Lecciones aprendidas de la Pandemia: La Ciencia es limitada

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Por Scott Aniol – Artículo original en inglés ——> AQUÍ <——

Traducido por Alexander León

Yo estoy obviamente muy agradecido por la ciencia, estoy agradecido por los avances en la medicina para mejorar la calidad de vida, estoy agradecido por la tecnología.

Sin embargo, lo que nuestra situación actual con el COVID-19 nos ha ayudado a ver es que la ciencia no puede resolver todas las cosas porque se basa en la observación humana, y los humanos son limitados. El método científico por definición es razonamiento inductivo – los científicos recogen la mayor cantidad de datos que puede, y realizan la mayor cantidad de pruebas que les es posible, y elaboran inducciones lógicas a partir de esos datos. Pero por definición, el razonamiento inductivo no puede nunca probarse con certeza plena. Puede que no tengamos suficientes datos, puede haber otros factores involucrados que no habíamos tomado en cuenta; o alguna cosa que pudo incluirse luego que no estaba presente cuando se realizó la recolección de datos al inicio y se hicieron las pruebas, o pudiera ser que simplemente sacamos conclusiones erróneas por causa de nuestras limitaciones. Al final del día, la ciencia se trata de una tarea muy muy educada de suposiciones, y a veces no tenemos suficiente información, la información cambia, o sacamos conclusiones erróneas.

Estamos viendo todo esto durante este tiempo de COVID-19, y anhelamos que la lección que podamos aprender sea que, por más que estemos muy agradecidos con la ciencia y la medicina, al final no podemos poner nuestra confianza en estas cosas. Debemos ser cuidadosos para evitar una confianza post-Ilustración en la razón y el entendimiento humanos para resolver todos los problemas. Como David Wells ha observado con astucia:

“El mundo de la Ilustración nos liberó para soñar con la renovación del mundo y nosotros como el centro del mundo, permaneciendo erguidos y orgullosos, cambiando por completo el esquema de cosas con nuestras propias manos, apoyándonos solamente en nuestra razón y bondad. También nos liberó de percibir las ilusiones como si fueran la realidad. La ilusión era que las fuerzas involucradas dentro de la vida humana eran benignas, que la vida estaba enmarcada y movida por propósitos escondidos de un Dios impersonal que al final, serviría solamente a los altos propósitos que la Ilustración había imaginado” (1)

Pero, al final, Dios está en control, y nosotros debemos esforzarnos por entender el mundo de Dios y mejorar la calidad de vida y procurar la salud de los enfermos y satisfacer necesidades, pero sobre todo correr al único que es soberano y confiar en Él.

(1) David F. Wells, No Place for Truth: Or Whatever Happened to Evangelical Theology? (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing, 1994), 57–58

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