La Iglesia se rinde ante la cultura cuando usa Música inapropiada.

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La música, al igual que todas las artes y expresiones del ser humano puede ser hermosa, útil, buena y provechosa pero también puede ser fea, inútil (vana), mala y dañina.

Aunque vivimos en una época en la cual hacer afirmaciones absolutas es casi prohibido, los cristianos que consideramos a la Biblia la Palabra de Dios, aprendemos en ella los principios universales para determinar lo bueno, lo malo, lo apropiado y lo inapropiado, lo importante y lo no importante.

En el pasado, las llamadas «bellas artes» llegaron a ser evaluadas con precisión y había estándares por medio de los cuáles los expertos evaluaban la calidad de las pinturas o esculturas, pero esto se ha ido perdiendo desde hace mucho y ahora la decadencia es tal que cualquier combinación grotesca de colores es considerada por los nuevos expertos una obra de arte abstracto y alguna figura extraña fabricada con un poco de material metálico o de rocas sin forma concreta, es considerada una gran escultura.

La Biblia habla de lo que es hermoso y no se refiere a gustos personales particulares. Dios mandó que se hicieran ropas especiales para el sacerdocio y quiso especificar la razón por la cual lo ordenó así:

“… harás vestiduras sagradas a Aarón… para honra y hermosura” (Éxodo 28.2)

El uso de materiales preciosos y la combinación apropiada de ellos fueron usados por un hombre llamado Bezaleel, y otros dotados como él, para la confección de todo lo que Dios había mandado y se especifica también que ellos fueron capacitados por Dios para esta tarea:

Así, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón a quien Jehová dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehová.” (Éxodo 36.1)

Para hacer las cosas bien, se necesita la habilidad que Dios da y esto se reconocía así en el pasado, pero ahora los más ridículos diseños de ropa son presentados como alta moda.

Vivimos en un mundo que está bajo la maldición del pecado (Génesis 3.17), y se nota la corrupción que ha dañado al hombre y sus obras, pero todavía hay gran hermosura en la creación. Necesitamos discernimiento para hacer distinciones entre lo que todavía es hermoso y lo que no lo es. La restauración progresiva de la imagen de Dios por la obra de Cristo en nosotros los creyentes debería también abarcar este ámbito del discernimiento en las artes.

En realidad no es tan difícil saber cuándo algo es hermoso, apropiado y útil. La expresión artística debería evaluarse según el grado de fidelidad con el cual se refleja la realidad.

Deberíamos celebrar al pintor y al escultor que tienen la habilidad de representar fielmente con colores y formas lo que han observado en la creación.

Las artes florecieron cuando había respeto por los estándares naturales que se derivan de la creación de Dios, pero la decadencia comenzó cuando los estándares naturales se comenzaron a transgredir. De eso todavía hay testimonios en los museos. Las esculturas y pinturas de los artistas clásicos son impresionantes.

Muchas exposiciones de arte moderno son ofensivas a la vista, vulgares y algunas grotescas, pero por opinar de esta manera, podemos ser calificados de retrógrados y de mente cerrada.

En el campo de la música el asunto es mucho más difícil, porque, no parecen ser tantos los que se creen pintores o escultores, pero sí son muchos los que se creen músicos y la tendencia a cantar está en todos.

Pero, hay música mala y no cualquier combinación de sonidos puede considerarse buena música.

Hay sonidos hermosos y sonidos feos, hay belleza en la armonía pero fealdad en lo disonante, pero los modernos expertos, insisten en afirmar que todo depende de los gustos y las influencias culturales.

¿Se atreven a afirmar que las excelentes y elaboradas composiciones sacras de Johan Sebastian Bach no deben ser consideradas como superiores a la música contemporánea, solamente son “diferentes”?

En la mente oscura del hombre moderno, son de igual valor los himnos tradicionales del cristianismo que los mantras repetitivos de los budistas con voz grave cantan Ooomm, Ooomm.

La Biblia dice que el Rey David tuvo un don especial en cuanto a la música, tres referencias nos servirán de prueba:

… Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fue levantado en alto, El ungido del Dios de Jacob, El dulce cantor de Israel…” (II Samuel 2.31)

Y los sacerdotes desempeñaban su ministerio; también los levitas, con los instrumentos de música de Jehová, los cuales había hecho el rey David para alabar a Jehová” (II Crónicas 7.6)

Y también nos enseña que los que cantaban en el servicio del templo eran dirigidos por alguien que tenía la capacidad especial para ello:

Y Quenanías, principal de los levitas en la música, fue puesto para dirigir el canto, porque era entendido en ello.” (I Crónicas 15.22)

Estos pasajes deberían llevarnos a concluir que la composición de cantos y la dirección de los mismos deberían pasar por una seria revisión según los estándares de reverencia y belleza que corresponde la adoración del Dios Santo al que servimos.

Tenemos los siguientes mandamientos en las cartas paulinas:

“… hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5.19)

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3.16)

Lo más importante en el canto es por supuesto un corazón renacido que capacitado por el Espíritu Santo pueda expresar alabanzas que corresponden a una realidad y no voces que pudieran ser exquisitas al oído humano pero desagradables al oído divino porque provienen de corazones no arrepentidos.

Pero, así como fallaron los antiguos sacerdotes en su liderazgo, han fallado los líderes del presente.

Dios denunció por medio de Su profeta a los sacerdotes de una manera muy enfática

Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos.” – (Ezequiel 22.26)

Esto lo vemos en la triste situación que comenzó a darse a partir del siglo XX cuando se empezaron a utilizar estilos y ritmos de música secular para ser incluida como cantos de adoración.

Este fenómeno no ocurrió de golpe, sino que, poco a poco, se fueron utilizando elementos del mundo en las iglesias hasta el punto que muchas personas en la actualidad ni siquiera pueden diferenciar la música apropiada para el culto de la inapropiada porque crecieron escuchando música inapropiada.

Es posible que las intenciones fueran buenas en un principio, porque se intentaba hacer los cultos más atractivos para que la gente viniera a la iglesia, para que los jóvenes tuvieran estilos y ritmos de moda con el propósito de que pudieran escuchar el Evangelio.

Los estilos de adoración tienen una conexión inevitable con la posición teológica que se abraza, por esta razón las iglesias de tradición reformada parecen haber sido menos afectadas por esas tendencias, sin embargo, se ha visto que tampoco son inmunes. Algunos han cedido incluyendo las “composiciones de moda” o la alteración de los himnos tradicionales para adaptarlos a la cultura pop, rock.

El hecho de que los estilos musicales tienen sus asociaciones es innegable, la misma Biblia identifica una cierta forma de cantar sensual y la identifica así:

“… cantará Tiro canción como de ramera” (Isaías 23.15)

La mayoría de los estilos musicales seculares tienen un nivel de sensualidad que los hace inapropiados para ser usados en la música sagrada.

Cuando se acepta un estilo musical mundano en la iglesia, no quedan argumentos para dejar por fuera otro estilo musical, tendríamos que permitir desde cumbia hasta salsa y desde rap hasta reguetón.

Para explicar mejor este asunto de la música de adoración, recomiendo este artículo:

https://elcaminoangosto.org/2015/12/15/la-musica-en-la-iglesia/

Se hace indispensable que hablemos del uso de música con intenciones evangelísticas o de enseñanza.

Todas las canciones llevan un mensaje, eso es innegable, todo autor y cantante tiene un propósito en lo que compone y canta.

El mensaje puede ser educativo, correctivo, político, social, etc., Pero, lo que NO han comprendido los autores cristianos es que el mensaje de la Palabra de Dios es muy sagrado para rebajarlo usando un vehículo profano, es decir un lenguaje musical mundano.

Aquí me estoy refiriendo a autores con buenas intenciones. Ya sabemos que hay quiénes se han involucrado en el campo de la música a la cual llaman “ministerio cristiano”, pero detrás de lo que andan es de la fama y la fortuna. A esos, poco les importa si lo que hacen está permitido en la Biblia o no. Esta publicación es para los que son ignorantes y desean aprender o para los que tienen dudas y no han indagado suficiente sobre este importante tema.

Hablemos un poco del lenguaje y sus formas. Existe el lenguaje culto y refinado y existe el lenguaje vulgar, las jergas de las calles y de los guetos y en medio de estos extremos una cantidad de formas de hablar diversas.

Para llevar el mensaje de la Palabra de Dios no es necesario utilizar un lenguaje complicado que solo los eruditos pudieran entenderlo, eso estaría mal, pero usar el lenguaje de la pandilla callejera con tal de alcanzar a los pandilleros tampoco es conveniente.

El lenguaje apropiado debe ser sencillo y claro pero decente, porque no sólo es importante el mensaje sino el vehículo con el cual se lleva el mensaje. No debemos pensar aquí únicamente en las palabras que se dicen sino en cómo se dicen, ambas cosas son importantes.

Por esta razón los estilos musicales del mundo no son vehículos apropiados para llevar el mensaje, porque el Evangelio debe ser proclamado por medio de un lenguaje claro y limpio.

Los que usan estilos mundanos como Rock o Rap o cualquier otro estilo mundano parecen tener la buena intención de alcanzar ciertos grupos, pero al usar un vehículo incorrecto están desvirtuando el mensaje y sin darse cuenta están enviando un mensaje tergiversado a sus oyentes, no por las palabras, pero sí por el medio utilizado. Se crea confusión cuando el pecador piensa que puede recibir a Cristo y Su Evangelio pero sin dejar los estilos mundanos de la música que tanto ama.

Algunos líderes de jóvenes en las iglesias han caído en una trampa similar cuando pensaron que vestirse muy a la moda será una manera de influenciar a los chicos, y por eso vemos hombres de 35 años haciéndose tatuajes y poniéndose piercings para asemejarse a una cultura que ha abrazado estas prácticas.

Un misionero aprendía un idioma para poder llevar la Palabra de Dios a los nativos. Esto es necesario y elogiable. Sin embargo, el misionero sabio al visitar diferentes regiones, indagaba para no usar palabras que en otra región pudieran ser consideradas groseras o vulgares. Ahora ya no es así, parece que eso es poco importante y vemos predicadores usando lenguaje vulgar en sus prédicas, lo cual causa risas en la audiencia y ellos piensan que están aplicando la «contextualización cultural» en la que fueron adoctrinados en el Seminario. Esto es triste. Lo que están haciendo es desvirtuar el mensaje usando un vehículo incorrecto. Lo mismo pasa con los estilos de música llamados urbanos o del gueto.

Debemos reconocer que sí hay diferencias entre lo santo y lo profano, entre lo limpio y lo no limpio y arriesgarnos utilizando vehículos profanos para un mensaje tan sagrado como el Evangelio de Jesucristo.

Se están utilizando estilos musicales inapropiados en ciertos intentos de evangelización y propagación del mensaje bíblico. El vehículo NO es un vehículo apropiado, NO corresponde con la dignidad del mensaje. Sí, debe importarnos las almas que deseamos alcanzar con nuestro mensaje, pero más debería interesarnos ser fieles a Aquel que nos encargó el mensaje. NO tenemos derecho de adaptarlo al mundo. Debemos llamar al mundo a que se adapte a las maneras sanas y santas del Evangelio.

Por no entender este principio de la diferenciación entre lo santo y lo profano es que escuchamos de anuncios cristianos, promociones de conferencias, videos y podcasts todos usando música de estilo inapropiado de fondo. ¿Sería mucho pedir que tomáramos un ejemplo de fondo musical como el del Ministerio Ligonier que usa música sacra de Handel para introducir su programa de Radio? O ¿qué tal volver a usar los cánticos evangélicos tradicionales en esas promociones? Parece que eso sería pedir demasiado, estamos en el siglo 21.

La Biblia nos manda a alabar a Dios con cánticos y también a exhortarnos unos a otros con cantos, pero esos cantos deben ser una adecuada y armoniosa combinación de melodías y ritmos que sirvan de vehículo propicio para el mensaje que transportan. Pero todo va en decadencia y las llamadas “expresiones culturales” así lo demuestran, porque las creaciones de los artistas ya no se conforman a algún estándar de belleza, sino que se conforman a la vanidad moderna de querer hablarle a la gente en su lenguaje contaminado, en vez de enseñarles la verdad por medio de un lenguaje limpio.

El asunto de la música se complica aún más porque vivimos inmersos en una cultura de espectáculo, de manera que hasta la buena música cristiana puede ser mal utilizada. La iglesia debería contrarrestar la corriente mundana del entretenimiento, pero en vez de ello parece querer amoldarse al mundo siguiendo un modelo de entretenimiento en sus conferencias. Ya no solo es importante saber quién va a exponer la Palabra de Dios sino cuál músico o artista famoso participará en el evento.

¿No podríamos volver a hacer de la vida de la iglesia una actividad sencilla y reverente pero gozosa, como lo hacía la Iglesia primitiva según se describe en Hechos 2.46?  Mientras sigamos cayendo en la trampa de usar los métodos y vehículos del mundo no será posible.

Que Dios nos libre de descuidarnos y caer en las trampas de la fama y la fortuna porque estas están dando terribles frutos, como lo podemos comprobar en los lamentables casos de apostasía entre los cristianos famosos de la «farándula cristiana».

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