CUANDO USTED SE CONTAGIE DEL COVID-19

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En Tu mano están mis tiempos

Salmo 31.15

Jehová mata, y Él da vida; Él hace descender al Seol, y hace subir

I Samuel 2.6

Partiendo de lo que se sabe acerca de los virus, su propagación y ciclo de vida, en algún momento nos vamos a contagiar del COVID-19. A algunos los afectará poco a otros los afectará más y en algunos casos el virus provocará otras complicaciones que causarán la muerte.

Cuando usted se contagie del COVID-19 , es posible que quiera indagar dónde se contagió.
Si usted se contagiara en el supermercado, ¿le llevaría eso a concluir que mejor nunca hubiera ido a comprar los alimentos?
Si se contagió al visitar a un familiar, ¿le llevaría eso a concluir que mejor nunca hubiera realizado esa visita?
Si se contagió en su lugar de trabajo, ¿le llevaría esto a concluir que mejor nunca hubiera ido a trabajar?

Otros diversos escenarios se pueden imaginar y estoy seguro que muchos tendrían que responder: Sí, me arrepiento de haber ido a tal o cual lugar porque ahí me contagié de este virus.
Esta es la respuesta honesta que daría una persona que vive para sí mismo y que valora su propio bienestar más que todo lo demás.

Sin embargo, la persona que ya no vive para sí misma, sino para Dios, no tiene por qué lamentarse de esa manera, porque vive convencido de la verdad que expresan los textos bíblicos con los cuales inicia este artículo, los cuales afirman una verdad maravillosa: ¡Dios está en control de todo! y, Él determina todo lo que me sucede y cuándo me sucederá.

La persona que reconoce a Dios, siempre procurará tomar las medidas sanitarias sensatas pero no permitirá que el temor a un contagio impida la realización de sus deberes, porque entiende que tales deberes también fueron asignados por Dios.
Hasta aquí puede que todavía algunos estén de acuerdo, pero debemos reconocer que no estamos razonando con honestidad si pensamos que a la Iglesia no debemos ir por temor a un contagio.
Es claro que el amor al prójimo nos lleva a tomar precauciones y a pedirles a los que tienen síntomas o piensan estar contagiados, que se abstengan de asistir a la reunión por consideración a un posible contagio a los demás.
Pero, si a pesar de las precauciones, se llegara a comprobar que alguien se contagió cuando asistió a la reunión de un culto a Dios, ¿qué deberíamos concluir?
¿Lamentaríamos haber asistido a la Iglesia?
¿Podría un cristiano decir: “preferiría no haber ido a ese culto”.
Si alguien dice tal cosa, estaría afirmando que prefiere su propio bienestar a toda costa incluso por encima de la adoración a Dios.
Se supone que un creyente verdadero, (aquel que está unido a Cristo por la fe), considera la gloria de Dios como la prioridad máxima en la vida.
Si esto es así, un creyente hallará consuelo y fortaleza al pasar por cualquier enfermedad contagiosa, porque sabe que fue contagiado en el cumplimiento de sus deberes y no mientras se involucraba en asuntos vanos, innecesarios o pecaminosos.

He escuchado de personas que mueren mientras practican su deporte extremo favorito y la gente dice: “Bueno, al menos murió haciendo lo que le gustaba

¿Se podrá decir eso de nosotros? ¿Estamos dispuestos a morir haciendo lo que más disfrutamos, que es servir a Dios?
Si entendiéramos mejor estas dos cosas: 1. la soberanía de Dios y 2. la gloria de Dios, estaríamos libres de los miedos que paralizan a los incrédulos.
Al entender la soberanía de Dios, comprendemos que estaremos libres de contagios, no por causa de nuestras escrupulosas precauciones , sino que estaremos libres de contagio si Dios favorece esas precauciones. Y seremos contagiados cuando Dios así lo determine.
Libres de contagio o contagiados, ¡los cristianos debemos procurar la gloria de Dios!
Y si llegáramos a ser de la minoría que por causa del virus sufre una complicación que provoca la muerte, ¿culparíamos a la iglesia? ¿a quién culparíamos?
¡No deberíamos culpar a nadie!, Deberíamos aceptar que Dios decidió llamarnos a Su presencia por medio de la enfermedad causada por el virus.
¿Significa esto que no nos importan las muertes o el sufrimiento de perder seres queridos?
¡Por supuesto que no!, pero debemos ser consecuentes con las creencias que decimos tener.
Dios es el dador de la vida y Dios es Quien quita la vida. Nosotros valoramos la vida que Dios nos da, pero debemos valorar por sobre todas las cosas, Al Dador de la vida.
Por último, quisiera que recordemos que los seres humanos morimos por diversas causas y no solamente a raíz de complicaciones virales.
Sería bueno que pensemos en todas las demás posibilidades de muerte y cómo hasta hoy Dios nos ha librado de:

  • morir a causa de algún virus
  • morir en un accidente de tránsito
  • morir ahogados
  • morir de un infarto
  • morir de cáncer
  • morir en una catástrofe, etc., etc.

Hasta hoy Dios nos ha preservado la vida, porque también nos dio un cuerpo con características formidables que lo hacen capaz de luchar contra múltiples virus y bacterias y reponerse y porque ha bendecido al mundo con acceso a muchas medicinas que han funcionado bien.

PERO,

¿Estamos preparados para el día en que Él decida retirar la vida que nos dio y llamarnos a cuentas?
Sólo si estamos unidos por la fe a Jesucristo, el Hijo de Dios, experimentaremos paz y seguridad porque Su sacrificio en la Cruz por nuestros pecados nos hace aceptables delante de Dios.

Lo triste es que aun los que se llaman cristianos parecen estar demasiado apegados a este mundo y a esta vida temporal y no parecen estar en paz para decir que están preparados Si Dios decidiera quitar la protección y dejar que se contagien del virus, se compliquen y se mueran.

¿Cómo reaccionará usted cuando lo contagien del COVID-19, puede identificarse con estas expresiones de la Biblia?

En Tu mano están mis tiempos

Salmo 31.15

Jehová mata, y Él da vida; Él hace descender al Seol, y hace subir

I Samuel 2.6

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