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Salmo 130

Posted in Devocionales with tags , on julio 7, 2015 by elcaminoangosto

“Jah, si mirares a los pecados, ¿Quién oh Señor podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” – Salmos 130.3-4

El vocablo traducido como JAH, es una abreviación del nombre de Dios en hebreo, la forma completa es el tetragrama YHWH.

Pienso que nunca deberíamos entrar en discusiones sobre cuál es la pronunciación correcta del nombre de Dios, no encuentro una razón válida para ello. Sea que le digamos Jehová o Yahweh, lo importante es entender que Él se reveló a Moisés con este nombre, enfatizando su esencia y su existencia eterna. Dios existe por sí mismo: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3.14) y esto también concuerda con la descripción de nuestro Señor Jesucristo: “… el que era, el que es y el que ha de venir” (Apocalipsis 4.8), porque el Padre y el Hijo comparten una misma esencia.

Ante ése Dios que es soberano y justo toda criatura racional tendrá que presentarse un día. Nadie puede excusarse, nadie puede evadir esta cita, todos enfrentaremos el juicio (Hebreos 9.27).

En el gran Día del Juicio, solo hay dos posibles resultados. Unos serán recibidos en el reino de Dios y otros serán expulsados de Su presencia y arrojados al tormento descrito por el Señor Jesús como “el lloro y el crujir de dientes”. Esta frase descriptiva del infierno aparece 7 veces en el Nuevo Testamento.

El versículo de nuestra meditación afirma con una pregunta retórica que no hay nadie que pueda mantenerse, si Dios mira sus pecados. No hay nadie que pueda salir libre del juicio, si Dios considera sus pecados, porque los pecados nos hacen merecedores de condenación. Dios es Santo y Justo, por lo tanto debe dar su merecido a los pecadores.

En el Juicio de Dios todas nuestras obras serán expuestas y todos nuestros pensamientos y palabras serán considerados. Esto es lo que dice la Escritura:

yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” – Mateo 12. 36

no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.” – Marcos 4.22

en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.” – Romanos 2.16

También estas son descripciones bíblicas de aquel gran Día Juicio:

“…el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.” – Daniel 7.10

Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” – Apocalipsis 20.12

Hasta aquí el panorama se percibe muy negativo. Si en el día del Juicio Dios mira nuestros pecados y nos juzga por lo que hemos hecho, no tenemos esperanza, la condenación y la ira de Dios caerá sobre nosotros, porque así lo demanda Su justicia.

El Salmo no termina ahí, gloria sea dada a Dios porque hay un “Pero…”. Se nos presenta el Evangelio, nos recuerda que en el Señor hay perdón.

Todos aquellos que arrepentidos de sus pecados han clamado por salvación y han creído en Jesucristo y en la eficacia de su sacrificio en la Cruz, reciben el perdón. (Hechos 13.38)

Este grupo de bienaventurados no serán condenados en el Juicio, porque habrá Alguien que responderá por ellos en el Tribunal Sagrado para que Dios ya no mire sus pecados.

Cuando todos los secretos sean revelados, nuestros pecados atestiguarán contra nosotros para condenación, pero el Señor Jesucristo atestiguará en favor de los creyentes, porque Él pagó el precio sufriendo la pena de la Cruz.

Entonces, Dios no mirará los pecados, sino que mirará la sangre vertida de su Hijo y los creyentes serán confirmados como justos, Cristo los presentará vestidos con su justicia.

La última parte del versículo nos brinda el resultado y fruto del Evangelio en aquellos que llegan a comprenderlo.

… para que seas reverenciado”, otras versiones dicen “… para que seas temido”.

Recibir el Evangelio y tener una certeza del perdón de pecados no lleva al descuido espiritual. Aquellos que entiendan el perdón de Dios, dejarán sus vidas de pecado y se rendirán a Dios para reverenciarle el resto de su vida. El resultado del perdón es la reverencia y el temor a Dios.

Como pecadores debemos considerar seriamente lo que fue necesario para que Dios otorgara el perdón de pecados, porque esto es lo que produce reverencia y temor.

El pecado es tan ofensivo para Dios, que cuando Su Hijo cargó el pecado de los creyentes en la Cruz, lo abandonó. Aunque su Hijo era inocente, al cargar con el pecado, se hizo imposible que el Padre continuara en comunión con Él y derramó sobre Él la copa entera de Su justa ira.

Si Dios no eximió a Su Hijo del castigo cuando Él llevó el pecado, no eximirá a nadie que persista en pecado y no se arrepienta. Esto debe causarnos gran temor. El verdadero temor a Dios nos impulsa a reverenciarlo como Él lo merece, es un temor santo que nos lleva a la obediencia.

Los que piensan que son cristianos por haber “recibido a Cristo”, pero continúan en una vida de desobediencia a los mandamientos de Dios y siguen deleitándose en el pecado sin apartarse del mundo, no han entendido el Evangelio. Han caído en una trampa, han sido engañados.

El creyente verdadero, encuentra en este salmo 130 consuelo y ánimo. El creyente se ve a sí mismo y se entristece al reconocer que su crecimiento en santidad no es suficiente, pero luego recuerda que Dios ha justificado por la fe en Cristo a los que son suyos, es decir, recuerda el Evangelio.

La consciencia del creyente ha sido despertada por el Espíritu Santo y por estar razón ahora está más alerta en cuanto a la presencia de pecado en su vida, pero también, su aprecio por perdón recibido es cada vez más profundo.

¿Has recibido el perdón? ¿Meditas en aquel día en el cual tus pecados serán expuestos? ¿Mirará Dios tus pecados, o mirará la sangre de Su Hijo? Medita en esto. Amén.

Pr. Alexander León

(Estas breves meditaciones bíblicas se comparten los días lunes y miércoles en el grupo de Skype: Reflexión Bíblica, y corresponden al pasaje bíblico semanal del programa de memorización de la IBRL)

Devocional 17 de Enero, 2014 – Génesis 1:1

Posted in Devocionales, Reflexiones with tags on enero 17, 2014 by elcaminoangosto

biblia

“En el principio creó Dios, los cielos y la tierra” Génesis 1:1

La Biblia, la revelación escrita de Dios para los hombres, comienza con esta importante declaración.

Es una declaración de lo que sucedió. No es un intento de probar o convencer al lector en cuanto a la veracidad del relato,  sino que describe lo que ocurrió. Dios creó en el principio todas las cosas que existen.

Meditemos un poco en algo de lo mucho contenido en este versículo.

Lo primero es que todo tuvo un inicio. El universo no ha existido siempre sino que Dios dio existencia a todo en un momento específico. Hablar sobre algo antes del principio se vuelve una contradicción, porque el versículo está describiendo el momento en el cual Dios dio inicio a la Historia.

Deberíamos asombrarnos al pensar en esto, ¡el tiempo y el espacio no tenían existencia hasta que Dios decidió crear! y es imposible imaginar algo antes de la creación, porque el tiempo y el espacio tienen sentido solo con respecto a un universo físico, el cual no existía.  Pero Dios es eterno y trasciende al mundo físico que Él creó.

Consideremos otra idea que surge de este versículo: Dios quiso crear y como Creador tiene el derecho de disponer sobre todo lo que ha creado.

La sociedad moderna se esfuerza por establecer y defender los derechos que se supone deben tener las criaturas: los derechos de la mujer, del niño, los derechos del minusválido, los derechos del trabajador, los derechos de los animales, etc. Sin embargo,  deberíamos ser conscientes que lo primero y más importante debería ser el reconocimiento de que Dios como Creador tiene todo el derecho sobre todo lo que le pertenece, todo lo que Él hizo le pertenece, como lo afirma el Salmo 24:1De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan.

Dios tiene derecho de pedir cuentas a sus criaturas, específicamente a aquellas que creó con una capacidad de raciocinio y decisiones morales, los seres humanos.

Esta es una de las razones escondidas detrás del ateísmo: Si no hay Dios, no hay que rendir cuentas. Pero la biblia establece claramente que el Dios que es Creador de todo, también es Juez y ha determinado un día para que seres humanos y ángeles se presenten ante su presencia.

Los cielos y la tierra son un testimonio visible, palpable de la grandeza del creador y esto es algo en lo que reflexiona el salmista David: “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmos 19.1)

Debemos tomar tiempo para contemplar la belleza de todo lo que Dios ha hecho y luego meditar en el hecho de que aún más grandioso que todo el precioso Universo en el cual vivimos debe ser el Creador de este universo.

¡Y todavía más maravilloso es el hecho de que el Dios todopoderoso y Soberano  haya sido concedido a los hombres,  las criaturas que Él formó y que pronto se rebelaron contra su Creador, la oportunidad de volver a tener comunicación con Él!

Aquel Verbo divino y eterno, por medio del cual Dios hizo todas las cosas (Juan 1:1), se hizo como uno de nosotros para reconciliarnos con Dios. Nosotros, los que por causa del pecado estábamos en enemistad con el Dios Santo y Justo, ahora podemos, por la mediación de Cristo, llegar al Padre. (Juan 14:6)

Sí, el hombre cayó y se rebeló y con ello vino maldición no solo a su posteridad, sino a todo el mundo sobre el cual él debería haber señoreado. (Génesis 1:26). Pero Dios quiso tener misericordia y ha prometido hacer una nueva creación para el disfrute de todos los que lo aman. (II Pedro 3:13)

El Nuevo mundo que Dios ha planeado podrá ser disfrutado únicamente por los que pudieron llegar a valorar al Creador más que a lo creado. Ese nuevo universo será para los que aman a Dios, los que han sido hechos nuevas criaturas en Cristo.  (II Corintios 5:17) – ¿Estás en Cristo?

Estar en Cristo significa haber tenido arrepentimiento de los pecados y haberse refugiado en Él, creyendo que Su sacrificio en la Cruz es suficiente para el perdón y para heredar la vida eterna.

Pr. Alexander León

Devocional 10 enero, 2014 – II Timoteo 3:16

Posted in Devocionales, Reflexiones with tags on enero 10, 2014 by elcaminoangosto

biblia

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil… “ – II Timoteo 3.16

Todas las iglesias y grupos cristianos tienen un alto concepto de la Biblia, y los que publican este libro (o conjunto de libros) usan siempre esta inscripción en la portada: “Santa Biblia” o bien “Sagrada Biblia”.

Sin embargo, aunque existe este aparente respeto por el libro en el que se fundamenta la religión cristiana, el tema de su inspiración y utilidad no tiene una comprensión o aceptción idéntica para todos los que profesan el cristianismo.

Algunos consideran a la Biblia un libro con contenido valioso, pero no creen que sea nuestro deber tomar todo lo que en ella se expresa como procedente directamente de Dios. Ellos piensan que hombres buenos escribieron según su limitado entendimiento de las cosas y que mucho de lo que expresaron es útil, pero que no tenemos obligación de creer todo lo que escribieron, ellos pudieron equivocarse y de hecho lo hicieron. La Biblia no es entonces un libro libre de errores. Esta es la posición de los teólogos liberales. Según esta perspectiva, nunca debemos pensar en la Biblia como un libro infalible o autoritativo, porque lo escribieron hombres falibles, los cuales a pesar de sus buenas intenciones, de seguro fallaron en mucho de lo que afirmaron y enseñaron.

Según la posición liberal, no toda la Escritura es inspirada por Dios, sino que Dios puede utilizar mucho de lo que la Biblia dice para beneficiar a los hombres, pero como no creen en la inspiración verbal de la Biblia, será tarea del hombre determinar cuánto de la Biblia se considera útil y en qué aspecto.

La posición católico-romana tradicional es que los laicos no deberían pretender regirse por la Biblia, sino que el magisterio de la Iglesia (Papa y colegio cardenalicio) es el encargado de interpretar las Escrituras. Por lo tanto  la Biblia puede ser de utilidad pero no es indispensable, basta leer el prefacio de la edición de la Biblia Torres-Hamat para comprobarlo. Los fieles no son motivados a leer la Escritura sino a recibirla de los sacerdotes. De hecho, en el pasado la Iglesia católica prohibía enfáticamente que los fieles tuvieran acceso a la Biblia y esta prohibición estuvo acompañada de persecución y torturas, porque según ellos fue la Iglesia (el magisterio) la que produjo la Biblia y por lo tanto le corresponde a ella su administración.

La posición protestante enfatizó desde el inicio la autoridad y supremacía de la Biblia en la vida de cada cristiano, y hubo un tiempo en el cual ser evangélico era sinónimo de ser regido por la Biblia únicamente, pero lamentablemente esa ya no es la realidad.

Muchos evangélicos han dejado de ser el Pueblo del Libro y aunque en teoría siguen proclamando que la Biblia es la única regla de fe, en la práctica no están dispuestos a someter sus vidas a la autoridad de la Sagrada Escritura.

La situación es tan grave que hay líderes que se atreven a afirmar que Dios les da mensajes directos, como revelaciones privadas, lo cual era una característica que identificaba antes específicamente a las sectas herejes. Y por otro lado hay quiénes  afirman que para ciertos problemas la Biblia no tiene una solución práctica y entonces hay que acudir a los profesionales que puedan complementar su consejería con sus conocimientos en psicología.

Todo esto es el triste resultado de ignorar un versículo tan claro como este en el que estamos reflexionando hoy.  Creer que la Biblia entera ha sido inspirada por Dios, literalmente significa que el aliento que salió de boca de Dios capacitó a hombres falibles para escribir de manera infalible lo que Él quiso comunicar. Y esta Biblia que es Santa como el Dios que la inspiró, es siempre útil y suficiente.

No creo que pueda dar una mejor condensación al respecto de lo que son las Escrituras que lo que plasmaron nuestros antepasados en la Confesión Bautista de Londres:

“Las Santas Escrituras son la única toda suficiente, segura e infalible regla del conocimiento, fe y obediencia salvadoras. Aunque la luz de la naturaleza y las obras de creación y de providencia manifiestan la bondad, sabiduría, y poder de Dios, de tal manera que los hombres quedan sin excusa, sin embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación;  por lo que le agradó al Señor, en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia;3 y además para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito, por todo lo cual las Santas Escrituras son muy necesarias, y tanto más cuanto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su Iglesia.”

Les invito a considerar si esta afirmación es también la nuestra en el presente y si estamos dispuestos a tomar la Biblia como la única, segura e infalible regla del conocimiento y fe  que lleva a la salvación. Que así sea.

Pr. Alexander León

Devocional 20/12/2013 – Mateo 1:29

Posted in Devocionales, Reflexiones with tags on diciembre 20, 2013 by elcaminoangosto

biblia

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:29)

Este es un texto apropiado para meditar en esta época en que creyentes e incrédulos celebran la Navidad.

La celebración que el mundo hace no tiene nada de cristiana porque toman el nombre del Señor en vano y aprovechan la festividad del Nacimiento de Jesucristo para sus placeres egoístas, sin haber creído en Él ni reconocer Su señorío, solo les interesa el disfrute de las comidas, bebidas y los regalos.

Por otro lado, muchos cristianos no pueden celebrar con una conciencia tranquila por causa de escrúpulos que no vamos a criticar en este momento, (y que debemos respetar también). Sin embargo, es mi anhelo y oración que esta reflexión bíblica pueda beneficiar tanto a los que celebran como a los que no lo  hacen.

El texto de nuestra reflexión corresponde a las palabras que fueron dichas por el ángel del Señor que se apareció a José en sueños, para confirmarle que el niño que esperaba su prometida María, había sido engendrado del Espíritu Santo.

El nombre JESÚS es una transliteración del nombre griego Iessous, el cual proviene del arameo Yeshua, derivado del hebreo Yehoshua.

Hay sectas que yerran preocupándose con respecto a la correcta pronunciación de este nombre, sin darse cuenta que lo importante al respecto de Jesús no es saber cuál es la pronunciación correcta de su nombre, sino saber Quién es Él y conocerle a Él como único camino a Dios (Juan 14.6).

El nombre Jesús significa Salvador o más exactamente “Jehová salva” – “Yahweh es salvación”.

Debemos concentrarnos en la maravillosa noticia de que Dios envió al Salvador que había prometido, y que este Salvador no es como ninguno de los libertadores que Dios había enviado anteriormente. Había llegado el cumplimiento del tiempo para enviar al prometido Mesías.

La identidad de este Mesías (Cristo, Ungido) es algo esencial para la religión cristiana. Aquel que nació en Belén, no fue un profeta o rey solamente, no era una criatura, sino el Creador, el eterno HIJO de Dios que tomó forma humana (Juan 1:1,2) y esto es lo que aclara el mismo evangelista Mateo más adelante cuando escribe: “… todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es Dios con nosotros (Mateo 1:22,23)

¡Este Jesús es en verdad Dios con nosotros! Dios mismo vino a este mundo en la persona de su HIJO eterno, el Señor Jesucristo.

Esta maravillosa noticia no tiene sentido para muchos. El hecho de que Dios fue manifestado en carne sigue siendo un misterio para los incrédulos (I Timoteo 3.16) ¿Qué aprecio puede tener por el Salvador el que no tiene consciencia de su urgente necesidad de salvación?

Lamentablemente muchos reconocen que necesitan la ayuda de Dios en diversas áreas de sus vidas, como la salud, la situación laboral, financiera o familiar o emocional, etc. Pero muy pocos se dan cuenta del propósito de la encarnación del Verbo de Dios.

Por esto es tan importante enfatizar también las palabras del ángel: “porque Él salvará a su pueblo de sus pecados” y compararlas con lo que también afirman las Escrituras “Yo, yo Jehová, y fuera de mí, no hay quien salve” (Isaías 43.11)

Es necesario observar que el Evangelista no dice que Él vino a salvar a su pueblo del infierno. Él no vino únicamente a salvarnos del castigo por nuestros pecados sino de nuestros pecados que nos hacen merecer el castigo del infierno.

Todo aquel que afirma haber sido salvado por Cristo debería también tener muy presente de qué fue que Cristo le salvó.

¿Cuáles son esos pecados de los que Cristo te ha salvado? ¿Te ha salvado el Señor o estás todavía en tus pecados y sin esperanza?

 

Algunos ven la salvación como un evento del pasado y otros la ven únicamente como algo que se podrá comprobar en el futuro, pero la salvación incluye tanto el pasado como el futuro y también el presente. Los que son de Cristo, los que pretenden ser Su pueblo, deben entender que Cristo no solo los salvó en el pasado, sino que en el presente Cristo continúa salvándonos de nuestros pecados. Cristo nos salva de nuestros pecados hoy.

Si Cristo es tu salvador, hoy debes creer que Él te salva de esos pecados con los que estás batallando en el presente no tienes por qué dejarte dominar por el pecado.

¡Que se alegre el pueblo de Dios, que se alegre en la salvación de Dios! ¿Eres parte del pueblo de Dios? ¿Te cuentas entre el número de los redimidos por la sangre del Cordero de Dios? Que así sea, Amén.

Pastor Alexander León.

Devocional 06/12/2013 – Salmos 46.7

Posted in Devocionales, Reflexiones with tags on diciembre 6, 2013 by elcaminoangosto

biblia

Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob – Salmos 46.7

¡Qué preciosa confianza debe tener el pueblo de Dios en medio de los conflictos y las pruebas! ¡Dios está con nosotros!¡Podemos refugiarnos en Él!

Consideremos el título que se usa aquí para referirse a Dios, es el término proveniente del hebreo “Yhwh tzebaot” y en algunas versiones aparece transliterado como Sabaoth. Este calificativo se usa para designar a Dios como el Comandante del ejército de Israel, Aquel por el cual ellos obtuvieron todas las victorias sobre sus enemigos tanto en el peregrinaje por el desierto como en la conquista de la tierra de Canaán. Con este título Israel reconocía que Dios peleaba por ellos y que era en Su nombre que obtendrían la victoria.

David usó ese título cuando enfrentó al gigante Goliat: “Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.” (I Samuel 17.45)

Con mucha frecuencia los creyentes olvidamos que somos soldados y que estamos en guerra.

La mentalidad de una vida cristiana cómoda y sin problemas de salud, económicos o familiares parece haber calado muy hondo en nuestra cultura de prosperidad. Pero no nos dejemos engañar, la vida del cristiano está llena de obstáculos, tropiezos y el enemigo es malvado y cruel y asecha nuestras almas de muy diversas maneras. Es preciso que entendamos que el diablo quiere destruirnos y que tratará de hacerlo por todos los medios que le sean permitidos.

Es necesario que nos sintamos incluidos como parte de los escuadrones de Israel. Las iglesias locales deberían ser verdaderos escuadrones del ejército universal de creyentes.

Una vez que tenemos la perspectiva correcta con respecto a la vida cristiana como un campo de batalla, como un camino y jornada de difícil tránsito, tendremos entonces una mejor apreciación de lo que este Salmo proclama.

En medio de las más difíciles situaciones y pruebas y al enfrentar terribles tentaciones debemos recordar la clase de Dios que tenemos. Él es el Capitán que dirige la batalla y quien dirige a su pueblo a la Victoria.

Específicamente se da este oficio al Hijo de Dios que en el Antiguo Testamento se denomina el Ángel de Jehová, recordemos las palabras de este Ángel a Josué: “…como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró” (Josué 5.14)

Sabemos que únicamente Dios es digno de adoración y Josué se postró ante este “Príncipe Angelical”, lo cual nos lleva a concluir que esta es una aparición de Jesucristo antes de su encarnación para venir como el Mesías.

Todo esto tiene que llenarnos de confianza. Nosotros profesamos fe en Cristo, y Cristo es quien nos guía a la victoria y Cristo es también quien nos sirve como refugio ante los ataques fieros del enemigo.

¿Cómo estás peleando la batalla de la vida cristiana? ¿Tienes bien claro que Cristo es el Señor de los Ejércitos? ¿Entiendes que Él prometió la victoria en base a lo que Él ya logró en la Cruz? ¿En quién te refugias cuando eres atacado por el enemigo? ¿Quién te entrena para la pelea contra el mal?

Todas estas preguntas tienen una sola respuesta. Los cristianos tienen victoria en Cristo y se refugian en Cristo. Solo Cristo venció el pecado y la muerte. Que sea la misma Palabra de Dios la que nos confirme y de ella recibamos aliento, fuerzas y sabiduría para portarnos como valientes soldados del ejército del Señor.

“Quien adiestra mis manos para la batalla…” (Salmos 18.34)

“…en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” (Romanos 8.37)

“Y ellos le han vencido (al dragón) por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” – (Apocalipsis 12.11)

“… y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles” (Apocalipsis 17.14)

Pero todas estas promesas son para aquellos que puede decir con convicción “Jehová de los ejércitos está con nosotros, nuestro refugio es el Dios de Jacob”

¿Estás del lado correcto en esta guerra? Refúgiate en Cristo y Él será tu defensor. Amén

Pr. Alexander León.

 

Devocional 22/11/2013 – Salmos 25:1,2

Posted in Devocionales with tags on noviembre 22, 2013 by elcaminoangosto

biblia

A ti, oh Jehová, levantaré mi alma. Dios mío, en ti confío; No sea yo avergonzado, No se alegren de mí mis enemigos. – Salmos 25:1-2

Aunque Dios es omnipresente, es decir, está siempre en todas partes, cuando deseamos comunicarnos con Dios debemos reconocer que nosotros estamos aquí abajo en un mundo material y temporal y que Dios es el Altísimo, y por esta razón, orar equivale a levantar el alma hacia Dios, porque está escrito que Él es Alto y Sublime, que habita la eternidad, que él es Santo y que habita en la altura y en la santidad (Isaías 57:15). Por esa misma razón otro profeta escribió: “levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos” (Lamentaciones 3:41)

Nunca debemos olvidar cuál es nuestra posición y nuestra condición para que así podamos acercarnos a Dios con la actitud apropiada.

Ahora bien, este acto particular de levantar el alma a Dios debe estar siempre unido con la voluntaria inclinación y postración de todo nuestro ser ante Él. Únicamente postrándonos ante su grandeza es cómo podremos levantar apropiadamente nuestra alma según lo que podemos comprobar en otros textos: “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová” (Salmos 95:6) “Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; Él es santo” (Salmos 99:5, 9) “… postraos delante de Jehová, en la hermosura de la santidad” (I Crónicas 16:29)

De manera que, si deseas elevar tu alma al Señor debes inclinarte ante Él.

El salmista continúa su oración con la expresión, “Dios mío”. Esto es algo precioso y digno de ser considerado porque solamente los que caminan con el Señor, le aman y le obedecen pueden llamarle apropiadamente “Dios mío”.

Lamentablemente esa frase es usada como una expresión vana y la podemos escuchar de cualquier persona en cualquier situación sin la menor intención de dirigirse a Dios o de mostrarle reverencia. Desechemos enfáticamente esa conducta impía de estar mencionando a Dios de manera trivial. Si vamos a mencionar el nombre del Señor debe ser porque de verdad confiamos en Él, como lo afirma David en esa oración.

¿Confías en Dios? ¿Son tus oraciones verdaderas plegarias de clamor al Dios santo con la confianza de que Él las atenderá por la mediación de Su HIJO, nuestro Señor Jesús? ¿Crees que el Espíritu Santo lleva tu oración ante el trono celestial? ¿Confías en Dios de verdad?

Cuando David implora dirección, perdón y protección en este salmo, él era consciente de que sus enemigos podrían burlarse de él. Él sabía que sería una vergüenza para los que profesan fe, no recibir respuesta y auxilio del Dios en el cual dicen confiar.

Los enemigos del cristiano son muchos, pero básicamente los podemos resumir en tres: el diablo y sus huestes de maldad, la influencia del sistema mundano que predomina y la tendencia personal hacia el pecado.

Estos tres enemigos están esperando la oportunidad de burlarse de los que profesan fe en Jesucristo. ¿Cómo lo hacen? – Por medio de tropiezos y obstáculos y procurando que el cristiano caiga en pecado y termine amoldándose al sistema impío que predomina cayendo así en diversas tentaciones.

Cuando el cristiano se descuida y por torpeza, negligencia o rebeldía llega a caer en pecado, estos enemigos se burlarán y el cristiano sufrirá una terrible vergüenza.

Gracias a Dios hay una promesa para los que han confiado en Jesucristo, de que esta vergüenza no será permanente porque “… la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10.11). Esto significa que ningún creyente caerá final o definitivamente, sino que eventualmente Dios en su misericordia y por fidelidad a su Pacto, rescatará nuestras almas del hoyo.

Sin embargo, debemos reconocer que sí hay posibilidad de sufrir repetidas vergüenzas temporales si no estamos alerta y nos descuidamos.

David continúa su oración rogando por aquello que será lo que le librará de sufrir burlas de los enemigos y pide esto al Señor: “Muéstrame, oh Jehová, tus caminos, enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación” (Salmos 25:4-5)

Hermanos míos en Cristo, ¡no seamos insensatos!, no tomemos riesgos que nos lleven a sufrir vergüenza y burlas por parte del enemigo. ¿Cómo evitarlo?” – Levantemos nuestras almas en oración rogando por la dirección y protección divinas. Seamos obedientes a esa dirección divina que tan claramente se nos enseña en la Biblia y evitemos que el enemigo se alegre.

Confiemos y seamos fieles al Dios de nuestra salvación. Amén.

Pr. Alexander León

Devocional – Lamentaciones 1:18

Posted in Devocionales with tags on noviembre 16, 2013 by elcaminoangosto

biblia

Jehová es justo; yo contra su palabra me rebelé.
Oíd ahora, pueblos todos, y ved mi dolor… Lamentaciones 1:18

Este no es un versículo que la gente desee imprimir y exhibir en su escritorio, este no es un versículo sobre el cual se hagan “stickers” para el carro.

Este pasaje relata el clamor penitente de la ciudad de Jerusalén, sufriendo las dolorosas consecuencias de sus pecados, el resultado de su obstinación, infidelidad y falta de cordura. ¿Quién querría publicar estos sentimientos de fracaso, dolor y pena?

La gente no quiere escuchar cosas así, la gente quiere escuchar cosas agradables, pensamientos positivos, bendiciones, promesas y consejos para triunfar.

Pero la Biblia contiene muchos textos que expresan las tristezas de los corazones arrepentidos y las amarguras de los que reconocen sus pecados.

Sería un acto de deshonestidad si hacemos un uso parcial de la Biblia, evitando los pasajes que no son tan agradables, ¿no es así?

El pasaje que estamos considerando expresa dos verdades fundamentales en las cuales es necesario que reflexionemos.

La primera de ellas es que Dios es Justo. La justicia demanda que la transgresión sea castigada.

El engaño del pecado hace que olvidemos esta verdad, porque Dios no ejecuta su juicio de forma inmediata, sino que es clemente, misericordioso y paciente, pero llega el momento en el cual, según las Escrituras, Su santa ira se derrama, como una copa que se ha ido llenando poco a poco hasta rebosar y debe ser vaciada.

El hombre común es impenitente, cada vez que las circunstancias son adversas o que la aflicción toca a la puerta de su vida, la reacción usualmente consiste en un cuestionamiento rebelde que le hace exclamar ¿Por qué a mí? ¿Por qué me pasan estas cosas?

Lo triste es que muchos que profesan ser cristianos también reaccionan de esta manera sin darse cuenta que esas expresiones equivalen a elevar el puño contra Dios en actitud de reclamo.

Dios es justo y nosotros más bien deberíamos reconocer como el rey David que Dios “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados” (Salmos 103.10)

En el texto de nuestra reflexión, Jerusalén reconoce que la terrible situación que experimentaba, habiendo sido vencida por los caldeos, asolada y quemada, es una consecuencia directa de su persistente desobediencia a los mandamientos de Dios, por el quebrantamiento del Pacto.

La segunda consideración se refiere a la práctica de la confesión de pecado. Esta práctica parece estar ausente en el cristianismo de nuestros días, es algo que la gente quiere evitar, así como se evita admitir que el sufrimiento está de alguna manera ligado a las desobediencias. Pero la Biblia nos dice de forma muy clara que “El que encubre sus pecados, no prosperará, más el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13)

En el Nuevo Testamento, tenemos una descripción de lo que ocurrió tras la predicación del profeta Juan, llamado “el Bautista”: “Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.” (Marcos 1:5) y de lo que ocurrió tras la predicación del apóstol Pablo en Éfeso: “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos.” (Hechos 19:18)

¿Por qué desapareció este tipo de confesión de las iglesias cristianas?

El catolicismo romano sustituyó la verdadera confesión por un rito en el cual las personas procuran desahogarse y calmar sus conciencias diciendo sus pecados a un sacerdote, pensando que un hombre tiene potestad de pronunciar una absolución a cambio de una penitencia impuesta. Esto no corresponde en absoluto con la enseñanza bíblica.

Pero por otro lado, las iglesias llamadas evangélicas han suprimido por completo la práctica de la confesión y parece que se incentivan únicamente los testimonios personales que corresponden a las bendiciones, logros y metas en el nivel de prosperidad material.

Cuando el Señor actúa en nuestros corazones y nos quebranta por causa de nuestros pecados, deberíamos ser honestos y expresar este dolor y reconocer que hemos experimentado el azote divino y que Dios es justo al castigar, pero que aun así, confiamos en Su gran misericordia. Un testimonio de esta índole comprueba el poder del Evangelio, porque el pecador entendiendo la gravedad del pecado y lo merecido de la condenación, acude al Salvador Jesucristo y confía en el perdón que se obtiene por la fe en Su sacrificio.

A todo aquel que está experimentando penas como consecuencias de sus pecados, le animo a refugiarse en Aquel cuya justicia no le impide ser misericordioso, porque ha provisto una solución cuando entregó Su HIJO eterno por amor de pecadores.

Pr. Alexander León

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