Buscando a Dios en Oracion y Ayuno (Día 1)

¡No sólo de pan vive el hombre!

Hoy Miércoles 25 de Marzo del 2020, comenzamos una iniciativa para hacer de cada Miércoles un día especial de oración y ayuno.

La única razón particular para escoger el día Miércoles es que este solía ser el día de las reuniones de oración de muchas iglesias. ¡Lamentablemente muchas iglesias abandonaron hace tiempo las reuniones de verdadera oración! y para otros, ha llegado el momento en el cual NO podemos reunirnos a orar como acostumbrábamos a causa de las prohibiciones que se han tenido que tomar por el asunto de la pandemia viral.

El ayuno, (si se puede realizar), debe hacerse según las instrucciones de nuestro Señor Jesucristo registradas en Mateo 6.16ss. Que cada uno ayune según sus posibilidades. Algunos sólo podrán privarse del desayuno, otros sólo del almuerzo y otros podrán privarse de ambas comidas.

La debilidad física debe llevarnos a ser más conscientes de cuánto necesitamos las fuerzas que vienen de Dios, pero recordemos que el ayuno no consiste simplemente en privarse de uno o más tiempos de comida o de una o más actividades cotidianas. Esto NO se trata de aguantar hambre. El ayuno será provechoso para el alma si se utiliza ese tiempo que se gastaba en comer (o en cualquier cosa de la que hemos decidido privarnos) para buscar al Señor en oración y en Su Palabra. Va a ser una lucha, pero el resultado final será de victoria, si somos fieles. Confiemos en Cristo para perseverar.

El propósito particular de esta convocación al ayuno es humillar nuestras almas mientras elevamos un clamor conjunto, una expresión de arrepentimiento, confesando nuestros pecados, personales, familiares y nacionales.

Como iglesias, debemos reconocer nuestra negligencia en el cumplimiento de la gran comisión de Cristo (Mateo 28.19-20) y haber hecho amistad con el sistema mundano permitiendo que el materialismo, el entretenimiento y demás vanidades entraran en la casa de Dios (Santiago 4.4).

Como países, confesaremos los quebrantamientos directos a la ley de Dios y las ofensas al nombre de Cristo. Esto en cierta manera por parte de los incrédulos y en otras maneras por parte de los creyentes.

Reconoceremos nuestra falta de amor al prójimo, reconoceremos que no hemos dado el valor a las almas humanas y hemos sido ingratos y faltos de misericordia.

Rogaremos por el cristianismo profesante en general, porque son muchos los que dicen creer en Cristo pero viven como si Cristo no nos hubiera trazado un camino de santidad.

En este punto considero necesario aclarar que tenemos que aprender a dolernos de los pecados que cometemos nosotros tanto como de los pecados que cometen otros. Esto lo vemos ejemplificado en la actitud del profeta Daniel. El profeta Daniel fue un hombre ejemplar que desde su juventud se guardó para Dios y estuvo dispuesto a tomar serios riesgos con tal de no contaminarse ni quebrantar la ley del Señor (Daniel 1). Toda su vida se caracterizó por la piedad, al punto de que sus mismos adversarios no podían encontrar algo de lo cual pudieran acusarlo, según está escrito:

Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él. Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios.”

Daniel 6.4-5

Sin embargo, cuando Daniel se propone buscar a Dios de una manera más intensa para entender Su voluntad, él hace una confesión de pecado en la cual se incluye a sí mismo, responsabilizándose de los pecados de sus hermanos y conciudadanos.

Esto es lo que él escribió:

“Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos… hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.”

Daniel 9.3-5

El mundo está viviendo una pandemia viral y las consecuencias serán muy graves en muchos aspectos, lo cual apenas se está empezando a notar.

Pudiera ser que esto que Dios ha enviado, sea también parte de la respuesta a oraciones que otros muchos han hecho suplicando a Dios por un avivamiento de la Religión, porque los tiempos de angustia pueden llevar a algunos a la reflexión para preparar sus corazones para la recepción del Evangelio.

Pidamos que cuando vuelva a ser posible realizar reuniones públicas, nuestras iglesias estén preparadas para recibir muchas almas que vendrán necesitadas de Cristo. Reflexionemos: ¿Cómo nos debemos preparar para una cosecha de almas? (este será el tema de otro artículo)

Pero si esta situación de emergencia se extendiera, pidamos sabiduría y la llenura del Espíritu Santo para realizar la labor que nos fue encomendada a pesar de las circunstancias.

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