¡Un llamado al Ayuno y la Oración!

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El Profeta Daniel oraba tres veces al día

La Biblia relata momentos específicos en los cuales se convocaba al ayuno de manera general.

Cuando el profeta Jonás anunció que Dios estaba dispuesto a destruir la ciudad de Nínive, este fue el resultado.

“Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?”

Jonás 3.5-9

Cuando la situación de miseria impedía el oficio normal de las ceremonias religiosas en Judá, el profeta Joel convoca a todos al ayuno.

Ceñíos y lamentad, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid, dormid en cilicio, ministros de mi Dios; porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libación. Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová.


Joel 1.13,14

Luego de que los Israelitas habían sido vencidos en la guerra contra los Filisteos y que el sacerdote Elí había muerto (y sus dos hijos impíos) y el Arca del Pacto de Dios había sido robada y devuelta, reconocieron que estaban cosechando las consecuencias de sus pecados.

“Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová.Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa.”

I Samuel 7.5-6

Cuando había un decreto tramado por un enemigo de los Judíos, para exterminar a todos los hebreos, Ester atiende la advertencia de su primo Mardoqueo y responde así:

“Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.”

Ester 4.15,16

Después del período de cautividad en Babilonia, los judíos que regresaron a Jerusalén, guiados por el Escriba y sacerdote Esdras y por Nehemías y otros gobernadores, lograron reconstruir la ciudad que estaba en ruinas, pero antes, fue necesario un tiempo de clamor y arrepentimiento.

“Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes… Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio.”


Esdras 8.21,23

Algunos en el pasado hicieron un uso incorrecto del ayuno como si este fuera un sacrificio meritorio, esto los llevó a la hipocresía denunciada por nuestro Señor Jesucristo cuando habló sobre la manera de ayunar de los hipócritas que lo hacían porque querían aparentar ser muy religiosos, pero su religión era simplemente externa y no del corazón. Esto se puede leer en el Evangelio de Mateo 6.16

Pero la denuncia de nuestro Señor no suprime la práctica del ayuno sino que pretende limpiarla del orgullo y la vanagloria puesto que Él mismo especifica a manera de contraste la manera correcta de hacerlo “… pero tú, cuando ayunes. (Mateo 6.17)
El ayuno es principalmente una práctica privada en la cual el creyente se abstiene de alimentos para buscar a Dios en la oración, reflexión y meditación de la Palabra de Dios. Además Isaías aclara que no sirve de nada el ayuno si tiene un propósito egoísta, se nos manda a compartir con los necesitados, lo cual muchas veces puede significar abstenernos de algunos privilegios de los que gozamos. (Isaías 58)
Si alguien se abstiene de alimentos solamente, no está haciendo un ayuno agradable a Dios ni útil de ninguna manera espiritual. La abstinencia solo es provechosa si se realiza por las razones correctas y de la manera correcta.

Lucas incluye dentro de las prácticas de la Iglesia apostólica la costumbre del ayuno, para la consagración de ministros (Hechos 13.2,3) y para buscar la guía del Espíritu Santo (Hechos 14.3)

No estoy sugiriendo imponer un ayuno sobre todos porque hay creyentes con situaciones de salud que les impiden privarse de alimentos por varias horas, pero hay ciertos principios en la práctica del ayuno que todos podemos aplicar en nuestra rutina semanal.

El principio del ayuno es este: Privarse de algo que es válido y permitido (como el comer) para dedicar ese tiempo a algo de carácter piadoso. Con esta práctica, estamos queriendo mostrar que apreciamos más lo espiritual que lo material. Que estamos dando prioridad a lo eterno frente a lo temporal.

Si esto es así, el ayuno puede extenderse en su aplicación a varias cosas que son lícitas pero de las cuales voluntariamente decidimos privarnos para buscar más a Dios. Podemos incluir entonces el tiempo que se dedica a la televisión, al las redes sociales del Internet, al deporte, al entretenimiento, etc., etc.

En cierto sentido, las circunstancias actuales causadas por la pandemia viral del COVID-19 han obligado a muchos a abstenerse (hacer ayuno) de estas prácticas con el fin de prevenir o detener el contagio. Pero, ¿cuáles son las actividades por las cuales se han sustituido las actividades que están siendo reguladas o prohibidas?
¿Estamos aprovechando el ayuno de esas actividades sociales que están siendo prohibidas?

Con tristeza vimos un reporte en el cual se confirmaba un reciente aumento muy notorio en el uso de pornografía por Internet. Esto solo es una muestra de cuán duro es el corazón humano.

Como dijo el profeta Amós en el capítulo 4

“Os detuve la lluvia…, os herí…, envié contra vosotros mortandad…, os trastorné… pero nunca os volvisteis a mí, dice Jehová”

Estamos enfrentando una época singular, las costumbres y horarios y las actividades han cambiado. ¿Y los creyentes, cómo lo aprovecharemos?

Una sugerencia.

¿No podríamos unirnos en ayuno todos los que tengan posibilidad apartando los días miércoles para el ayuno y la oración?
Este ayuno puede ser parcial o completo según las posibilidades de cada uno, pero debe ser un ayuno de arrepentimiento y humillación clamando por la misericordia de Dios sobre Su pueblo y sobre las naciones. Sobre Su pueblo porque hemos sido débiles en nuestro testimonio de Cristo y nos hemos dejado contaminar por el mundo con costumbres y prácticas contrarias a la ley de Dios y sobre las Naciones para que muchos reconozcan al Rey Jesucristo y entiendan que sin Él están perdidos.
Que la oración del profeta Daniel, que se impuso ayuno a sí mismo (Daniel 9.3), sea nuestro modelo, entendiendo que la ciudad santa de Jerusalén es la Iglesia de Cristo. (Daniel 9.16-19)

Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro. Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

Esta invitación (convocación) al ayuno de ninguna manera debe ser vista como una manera de ganar méritos ante Dios o algo que nos lleve a jactarnos de nuestro nivel espiritual. Precisamente es por reconocer lo lejos que estamos del estándar bíblico de santidad, que estamos en esta necesidad de apartarnos para ayunar y orar.
No hay obras que puedan pagar por nuestros pecados, no hay obras que nos hagan merecer el favor de Dios (Efesios 2.8-10), pero este tipo de acciones pueden ser lo que muchos necesitamos para poder tener mayor comunión con Dios, disfrutar de Su presencia y ser capaces de escuchar Su voz en Su Santa Palabra la Biblia.

Dios puede usar este tiempo de oración y ayuno para darnos un más claro sentido de lo que es la Iglesia y del alcance del Evangelio en la vida de los hombres. Cuando oremos pensemos que estamos unidos a muchos otros que también han atendido el llamado y confiemos en la promesa del Señor.

“… orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”

Santiago 5.16

Y si usted no puede separar los miércoles, separe algún otro día según sus posibilidades, sea un tiempo pequeño o mediano o grande, pero apártese para buscar a Dios, puede ser que no sea demasiado tarde.

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle, en tanto que está cercano”

Isaías 55.6

“Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo de Jehová.

Sofonías 2.3

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