Orando con confianza

“Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye.” – I Juan 5-14

Una realidad muy frecuente al respecto de la oración es la siguiente: Los que van a los cultos de oración son una minoría, pero los que no asisten suelen pedirnos a los que sí vamos a la oración que pidamos por sus necesidades.

La gente suele pedir oración para recibir alivio de sus enfermedades, para conseguir empleo, o un mejor empleo, para la solución de problemas familiares, para la sanidad de sus seres queridos, para obtener una buena calificación en una prueba, buen éxito en un trámite pendiente, etc.

¿Es válido pedir por las necesidades de esta vida temporal? Creo que Sí, es válido, hay  muchos ejemplos en la Biblia en los cuales Dios contestó los ruegos de su pueblo o bien utilizó a sus siervos para el alivio de diversos sufrimientos.

Sin embargo, es importante que consideremos ciertas actitudes al realizar peticiones de oración.

La primera de ellas es que muchos de los que piden oración, no vienen a la reunión de oración.

Deberíamos aprovechar estas oportunidades en las cuales otras personas nos piden que pongamos en oración alguna de sus necesidades, para invitarles a venir a la iglesia a orar o para hacer una reunión de oración casera.

Si invitamos a la gente a orar, notaremos que muchos de ellos no tienen la disposición de apartar tiempo para dedicarlo al clamor y humillación delante del Señor.

Algunos tienen una actitud casi supersticiosa y piden como quien le pide un deseo a una estrella, como si todo sucediera al azar, como si fuera un asunto de la fortuna y esto de la oración fuera una manera de aumentar las posibilidades de obtener lo que desean. De manera que aquí hay una oportunidad también para testificar de Cristo.

Llevemos la luz de la verdad y ayudemos a los que están en ignorancia o confundidos, para que entiendan lo que es la verdadera oración.

La oración es un gran privilegio, la oración es una bendición muy grande. El cristiano ora con la confianza de que sus palabras no son desatendidas, no son ignoradas, sino que Dios escucha y Dios atiende. Según el texto bíblico: la oración es la expresión de la confianza que tenemos en Dios.

¿De dónde proviene esta confianza? – Leamos lo que dice Hebreos 4.15-16

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

La confianza que acompaña nuestra oración demuestra la fe que tenemos en el Señor Jesucristo, eso es lo que significa orar en Su nombre, no se trata solo de una frase requerida al final de la plegaria.

Oramos porque sabemos que a la diestra del Padre está el Hijo, quien se hizo como uno de nosotros, Él sufrió lo que nunca sufriremos, comprende el dolor y se compadece de nuestras miserias.

Al orar debemos recordar que el trono de la gracia es ante todo eso:  El Trono, es decir, estamos ante el Rey Supremo.

¿Cómo debemos acercamos entonces? Debemos llegar con toda humildad, con reverencia, con súplica. Han hecho muy mal los que enseñan a otros a orar con un tono de exigencia. Ese tipo de reclamos en la oración parece que asume que mereciéramos lo que estamos pidiendo.

Incluso cuando oremos haciendo referencia a alguna promesa bíblica, ese “reclamo” no es exigencia, porque todo lo que Dios concede es por gracia, Dios no está obligado con nosotros, no hay méritos personales que nos hagan merecedores de recibir sus bendiciones.

Dios no tolera el pecado, nosotros somos pecadores, y si confiáramos en nuestros méritos, jamás seríamos atendidos. La única razón por la cual Él nos puede atender y nos atiende amorosamente, es porque Jesucristo, nuestros Salvador, ha pagado el precio de nuestra deuda con Dios. ¡Alabado sea Dios por esto!

Ahora bien, Dios no da a sus hijos cualquier cosa que a ellos se les ocurra, ni responde siempre a las oraciones de manera inmediata. Dios es un Padre amoroso pero infinitamente sabio.

Dios otorgará aquello que pidamos si es conforme a Su voluntad. La voluntad de Dios tiene dos aspectos claramente diferenciados en la Biblia: la voluntad de preceptos y la voluntad de decretos. La primera tiene que ver con sus mandamientos y la segunda tiene que ver con lo que Él ha determinado que suceda.

Debemos ser cuidadosos de no pedir nada que quebrante de alguna manera los mandamientos de Dios, esa sería una petición inválida y debemos pedir, sujetos a la realidad de que Dios puede haber determinado algo diferente a lo que pedimos, según su plan eterno.

Algunas veces no vemos claramente que lo que pedimos podría ser en detrimento del proceso santificador y por lo tanto se vuelve una petición inválida. I Tesalonicenses 4.3 dice:

“…la voluntad de Dios es vuestra santificación…

Un joven pudiera estar pidiendo a Dios que una muchacha lo acepte como su novio, pero podría ser que esta relación no sea sana para ellos por diversas razones, tal vez alguno de los dos no es suficientemente maduro, tal vez ninguno de los dos lo sea, tal vez no han aprendido los principios de la pureza y esa relación afectará su crecimiento espiritual, etc., etc. – De manera que Dios no concederá esa petición, o al menos no la concederá en el tiempo que aquel joven desearía.

En todas estas situaciones, los creyentes seguimos confiados en la bondad de Dios que no negará a sus hijos algo que sea para el bien de ellos. Si Dios decide negar nuestras peticiones, debemos aceptar esa decisión con humildad y confiar que Su plan es siempre mejor.

Para evitar que nuestras peticiones sean frecuentemente rechazadas por Dios, debemos crecer en santidad, de manera que nuestras peticiones estén alineadas con la buena voluntad de Dios.

Los que caminen en comunión con Cristo, tendrán un corazón cada vez más limpio y sus peticiones estarán en armonía con la voluntad de Dios, por lo tanto recibirán respuesta segura.

Dos versículos muy útiles para tener en cuenta a la hora de pedir son estos:

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” – Mateo 7.7

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” – (Santiago 4.3)

¿Estás acudiendo al trono de la gracia y clamando al Señor con insistencia? ¿Estás perseverando en la disciplina de oración privada? ¿Estás siendo fiel a la convocación de oración pública? ¿Estás procurando pedir conforme a la voluntad de Dios? Que así sea. Amén.

Pr. Alexander León.

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