Archivo para Alexander Leon

¿Quiere Dios que yo sea rico?

Posted in Reflexiones with tags , , , on agosto 15, 2017 by elcaminoangosto

Image result for pictures of wealth

Artículo del Pr. Conrad Mbewe, traducido con permiso por Alexander León

Artículo original >>>>>>>> AQUI <<<<<<<<

Cada cierto tiempo, cuando me meto en discusiones sobre el asunto del evangelio de prosperidad, escucho las voces que simpatizan con ese veneno doctrinal decir esto: “…Pero, de seguro Dios no quiere que seamos pobres, ¿o sí?”

Esto se considera como la carta superior de la baraja, como si no hubiera una posición intermedia entre ser muy ricos y vivir en extrema pobreza. La Biblia tiene muchos textos que contestan esta pregunta.

La gente que dice tales cosas, sufren de amnesia deliberada. Ellos han escogido olvidar las palabras del hombre sabio que oró a Dios pidiendo:

Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte y blasfeme el nombre de mi Dios”  (Proverbios 30.7-9)

Si buscamos por toda la Biblia no encontraremos un solo versículo que advierta de algún daño espiritual causado por la pobreza material. Pero sí encontraremos muchos pasajes en la Biblia que nos advierten sobre los efectos negativos de las riquezas – y especialmente el amor a las riquezas. Nunca escuchamos a los predicadores de prosperidad predicar sobre esos versículos. Pareciera como si las Biblias de ellos no tuvieran esos versículos.

Aquí hay algunos salidos de los labios de nuestro Salvador.

En su famoso Sermón del Monte, Jesús enseñó:

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón… Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6.19-24)

Luego el Señor Jesús en Marcos 10.17-25 trató con un joven rico de la clase gobernante que deseaba la salvación, siempre y cuando no tuviera que sacrificar sus riquezas. Cuando Jesús le dijo que tenía que dar todo a los pobre para que tuviera tesoro en el Cielo, la Biblia nos dice que tal cosa le dolió en el corazón. Se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Jesús entonces pronunció su sentencia inequívoca,

“¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas…! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.”

Repito, nunca escucharán estas palabras de los labios de los predicadores del evangelio de prosperidad. Al contrario, ellos parecen dar la impresión de que ser materialmente ricos es una señal segura de que todo está bien entre su alma y Dios.

Un ejemplo más del ministerio de Cristo debería ser suficiente. En una ocasión, alguien de la multitud le dijo a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo” Jesús se negó. Esto debería sorprender no solo a los predicadores de la prosperidad sino también a los predicadores del evangelio social. En vez de hacer lo que el hombre le pidió, Jesús hizo una advertencia a la persona que le pidió este favor. Él dijo:

Guardaos de toda avaricia porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12.13-15).

La bendición material no es equivalente a la bendición.

Con el fin de llevar esta lección un poco más allá, Jesús cementó todo esto con una parábola. Él dijo:

“La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” (Lucas 12.16-21).

Jesús parece estar diciendo que la acumulación de riquezas en muchos casos ocurre porque se desperdiciaron oportunidades de invertir en el reino de Dios. Así que ¡Eso equivale a la pobreza!

¿Qué podemos decir de los apóstoles? ¿Qué dicen ellos sobre la prosperidad financiera?

Un buen ejemplo es el apóstol Pablo. Escribiendo a Timoteo, su protegido, le habla sobre

“…hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia” (I Timoteo 6.5).

No puedo pensar en una mejor descripción para los predicadores de la prosperidad. Son personas de una mente corrupta, privados de la verdad, que ven los asuntos espirituales como un medio para otra cosa – para hacerse ricos. No están interesados en la salvación de las almas y por lo tanto hace mucho que perdieron el contenido del verdadero evangelio. Pero mejor dejo eso aquí …

Estamos viendo las advertencias del apóstol Pablo. Él se mantiene en la posición del hombre sabio que se describe en Proverbios 30, defendiendo que una posición financiera media es la mejor opción. Él dice,

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” (I Timoteo 6.6-8)

Esta es la respuesta que sigo dando a los que piensan que mi oposición a los predicadores de la prosperidad implica que yo promuevo la pobreza. ¿Por qué tenemos que ir de un extremo al otro?

Es muy claro que el apóstol Pablo advierte contra una sed insaciable de riquezas. Él dice:

“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. La buena batalla de la fe; Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas…” (I Tim. 6.9.11).

Los predicadores de la prosperidad deberían poner atención a estas advertencias y predicarlas a los que los escuchan. Por causa de haber rechazado este consejo es que muchos de sus seguidores han procurado las riquezas pagando el gran costo de sus vidas espirituales, sus matrimonios y sus familias.

El escritor de la carta a los Hebreos sella sus consejos para nosotros cuando escribe claramente,

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13.5).

Nada puede ser más claro que esto. Esta es la atmósfera general en la Biblia con respecto a las cosas materiales. Es exactamente lo opuesto a lo que los predicadores de prosperidad están diciendo. El mensaje de la Biblia es que hacemos daño a nuestras almas y a las almas de otros cuando procuramos riquezas como un fin en sí mismo. Los llevaríamos a una tarea imposible. Como Jesús dijo, No podéis servir a Dios y al dinero

Al juzgar el silencio sobre estos pasajes en los púlpitos de los predicadores de prosperidad, no me cabe duda de que ellos desearían que estos versículos no existieran en la Biblia porque vuelan en sus rostros en contra de sus enseñanzas. Los predicadores de prosperidad se tragan el camello y cuelan el mosquito. Ellos van a esos versículos que hablan de prosperidad holística (es decir, éxito general, para usar un término equivalente moderno) y torturan esos textos hasta que los hacen parecer relacionados con la prosperidad material solamente.

No me interpreten mal. Debemos alabar a Dios por aquellos entre nosotros a los que Dios ha querido favorecer con buenos empleos y negocios, lo cual ha resultado en mejores cuentas bancarias. Otros disfrutan de una buena herencia. Necesitamos orar por ellos para que Dios les dé sabiduría piadosa para que puedan utilizar sus riquezas con un beneficio eterno para sus almas y las almas de otros. Sin embargo, no debemos envidiarlos, porque las riquezas traen muchas penas. Más bien, oremos a Dios que no nos dé pobreza ni riqueza. Esa es una carga menos peligrosa para llevar en este mundo caído.

¿Por qué dos Cultos los Domingos?

Posted in Iglesias, Reflexiones with tags , , , , on agosto 1, 2017 by elcaminoangosto

Solemos repetir en nuestra Iglesia: ¿Hay algo mejor o más provechoso que podamos hacer en la tarde/noche del Día del Señor, que venir al segundo culto? Si usted encuentra algo más provechoso, está bien, nosotros creemos que regresar para adorar juntos por segunda vez es lo mejor para hacer los Domingos. En el siguiente artículo  el Pr. John Benton ofrece otras buenas razones para el segundo culto dominical.

Related image

Por John Benton

Traducido con permiso del sitio Banner of Truth por Alexander León.

Artículo original >>>>>>>>>>> AQUÍ  <<<<<<<<<<<<

¿Por qué ir a dos cultos los Domingos? ¿No es suficiente con uno? En muchas iglesias el culto de la tarde está desapareciendo.

Hay dos razones principales por lo cual esto está sucediendo. Primero, las demandas por parte de los empleadores han aumentado enormemente en los últimos 30 años. Los fines de semana se han vuelto muy apreciados. Participar en dos cultos los Domingos se considera tomar demasiado tiempo del fin de semana. Segundo, a partir de 1994, el gobierno de Tory [en Inglaterra] legalizó la apertura indiscriminada del comercio los Domingos [Antes, había una regulación especial para las compañías grandes que no les permitía un horario igual al del resto de la semana]. Esta secularización del día, ayudó a que las personas tuvieran muchas más opciones en cuanto a cómo pasar el día. De forma simultánea, puso una presión extra sobre muchos, para trabajar los Domingos.

La Escritura dice que “no debemos dejar de congregarnos, sino animarnos unos a otros – y tanto más cuando veis que aquel Día se acerca” (Hebreos 10.25). Muchos creyentes dan por suficiente reunirse una vez en el día del Señor, pero hay otros que, por cuestiones de salud, edad y otras circunstancias realmente no pueden reunirse dos veces los Domingos. Entonces, ¿Tiene algún sentido mantener la tradición de dos cultos?

Creo que sí.

Dos cultos son útiles de forma práctica.

Por ejemplo, conozco una pareja de Cristianos, una enfermera y un policía, que con frecuencia tienen que trabajar fines de semana. Ellos comenzaron a asistir a una nueva iglesia que se reunía en una escuela y solamente tenían un culto por la mañana. Pero sus horarios de trabajo solían chocar con los servicios de la mañana, siendo imposibilitados de reunirse durante varias semanas. Concluyeron que debían buscar una iglesia que tuviera ambos cultos.

También tener dos cultos es de gran ayuda para la evangelización. Muchos no-creyentes trabajan los Domingos. Recientemente tuve una conversación como esta:

– “Te invito a la iglesia”, dije,

– “Bueno, yo trabajo hasta tarde los Sábados, así que es un poco difícil para mí los Domingos por la mañana”.

– “¿Y el Domingo por la noche?”

– “Bueno, sí, supongo que podría acompañarte el Domingo por la noche”.

De manera que, dos cultos tienen sentido de manera práctica.

 

La Escritura muestra el patrón de dos cultos.

Aunque no hay un mandamiento explícito en el Nuevo Testamento, eso es evidente en el Antiguo Testamento. Encontramos este patrón de “mañana y tarde” explícitamente en el Salmo 92:

Bueno es alabarte, oh Jehová, Y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo; Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad cada noche”.

Como Cristianos, nos reunimos los Domingos como día de la resurrección de Cristo. Es digno de notarse que los Evangelios registran las apariciones de la resurrección en la mañana y en la noche (Juan 20.1, 19)

 

Dos cultos se ajustan al cuarto mandamiento.

El mandamiento nos dice que debemos “Recordar el día de reposo para santificarlo”. Con el cambio del Antiguo al Nuevo Pacto, el Sabbath (Reposo) fue cambiado a la bendición del Día del Señor. De acuerdo con Génesis 1, un día tiene una tarde y una mañana. Y a pesar de lo que ha ocurrido con nuestra cultura evangélica, este sigue siendo el Día del Señor, no es la Mañana del Señor lo que tenemos que celebrar.

Corresponde a la tradición de la Iglesia.

Al revisar la historia, encontramos que la adoración en la mañana y en la tarde de los Domingos fue la norma. A inicios del siglo cuarto (cuando la persecución había disminuido y la iglesia tuvo oportunidad de establecerse), encontramos al historiador eclesiástico Eusebio describiendo la práctica de la iglesia de la siguiente manera:

“Ciertamente no es una pequeña muestra del poder de Dios que a través de todo el mundo las iglesias de Dios muy de mañana y en las horas de la tarde… ofrecen himnos, alabanzas a Dios” (Comentario sobre el Salmo 64).

Durante la Edad Media, la adoración matutina era conocida como “matines” y la adoración vespertina como “vísperas”. En la época de la Reforma Protestante la costumbre de tener culto mañana y tarde se mantuvo en el Libro de Oración Común de Cranmer con sus rúbricas para la Oración Matutina y la Oración Vespertina. Así que las iglesias que han abandonado el culto de la tarde se han apartado drásticamente de la norma practicada por la Iglesia de Cristo. Ahora, yo no soy fanático de la tradición, pero la pregunta es esta: “¿Somos más sabios y mejores Cristianos que aquellos que fueron antes de nosotros, o es que estamos sucumbiendo ante el espíritu de la época que marginaliza a Dios? ¿No hemos caído en hacer solo el mínimo?

Y tengamos en cuenta que al considerar las presiones de la vida moderna, es hasta los últimos 100 años que el Sábado se volvió un día libre. Tenemos más tiempo libre y tiempo para nuestras familias que muchos de nuestros antepasados.

Dos Cultos llenos de entusiasmo reprende al secularismo.

Las reuniones de los Cristianos, especialmente en el Día del Señor, apuntan hacia el futuro Día del Señor (Hebreos 10.25). El día especial, uno entre siete, siempre apuntó hacia el reino de Dios. Esta es la razón por la cual el Señor Jesús hizo muchos de sus milagros en el día de reposo. Él no lo hizo solamente para molestar a los Fariseos. Hizo milagros en Sábado porque era lo apropiado. Aquellos milagros eran una muestra del poder y el gozo del reino futuro. Con la resurrección de Jesús el primer día de la semana, el Domingo nos habla de la misma cosa. Mira hacia adelante al reposo y liberación y gozo y comunión del mundo venidero, cuando Cristo regrese.

Ahora el secularismo mira todo en términos de esta vida. Pero al venir a la iglesia el Domingo, nosotros estamos haciendo una declaración. Estamos diciendo “No” al punto de vista que afirma que esta vida es todo. Nosotros estamos diciendo y mirando hacia el futuro reino venidero de Cristo. Y, al tener dos cultos los Domingos, estamos diciendo, “Esto no es solamente un deber, ¡estamos realmente interesados en esto!”.

Dos cultos ofrecen dos oportunidades de ser animados.

Hebreos 10.25 dice que el propósito de reunirnos es edificarnos unos a otros. Somos animados al encontrarnos con el pueblo de Dios, al orar los unos por los otros, compartir nuestras vidas. En particular, nuestra fe es fortalecida por la predicación de la Palabra de Dios. “Oh, yo puedo escuchar un sermón grabado, o tener un estudio bíblico en casa”. Eso es cierto. Pero, como dijo Christopher Ash en la EMA de este año, eso no es lo mismo que estar juntos bajo al Palabra de Dios sabiendo todos lo que hemos escuchado para animarnos unos a otros a obedecer. ¿Cómo pueden los miembros del cuerpo de Cristo decirse unos a otros “yo no te necesito”?

En una sociedad en la cual recibimos tantos bombardeos impíos desde los medios de comunicación para tratar de desviarnos, necesitamos una doble dosis de la Palabra de Dios para alimentar nuestras almas y mantenernos en el camino correcto. Hay Cristianos que se devuelven al mundo, matrimonios que fracasan y, no digo que siempre, pero frecuentemente, descuidar el culto de la tarde es la primera señal de que algo no anda bien. Permítanme decir también que algunos de ustedes anhelan desesperadamente la conversión de sus hijos. Pero si ustedes rechazan el culto de la tarde difícilmente les están dando un ejemplo de entusiasmo para las cosas de Cristo. Luego, se preguntan por qué ellos no están interesados.

Dos cultos ofrecen dos oportunidades de animar a otros.

Quedarse en casa y escuchar un sermón es algo muy centrado en uno mismo, el Domingo no es solamente para que usted sea animado sino para que usted anime a otros. Así que las noches de Domingo son una segunda oportunidad para hace eso. Tal vez en la mañana usted tuvo sus chicos con usted. No es fácil conversar con otros mientras los cuida. Pero si esposo y esposa se turnan para cuidar los chicos, pueden tener la oportunidad de hablar y orar con otros y de animarlos.

Y aun su misma presencia es  de ánimo. Cuando los maestros de Escuela Dominical, o aquellos que solamente pueden salir por la tarde, vienen a un culto vespertino y encuentran la congregación dispersa y los cantos débiles, no serán animados de la misma manera que con una congregación grande con todos sus amigos.

Así que, podrán ver, que aunque no hay un mandamiento explícito en la Escritura de que las Iglesias deban tener culto mañana y tarde, y no es pecado tener solo un culto, de todas maneras tiene mucho sentido de manera práctica. Y es algo bastante serio. Nuestra nación que está tan necesitada no va a ser salvada al ver muchas iglesias vacías los Domingos por la noche. La gente se sentirá  retada cuando vean iglesias llenas, escuchando con entusiasmo y cantando y pensarán ¿Qué está pasando ahí?

Trato particular según el estado del alma

Posted in Pastoral with tags , , , on julio 18, 2017 by elcaminoangosto

Image result

Tomado del libro “El Arte de Profetizar” de William Perkins (1558-1602)

Capítulo VII – Categorías de Oyentes.

  1. Aquellos que son incrédulos, ignorantes y no son enseñables.

Estos tienen que ser preparados primero para recibir la doctrina de la Palabra. Josafat envió Levitas por las ciudades de Judá para enseñar al pueblo, y sacarlos de la idolatría (II Crónicas 17.9). Esta preparación debe hacerse en parte discutiendo o razonando con ellos, para enterarnos de su actitud y disposición, y en parte reprobando cualquier pecado notorio, para que sus conciencias sean tocadas con el temor y se vuelvan enseñables (mire Hechos 9.3-5); 16.27-31; 17.17; 17.22-24).

Cuando hay alguna esperanza de que se hayan vuelto enseñables y preparados, el mensaje de la Palabra de Dios debe dárseles, usualmente en términos básicos concentrándose en los puntos generales (como, por ejemplo, Pablo lo hizo en Atenas, Hechos 17.30, 31). Si no hay respuesta positiva a tal enseñanza, entonces debe enseñarse de una manera más detallada y plena. Pero si se mantienen en su incredulidad y no hay esperanza real de ganarlos, deben simplemente ser dejados (Prov. 9.8; Mateo 7.6; Hechos 19.9)

  1. Aquellos que son enseñables pero ignorantes

Debemos instruir tales personas por medio de Catecismos (cf. Lucas 1.4; Hechos 18.25, 26). Un Catecismo es una explicación breve de las enseñanzas fundamentales de la fe Cristiana dadas en forma de preguntas y respuestas. Esto ayuda tanto al entendimiento como a la memoria. Por eso, el contenido de un catecismo debe ser los fundamentos de la fe Cristiana, un resumen de los principios básicos (Hebreos 5.12)

Un principio básico de la fe es una verdad bíblica que está directa e inmediatamente conectado tanto con la salvación de los hombres y la gloria de Dios. Si alguno de esos principios es negado, no hay esperanza de salvación. Hay seis principios así: arrepentimiento, fe, bautismo (es decir, los sacramentos), la imposición de manos (esto es una imagen visual del ministerio de la Palabra), la resurrección, y el juicio final (Hebreos 6.1-3)

La forma distintiva de un catecismo es la manera en que maneja los elementos fundamentales llanamente por medio de pregunta y respuesta (Hechos 8.37; I Pedro 3.21). Como Tertuliano dijo, “El alma no se limpia con lavarse, sino con respuestas”

Aquí es importante reconocer la diferencia entre “leche” y “comida sólida”. Estas categorías ser refieren a la misma verdad; la diferencia entre ellas es la manera y el estilo de la enseñanza. “Leche” es una explicación breve y llana de los principios de la fe: que tenemos que creer en un solo Dios, y en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; que tenemos que depender solamente de la gracia de Dios en Cristo; que tenemos que creer en el perdón de los pecados; y cuando somos enseñados que tenemos que arrepentirnos, abstenernos del mal y hacer el bien.

“Alimento sólido”, por otro lado, se refiere a un manejo detallado, iluminador y claro de la doctrina de la fe. Incluye la exposición lúcida y cuidadosa de la enseñanza bíblica en temas tales como la condición del hombre antes de la caída, la caída, el pecado original y el pecado actual, la culpa humana, el libre albedrío; los misterios de la Trinidad, las dos naturalezas de Cristo, unidas en una sola persona, el oficio de Cristo como Mediador, la imputación de la justicia, la fe, la gracia y el uso de la ley. La “leche” debe darse a los bebés, es decir a aquellos que son inmaduros o débiles en conocimiento, la carne debe darse a aquellos que son más maduros, es decir, aquellos que están mejor instruidos (I Corintios 3.1, 2 Hebreos 5.13)

  1. Hay algunos que tienen conocimiento, pero nunca han sido humillados.

Aquí necesitamos ver la manifestación del arrepentimiento en lo que Pablo llama tristeza según Dios (I Corintios 7.8-10). La tristeza según Dios es un dolor por el pecado por el hecho de que es pecado. Para enfatizar este afecto, el ministerio de la ley es necesario. Esto puede hacer nacer un sentido real de contrición en el corazón, o del terror en la conciencia. Aunque esto no es útil por sí mismo, provee el remedio necesario para vencer la terquedad pecaminosa, y para preparar la mente a fin de que sea enseñable.

Con el fin de surja esta tristeza legal es apropiado usar cierta porción escogida de la ley, que sirva para reprobar cualquier pecado visible en aquellos que todavía no se han humillado. Dolerse de un pecado y dolerse por un solo pecado es, en sustancia, el dolor y el arrepentimiento de todos (Salmos 32.5; Hechos 2.23; 8.22)

Además, si alguien que está afligido por la Cruz y con tragedias externas, tiene una tristeza mundana – no lamenta el pecado como pecado, sino solamente el castigo – no se le debe dar prometer consuelo inmediato. Tal dolor debe primero ser transformado en tristeza según Dios.

Dejemos que el Evangelio sea predicado de tal forma que el Espíritu Santo verdaderamente aplique la salvación. Porque al renovar a los hombres para que comiencen a desear y a hacer lo que agrada a Dios, el Espíritu Santo realmente produce en ellos tristeza según Dios y arrepentimiento para salvación.

Para el de corazón endurecido, la ley debe enfatizarse, y su maldición claramente establecerse así como sus amenazas. También debe enseñarse la dificultad de obtener liberación a aquellos que se sienten punzados en su corazón. (Mateo 3.7; 19.16, 17; 23.13, 33). Pero cuando el inicio de una tristeza según Dios aparece, ellos deben ser consolados con el Evangelio.

  1. Aquellos que ya se han humillado.

Aquí debemos considerar cuidadosamente si la humillación que ha tenido lugar es completa y sana o recién ha comenzado y todavía es liviana y superficial. Es importante que la gente no reciba el consuelo antes de lo apropiado. Si ocurre así, puede endurecerse luego de la misma manera que el hierro que habiendo estado en el horno se endurece al enfriarse.

Aquí están algunas directrices para tratar con aquellos que tienen una humillación parcial. Exponerles la Ley cuidadosamente junto con el Evangelio, para que aterrorizados por sus pecados y por el juicio de Dios, tengan a la vez consuelo en el Evangelio (Génesis 3.9-15; II Sam. 12; Hechos 8.20-23). Natán nos da un ejemplo de esto. Habiendo sido enviado por Dios, trajo a David a un reconocimiento de su verdadera condición por medio de una parábola, y luego le pronunció el perdón cuando su arrepentimiento fue evidente.

En esta manera la fe y el arrepentimiento y los consuelos del evangelio deben enseñarse y ser ofrecidos a aquellos que están verdaderamente humillados (Mateo 9.13; Lucas 4.18; Hechos 2.37, 38)

  1. Aquellos que ya son creyentes.

Debemos enseñarles

  • El Evangelio: la enseñanza bíblica de la justificación, santificación y perseverancia
  • La Ley: pero tal como se aplica a los que ya no están bajo su maldición, para enseñarles cómo dar fruto de una nueva obediencia y mantenerse en el arrepentimiento (Romanos 8.1; I Tim. 1.9). Aquí la enseñanza de Pablo sirve como modelo
  • Aunque alguien que ha sido justificado y santo ante los ojos de Dios no debe temer la maldición de la ley, se debe recordar la oposición que hay hacia la ley por causa del pecado remanente. Como un padre muestra a sus hijos el posible castigo con el fin de inculcarles un sentido de temor apropiado en caso de que hagan lo malo, así también la meditación en la maldición de la ley debe animar con frecuencia a los verdaderos creyentes, para disuadirles de abusar de la misericordia de Dios con una vida pecaminosa, y para aumentar la humildad. Nuestra santificación es parcial todavía. Para que los remanentes de pecados puedan ser destruidos tenemos siempre que comenzar nuestra meditación en la ley, y con un sentido de nuestro pecado, para poder ser traídos a descansar en el Evangelio.
  1. Aquellos que han retrocedido.

Algunos pueden haberse apartado parcialmente del estado de gracia, sea en su fe o en su estilo de vida.

Fallos en la fe se refieren tanto al conocimiento de la doctrina del Evangelio o a abrazar a Cristo.

Fallos en el conocimiento involucra caer en el error, sea en una doctrina secundaria o fundamental.

En esta situación, la doctrina específica que contrarresta el error debe ser expuesta y enseñada. Tenemos que enfatizarles la importancia de esto, así como la doctrina del arrepentimiento.

Pero tenemos que hacer esto con afecto fraternal, como Pablo enseña en Gálatas 6.1 (cf. II Tim. 2.25).

Una falla en abrazar a Cristo lleva a la desesperación. Para poder restaurar esto debemos diagnosticar la condición y prescribir el remedio. Tenemos que analizar la causa de la tentación o de la condición. El diagnóstico de la causa se puede hacer apropiadamente por medio de la confesión privada (cf. Santiago 5.17). Pero para evitar que tal confesión se vuelva un instrumento de tortura debe estar gobernada por estos principios:

  • Debe realizarse de manera voluntaria y no bajo presión. La salvación no depende de esto.
  • No debe ser una confesión de todos los pecados, sino de aquellos que lastiman la conciencia y pueden llevar a un mayor riesgo espiritual si no se tratan.
  • Tal confesión debe hacerse principalmente a los pastores, pero con el entendimiento de que puede ser compartida confidencialmente con otros hombres dignos de confianza en la iglesia.

El diagnóstico de la condición espiritual involucra investigar si están bajo la ley o bajo la gracia. Para poder verificar esto tenemos que hacer preguntas para descubrir si están tristes consigo mismos porque han ofendido a Dios. ¿Odian el pecado? Esta es la base del arrepentimiento que trae salvación. Seguidamente debemos preguntar si tienen en su corazón deseo de reconciliación con Dios. Esta es la base de la verdadera fe.

Cuando el diagnóstico está completo, debemos prescribir el remedio y aplicar el Evangelio. Esto tiene dos partes: Primero, deben explicarse varias verdades del Evangelio e imprimirlas con frecuencia en ellos, lo cual incluye:

  • Que sus pecados son perdonables
  • Que las promesas de la gracia son para todos los que creen, no para algunos individuos específicos, de manera que ellos no se sientan excluidos.
  • Que el deseo de creer es en sí mismo fe (Salmos 145.19; Apoc. 21.6)
  • Que el pecado no anula la gracia sino que (ya que Dios hace que todo obre para bien de los que son suyos) puede llevar a una mayor ilustración del mismo.
  • Que en este mundo pecaminoso y caído, todas las obras de Dios son realizadas por medios que son contrarios a Él mismo.

Segundo, deben ser animados en la misma amargura de la tentación, para ejercer la fe que ha estado inactiva – pero latente. Deben volver a asegurarse de que sus pecados han sido perdonados. Y deben ser animados a pelear vigorosamente en oración, sea a solas o con otros, contra los deseos carnales y la esperanza humana. Deben ser exhortados con insistencia para que puedan hacer estas cosas; hasta aquellos que no quieren deben ser constreñidos a hacerlas (vea Salmos 77.1, 2; 130.1, 2; Romano 4.18)

Para que tales remedios puedan funcionar, el poder ministerial de “atar y desatar” debe ser usado en la forma en que se prescribe en las Escrituras (II Samuel 12.13; II Corintios 5.20). Si resulta que la melancolía aqueja la mente del individuo, entonces el remedio debe buscarse en privado.

Fallar en el estilo de vida toma lugar cuando un Cristiano comete pecado voluntario, como en el caso de la borrachera de Noé, el adulterio de David, la negación de Pedro y ejemplos similares. La fuerza y la disposición de la gracia interna, puede perderse por un tiempo en términos tanto de sentido como de la experiencia de su poder. La ley debe exponerse junto con el Evangelio a aquellos que han caído. Cada nuevo acto de pecado requiere un nuevo acto de fe y de arrepentimiento (Isaías 1.4, 16, 18)

  1. Iglesias que tienen tanto creyentes como incrédulos.

Esta es una situación típica en nuestras iglesias. Cada doctrina debe ser expuesta para ellos, tanto de la ley como del Evangelio, mientras se observen las limitaciones y circunscripciones debidas (vea Juan 7.37. Esto era lo que lo profetas hacían en sus sermones, cuando anunciaban juicio a los impíos, y promesas de liberación en el Mesías a los que se arrepentían.

Pero ¿qué sucede si algunos de la congregación desesperan el resto se endurece? ¿Qué debe hacerse? La respuesta es: aquellos que se endurecen deben escuchar la ley en el ámbito y límites de las personas que están en sus pecados. Pero los afligidos deben ser ayudados especialmente a escuchar la voz del Evangelio aplicada a ellos.

 

Usted no puede plantar una iglesia si no sabe qué es una iglesia.

Posted in Iglesias with tags , , , on julio 13, 2017 by elcaminoangosto

estudio biblico

 

Traducido del sitio Voltemos ao Evangelho

Artículo original de Nathan Knight (9 Marks)

Así que, ¿Está usted pensando en plantar una iglesia?

¿Qué cree usted que se necesita? ¿El Evangelio? Sí. ¿El poder capacitador del Espíritu? Sí. ¿Una iglesia que lo envíe a usted? Sí. ¿Qué otras personas lo acompañen? Sí. ¿Dinero? Probablemente.

Pero, ¿Y qué de tener una eclesiología robusta?

La eclesiología no puede suponerse ni debe considerarse como una distracción para la “misión” del plantador de iglesias. Tampoco debe considerarse un tipo de complemento que usted puede agrega aquí y allá conforme tenga necesidad. Al contrario, la eclesiología debe informar, instruir y hasta estimular la misión de plantación de iglesias para la gloria de Dios.

En otras palabras: usted que es plantador de iglesias necesita una eclesiología robusta que esté bien establecida antes de comenzar a intentar plantar una iglesia.

Una iglesia es más que una reunión de personas en torno a un punto de predicación y alabanza. Existen directrices bien definidas que nos fueron dadas por el Señor. Esas directrices distinguen a los cristianos en el mundo, con el fin de prefigurar una ciudad mejor, una ciudad en la cual todos viviremos por la eternidad. Debemos dedicar tiempo para pensar en esas directrices e instituirlas cuidadosamente para bien de nuestro prójimo y para la gloria de Dios.

Plantamos la iglesia Restauración aquí en el Distrituo de Columbia, en el 2010. Permítame acompañarlo a través de cuatro preguntas que fueron instructivas para nosotros cuando comenzamos nuestro trabajo.

  1. ¿Qué es una iglesia?

Esta pregunta parece ridículamente simplista, pero responderla probó ser una de las cosas más útiles que hicimos.

¿Era nuestro grupo estudio bíblico una iglesia? ¿La reunión de personas con música y predicación era una iglesia? ¿Cómo sabemos que tuvimos éxito al plantar una iglesia?

Al analizar simplemente la palabra “iglesia” (ekklessia) en la Biblia, aprendimos que la iglesia es una asamblea de personas “llamadas”

También encontramos una definición clásica maravillosamente práctica. Esa definición exige tres cosas antes de que una reunión de cristianos  pueda ser considerada como una “iglesia”:

  • La predicación correcta de la Palabra de Dios (Proclamar el Evangelio)
  • La administración correcta de las ordenanzas (Representar el Evangelio)
  • Ejercer la disciplina eclesiástica restauradora (Proteger el Evangelio)

Armados con esa definición y esas tres descripciones, supimos cómo luciría nuestro objetivo y nuestro éxito.

  1. ¿Quiénes componen una iglesia?

La respuesta a esa pregunta puede parecer fácil, excepto por todas aquellas alertas en la Biblia sobre: los falsos maestros, cristianos profesantes que no perseveran y aquellos que hacen cosas en el nombre del Señor, pero que nunca fueron realmente conocidos por Él. Por lo tanto, sabíamos que necesitábamos tener cuidado con quiénes podían ser identificados como la iglesia.

  1. ¿Quiénes participan de las ordenanzas?

Una vez que se aclaró la definición de iglesia y de las personas que la deben componer, comenzamos a discutir la relación entre la iglesia y las ordenanzas del bautismo (Mateo 28.19-20) y de la Cena del Señor (Marcos 14.22-25, I Corintios 11.17-33)

Las ordenanzas fueron dadas a la iglesia como señales o indicadores de los embajadores del Reino. Por lo tanto, sabíamos instintivamente que no las debíamos practicar hasta que nos convirtiéramos en una iglesia.

El 28 de marzo de 2010, tuvimos una ceremonia en la cual los miembros se comprometieron unos con otros de acuerdo con nuestra Declaración de fe y un Pacto de la Iglesia. Después, otro hombre y yo fuimos establecidos como ancianos y solamente después de eso practicamos el bautismo y celebramos juntos la Cena del Señor.

Usted puede imaginarse la alegría de aquellas personas aquella noche cuando nos reunimos y nos convertimos en una iglesia. Exactamente aquello por lo cual habíamos estado orando, enseñando y hablando durante muchos meses, finalmente se volvió una realidad. Una iglesia fue plantada y Cristo fue exaltado ya que otra reunión de cristianos fue distinguida de el mundo por las directrices claras y enfáticas de la membresía, el bautismo y la Cena del Señor.

  1. ¿Cuál es mi trabajo como pastor?

Fuimos establecidos como pastores porque nuestro pueblo había sido instruido al respecto en las epístolas pastorales (I Timoteo 3.1-7; Tito 1.5-9). Una vez que nos constituimos como iglesia y fuimos oficialmente llamados como pastores, tomamos nuestras instrucciones a partir de Hechos 6.1-6 y Hechos 20.17-35.

Esos pasajes nos dicen que la mayor parte de nuestro trabajo consiste en predicar, orar y vigilar por causa de los posibles lobos, pastorear al rebaño, cuidar de nosotros mismos, cuidar de nuestras familias y hacer discípulos. Hebreos 13-17 también se destacó en nuestras mentes: daremos cuenta a Dios de cómo cuidamos de esas personas.

La Eclesiología es importante.

Una eclesiología clara al inicio definió nuestra orientación para la plantación de iglesias. Nos direccionó, nos dio coraje y nos mantuvo enfocados en el plan de Dios para su pueblo. El trabajo fue y continúa siendo difícil. Pero nunca nos hemos arrepentido de empuñar la espada de la Palabra de Dios en el arduo trabajo de plantar iglesias.

La eclesiología es una de las metodologías de Dios para Su gloria. No desacelera ni se desvía de la misión. En vez de eso, estimula la misión de la iglesia distinguiendo al pueblo de Dios en el mundo. Pablo escribió a una iglesia local y les dijo que eran

“… hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2.15)

Plantador de iglesias, piense en estas cuestiones ahora. No espere a instituir convicciones claras después de reunir una multitud, sino establézcalas cuidadosamente tan pronto como usted sea enviado. Explique a los que están a su lado lo que usted está y no está haciendo, para que ellos puedan estar informados para el bien del prójimo y para la gloria de Dios.

 

¿Qué diferencia hace Dios los Lunes por la mañana?

Posted in Reflexiones with tags , , , on junio 30, 2017 by elcaminoangosto

Por: Michael Reeves y Tim Chester. © 2017 Editora FIEL. Website: editorafiel.com . Traducido del portugués por Alexander León.

Image result for church windows

La frase SOLI DEO GLORIA, “Solamente a Dios la Gloria”, era una de las afirmaciones principales del pensamiento de la Reforma Protestante. La Reforma enfatizó que todos los logros de la salvación estaban distantes del valor humano, colocando todo a los pies de Dios. Nadie podía decir: “Recibí la vida eterna porque tengo una vida buena, o porque soy religioso y consagrado, o porque mi razonamiento es bastante sagaz”. Toda la gloria pertenece solamente a Dios. En eso los reformadores reflejan el pensamiento del apóstol Pablo en I Corintios 1.28-31:

“…y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.”

Pero, SOLI DEO GLORIA también se volvió un resumen de un estilo de vida reformado. La vida cotidiana se volvió el contexto en el cual glorificamos a Dios. Tal énfasis en la vida cotidiana venía del re-descubrimiento de las Escrituras por parte de los reformadores, pues ellas reflejan el cristianismo bíblico. Pero también fluyó de su re-descubrimiento de la justificación por la fe.

 

Re-direccionamiento de las buenas obras.

La Misa había pasado a ser vista como un sacrificio, una renovación del acto de expiación del Calvario que aseguraba la bendición de Dios. De esta manera, entre más se realizara, más se agradaba a Dios. No era indispensable la presencia de la congregación. La Misa podía ser realizada por los curas (sacerdotes) repetidamente, de forma mecánica. Esa práctica refuerza la idea de que la esencia del cristianismo está lejos de lo que ocurre en la vida diaria. Y lleva a un mundo dividido entre lo espiritual y lo secular.

¿Dónde está la actividad que tiene valor para con Dios? Si somos justificados por infusiones de la gracia que nos son administradas por medio de los sacramentos, como sugiere la iglesia católica, entonces las actividades que importan en la iglesia son las actividades sacramentales. O bien, si queremos alcanzar unión con Cristo por medio del misticismo y la contemplación, las actividades importantes son aquellas que suceden en el monasterio. Si usted está deseoso de conocer a Dios, debería volverse monje. Si uno tiene deseos de servir a Dios, debería hacerse sacerdote o fraile o monja.

El re-descubrimiento de Lutero con respecto a la justificación por la fe quitó el ímpetu de tales actividades. Dios no exige deberes religiosos como una manera de pagar por la salvación. Si la justificación ocurre por medio de la fe, el foco y la naturaleza de las actividades religiosas cambian radicalmente. Lutero discute en detalle la naturaleza de las buenas obras en el Tratado: La libertad del Cristiano. Lutero comienza por la justificación. Somos salvos solamente por la fe, y “no parcialmente por la fe y parcialmente por las obras. Cualquier reivindicación en el sentido de que sus obras contribuyen para la salvación niega la efectividad de la fe. Sin fe en Cristo, no existe conexión con las buenas obras”.

Lo que Lutero quiere decir es que, si no es posible tener fe en que solamente Cristo salva, ninguna otra cosa nos podrá beneficiar.

Eso despierta la siguiente pregunta: ¿Por qué, entonces, se prescriben tantas obras en las Escrituras? Una buena respuesta es que los mandamientos de la Escritura revelan nuestra incapacidad de cumplirlos. Por medio de ellos, el hombre es “verdaderamente humillado y reducido a nada a sus propios ojos”. Su propósito es direccionarnos a las promesas de las Escrituras. Ellos nos impulsan para los brazos de Cristo.

Entonces, ¿podemos ser negligentes en cuanto a las buenas obras? La respuesta de Pablo a esa pregunta en Romanos 6.1-2 es:

“… ¿en ninguna manera!” La respuesta de Lutero es semejante: “Yo respondo: No es así, oh hombres impíos, No es así”. Y explica:

Aunque, como he dicho, un hombre sea abundante y suficientemente justificado por la fe internamente en su espíritu, y así tiene todo lo que se necesita, excepto en lo que esa fe y esas riquezas deben crecer día a día hasta la vida futura; con todo, permanece en su vida mortal sobre la tierra. En esta vida el hombre tiene que controlar su propio cuerpo y lidiar con los otros hombres. Aquí comienzan las buenas obras; aquí el hombre no puede gozar del ocio; aquí ciertamente debe disciplinar su cuerpo por medio de ayunos, vigilias, herramientas y otras disciplinas razonables, y sujetarse al Espíritu, para que obedezca y se conforme al hombre interior y a la fe, no volviéndose contra la fe ni impidiendo al hombre interior, como es la naturaleza del cuerpo hacer a menos que sea impedido. El hombre interior, que, por la fe, fue creado a imagen de Dios, es jubiloso y feliz por causa de Cristo, en quien tantos beneficios le fueron conferidos; y, por tanto, es su única ocupación servir a Dios con alegría y sin pensar en la ganancia, en amor que no se contrae.

Aquí lo que Lutero está diciendo. Primero, aunque no tenemos que controlar nuestros cuerpos para alcanzar el cielo, tenemos que vivir “esta vida mortal sobre la tierra”. Las disciplinas espirituales son importantes para garantizar que nuestra vida externa se conforme a nuestro estatus interno, “para que nuestro cuerpo obedezca y se conforme al hombre interior y a la fe”. En la medida en que haga eso, bien como en las situaciones que cada uno de nosotros tenga que ayunar y laborar, varían de persona a persona, porque nuestro objetivo es controlar la codicia de la carne. Tal autodisciplina no es un fin en sí misma, sino un medio para el autocontrol.

“Así, aquellos que presumen de ser justificados por las obras no consideran la mortificación de las concupiscencias, sino que apenas consideran las propias obras, y piensan que, si logran hacer tantas y tan buenas obras en la medida de que les sea posible, habrán hecho bien y se volverá justos”.

Segundo, aunque no tengamos que controlar nuestros cuerpos para llegar al cielo, esa es nuestra alegría, debido a los beneficios conferidos sobre nosotros en Cristo, en el sentido de que ahora deseamos “servir a Dios con alegría”. Anteriormente, servíamos a Dios porque creíamos que eso nos llevaría a nuestra salvación- era un servicio centrado en el Yo. Ahora servicio con “amor sin angustia”.

Seguidamente, Lutero ofrece una variedad de analogías para ilustrar su punto de vista:

Somos como Adán y Eva antes de la Caída, que trabajaban libremente para gradar a Dios, y no para obtener justicia, la cual ellos ya poseían en plena medida.

Somos como un obispo que cumple sus deberes porque es obispo, y no para llegar a ser obispo.

Somos como un árbol que produce buenos frutos porque es un buen árbol, y no para volverse un buen árbol.

Somos como una casa bien construida. Una casa bien construida no es lo que hace bueno a un constructor. Es el buen constructor el que construye una casa buena.  Nuestras obras no nos hacen buenos. Una vez que somos hechos buenos por la fe, entonces producimos buenas obras.

Al librarnos de la necesidad de realizar buenas obras para nuestra propia salvación, el Evangelio nos liberta para hacer el bien por amor al prójimo:

El hombre… no necesita de esas cosas para su justificación y salvación. Por lo tanto, debe ser guiado en todas sus obras por ese pensamiento, y contemplar solamente esto: servir en beneficio del prójimo en todo lo que haga, sin considerar su propio provecho sino solo la necesidad y el provecho del prójimo.

En vez de hacer el bien para Dios, tenemos ese bien de parte de Dios. Pero ese bien que viene de Dios deberá fluir para los demás. Cristo se identificó con nosotros de tal modo que, “de Cristo, han fluído todas las cosas buenas y estas cosas buenas están fluyendo en nosotros”. De esa misma manera, debemos identificarnos con el prójimo para que las buenas cosas “fluyan sobre aquellos que tienen necesidad de ellas”

La iglesia católica creía que una persona realizaba buenas obras para ser salva. Las buenas obras eran hechas para Dios, a fin de ganarnos su aprobación. Pero Lutero rechazó la idea de que las buenas obras fueran hechas para Dios. Al final, Dios no necesita de nuestras buenas obras. Las buenas obras hechas para Dios, que nos sacan del mundo (ejercicios espirituales, vida monástica, votos de celibato y pobreza), no surgen del hecho de que Dios las necesite. En vez de eso, nuestras buenas obras son hechas para nuestro prójimo. Así, el Evangelio nos impulsas de vuelta para el mundo, a fin de servir al prójimo en amor.

Concluimos, por lo tanto, que el cristiano no vive por sí mismo, sino que en Cristo vive para su prójimo. De otra manera, no es cristiano. Vive en Cristo por la fe, y en su prójimo por el amor. Por la fe, el hombre es llevado más allá de sí mismo, para Dios. Por amor, desciende más bajo de sí mismo, para su prójimo.

 

SE BUSCAN: PREDICADORES APASIONADOS

Posted in Pastoral, Reflexiones with tags , , , on febrero 21, 2017 by elcaminoangosto

Puede leer el artículo original en inglés >>>>>> AQUI  <<<<<<

Se cuenta una historia sobre un joven nervioso que una vez vino al panel de selección de un ministerio Metodista. Durante la entrevista, este tímido muchacho aprovechó la oportunidad para explicar que no era tan dotado como para encender el río Támesis. Uno de los entrevistadores, el Dr. W E Sangster, le respondió con estas palabras: “Mi querido joven, no estoy interesado en saber si usted puede encender el río Támesis. Lo que yo deseo saber es esto: ¿Si yo lo levanto a usted por el cuello y lo lanzo en el Támesis se escuchará el sonido que hace un metal ardiente al caer en el agua?” En pocas palabras, estos entrevistadores lo que buscaban era, como algo de primera importancia, no era hombres con gran conocimiento o habilidades, sino hombres ardiendo por la verdad de la palabra de Dios. Ellos querían predicadores con peso en sus almas.

Creo que es obvio que esta es una de las grandes necesidades de nuestro tiempo, para todos los que tienen en el corazón el anhelo de prosperidad para la iglesia militante. No hay escasez de hombres que llevan el título de Pastor, Reverendo, Obispo, Evangelista, etc., porque se producen en serie en los Colegios bíblicos y Seminarios como se reproducen los folletos en una imprenta. Nunca en la historia de la iglesia hemos tenido en nuestros púlpitos tantos Bas, BThs, Mas, PhDs, etc. Sin embargo, tenemos también que admitir que muy pocos de estos harían algún ruido si los lanzamos al Támesis. El Profesionalismo está a la orden del día. Los hombres preparan sus sermones con la misma frialdad con la que preparaban sus asignaciones en la Universidad, y se quedan satisfechos cuando en lugar de una calificación de 100, al final del culto obtienen un “Gracias Pastor por ese maravilloso sermón”.

Obviamente, se necesita hacer algo para arreglar esta situación, porque ninguna iglesia se levantará más alto que su púlpito. A la actitud de gente moribunda que prevalece en las bancas se le puede seguir el rastro hasta la tibieza que hay en el púlpito. Es la falta de convicción bíblica sólida en el púlpito, lo que ha engendrado la casi total ausencia de disposición en las bancas. Si esto es cierto, entonces todos nuestros esfuerzos para restaurar el Cristianismo bíblico en las bancas será en vano si no removemos la enfermedad del púlpito. Si cada Domingo, lo que sale de la boca del predicador es tan frío como lo que sale de un congelador, entonces ¿cómo podemos esperar que la iglesia esté  la temperatura de las exigencias de Dios?

Necesitamos comenzar por afirmar que tomar un texto de las Escrituras y luego dar vueltas sobre él de manera monótona sobre un tema religioso relacionado con el texto NO es predicar – o por lo menos no lo es en el sentido bíblico. Lean los mensajes que entregaron los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles en el Nuevo Testamento y verán si no se sienten animados. Estos hombres estaban profundamente afectados por la palabra de Dios y no hay duda de ello. Ellos no solamente conocían el asunto del cual predicaban, ¡ellos lo sentían! Para ellos, la predicación era mucho más que un intento en el arte de la comunicación; era una forma de aliviar su propia carga. Ellos sabían algo de lo que experimentó el profeta Jeremías cuando dijo:

“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” (Jeremías 20.9)

El Dr. Martyn Lloyd-Jones hace notar esto a partir de los escritos del apóstol Pablo. Se imagina a alguien diciendo: “Si usted tiene verdadera preparación académica no estará animado; solo estará dignificado. Leerá un gran tratado en quietud y sin ninguna pasión”. ¡Sin lugar a dudas! Y  luego responde: “¡Eso es apagar el Espíritu! El apóstol Pablo quebranta algunas de las reglas gramaticales; interrumpe su propio argumento. Esto es por causa del fuego. Somos tan decorosos, tan controlados, hacemos todo con tanta decencia que ¡no hay vida, no hay calor, no hay poder!  Pero eso no corresponde al Cristianismo del Nuevo Testamento” – (The Christian Warfare).

Si este “ronquido articulado” (como lo llama Charles Haddon Spurgeon) no es predicar, hablando bíblicamente, entonces ¿qué es predicar? Permítanme citar al Dr. Lloyd Jones de nuevo, quien, en respuesta a esta pregunta dice: “Predicar es lógica ardiente” Razonamiento elocuente… Es teología en fuego… Predicar es la teología que proviene de un hombre que está encendido. (La Predicación y los Predicadores). Y a esta definición, respondemos con un fuerte ¡Amén!

Esta definición inevitablemente implica que las verdades que manejamos están diseñadas para ser una carga y una pasión en el predicador. Podemos perdonar a un hombre que habla sobre el clima, si provoca sueño en la audiencia, pero el predicador está tratando con asuntos de la vida eterna y la muerte eterna. ¿Cómo podemos hablar del Dios viviente, de la trágica caída del hombre, de la gloriosa redención en Cristo, del poder omnipotente del Espíritu Santo, de la iglesia de los redimidos comprados por sangre, las glorias del Cielo y los tormentos del infierno sin que al menos nos tiemblen los labios? Esta es la verdad de Dios que hizo a los profetas, apóstoles, evangelistas y reformadores, arder y brillar donde quiera que estuvieron.

Sin embargo, es necesario aclarar con gran énfasis que a menos que el Espíritu Santo haga arder estas verdades en nuestro ser, podemos conocerlas pero carecer de ese sentido de asombro. Dos predicadores pueden predicar sermones con excelente teología en ellos; en uno puedes sentir que proviene de un congelador, mientras que en el otro tu corazón se derrite y te sientes movido en lo profundo de tu ser. Estoy persuadido que la diferencia radica en el estudio [oficina]. Para el primero el estudio es una fábrica donde ser arma el sermón; para el otro, el estudio es el vientre en el cual se concibe un sermón con el auxilio del Espíritu Santo.

El ejemplo del gran evangelista, George Whitefield es digno de mención. “Whitefield pasaba horas de cada día de rodillas con la Palabra de Dios abierta delante de él, y era a partir de la cámara de audiencia del Cielo que partía para predicar esas maravillosas palabras de poder, que movieron las almas de la multitud. Estas verdades eternas entonces pasaron por él mucho más allá de su intelecto, tomaron posesión del hombre completo, y no podía entonces evitar hablar con ternura y santa sinceridad, porque había visto luz en la luz de Dios, y el mundo espiritual se iluminaba con luz alrededor de él” (Hezekiah Harvey – The pastor)

Si queremos que vuelva la predicación bíblica poderosa a nuestros púlpitos, necesitaremos una reforma en esos cuartos u oficinas que llamamos estudios. Necesitaremos aprender a ver nuestros estudios como el lugar donde nos encontramos con Dios para recibir una palabra para Su pueblo. Entonces, necesitaremos comenzar las preparaciones de nuestro sermón con un espíritu devocional, derramado sobre las Sagradas Escrituras

“hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (II Pedro 1.19).

Sí, tenemos que evitar levantarnos apuradamente hacia el púlpito hasta que el mensaje y el mensajero sean uno, unidos como con soldadura por la Antorcha de Dios – el Espíritu Santo. Entonces, y solo entonces, seremos predicadores con peso en el alma preocupados por proclamar “la carga del Señor” a un mundo enfermo de pecado.

No debemos rendirnos nunca en lo que se refiere al entrenamiento ministerial. Ni tenemos que engañarnos pensando que los comentarios, las concordancias, los lexicones, etc., son extras de las cuales podemos prescindir y dejarlas que acumulen polvo. No, tenemos que estar agradecidos por todas estas herramientas. Pero recordemos las palabras de J.W. Alexander:

“Ningún hombre puede ser un gran predicador si no tiene un gran sentimiento” (Thoughts on Preaching). Así que, no dependamos solamente de nuestro entrenamiento preparatorio y de las ayudas bíblicas. Más bien, seamos como aquel antiguo Elías y volvámonos al Señor en oración para aquello que solamente Él puede darnos – fuego celestial.

¡Oh, que nuestros estudios/oficinas puedan levantarse en la oración de Elías, como estoy seguro que ocurría en los días de la Reforma!

Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. (I Reyes 18.36-37). ¡Amén!

[Este artículo, con algunos pequeños cambios editoriales fue reproducido de la revista canadiense The Gospel Witness de Julio de 1994. Fue reproducido por la ahora extinta revista: Reformation Africa South, donde la publiqué primero. Un amigo, Andre Pinard, me la envió y la publicó en Facebook. Cuando lo leí, me sorprendía con agrado de que ese mismo sentir tenía hace 23 años. Mis convicciones no han cambiado y por eso pensé hacer un post en mi blog dándole un poco de vida extra. Espero que bendiga muchas más personas]

 

Día del AMOR

Posted in Reflexiones with tags , , , on febrero 14, 2017 by elcaminoangosto

amor-001

El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. I Juan 4.8

Según la popular Wikipedia del Internet,

El día de san Valentín es una celebración tradicional de países anglosajones que se ha ido implantando en otros países a lo largo del siglo XX principalmente en la que las parejas de enamorados expresan su amor y cariño mutuamente. Se celebra el 14 de febrero, onomástico de san Valentín. En algunos países se conoce como día de los enamorados y en otros como día del amor y la amistad. En Angloamérica hacia 1840, Esther A. Howland comenzó a vender las primeras tarjetas postales masivas de san Valentín, conocidas como “valentines”, con símbolos como la forma del corazón o de Cupido. También en este día es común la tradición de regalar rosas a aquellas personas a las que se tiene un especial afecto.

Quiero aprovechar esta fecha para hablar de lo que parece ser un valor universal, es decir, las personas de todas las culturas y convicciones religiosas o  filosóficas piensan que el amor es algo bueno. Nadie afirma que el amor sea malo.

El idioma griego (koiné), en el cual fue escrito el Nuevo Testamento, es un idioma muy específico, es decir, tiene varias palabras para lo que nosotros solo tenemos una. En español tenemos una palabra para “amor”, pero en griego hay tres palabras que se pueden traducir como amor, según la clase de amor del cual se está hablando.

Hay una palabra griega que significa amor pero se usaba para la relación de afecto entre personas que tienen alguna afinidad, sea familiar, de amistad o de camaradería. En pocas palabras es “amor de hermano” (fileo).

Este versículo no usa ese término porque todas las personas pueden experimentar esa clase de amor, sea cual sea su religión y hasta los que son ateos tienen la capacidad de amar de esta manera.

Hay otra palabra que se usa para el amor romántico (eros), este es el amor que experimenta una pareja de enamorados. Tampoco es a esta clase de amor que se refiere nuestro texto, porque también cualquier ser humano es capaz de sentir esta clase de amor.

Las dos clases de amor que acabamos de describir, pueden experimentarse y eventualmente terminar. Hay personas que profesaron amarse con todo el corazón y luego llegar a odiarse a tal grado que no soportan vivir juntos ni verse.

Hay personas que disfrutaron de una linda amistad, pero el tiempo o las circunstancias hicieron que de aquel amor solo quede un buen recuerdo.

Pero la clase de amor del que habla el apóstol Juan aquí se asocia con Dios y con la esencia del Ser Divino. Él es amor. (ágape)

Esto no se trata de un sentimiento hermoso, es algo diferente y tiene las características que se describen en I Corintios 13.4-7:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El capítulo 4 de la epístola de Juan explica claramente que el amor de Dios se mostró al mundo cuando Él entregó a Su Hijo unigénito.

Es un hecho incomprensible que Dios estuviera dispuesto a entregar a Su Hijo a la muerte y es un hecho incomprensible que Cristo estuviera dispuesto a dar su vida por pecadores rebeldes como nosotros para darnos esperanza.

Como está escrito:

… y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” – Romanos 5.5

Cuando Dios salva pecadores, les imparte su amor y los capacita para amar de verdad.

No es difícil amar a los que nos aman, eso también lo pueden hacer los incrédulos, pero Dios nos capacita para amar a los que no merecen ser amados, así como Él nos amó sin que nosotros mereciéramos su amor.

El Señor Jesús habló sobre la singularidad de este amor:

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman” (Lucas 6.32)

Solamente el Espíritu Santo nos puede capacitar para cumplir esta ordenanza de Cristo cuando dijo:

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” – (Mateo 5.44)

¿Es posible tal cosa?

Ningún cristiano ama perfectamente, todos fallamos en alguna medida. Sin embargo, el Espíritu Santo que derramó en nosotros el amor de Dios, nos impulsa a esforzarnos por practicar esta clase de amor y a crecer en amor.

La persona que alberga amargura, constante rencor, la persona que se niega a perdonar la ofensa, está en una condición muy grave porque no está manifestando la virtud del amor.

No estamos afirmando que para ser cristiano hay que amar perfectamente siempre, pero lo que sí tiene el cristiano es el deseo de crecer en amor y de llegar a amar como Cristo nos amó y para esto buscamos la llenura del Espíritu Santo.

Cristo advirtió que solo los que perseveran en amor podrán ser salvos:

y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” (Mateo 24.12-13)

Hay quiénes aparentemente conocen mucho de la Biblia, de autores cristianos y hasta pueden estar muy involucrados en actividades de la iglesia, pero nada de esto nos garantiza que sean verdaderos cristianos, es el amor lo que identificará siempre a los que son de Cristo.

Los que pierden la fe, dejan de amar y una fe temporal no es fe verdadera. Son los que perseveran en amor los que serán salvos.

El que está lleno del Espíritu Santo, estará lleno de amor.

¿Amas a Jesucristo el Salvador? ¿Amas a tu prójimo?

Ningún creyente ama como debería amar pero entonces la pregunta es ¿Deseas poder amar como Cristo?

Desear y procurar el amor de Cristo es la marca de los verdaderos cristianos, porque Él dijo:

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros” (Juan 13.35).

Y el apóstol Juan recalcó:

el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. (I Juan 2.5-6)

Que así sea. Amén.

A %d blogueros les gusta esto: