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Consejos Para Escuchar la Palabra con Provecho

Posted in Reflexiones with tags , , on agosto 18, 2018 by elcaminoangosto

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Richard Baxter 1615 – 1691 (Pastor Angligano No Conformista)

  1. Lee y medita mucho la Biblia en privado; así entenderás mejor lo que se predica en público y podrás distinguir si lo que se dice es de Dios o no. Si no conoces la Palabra, lo que se predique te resultará extraño y de poco provecho.

  2. Busca el lugar con la enseñanza más clara, definida y convincente que puedas hallar. Es inmensa la diferencia que hay entre ser enseñado por un predicador juicioso, claro, preciso y capaz, que por uno ignorante, ambiguo, indefinido y seco, cuya predicación es una mezcla de ideas sin digerir. Un maestro ignorante no te va a hacer un cristiano entendido, y uno que predica erráticamente no te va dar un crecimiento sano ni te establecerá bien en la verdad.

  3. No oigas la Palabra con un corazón descuidado como si no tuviera importancia para ti. Escúchala consciente de tu necesidad y de la responsabilidad e implicaciones de lo que oyes. Si entiendes lo que esa Palabra significa para tu alma y si la amas como la Palabra de vida, entenderás mejor cada verdad predicada. El que no ama ni necesita algo, no se interesa en oírlo; pro si entendemos la excelencia y necesidad de la Palabra, nuestro amor y atención serán estimulados y nos será fácil entender lo que se predica.

  4. No toleres que los pensamientos vanos, el descuido o el letargo estorben tu atención. Si no estás atento, ¿Cómo entenderás y aprenderás? Enfócate en la predicación de la Palabra como si allí estuviera tu vida. Se tan diligente en aprender así como tu pastor es diligente para enseñar. Si un predicador negligente y aletargado es malo, un oyente apático y amodorrado no es bueno. Dice Moisés: “Aplicad a vuestro corazón todas las palabras que yo os testifico hoy—porque no es cosa vana; es vuestra vida.” Si tú esperas que Dios oiga tus oraciones en la aflicción, ¿Por qué no vas a oír sus Palabras sabiendo que “el que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” ( 28.9)?

  5. Pon atención al orden del sermón y a la doctrina en que está centrado. Primero porque eso es lo que el predicador quiere señalar, y luego por qué eso te ayudará a entender el resto, el cual depende y está relacionado a ello. Observa sobre todo los aspectos más importantes para tu alma y no te estés fijando en los detalles o aspectos ingeniosos; no seas como los niños que van a la escuela y lo único que hacen es rayar papeles con figuras inteligibles sin haber entendido su lección.

  6. Aprende primero los puntos esenciales de la doctrina, y procura que con cada predicación tu entendimiento de ellos se incremente más. Entendiendo bien las doctrinas esenciales podrás entender mejor las doctrinas no esenciales.

  7. Evita estas dos cosas: (a) apresurarte a explorar detalles doctrinales (que algunos llaman profundidades) antes de comprender bien lo esencial. (b) alimentarte de controversias secas y estériles y deleitarte con la hojarasca de palabras resonantes e impertinentes que no edifican entrando en discusiones vanas sobre formalismos y exterioridades.

  8. Cuando regreses a tu casa medita en lo que escuchaste hasta entenderlo bien (Salmo 1.2).

  9. Cuando tengas dudas, pregunta a los que te pueden ayudar y enseñar. Es señal de descuido y desprecio a la Palabra de Dios que alguien deje pasar el tiempo sin acercarse a sus pastores a buscar la explicación de sus dudas, teniendo ellos la capacidad, la responsabilidad y el deseo de enseñarte.

  10. Lee libros que puedan ayudarte a entender mejor las doctrinas que necesitas aprender.

  11. Ora fervientemente por sabiduría e iluminación del Espíritu ( 1.18; Hechos 26.18; Sant. 1.5).

  12. Practicar conscientemente lo que sabes, es la mejor y más excelente ayuda para conocer con solidez las verdades de Dios (Juan 12. 7, 17).

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¿LGBTI?

Posted in Alertas, Reflexiones with tags , , , on julio 23, 2018 by elcaminoangosto

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Artículo escrito para el Boletín Teológico

>>Reforma Siglo XXI

Consejos Pastorales sobre la Ideología de Género y el Quebrantamiento Sexual

Los padres y los pastores de las iglesias estamos enfrentado una oposición directa contra nuestro deber en la labor didáctica y correctiva de nuestros niños y nuestras ovejas.

En ciertos lugares, la impiedad ha escalado en los sistemas gubernamentales para que los estados establezcan leyes que castigan a los padres que procuran ejercer disciplina sobre sus hijos según las convicciones bíblicas. Hay una campaña orquestada en los medios para impedir que los padres se involucren en la corrección de conductas contrarias a la moral cristiana.

Este sistema represivo que intenta eliminar a los padres del proceso educativo y formativo, se presenta usando un lenguaje de derechos humanos y de derechos de los niños, llegando algunos hasta el punto de afirmar que inculcar una religión a los niños es un tipo de violación. Los padres ya no tienen derecho de influir en la manera de pensar de sus hijos pero el Estado sí tiene el derecho de inculcarles su sistema de valores.

El caos parece imperar en la sociedad moderna y la minoría dominante parece haber perdido la capacidad de realizar un debate racional al respecto de sus posiciones, las cuales, no solo se supone que debemos aprender a tolerar, sino que ahora se nos está obligando a aceptar y aprobar. El derecho a disentir parece haber desaparecido.

La comunidad psiquiátrica sufrió seria presión durante varias décadas para que se llegara a aceptar, aunque sin pruebas, que la conducta homosexual era normal y no debía considerarse una anomalía sino que era un estado normal y natural con posibles causas genéticas, porque anteriormente era catalogado como una patología.

Los reportes o “Informes Kinsey” con respecto a la Conducta Sexual Masculina y Femenina, que se publicaron en 1948 y 1953 respectivamente, llegaron a influir de una manera considerable en la opinión al respecto de estos temas, de manera que todavía se hace referencia a datos que provienen de esos reportes, como si fueran verdades demostradas, aunque se ha comprobado que no tienen un fundamento científico y que la investigación no fue honesta.

Luego, los pastores apóstatas de algunas iglesias fueron cediendo ante el mundo cuando comenzaron a dudar si de verdad las conductas homosexuales tenían una causa genética, como si eso cambiara de alguna manera la ley de Dios al respecto de la sexualidad. Y ahora, después de que ingenuamente muchas iglesias cedieron ante la psicología y desistieron de la consejería bíblica, enfrentamos un cambio repentino, un cambio de estrategia y no muchos se están dando cuenta.

Los argumentos a favor de la “diversidad de conductas sexuales” ya no tienen que ver con la genética, sino que ahora se apela al derecho que tiene todo ser humano de elegir su propia sexualidad según se auto-perciba. Esta auto-percepción implica que hay hombres que se consideran mujeres y a la inversa, y también hay espacio para las dudas de identidad temporales o permanentes, sin el permiso de que alguien se atreva a considerar esta situación como una anomalía.

Aquellos que una vez defendían tenazmente sus “tendencias innatas”, ahora afirman que no debemos hablar de ninguna disposición innata y parece que ya la genética no importa para nada, sino que cada uno puede y debe decidir su orientación sexual sin las restricciones opresoras de “una sociedad patriarcal antiguada y retrógrada”.

Los grupos de activistas LGBTI no quieren que los padres influyan de ninguna manera en la sexualidad de sus hijos pero basta observar con detenimiento para comprobar que ellos sí se esfuerzan por influir constantemente por diversos medios, para causar confusión en nuestros pequeños y en los que ya no son tan pequeños también.

No solo la industria impía del entretenimiento de Hollywood con sus artistas o la industria de la moda, dominada en su mayoría por gente cuyo estilo de vida es inmoral, sino que también las organizaciones “no gubernamentales” auspiciadas por las Naciones Unidas han tenido su participación directa para que los Ministerios de Educación de muchos países sucumbieran ante esta dañina mentira de la llamada “ideología de género”.

Ante esta triste situación, la familia cristiana y la Iglesia deben tener claridad sobre cómo debemos actuar, en defensa de lo que es bueno y de lo que agrada a Dios y en defensa de nuestros hijos.

Entonces, sin tomar en cuenta las posiciones cambiantes del mundo, sugiero que apliquemos las siguientes recomendaciones al tratar casos relacionados con conductas o sentimientos sexuales contrarios a la ley del Señor.

Los padres deben, más que antes, esforzarse por asumir sus roles bíblicamente establecidos y desempeñarlos en el temor de Dios. La influencia correcta de padres piadosos que ejercen sus respectivos roles, previene en gran medida la confusión de identidad.

Esto no significa que un padre no debe cocinar o involucrarse en las tareas de la casa o que una mujer no puede aprender mecánica automotriz. Pero debe observarse un claro compromiso con los roles asignados por Dios, para que el padre se vea como proveedor y protector y ejerza un liderazgo amoroso y que la madre tenga la disposición de cuidar de su esposo, hijos y casa como su vocación principal. (Tito 2.4)

Los padres deben observar con cuidado las conductas, aficiones e inclinaciones de sus hijos desde pequeños para poder corregirles con amor. En muchas ocasiones los niños han presentado tendencias incorrectas desde muy pequeños y los padres han preferido ignorar el asunto, pensando que se solucionará solo.

Si un niño imita más a su madre o a las mujeres que a su padre o hermanos, esto es una clara alerta, pero debe abordarse el problema con amor y con paciencia.

Hemos sido testigos de varoncitos pequeños que jugaron a vestirse con la ropa de la mamá y el incidente fue tomado a broma o bien a burla pero nadie tomó tiempo para tratar el asunto con seriedad y para aplicar el principio enseñado en Deuteronomio 22.5 según el cual, Dios detesta que una persona trate de asumir una conducta o vestimenta contraria al sexo que Dios le asignó.

No debemos tener miedo de llamar las cosas por su verdadero nombre según los estándares de la Palabra de Dios.

Las orientaciones y prácticas sexuales que se apartan de los parámetros establecidos por Dios, son perversiones y abominaciones según se detalla en Levítico 18 y 20.

A nadie le gusta que se le califique de “pervertido”, sin embargo, es la Verdad lo que ayudará a nuestros hijos a luchar contra toda tendencia a las perversiones.

Debemos enseñar con claridad en nuestras casas y en nuestras iglesias que el pecado no se limita a las acciones, sino a los pensamientos y a los sentimientos, para que nosotros y nuestros hijos luchemos apropiadamente no solamente con las prácticas, sino contra cualquier tendencia impura que llegue a surgir en nuestro corazón.

El claro mensaje del Evangelio es lo único que dará verdadera esperanza en este mundo que llama a lo bueno malo y a lo malo bueno (Isaías 5.20)

Muy brevemente me he referido a lo que es nuestro deber para el cuidado y buen desarrollo de nuestros hijos, observándoles y orientándoles para que estén agradecidos y satisfechos con el sexo que Dios les otorgó, pero ellos deben llegar a entender que su deber es esforzarse por llegar a ser la clase de hombres o mujeres que dan gloria a Dios con sus vidas, tomando como modelos los héroes de la Biblia y nuestros antepasados en la Fe y también, de forma ideal, el ejemplo de sus padres, que deberían procurar ser modelos de piedad.

Debemos observar a nuestros hijos y preguntarnos ¿Están tratando de imitarnos a nosotros o a otros creyentes ejemplares? O ¿están se nota que están tratando de imitar a las “estrellas” de este mundo?

Si los jóvenes están procurando parecerse más a los artistas y cantantes, pronto la manera de pensar de esos artistas y cantantes influirá en ellos más que nosotros.

Hay otro reto que debemos enfrentar como iglesias del siglo XXI. Tenemos que recibir personas que vendrán a la Iglesia, cuyo pasado ha sido de quebrantamiento en el área sexual. Puede ser que se trate de hombres afeminados, mujeres masculinas o bien personas que a pesar de tener una apariencia externa acorde con su sexo, han estado atrapados ya sea por los sentimientos de atracción homosexual o por prácticas sexuales impuras identificadas hoy en día como “parafilias”.

Muchos encuentran este tema incómodo y optan por un completo silencio, pero tal cosa es una alternativa inaceptable.

¿Cómo enfrentaremos el caso de un hombre que llega a nuestra congregación y tiene ademanes y formas de hablar o vestir que no son varoniles?

¿Qué haremos con las mujeres que lucen como hombres?

¿Y cómo reaccionaremos ante los que abusaron de sus cuerpos con notorios tatuajes y piercings?

Los que provienen de un contexto de drogadicción y delincuencia también suelen tener un lenguaje y maneras que notoriamente demuestran su procedencia, pero debemos ser pacientes y procurar ganarlos a todos para Cristo.

Las mujeres que han tenido una vida sensual y licenciosa, desconocen por completo las normas bíblicas de la modestia y el pudor.

Todo lo anterior se trata de un mismo tema pero con diferentes escenarios, son pecadores necesitados del Salvador y de una iglesia que les oriente en el camino de santidad.

He incluido estos dos últimos ejemplos de los ex drogadictos y las mujeres sensuales para que nos percatemos que al final, la tarea es la misma y la solución la misma.

La predicación fiel del Evangelio nos da esperanza, nos asegura que hay perdón para todos los que se arrepienten, sea cual sea el contexto pecaminoso del cual provengan.

En I Corintios 6.11, el apóstol Pablo, después de haber proclamado la verdad sobre el destino de los fornicarios, los afeminados, los que se echan con varones, los borrachos, los avaros, los maldicientes, etc… y de haber advertido sobre el engaño de pensar que los que practican tales cosas pudieran entrar en el Reino de Dios… concluye con el consuelo evangélico:

“… y esto erais algunos, mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido justificados, en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios”.

Pero el Evangelio, no solo provee esperanza de perdón y justificación por medio de la fe en Jesucristo, también promete el auxilio del Espíritu Santo en el proceso de santificación, en el cual, los que han sido limpiados por la sangre del Cordero y que han sido libertados del poder dominante del pecado, son capacitados para vencer también el poder del pecado remanente y de las consecuencias de la vida antigua.

No debemos caer en el error de pensar que por amor al hermano que lucha con tendencias sexuales incorrectas debemos usar términos menos ofensivos. El que lucha con deseos hacia alguien de su mismo sexo debe entender que está luchando con una perversión sexual y que el pecado no solamente consiste en las acciones, sino que también los pensamientos y los sentimientos cuentan como pecado, de manera que no debe conformarse con haber dejado su pasada vida “sexualmente activa”.

El que ha sido rescatado de la cárcel del pecado y en particular de vicios adictivos como lo son las drogas y las prácticas sexuales impuras, tendrá que luchar con las consecuencias de esos pecados habituales y los pastores deben ser conscientes de que son casos complicados, que requieren paciencia y perseverancia, oración y clamor, seguimiento y enseñanza.

Los creyentes en general, y no solo los ancianos de la iglesia, deben ser conscientes de la necesidad de seguimiento y consejería que necesitan los que sufrieron quebrantamientos en el área sexual, sea que fueran abusados o abusadores.

El seguimiento necesario implica confrontación, rendición de cuentas, apoyo en oración, pero también la sabia inclusión de este tipo de creyentes en la vida de la iglesia.

Por otro lado, los pastores deben proteger también al resto del rebaño y esto requiere de convicciones firmes y valentía.

Los abusos sexuales que se han vuelto una epidemia, pueden evitarse si nuestros niños son enseñados con claridad al respecto de estos males y si tratamos al pecado bíblicamente y enseñamos a cada uno el principio de la siembra y la cosecha. Es decir, los pecadores deben sentirse invitados a venir a la Iglesia para hallar refugio en Cristo, pero también toda persona en la iglesia debe tener bien claro que no se tolerará el pecado y que todo delito será tratado según los estándares de la disciplina bíblica y también según la ley civil si fuera necesario.

Las personas que trabajan con niños deben ser minuciosamente escogidas y por lo tanto, alguien que en el pasado tuvo tropiezos en la abominable pedofilia, no puede ser nunca considerado para trabajar en un ministerio para niños.

Sabemos que el Señor perdona y que el Señor nos limpia, pero nunca debemos tomar riesgos que el demonio puede usar para tentar a aquellos que un día fueron sus esclavos en el área sexual.

La sociedad actual con todos sus artilugios, hace presión para succionarnos y meternos en sus moldes impíos, pero tenemos que pelear contra esto, no conformándonos a este siglo, sino ajustándonos cada vez más fielmente al modelo bíblico. (Romanos 12.2)

El pudor y la modestia deben volver a ser temas tratados en la iglesia y en la casa. Tanto los hombres como las mujeres deben tomar consciencia de que la sensualidad en el vestir es una señal de mundanalidad y causa de tropiezo, sobre todo para los varones.

La tendencia a mostrar músculos entre los hombres y la tendencia a mostrar curvas entre las mujeres debe ser combatida. Son prácticas mundanas y hacen tropezar en particular a los que luchan contra los recuerdos de un pasado de quebrantamiento y vicios sexuales.

Finalmente, debemos estar preparados para recibir en la Iglesia, a toda clase de personas, ¿cómo lo haremos?

Mostremos el amor de la Verdad, el amor de Cristo, porque el Evangelio promete perdón y vida nueva a todo aquel que se arrepiente y cree.

Al tratar con personas que han estado atrapadas por vicios sexuales, enfrentaremos la realidad de que muchas veces nos desilusionan con sus retrocesos y tropiezos.

Un hombre al cual le dediqué mucho tiempo y energías en consejería y acompañamiento, pero que seguía sin dar evidencias de una verdadera conversión porque reconocía seguir cayendo y claudicando con frecuencia,  me preguntó en cierta ocasión:

– ¿Pastor, por qué usted sigue insistiendo conmigo? Me da pena haberle prometido tantas veces un cambio, para luego tener que reconocer que volví a ceder a las tentaciones.

Mi respuesta fue:

  • Mientras sigas vivo, seguiré esperando y seguiré predicándote el Evangelio. Si no creyera que mi Señor Jesucristo puede cambiar al más vicioso de los pecadores, entonces dejaría de predicar este Evangelio. Pero Él me salvó a mí, y si me salvó a mí, puede salvar a cualquiera.

 ¿Creemos en este Evangelio?

Pr. Alexander León 

NO hay tal cosa como un “Cristianismo Africano”

Posted in Reflexiones with tags , , on abril 18, 2018 by elcaminoangosto

Este artículo fue escrito por el Pastor africano Conrad Mbewe que es pastor en la Iglesia Bautista de Kabwata en Zambia.

Como siempre es muy útil leer pensando en la situación latinoamericana: No hay un cristianismo latinoamericano.

Artículo original >>>>>>>>>>>AQUI<<<<<<<<<<<<<<<<

Cada generación enfrenta sus vientos filosóficos que soplan sobre una nación o sobre un Continente entero. Estos vientos con frecuencia comienzan en un epicentro de sufrimiento y traen una forma diferente de ver la vida. África ha tenido su buena dosis de esos vientos, y como resultado de los esfuerzos misioneros, aquí hemos tenido que lidiar con ellos. Una pregunta que combina los vientos filosóficos que soplan en África con el mundo de las misiones es: ¿Somos Cristianos Africanos o Africanos Cristianos?

¿Qué quiero decir con esto? Cuando la primera generación de líderes nativos toman el poder en las denominaciones traídas por los misioneros occidentales, hay una tendencia a sobre-reaccionar. Los líderes enfatizan su etnia tanto que al escucharlos parece que la nueva agenda en la iglesia debería ser despojarse de todo lo que huela a Occidente. Ahora debemos ser verdaderos africanos.

Aun peor sucede cuando la transferencia de la administración de la iglesia sucede en tiempos en que el país está enfrentando cambios políticos saliendo del colonialismo occidental. La única melodía que se escucha es la del banjo de una sola cuerda que insiste en que los africanos tienen su propia forma de adoración y que debemos retornar a ella. Que lo que hemos heredado es un cristianismo occidental y que tenemos que deshacernos de él. Ahí se hace popular el grito: “Somos cristianos africanos”.

Una Fe, una Iglesia

Tristemente, los misiólogos alrededor del mundo se rinden a veces ante esta forma de pensar. Le dan gran importancia a la etnicidad de las personas a las cuales son enviados (sea por corto o largo período). No me sorprendería si se abriera un nuevo curso en los Seminarios Bíblicos Occidentales que se llame “Cristianismo Africano – Lo que usted debe saber”. Estrictamente hablando, no hay tal cosa como Cristianismo Africano, o Cristianismo Asiático o Cristianismo Occidental. La fe cristiana es una sola y se nos expone en las Escrituras.

Una de las más grandes luchas que enfrentaron los apóstoles fue asegurarse de que los Judíos y los Gentiles pudieran adorar en la misma iglesia a pesar de ser diferentes en varias maneras. Ellos no estuvieron dispuestos a ceder ante la presión de dos culturas diferente que se establecieron en concreto. Solo hay un Evangelio,

“un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos” (Efesios 4.5-6).

De manera que, tiene que haber una sola iglesia – La Iglesia Cristiana.

pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3.26-28).

¿Podríamos también añadir que, en Cristo, no hay Africanos ni Asiáticos ni Caucásicos? Todo lo que traiga divisiones en el cuerpo de Cristo debe ser combatido con base en la Escritura. Somos una Iglesia.

¿Existen diferencias?

No me entiendan mal. No estoy sugiriendo que no hay diferencias entre la cultura occidental y la africana. Las hay. Sin embargo, hacer que esas diferencias se conviertan en gritos de guerra en la Iglesia de Cristo es erróneo. Recordemos, había serias diferencias entre las culturas Judía y Gentil, pero no encontramos que tal cosa se estimule en la Iglesia del Nuevo Testamento.

Por el contrario, vemos a los apóstoles enseñando a la iglesia primitiva a amar y trabajar conscientemente hacia una iglesia completamente inclusiva. Una de las mayores diferencias entre Judíos y Gentiles era su dieta. Los Gentiles comían muchas clases de alimentos mientras que los Judíos tenían una restricción de consciencia proveniente del Antiguo Testamento. Los apóstoles persuadieron a los Gentiles a restringirse amorosamente en sus hábitos de comida pública por el bien de la unidad de la iglesia.

“Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.- Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.” (Romanos 14.13; 15.2)

Tres aplicaciones

¿Cómo podemos aplicar esto a la fe cristiana hoy, especialmente con respecto a los Cristianos Africanos o Africanos Cristianos en África?

  1. Debemos rehusar unirnos a aquellos que tienen una agenda para hacer del “Cristianismo Africano” un asunto de controversia en la iglesia. Por el contrario, debemos insistir en luchar por la pureza del Evangelio en cualquier cultura. Ese debe ser nuestro grito de batalla. No debemos temer cuestionarnos sobre la así llamada adoración que está degenerando en nada más que aplausos sin sentido y danzas y repeticiones de frases, solamente porque se le etiqueta como “adoración africana”. Enseñemos la adoración como Dios la ha enseñado en las Escrituras.
  2. Debemos especializarnos en la predicación expositiva en las iglesias. De ese modo, encontraremos muy poco que favorezca la preferencia de una etnia sobre otra. La costumbre de predicación temática ha sido una causa de problemas y es la dieta perenne que se ha servido en muchos de nuestros púlpitos africanos con un resultado que no es nada estimulante.
  3. Debemos animar a los predicadores visitantes de otras culturas a que expongan las Escrituras tal como lo hacen en sus iglesias. Tal vez el área principal para tener cuidado es la de las ilustraciones que usan. El Baseball y el Footbal americano son tan desconocidos en África como los camellos, los leones, los cheetas y los elefantes en América.

Pero la diferencia entre pastores americanos y africanos es muy superficial, lo cual ha sido probado por la popularidad de los sermones de Paul Washer, John Piper y John MacArthur entre tantos jóvenes a través del continente africano. Son miles de miles los que bajan estos sermones del Internet – y por lo que parece, entienden a estos predicadores bastante bien.

Conclusión

Dejemos las guerras culturales y étnicas al mundo. No tenemos terreno común con ellos. Sin embargo, hagamos que vean algo completamente diferente al venir a la Iglesia Cristiana. Que ellos encuentren un Evangelio que ha roto nuestras barreras, un evangelio que hace que los creyentes trabajen con amor por la mutua edificación en vez de crear otra zona de guerra en la búsqueda de reconocimiento étnico, que haya sido o no suprimido previamente.

Hermanos y hermanas, somos Cristianos que de paso, somos Africanos, no somos Africanos que de paso, somos Cristianos. ¡Entendamos el énfasis bíblico de la manera correcta!

¿Cuándo necesitamos un Avivamiento?

Posted in Reflexiones with tags , on enero 24, 2018 by elcaminoangosto

Tomado del sitio First Love Ministries.

Artículo original disponible  >>>>>>>>>> AQUI <<<<<<<<<<

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– cuando no amamos al Señor como lo amábamos antes

– cuando los intereses por las cosas y ocupaciones terrenales son más importantes que las cosas eternas

– cuando preferimos ver Televisión y leer libros o revistas seculares que leer la Biblia y orar

– cuando hay mayor asistencia a las cenas en la iglesia que a las reuniones de oración

– cuando los conciertos atraen más personas que las reuniones de oración

– cuando tenemos poco o ningún deseo de orar

– cuando nos interesa más hacer dinero que dar dinero

– cuando hemos puesto a personas en el liderazgo que no tienen las necesarias calificaciones espirituales

– cuando nuestro Cristianismo es falto de gozo y de pasión

– cuando hay verdades en nuestra cabeza que no practicamos en nuestra vida

– cuando hacemos poco o ningún esfuerzo por alcanzar a los perdidos

– cuando tenemos tiempo para los deportes, la recreación y el entretenimiento pero no para estudiar la Biblia y orar.

– cuando no temblamos ante la Palabra de Dios

– cuando la predicación es carente de convicción, confrontación, fuego divino y unción

– cuando rara vez tenemos pensamientos sobre la eternidad

– cuando el pueblo de Dios está más preocupado por sus trabajos y carreras que por el Reino de Cristo y la salvación de los perdidos

– cuando el pueblo de Dios se reúne con otros creyentes y los temas de conversación son más sobre las noticias, el clima y los deportes que sobre las cosas de Dios

– cuando los cultos de la iglesia son predecibles y “siempre lo mismo”

– cuando en la iglesia hay problemas entre hermanos y no sienten la necesidad de buscar la reconciliación

– cuando los maridos cristianos y sus esposas no oran juntos

– cuando los matrimonios apenas sobreviven pero sin el amor de Cristo

– cuando nuestros niños crecen adoptando la manera de pensar del mundo, sus valores, filosofías y estilos de vida mundanos.

– cuando estamos más preocupados por la educación y actividades atléticas de nuestros niños que por el estado de sus almas

– cuando el pecado en la iglesia se esconde debajo de la alfombra

– cuando el pecado evidente en la iglesia no se trata con el proceso bíblico de disciplina y restauración

– cuando toleramos “pequeños” pecados de chisme, espíritu de crítica y falta de amor

– cuando somos capaces de ver películas y programas de Televisión que no son santos

– cuando nuestros cantos son carentes de vida y entusiasmo

– cuando nuestras oraciones son palabras vacías dichas para impresionar a otros

– cuando nuestras oraciones carecen de fervor

– cuando nuestros corazones están fríos y nuestros ojos están secos

– cuando no vemos evidencia del poder sobrenatural de Dios en nuestras vidas de una manera regular

– cuando hemos dejado de llorar y lamentar por nuestros pecados y los de los que nos rodean

– cuando estamos tranquilos viviendo un cristianismo ordinario con cultos ordinarios

– cuando nos aburrimos en el culto

– cuando hay que entretener a la gente para atraerlos a la iglesia

– cuando nuestra música y manera de vestir sigue el patrón del mundo

– cuando comenzamos a adaptarnos al mundo en vez de llamar al mundo para que se adapte a los estándares de santidad del Señor

– cuando ya no disfrutamos de la compañía y el compañerismo del pueblo de Dios

– cuando nos tienen que rogar para que sirvamos en la iglesia

– cuando la forma en que damos es medida y calculada en vez de ser generosa y sacrificial

– cuando ya no vemos a gente perdida venir a Cristo de una forma frecuente

– cuando no estamos ejercitando la fe ni creyendo que Dios es capaz de lo imposible

– cuando estamos más preocupados por lo que otros piensan que por lo que Dios piensa de nosotros

– cuando somos insensibles ante el hecho de que hay 2.5 mil millones de personas en este mundo que no han oído el nombre de Jesucristo

– cuando somos insensibles ante el pensamiento de que vecinos, compañeros de trabajo y allegados están perdidos sin Cristo

– cuando el mundo perdido que nos rodea ni siquiera sabe que existimos

– cuando hay poco o ningún impacto de nuestra parte en el mundo que nos rodea

– cuando el fuego está ausente de nuestros corazones, matrimonios e iglesia

– cuando estamos tan ciegos que ni siquiera nos damos cuenta de que necesitamos un avivamiento.
~ ​N. L. DeMoss

4 Amenazas Prácticas contra la Iglesia de Hoy

Posted in Reflexiones with tags , , on noviembre 22, 2017 by elcaminoangosto

Por Jared Longshore

Traducido con permiso por Alexander León

Artículo original en inglés  >>>>> AQUI <<<<<<<

Recientemente vi que los refugios para catástrofes (“doomsday bunkers”) están tomando importancia. Yo no soy del tipo que busca refugio subterráneo con comida enlatada. Pero, comienzo a mejorar en mi apreciación por aquellos que se identifican con amenazas verdaderas y toman medidas para refugiarse.

Cualquier cálculo de amenaza para la iglesia corre el riesgo de sonar universal y sin esperanza. Por eso, es necesario aclarar que: (1) Estas amenazas se comparten desde una posición privilegiada muy limitada. (2) Dios puede destruir esas amenazas con golpe de su  muñeca. Aquí están cuatro amenazas prácticas que detecta mi radar:

Enfrentamos la amenaza de no reunirnos con suficiente regularidad como iglesia. Si yo fuera el diablo, procuraría tener a los cristianos separados. Los convencería de que una hora a la semana es un tiempo suficiente para pasar juntos. Cuando yo era joven, tuve el privilegio de crecer en una iglesia donde me fue enseñada la Biblia varias veces a la semana. En las mañanas y tardes del Domingo y los Miércoles por la noche, yo pasé por lo menos 8 horas a la semana con el pueblo de Dios, mucho de ese tiempo lo pasé escuchando las verdades bíblicas. No tengo idea de cuántas penas he sido librado y cuántas bendiciones he recibido de los medios de gracia mientras gente común me servía la Palabra de Dios. Muchos cristianos hoy se reúnen solo esporádicamente las mañanas de Domingo. Ninguna organización, escuela, ejército o iglesia puede sobrevivir si se reúnen poco. Dios nos manda a estimularnos unos a otros al amor,

“no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10.25).

Nuestra falta al no congregarnos no es solamente una falta de disciplina, sino de deseo. Simplemente no amamos la palabra de Dios y al pueblo de Dios como decimos amarlos. Agreguemos a eso un punto de vista inmaduro de lo que es la iglesia, y tendremos una vasta multitud de cristianos muy ocupados, pero no trabajando para edificar la iglesia en el mundo.

Neutralice esta amenaza con este libro: La membresía de la Iglesia por Jonathan Leeman.

Sufrimos la amenaza de estar centrados en nosotros mismos. En el diccionario Oxford del 2013 la palabra del año fue selfie (auto-foto). El Facebook no fue el que creó este fenómeno en el corazón humano, sino que ha revelado el monstruo-yo que estaba adentro. Las redes sociales son una bolsa mezclada que el enemigo ha usado para exacerbar nuestra obscesión con ser el número uno. La iglesia, sin embargo, progresa al dejar de mirarse a sí misma y poner la mirada en Cristo y preocuparse por otros.  La iglesia no puede funcionar apropiadamente si los miembros no se niegan a sí mismos. Es una receta para el desastre cuando comenzamos a pensar que la iglesia existe para que podamos expresar nuestros dones o cuando pensamos que la iglesia debe acomodarse a nuestras preferencias. Es común escuchar la frase: “Deseo ir a una iglesia con profundo compañerismo, predicación sólida y pasión por las misiones”. Pero, lo que necesitamos escuchar es: “En esta iglesia, voy a iniciar un profundo compañerismo, voy a promover la predicación sólida y me voy a sacrificar con el fin de que misiones apasionadas”. Las palabras de Pablo nos sirven bien cuando enfrentamos este peligro particular:

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2.3).

Neutralice esta amenaza con este libro Side by Side por Ed Welch

Enfrentamos la amenaza de ser flacos en la Biblia. Sí, hemos memorizado algunos versículos. Y cierta moralidad cristiana culturalmente aceptable nos sirve de guía. Pero, parece que cada vez más la gran mayoría de los evangélicos tienen muy poco de la Biblia en sus huesos. Cada cristiano está siendo discipulado por el mundo que le rodea. Por esta razón Pablo dijo:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12.2).

En ciertas maneras, me temo que hemos sido “Caananizados”. Dios tiene mucho que decir sobre cómo gastamos nuestro tiempo, cómo nos comportamos en el hogar, lo que vemos, cuándo y a quiénes nos sometemos, cómo gastamos nuestro dinero, y cómo criamos a nuestros hijos. Si nos apartamos de la Palabra de Dios en lo que se refiere a estos temas, y otros, estamos en serio peligro. Necesitamos ponernos serios en la tarea de cambiar nuestra mentalidad para que se ajuste a la palabra de Dios porque

“toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (II Timoteo 3.16-17).

Neutralice esta amenaza con este libro: Confía en Su Palabra por Kevin Deyoung

Enfrentamos la amenaza de temer a los hombres y no temer a Dios. El Evangelio demanda que temamos a Dios y no al hombre. Si vamos a amar a los hombres como debemos, entonces no podemos temerles. Cuando las autoridades les dijeron a Pedro y a Juan que dejaran de hablar de Cristo, ellos respondieron:

“Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” (Hechos 4.19-20).

Si uno toma una actitud así hoy, la gente lo mira a uno levantando las cejas, incluso si son cristianos. ¿Por qué ocurre esto? Hemos perdido la orientación. Respetamos a las personas a expensas de Dios. Dios nos ha mandado llenar la tierra con el conocimiento del Señor. Pero ponemos este mandamiento y otros a un lado cuando los hombres dicen que tal actividad es inaceptable. Hemos perdido un contexto para entender lo que dicen Salmos como el 2, 5 y 7. Y estamos perdiendo el lugar que corresponde en la vida cristiana a:

“Teme a Dios y guarda sus mandamientos” (Eclesiastés 12.13).

Quiera Dios darnos gracia para orar con David

“… afirma mi corazón para que tema tu nombre” (Salmos 86.11).

Neutralice esta amenaza con el libro: Cuando la gente es grande y Dios es pequeño de Ed Welch.

 

¿Ha sido tu fe probada?

Posted in Reflexiones with tags , , , on septiembre 28, 2017 by elcaminoangosto

Traducido por Alexander León

Artículo e John J. Murray publicado por Banner of Truth

Puede leer el original  >>>>>> AQUI <<<<<<<<<

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Hay muchas concepciones erradas con respecto a la fe en estos días. Algunos piensan de la fe como si fuera un utilería, diciendo “Desearía tener la fe que tienes”. Otros piensan en ella simplemente como el medio de salvación, para librarnos del infierno. Mucha de la predicación Evangelística en los años recientes se ha direccionado de esa manera. Ellos dicen “Cree en el Señor Jesucristo, y serán salvo”, entonces se realiza una decisión como si no tuviera la implicación posterior de una vida de obediencia. Muchos tienen la impresión de que su ejercicio de fe los libera de la ley, porque después de todo… “Una vez salvos, siempre salvos“. Tal clase de fe es superficial.

¿Es esta la fe que se exalta de manera tan alta en Hebreos 11? En esa Oda a la fe, a Abraham se le da un lugar principal. A él se le referencia más que a ningún otro en la galería, como el padre de los fieles. Se hace mención de Abraham noventa y nueve veces en el Nuevo Testamento. Él representa un patrón que debemos imitar.

Hay tres cosas particulares en su vida que demuestran la naturaleza de la fe verdadera:

La Fe verdadera cambia nuestra perspectiva por completo.

En los tratos de Dios con Abraham tenemos el inicio de la actividad redentora que llevaría al desarrollo del Pacto de Gracia. Vemos tres cosas aquí:

La iniciativa divina: Abraham es un ejemplo brillante de la iniciativa divina. En el momento de su llamado él estaba viviendo en Ur de los Caldeos, “adorando otros dioses” (Josué 24.2) y en la oscuridad del paganismo. No pensaba en el Dios verdadero.

De pronto, como describe el mártir Esteban en Hechos 7.2, “el Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia”. Lo describe como “el Dios de gloria” porque su manifestación personal es su gloria. ¡Qué clase de reacción esto debe haber producido en la mente de Abraham! Debió ser como la revelación que Isaías tuvo en el tempo, una revelación soberana y un llamado, y le fue concedida gracia para responder al llamado. Sucede lo mismo con todo el que es “nacido del Espíritu”.

Obediencia absoluta. “Por la fe Abraham, cuando fue llamado… obedeció” (Hebreos 11.8). Fue un llamado eficaz. Él no había cumplido el propósito de su existencia – glorificar a Dios. En vez de eso, él había destronado al Dios vivo y se había hecho ídolos de su propia imaginación. El llamado de Dios fue para traer a Abraham hacia sí mismo y debe haber entonces una respuesta inmediata e incondicional. Tenía que salir de entre los adoradores paganos y hacer de Dios su propio Dios y su herencia. La Palabra de Dios se volvió el todo para él y no hizo nada que Dios no le mandara. Como observa Thomas Manton: “La fe es nuestra vida, el alma que mueve el cuerpo entero de la obediencia”.

Separación para Dios: La perspectiva de Abraham cambió por completo. Antes vivía para las cosas de esta vida y las riquezas y honores de ella pero comenzó a vivir la vida en términos de su destino final. Fue liberado de su deseo de hacer de este mundo su hogar porque Dios le prometió una herencia. Esta herencia era “una patria mejor” y “una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios”. Es la patria o país donde Dios habita. Él ha preparado esta patria para su pueblo y Él mismo es su herencia final. El plan completo se describe de una manera muy bella en el Progreso del Peregrino de Bunyan, donde vemos a Cristiano huyendo de la Ciudad de la Destrucción y su viaje a la Ciudad Celestial.

La Fe verdadera descansa en las promesas de Dios.

La segunda característica de la fe es la confianza en las promesas de Dios. El escritor todavía está hablando de la fe de Abraham pero ahora se vuelve a Sara. Ambos están involucrados porque se refiere a su descendencia. “Por la fe Sara recibió fuerzas para concebir” (v.11)

Parecía una situación imposible; Abraham de 100 años y Sara de 90. Ella había sobrepasado en mucho la edad de concebir. Cuando escuchó primero la noticia de un heredero, la incredulidad se apoderó de ella temporalmente y su fe tembló: “Se rió, pues, Sara dentro de sí” (Génesis 18.12). “Y Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Génesis 18.13-14)

¿Qué produjo el cambio? Ella dejó de mirar el problema y comenzó a mirar al Señor, “porque creyó que era fiel quien lo había prometido” (v.11). Ella desvió su mirada del problema y la puso en El que prometió. Él se volvió el objeto de su fe.

Dice Sinclair Ferguson:

… la fe verdadera toma su carácter y calidad del objeto en el cual está puesta y no de sí misma

¿Hay algo difícil para el Señor? Él creo el mundo de la nada (Hebreos 11.3). Él prometió y él hará que suceda. Abraham y Sara tuvieron un niño.

La Fe verdadera es probada.

La tercera característica de la fe verdadera es que es probada: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac” (11.7). Hay una tradición judía que dice que Abraham fue probado en 10 ocasiones diferentes. Si es así, esta debe haber sido la más dolorosa. El mandamiento prohibía quitar la vida e Isaac era el mejor regalo que había recibido de Dios. En Isaac, la promesa debía cumplirse y aun así, le estaba siendo quitado. ¿Actúa la providencia en contra de la promesa?

Pero Abraham creía que el Dios que le había prometido era capaz de levántalo aun de los muertos. De hecho él ofreció a Isaac en voluntad, corazón y afecto. Dios aceptó la voluntad en lugar del hecho, “porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único” (Génesis 22.13) y “de entre los muertos… en sentido figurado, también lo volvió a recibir” (v.19)

Como cristianos no debemos temer las pruebas y tribulaciones. De hecho, una vida sin molestias es una gran causa de preocupación. Santiago comienza su epístola con estas palabras “hermanos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1.2). Esta es la gran experiencia común del Redentor y de los redimidos, hay un propósito en ello, “sabiendo esto que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis completos y no os falte nada” (v.3-4)

Las pruebas y tribulaciones avientan la paja y producen perseverancia en una vida de obediencia sincera. Pedro, en su primera epístola, habla sobre el gozo de nuestra gran salvación, y luego trae la advertencia “aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”. (I Pedro 1.6-7). El elemento genuino de la fe es probado por un proceso similar al del refinado de los más valiosos y preciosos metales. El resultado es lo que recibe la aprobación de Dios y redunda para Su gloria.

Muchos pasajes de la Escritura nos advierten de los peligros de una fe temporal y de una fe que fracasa. La fe de los cristianos hebreos estaba siendo conmovida: “No perdáis vuestra confianza” (Hebreos 10.35). El escritor luego dice “nosotros no somos de los que retroceden” (v.39), después de lo cual nos introduce inmediatamente a la galería de la fe, de quienes se dijo “todos murieron en la fe” (Hebreos 11.13). La fe dominaba sus vidas mientras los problemas abundaban.

Como decía Juan Calvino,

“el que ellos alcanzaran tales triunfos con tan limitados recursos debería avergonzarnos a nosotros”.

Lutero lo puso de esta manera:

“Cuando Abraham se levante en el día final, nos reprenderá por nuestra incredulidad y dirá: “Yo no tenía ni la centésima parte de las promesas que vosotros tenéis, y creí” (Tabletalk, 2009, p.233)

La nube de testigos está ahí para animarnos a perseverar hasta el final (Hebreos 12.1-4). Esta fe, como sostenía Lutero, es una gracia operativa, es una gracia que conquista, y finalmente, es una gracia victoriosa. ¡Que Dios nos conceda poseerla!

 

 

 

 

¿Es la adoración de su iglesia más pagana que cristiana?

Posted in Doctrina, Reflexiones with tags , , , on agosto 24, 2017 by elcaminoangosto

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*******AQUI*******  el artículo traducido al portugués  por Victor Binbato

Artículo original escrito por Todd Pruitt en Reformation 21, 2014,

Traducido al español por Alexander León

Hay un malentendido muy grande en las iglesias sobre el propósito de la música cristiana de adoración. Las iglesias anuncian rutinariamente un culto “dinámico” y “transformador”, el cual “lo llevará a usted más cerca de Dios”, o “cambiará su vida”. Ciertos CD´s de adoración prometen que la música lo llevará a usted “a la presencia de Dios”. Hasta un panfleto, de anuncio sobre una conferencia para líderes de adoración decía lo siguiente:

“Únase a nosotros para esta lección dinámica, la cual lo colocará a usted en el camino verdadero e inspirador donde podrá encontrarse con Dios y recibir la energía y el amor que usted necesita para ser un agente y un facilitador en el mundo de hoy… Además de eso, nuestros programas de enseñanza son eventos de adoración que lo pondrán a usted en contacto con el poder y el amor de Dios

El problema con el panfleto y con muchos anuncios de iglesias es que ese tipo de promesas revelan un error teológico significativo. La música es vista como un medio para facilitar nuestro encuentro con Dios. Ella nos acercará a Dios. En ese esquema, la música se torna un mediador entre Dios y los hombres. Pero, esa idea está más próxima a las prácticas paganas que a la adoración cristiana.

Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Solamente Él es quien nos lleva a Dios. La noción popular, aunque errónea – relativa a la música de adoración daña la verdad fundamental de la fe cristiana. Es irónico que muchos cristianos niegan el papel de las ordenanzas sacramentales, las cuales el propio Señor dio para su Iglesia (el bautismo y la cena del Señor) y sin embargo, sí dan poderes sacramentales a la música. La música y la “experiencia de adoración” son vistas como medios por los cuales entramos en la presencia de Dios y recibimos sus beneficios salvíficos. Simplemente no hay ninguna evidencia en la Escritura que diga que la música sirve de medio para tener encuentros o experiencias con Dios. Esa es una noción del paganismo. Tal cosa está muy lejos del cristianismo.

En su útil libro “True Worship” (Adoración Verdadera), Vaughan Roberts muestra cuatro consecuencias de ver a la música como un encuentro con Dios. Voy a resumirlos.

  1. Se marginaliza la Palabra de Dios.

En varias iglesias y encuentros cristianos, no es poco común que la Palabra de Dios sea dejada de lado. La música da una sensación elusiva de enajenación, mientras que la Biblia se ve como algo mundano. Los púlpitos han disminuido y hasta desaparecido, mientras que las bandas y las lucen han aumentado. Pero la fe no viene por la música, o las experiencias de supuestos encuentros con Dios. La Fe viene por medio de la proclamación de la Palabra de Dios (Romanos 10.17)

  1. Nuestra certeza es amenazada

Si asociamos la presencia de Dios con una experiencia particular o con una emoción, ¿qué sucederá cuando ya no sintamos eso más? Buscaremos iglesias cuyos grupos de alabanza, orquestas u órganos produzcan en nosotros los sentimientos que estamos buscando. Pero la realidad de Dios en nuestras vidas depende de la mediación de Cristo, no de experiencias subjetivas.

  1. Los músicas adquieren un status sacerdotal

Cuando la música es vista como un medio de encuentro con Dios, los líderes de alabanza y los músicos comienzan a ejercer el papel del pastor. Se vuelven aquellos que – en lugar de Jesucristo, el único que ya cumplió esa función – nos llevan a la presencia de Dios. De esa forma. Cuando un líder de adoración o una banda no me ayudan a experimentar a Dios, entonces falló y debe ser sustituido. Por otro lado, cuando creemos que ellos tienen éxito en llevarnos a la presencia de Dios, entonces tendrán en nuestra mente un status elevado

  1. La división aumenta.

Cuando identificamos un encuentro con Dios con un sentimiento, y solo una determinada música que produce ese sentimiento, entonces insistiremos en que aquella música debe tocarse regularmente en nuestra iglesia y reuniones. Si todos tuvieran el mismo gusto que nosotros, no habría problema. Pero si otros dependen de otra música para que ese sentimiento se produzca en ellos, entonces para ellos es importante cultivar la división. Y como rutinariamente clasificamos esos sentimientos como encuentros con Dios, nuestras demandas para que ese sentimiento se produzca se volverán rígidas. Ese es el motivo por el cual muchas iglesias sucumben y ofrecen como alternativa diferentes estilos de culto. Haciendo eso, sin querer están aprobando una división y la centralización del ego en medio del pueblo de Dios.

La Escritura está llena de exhortaciones para el pueblo de Dios cante y haga canciones para el Señor. Nuestro Dios fue benigno al darnos ese medio para adorarlo. Pero es importante entender que la música, en nuestra adoración, es para dos propósitos específicos: honrar a Dios y edificar a la comunidad de los creyentes. Infelizmente, muchos cristianos tienden a dar a la música un poder sacramental sobre el cual la Escritura jamás habló.

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