La Depravación del Corazón

Thomas Reade

La corrupción de la raza humana después de la Caída [en pecado] fue radical y universal:

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la Tierra, y que el designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5).

Parecería sorprendente que alguien lea este pasaje en la Biblia y aun así niegue la doctrina de la depravación humana, si no supiéramos también de la ceguera natural del entendimiento por razón del mismo pecado.

Una verdad dolorosa es, sin embargo, claramente establecida: el corazón del hombre es malo. Y como esta solemne verdad debe ser colocada en la más brillante luz, se añade además que no solo los pensamientos, sino las imaginaciones de los pensamientos de su corazón son malas. Por medio de esta declaración, aprendemos de qué manera la Caída ha corrompido todas las maquinaciones secretas de la mente humana, ya que la fuente misma está contaminada.

Si la fuente está envenenada de esta manera, ¿podríamos dudar de las corrientes que fluyen de ella? Todos los que se conocen a sí mismos por medio de la enseñanza del divino Espíritu pueden testificar de la verdad de la Escritura desde su propia experiencia. “El corazón conoce la amargura de su alma” (Proverbios 14.10). ¡Oh, que la gracia soberana derribe todo orgullo e imaginación pecaminosa que contradiga la santa Ley de Dios y traiga todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo!

Algunos, que contienden por una porción de bondad natural, tal vez dicen, “Es cierto que la imaginación es frecuentemente desviada; pero ¿no debemos reconocer que algo queda de virtud?” ¿Qué dice la Escritura? “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5).

Digamos que es cierto, pero ¿no queda un poco de mezcla de bien con el mal? ¿Qué dice la Escritura? “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5)

Admitamos esto, pero ¿no quedan algunos intervalos de bondad? ¿Qué dice la Escritura? “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5).

Si esta es la condición del corazón humano, ¿No queda algo de bien al menos en la etapa inocente de la juventud que sea excepción a este terrible cargo? ¿Qué dice la Escritura? “Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5). “Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron” (Salmos 58.3). “La necedad está ligada en el corazón del muchacho” (Proverbios 22.15). “… la adolescencia y la juventud son vanidad” (Eclesiastés 11.10).

Y, como una determinación para abatir el orgullo del hombre caído y establecer la doctrina del pecado original fuera de toda disputa, David, hablando bajo la influencia del Espíritu de verdad, declara: “… en maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51.5)

Muchos pasajes pertinentes e importantes podrían añadirse, los cuales confirman esta solemne verdad del pecado original “¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie”(Job 14.4). “¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, Y para que se justifique el nacido de mujer?” (Job 15.14). “¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?” (Job 25.4).

Concluimos entonces con la Escritura que “… éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Efesios 2.3); y que “no hay justo ni aún uno” (Romanos 3.10)

¡Oh alma mía! No disputes con el Creador que está justamente ofendido, más bien confiesa tu culpa, tanto original como actual. Busca la gracia para postrarte a Sus pies y aceptar con un corazón gozoso esa oferta de perdón y paz, que tan libremente se te hace por medio del sacrificio propiciatorio de Su bien Amado Hijo.

La gracia de Dios, cuando se la mira, como debe ser, en conexión con el estado miserable del hombre pecador, brilla como un bello arcoíris sobre una nube oscura. Sus hermosos colores deleitan la mente en medio de su brillo.

¡Cuán consoladoras son para un alma que se doblega con un sentido de culpa las siguientes promesas!: “Y yo pasé junto a ti, y te vi sucia en tus sangres, y cuando estabas en tus sangres te dije: !!Vive! Sí, te dije, cuando estabas en tus sangres: !!Vive!” (Ezequiel 16.6).

Y luego viene la fuente de la misericordia “…Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.” (Jeremías 31.3)

Pero ¿cómo puede una criatura contaminada ser agradable a un Dios santo y puro? He aquí los efectos de la gracia soberana: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.  Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36.25-27)

La seguridad y la perseverancia del redimido está dulcemente declarada en la siguiente deliciosa promesa: “Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.(Jeremías 32.39-40)

Apoyo y éxito final son también prometidos al creyente cuando está bajo dificultades y pruebas para que se sostenga en la causa de Su Dios de Pacto y Salvador. “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador” (Isaías 43.2-3).

Para la presente y perdurable consolación del creyente, el perdón completo y libre de todos sus pecados es declarado por gracia: “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí.” (Isaías 44.22)

Bien puede el pecador rescatado exclamar: “Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí.” (Isaías 12.1-2) “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.” (Salmos 145.1-2) “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias” (Salmos 103-1-4) “Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace  maravillas.  Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.” (Salmos 72.18-19)

Thomas Reade (1776-1841): Autor Inglés de la ciudad de Manchester.

De Spiritual Exercises of the Heart, Reformation Heritage Books,

http://www.heritagebooks.org. Used by permission. (publicado por Herald of Grace por cortesía de Chapel Library)

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