otro lado, los pastores deben proteger también al resto del rebaño y esto requiere de convicciones firmes y valentía.

Los abusos sexuales que se han vuelto una epidemia, pueden evitarse si nuestros niños son enseñados con claridad al respecto de estos males y si tratamos al pecado bíblicamente y enseñamos a cada uno el principio de la siembra y la cosecha. Es decir, los pecadores deben sentirse invitados a venir a la Iglesia para hallar refugio en Cristo, pero también toda persona en la iglesia debe tener bien claro que no se tolerará el pecado y que todo delito será tratado según los estándares de la disciplina bíblica y también según la ley civil si fuera necesario.

Las personas que trabajan con niños deben ser minuciosamente escogidas y por lo tanto, alguien que en el pasado tuvo tropiezos en la abominable pedofilia, no puede ser nunca considerado para trabajar en un ministerio para niños.

Sabemos que el Señor perdona y que el Señor nos limpia, pero nunca debemos tomar riesgos que el demonio puede usar para tentar a aquellos que un día fueron sus esclavos en el área sexual.

La sociedad actual con todos sus artilugios, hace presión para succionarnos y meternos en sus moldes impíos, pero tenemos que pelear contra esto, no conformándonos a este siglo, sino ajustándonos cada vez más fielmente al modelo bíblico. (Romanos 12.2)

El pudor y la modestia deben volver a ser temas tratados en la iglesia y en la casa. Tanto los hombres como las mujeres deben tomar consciencia de que la sensualidad en el vestir es una señal de mundanalidad y causa de tropiezo, sobre todo para los varones.

La tendencia a mostrar músculos entre los hombres y la tendencia a mostrar curvas entre las mujeres debe ser combatida. Son prácticas mundanas y hacen tropezar en particular a los que luchan contra los recuerdos de un pasado de quebrantamiento y vicios sexuales.

Finalmente, debemos estar preparados para recibir en la Iglesia, a toda clase de personas, ¿cómo lo haremos?

Mostremos el amor de la Verdad, el amor de Cristo, porque el Evangelio promete perdón y vida nueva a todo aquel que se arrepiente y cree.

Al tratar con personas que han estado atrapadas por vicios sexuales, enfrentaremos la realidad de que muchas veces nos desilusionan con sus retrocesos y tropiezos.

Un hombre al cual le dediqué mucho tiempo y energías en consejería y acompañamiento, pero que seguía sin dar evidencias de una verdadera conversión porque reconocía seguir cayendo y claudicando con frecuencia,  me preguntó en cierta ocasión:

– ¿Pastor, por qué usted sigue insistiendo conmigo? Me da pena haberle prometido tantas veces un cambio, para luego tener que reconocer que volví a ceder a las tentaciones.

Mi respuesta fue:

  • Mientras sigas vivo, seguiré esperando y seguiré predicándote el Evangelio. Si no creyera que mi Señor Jesucristo puede cambiar al más vicioso de los pecadores, entonces dejaría de predicar este Evangelio. Pero Él me salvó a mí, y si me salvó a mí, puede salvar a cualquiera.

 ¿Creemos en este Evangelio?

Pr. Alexander León 

NO hay tal cosa como un “Cristianismo Africano”

Posted in Reflexiones with tags , , on abril 18, 2018 by elcaminoangosto

Este artículo fue escrito por el Pastor africano Conrad Mbewe que es pastor en la Iglesia Bautista de Kabwata en Zambia.

Como siempre es muy útil leer pensando en la situación latinoamericana: No hay un cristianismo latinoamericano.

Artículo original >>>>>>>>>>>AQUI<<<<<<<<<<<<<<<<

Cada generación enfrenta sus vientos filosóficos que soplan sobre una nación o sobre un Continente entero. Estos vientos con frecuencia comienzan en un epicentro de sufrimiento y traen una forma diferente de ver la vida. África ha tenido su buena dosis de esos vientos, y como resultado de los esfuerzos misioneros, aquí hemos tenido que lidiar con ellos. Una pregunta que combina los vientos filosóficos que soplan en África con el mundo de las misiones es: ¿Somos Cristianos Africanos o Africanos Cristianos?

¿Qué quiero decir con esto? Cuando la primera generación de líderes nativos toman el poder en las denominaciones traídas por los misioneros occidentales, hay una tendencia a sobre-reaccionar. Los líderes enfatizan su etnia tanto que al escucharlos parece que la nueva agenda en la iglesia debería ser despojarse de todo lo que huela a Occidente. Ahora debemos ser verdaderos africanos.

Aun peor sucede cuando la transferencia de la administración de la iglesia sucede en tiempos en que el país está enfrentando cambios políticos saliendo del colonialismo occidental. La única melodía que se escucha es la del banjo de una sola cuerda que insiste en que los africanos tienen su propia forma de adoración y que debemos retornar a ella. Que lo que hemos heredado es un cristianismo occidental y que tenemos que deshacernos de él. Ahí se hace popular el grito: “Somos cristianos africanos”.

Una Fe, una Iglesia

Tristemente, los misiólogos alrededor del mundo se rinden a veces ante esta forma de pensar. Le dan gran importancia a la etnicidad de las personas a las cuales son enviados (sea por corto o largo período). No me sorprendería si se abriera un nuevo curso en los Seminarios Bíblicos Occidentales que se llame “Cristianismo Africano – Lo que usted debe saber”. Estrictamente hablando, no hay tal cosa como Cristianismo Africano, o Cristianismo Asiático o Cristianismo Occidental. La fe cristiana es una sola y se nos expone en las Escrituras.

Una de las más grandes luchas que enfrentaron los apóstoles fue asegurarse de que los Judíos y los Gentiles pudieran adorar en la misma iglesia a pesar de ser diferentes en varias maneras. Ellos no estuvieron dispuestos a ceder ante la presión de dos culturas diferente que se establecieron en concreto. Solo hay un Evangelio,

“un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos” (Efesios 4.5-6).

De manera que, tiene que haber una sola iglesia – La Iglesia Cristiana.

pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3.26-28).

¿Podríamos también añadir que, en Cristo, no hay Africanos ni Asiáticos ni Caucásicos? Todo lo que traiga divisiones en el cuerpo de Cristo debe ser combatido con base en la Escritura. Somos una Iglesia.

¿Existen diferencias?

No me entiendan mal. No estoy sugiriendo que no hay diferencias entre la cultura occidental y la africana. Las hay. Sin embargo, hacer que esas diferencias se conviertan en gritos de guerra en la Iglesia de Cristo es erróneo. Recordemos, había serias diferencias entre las culturas Judía y Gentil, pero no encontramos que tal cosa se estimule en la Iglesia del Nuevo Testamento.

Por el contrario, vemos a los apóstoles enseñando a la iglesia primitiva a amar y trabajar conscientemente hacia una iglesia completamente inclusiva. Una de las mayores diferencias entre Judíos y Gentiles era su dieta. Los Gentiles comían muchas clases de alimentos mientras que los Judíos tenían una restricción de consciencia proveniente del Antiguo Testamento. Los apóstoles persuadieron a los Gentiles a restringirse amorosamente en sus hábitos de comida pública por el bien de la unidad de la iglesia.

“Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.- Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.” (Romanos 14.13; 15.2)

Tres aplicaciones

¿Cómo podemos aplicar esto a la fe cristiana hoy, especialmente con respecto a los Cristianos Africanos o Africanos Cristianos en África?

  1. Debemos rehusar unirnos a aquellos que tienen una agenda para hacer del “Cristianismo Africano” un asunto de controversia en la iglesia. Por el contrario, debemos insistir en luchar por la pureza del Evangelio en cualquier cultura. Ese debe ser nuestro grito de batalla. No debemos temer cuestionarnos sobre la así llamada adoración que está degenerando en nada más que aplausos sin sentido y danzas y repeticiones de frases, solamente porque se le etiqueta como “adoración africana”. Enseñemos la adoración como Dios la ha enseñado en las Escrituras.
  2. Debemos especializarnos en la predicación expositiva en las iglesias. De ese modo, encontraremos muy poco que favorezca la preferencia de una etnia sobre otra. La costumbre de predicación temática ha sido una causa de problemas y es la dieta perenne que se ha servido en muchos de nuestros púlpitos africanos con un resultado que no es nada estimulante.
  3. Debemos animar a los predicadores visitantes de otras culturas a que expongan las Escrituras tal como lo hacen en sus iglesias. Tal vez el área principal para tener cuidado es la de las ilustraciones que usan. El Baseball y el Footbal americano son tan desconocidos en África como los camellos, los leones, los cheetas y los elefantes en América.

Pero la diferencia entre pastores americanos y africanos es muy superficial, lo cual ha sido probado por la popularidad de los sermones de Paul Washer, John Piper y John MacArthur entre tantos jóvenes a través del continente africano. Son miles de miles los que bajan estos sermones del Internet – y por lo que parece, entienden a estos predicadores bastante bien.

Conclusión

Dejemos las guerras culturales y étnicas al mundo. No tenemos terreno común con ellos. Sin embargo, hagamos que vean algo completamente diferente al venir a la Iglesia Cristiana. Que ellos encuentren un Evangelio que ha roto nuestras barreras, un evangelio que hace que los creyentes trabajen con amor por la mutua edificación en vez de crear otra zona de guerra en la búsqueda de reconocimiento étnico, que haya sido o no suprimido previamente.

Hermanos y hermanas, somos Cristianos que de paso, somos Africanos, no somos Africanos que de paso, somos Cristianos. ¡Entendamos el énfasis bíblico de la manera correcta!

¿Cuándo necesitamos un Avivamiento?

Posted in Reflexiones with tags , on enero 24, 2018 by elcaminoangosto

Tomado del sitio First Love Ministries.

Artículo original disponible  >>>>>>>>>> AQUI <<<<<<<<<<

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– cuando no amamos al Señor como lo amábamos antes

– cuando los intereses por las cosas y ocupaciones terrenales son más importantes que las cosas eternas

– cuando preferimos ver Televisión y leer libros o revistas seculares que leer la Biblia y orar

– cuando hay mayor asistencia a las cenas en la iglesia que a las reuniones de oración

– cuando los conciertos atraen más personas que las reuniones de oración

– cuando tenemos poco o ningún deseo de orar

– cuando nos interesa más hacer dinero que dar dinero

– cuando hemos puesto a personas en el liderazgo que no tienen las necesarias calificaciones espirituales

– cuando nuestro Cristianismo es falto de gozo y de pasión

– cuando hay verdades en nuestra cabeza que no practicamos en nuestra vida

– cuando hacemos poco o ningún esfuerzo por alcanzar a los perdidos

– cuando tenemos tiempo para los deportes, la recreación y el entretenimiento pero no para estudiar la Biblia y orar.

– cuando no temblamos ante la Palabra de Dios

– cuando la predicación es carente de convicción, confrontación, fuego divino y unción

– cuando rara vez tenemos pensamientos sobre la eternidad

– cuando el pueblo de Dios está más preocupado por sus trabajos y carreras que por el Reino de Cristo y la salvación de los perdidos

– cuando el pueblo de Dios se reúne con otros creyentes y los temas de conversación son más sobre las noticias, el clima y los deportes que sobre las cosas de Dios

– cuando los cultos de la iglesia son predecibles y “siempre lo mismo”

– cuando en la iglesia hay problemas entre hermanos y no sienten la necesidad de buscar la reconciliación

– cuando los maridos cristianos y sus esposas no oran juntos

– cuando los matrimonios apenas sobreviven pero sin el amor de Cristo

– cuando nuestros niños crecen adoptando la manera de pensar del mundo, sus valores, filosofías y estilos de vida mundanos.

– cuando estamos más preocupados por la educación y actividades atléticas de nuestros niños que por el estado de sus almas

– cuando el pecado en la iglesia se esconde debajo de la alfombra

– cuando el pecado evidente en la iglesia no se trata con el proceso bíblico de disciplina y restauración

– cuando toleramos “pequeños” pecados de chisme, espíritu de crítica y falta de amor

– cuando somos capaces de ver películas y programas de Televisión que no son santos

– cuando nuestros cantos son carentes de vida y entusiasmo

– cuando nuestras oraciones son palabras vacías dichas para impresionar a otros

– cuando nuestras oraciones carecen de fervor

– cuando nuestros corazones están fríos y nuestros ojos están secos

– cuando no vemos evidencia del poder sobrenatural de Dios en nuestras vidas de una manera regular

– cuando hemos dejado de llorar y lamentar por nuestros pecados y los de los que nos rodean

– cuando estamos tranquilos viviendo un cristianismo ordinario con cultos ordinarios

– cuando nos aburrimos en el culto

– cuando hay que entretener a la gente para atraerlos a la iglesia

– cuando nuestra música y manera de vestir sigue el patrón del mundo

– cuando comenzamos a adaptarnos al mundo en vez de llamar al mundo para que se adapte a los estándares de santidad del Señor

– cuando ya no disfrutamos de la compañía y el compañerismo del pueblo de Dios

– cuando nos tienen que rogar para que sirvamos en la iglesia

– cuando la forma en que damos es medida y calculada en vez de ser generosa y sacrificial

– cuando ya no vemos a gente perdida venir a Cristo de una forma frecuente

– cuando no estamos ejercitando la fe ni creyendo que Dios es capaz de lo imposible

– cuando estamos más preocupados por lo que otros piensan que por lo que Dios piensa de nosotros

– cuando somos insensibles ante el hecho de que hay 2.5 mil millones de personas en este mundo que no han oído el nombre de Jesucristo

– cuando somos insensibles ante el pensamiento de que vecinos, compañeros de trabajo y allegados están perdidos sin Cristo

– cuando el mundo perdido que nos rodea ni siquiera sabe que existimos

– cuando hay poco o ningún impacto de nuestra parte en el mundo que nos rodea

– cuando el fuego está ausente de nuestros corazones, matrimonios e iglesia

– cuando estamos tan ciegos que ni siquiera nos damos cuenta de que necesitamos un avivamiento.
~ ​N. L. DeMoss

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