LA MODESTIA EN EL VESTIR

ropa

Por Mary K. Mohler

Directora del Instituto Seminario de Esposas

Esposa del Dr. Albert Mohler – Presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur

(Traducido y adaptado por Alexander León J.)

La sola mención de la palabra modestia nos trae a la mente imágenes de mujeres en trajes rigurosos como los usados en el siglo 16. La modestia se ha vuelto una noción fuera de moda en vez de una actitud deseable. Los Cristianos sabios deben recordar que la modestia es algo ordenado bíblicamente. Es una actitud que comienza en el corazón y se refleja en el exterior.

Si reducimos nuestro enfoque de la modestia, considerando por ahora solo el asunto de la ropa (aunque implica mucho más que eso), se puede observar que cuando las mujeres del mundo salen en la mañana, no están preocupadas por lucir modestas. Más bien, la mayoría de las mujeres salen con la esperanza de haberse vestido a la moda, con estilo moderno y no usando algo que parezca anticuado. Muchas se jactan de estar al tono con lo que Hollywood esté promoviendo.

Existe una famosa tienda de descuento, aquí en Estados Unidos, que promueve una línea de ropa llamada “X-hiliration” (en español eso significa Estimulación, es decir que sirve para causar estímulos). Se dirige a chicas desde los 6 años de edad y viene con esta etiqueta de propaganda: “No hay reglas, ya sea que escojas vestir locamente o vestir para atemorizar – haz un reto, haz una escena, viste lo que se te antoje y nunca será incorrecto”. Esto resume la filosofía del mundo en una cápsula. La actitud es “si lo tienes… muéstralo; deja lo menos posible a la imaginación y ¿con respecto a la modestia?, … ¡por favor, sé realista – estamos en el siglo 21!”

Yo no creo que las mujeres Cristianas, nacidas de nuevo en verdad, salen de sus casas con esta actitud. Nosotras deseamos vivir piadosamente, vidas santas. Sin embargo, si miras alrededor, notarás que incluso entre mujeres cristianas hay una gran diferencia en lo que se refiere a la vestimenta y a la modestia. Unas cuantas iglesias utilizan un código escrito para la forma de vestir de sus miembros. Pero pensemos en esto: Si una iglesia decide imponer alguna reglamentación al respecto de la ropa, ¿qué opinión te merece? Para mí, esto indica que entre las personas que se reúnen para adorar,  hay quienes están llegando vestidos de forma impropia, ¿no es cierto?

Analicemos juntas algunas actitudes (casos) que nos podrían ayudar a explicar lo que está ocurriendo entre las mujeres Cristianas con algunos ejemplos gráficos.

Dorita Despistadita” es una dulce jovencita. Antes de salir, ella simplemente saca cualquier cosa del closet. Jamás invertiría un poco de dinero en comprar un espejo de cuerpo completo. Pero, cuando sale de casa con una camisa que es demasiado ajustada, ¿está vistiendo con modestia? No. ¿Lo hace deliberadamente? No, lo que pasa es que su cabeza está en las nubes. Ella canta canciones de alabanza mientras va caminando y no se preocupa por el hecho de que anda un vestido que no es modesto. Sin embargo, ella está dando un mensaje a las personas que la ven todo el día que es completamente diferente de lo que ella tiene la intención de dar.

Mercedes Desórdenes” tiene cuatro hijos y está abrumada. Otra vez se acabó la leche, aún más importante, ya no hay pañales. De manera que debe cargar con los cuatro chicos para el supermercado. Tiene suerte si puede encontrar los ocho zapatos que ocupan sus hijos, si  no encuentra ni sus propios zapatos. Ella conoce la admonición de Proverbios 31 con respecto a la mujer virtuosa, que debe procurar que los asuntos que tiene a su cargo vayan bien. Ella no tiene esta característica todavía. Tiene montañas de ropa, alguna limpia, otra en diferentes estados, así que rebusca en el desorden y encuentra unos “shorts” que al menos no son ni muy cortos ni muy ajustados, para ir afuera, porque la urgencia es ir a comprar los pañales. De todas maneras, no tiene en mente encontrarse con nadie conocido. Sale de su casa en apuro. ¿Está vistiendo con modestia? No. Pero está muy cansada para preocuparse por estas cosas.

Como a muchas niñas, a “Verónica a la Moda” le encantaba jugar a las muñecas y peinarlas con exóticos estilos y vestirlas con la última ropa de muñeca. Cuando creció le encantaba mirar las revistas de moda y estar siempre enterada de lo que se está usando. Siempre le decía a sus amigos, “Si alguna vez me caso con un pastor, no crean que me voy a vestir como la esposa de un pastor. Esos vestidos no son para mí. De ninguna manera.” Verónica comprará – dentro de lo razonable – cualquier cosa que esté de moda.

Por ejemplo, antes había una especie de camisas de rugby, coloridas y con muchos botones en el frente que servían para que la chica determinara qué tan modesta quería lucir, dependiendo de cuántos botones dejaba sin abotonar. Hoy, sin embargo, los diseñadores ya se deshicieron de todos los botones. La camisa está completamente abierta hasta el escote. Verónica tiene que tener una de esas, porque todo el mundo está usándolas. ¿Piensan que Verónica le pondrá un poquito de Velcro a la abertura del escote o quizá algún pin o prendedor? ¡Por supuesto que no! Eso sería completamente estar fuera de moda.

Debemos tener claro que no es incorrecto lucir a la moda siempre y cuando el amor a la moda no sea mayor que el amor a las buenas reglas de la modestia. Entonces, ¿Está Verónica vistiendo con modestia? Algunas veces sí, pero muchas veces no. Algunas veces llega al límite de la inmodestia porque la moda es más importante para ella que su preocupación por la modestia.

Los siguientes tres grupos los pondré juntos porque están muy relacionados.

Mónica Económica” compró el traje más barato que pudo. Pensó que lo podía usar al menos 20 veces – y calculó a $1 por usada, así que no pagaría más que eso. Lo usó 5 veces antes de lavarlo para darse cuenta que encogió terriblemente. Aún así, le quedan 15 usadas que tienen que rendir y así lo usará de todas maneras aunque ahora le queda realmente ajustado.

Mónica tiene una buena amiga que le llamaremos “Barbie busca ofertas”. Barbie está enterada siempre de todas las ventas del pueblo. Puede oler dónde está más barata la ropa. Se encontró una blusa azul  preciosa, de marca de diseñador, incluso todavía tienen la etiqueta, no puede ni esperar para contarle a Mónica. Bueno, solo hay un pequeño problema, el tamaño. Ella es “large” y la blusa es “small”. Ni siquiera se la va a medir, ella tiene que comprarla porque es una oferta única.

Mónica y Barbie tienen una amiga a la cual tratan de animar porque tiene problemas de peso. Su nombre es “Diana en Dieta” y es tan inconstante en su peso que tiene en su closet ropa casi de todas las tallas desde la 6 a la 16. Esta semana está en otro de sus intentos de dieta. Ha perdido 5 o 6 libras y está desesperada por ponerse aquel pantalón jeans talla 12. Ahora bien, uno talla 14 le sentaría mejor pero ha sufrido mucho con esta dieta y a modo de premio quiere demostrar que sí le queda aquel pantalón de talla 12.

Ahora, cuando estas tres damas salen, ¿están vistiendo modestamente? Muchas veces no lo están haciendo. ¿Será un acto deliberado de falta de modestia, o están permitiendo que su mezquindad y su orgullo tome el control aquí?

El siguiente caso es un poco más remoto. Yo la llamaré “Clarisa y Su Closet”. Desde que estaba en el Colegio, Clarisa siempre ha escrito en su calendario lo que se ha puesto cada día. Puede sacar una gaveta de su closet y decir: “el 12 de setiembre de 1987, me puse una blusa amarilla y una falda khaki”. ¿A quién le interesa? Pero, la ropa es importantísima para Clarisa! Ella se afana tanto por eso que desde que va entrando a su casa del trabajo el día viernes, ya está pensando en lo que usará desde el lunes al viernes de la semana que vendrá. Qué lástima que unas chicas no aprenden de las otras. Mercedes Desórdenes, es su vecina y podría aprender un poco de lo ordenada que es Clarisa. Sin embargo, aunque la ropa de Clarisa puede ser muy adecuada, como ella está tan preocupada por nunca repetir sus trajes, tampoco ella está cumpliendo con la admonición bíblica de vestir con modestia.

El último caso es el más serio, se trata de “Ana” y su esposo Hank. Hank es un hombre joven pero inmaduro espiritualmente y realmente está admirado de que Ana haya querido casarse con él. Ella es muy atractiva, realmente hermosa. Hank está tan complacido de haberse casado con esta mujer que quiere mostrar su triunfo a sus amigos, vecinos, extraños – a todos. De manera que disfruta comprándole ropa, ropa en la cual ella pueda lucir toda la hermosura que posee.

Hay dos formas en las cuales Ana puede reaccionar. Si Ana también es inmadura espiritualmente dirá: “Grandioso, puedo cumplir con el mandamiento de ser una esposa sumisa, accediendo a usar todas estas ropas que me compra mi esposo, y a la vez disfrutaré porque me veré deslumbrante” Si Ana es un poco más madura, dirá “Dios mío, preferiría usar el mismo sweater siempre, y no me siento cómoda con estas ropas que me compra mi esposo. Pero ¡sería la tercera guerra mundial si no me pongo lo que me ha comprado! ¿Qué voy a hacer?” ¿Estará Ana vistiendo con modestia al usar la ropa que su esposo le compra? NO. Ella está solamente complaciendo a su esposo.

Estos casos que he propuesto los llamo “inmodestia accidental”. No son actos deliberados, es decir no incumplen el mandamiento de vestir con modestia por puro gusto, pero de todos modos la gente del mundo está recibiendo un mensaje: “esas mujeres cristianas visten igual que las que no van a la iglesia”.

¿Cuáles son las directrices espirituales con respecto a la modestia? Hay muchas. Sabemos que después de la caída, Adán y Eva se cubrieron pero no fue suficiente. Por esto Dios los vistió, según leemos en Génesis 3:21. Deuteronomio 22:5 nos dice que la mujer debe lucir femenina. No cortamos nuestro cabello como lo usan los hombres. Tampoco debemos usar ropa que nos haga lucir como hombres. ¿Significa que tenemos que andar con moño y vestido formal todo el tiempo? No, aunque también deberíamos aprender a rechazar la idea (impuesta por el mundo) de que hay algo de malo con los moños y los vestidos formales.

El Nuevo Testamento contiene directrices específicas que funcionan en todo tiempo para las mujeres con respecto a este problema. Leemos: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas ni vestidos costosos, sino con buenas obras como corresponde a mujeres que profesan piedadI Timoteo 2:9-10.  Tenemos también un pasaje casi idéntico en I Pedro 3:3-4. “Vuestro adorno no sea solo el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable, y apacible que es de grande estima delante de Dios”.

Notemos que estos textos no dicen que las mujeres no pueden usar joyas o hacerse algún peinado. En el original griego dice que el adorno no debe ser “meramente” externo. Esto nos hace entender que el adorno no debe ser externo solamente, pero no dice que sea prohibido el adorno externo

Tal vez debemos grabar estos dos versículos en nuestra memoria. Quizá deberíamos escribirlos y ponerlos cerca de nuestros espejos o en nuestro vestidor para que nos recuerden que hay reglas y estándares bíblicos que estamos en obligación de respetar.

Ahora bien, ¿qué tenemos que decir de la forma en que vestimos para asistir a la iglesia? Permítanme que haga una aclaración. Si cuando usted va a la iglesia, su perfume se percibe desde antes que entre por la puerta, hay un problema. Si usted llega a la iglesia de modo que parece que usted gastó mucho más tiempo en arreglarse y maquillarse del tiempo que ocupó para preparar su corazón para la adoración pública del Dios vivo y verdadero, hay un problema. Pero, si usted llega a la iglesia con la misma ropa que usted usa para ir a alimentar los animales de la granja, entonces ese es otro problema. Si usted llega a la iglesia vestida de manera que al terminar el servicio, los que se sientan cerca de usted, sin ser culpa de ellos, saben el color de su ropa interior y la han visto procurar arreglar su corta falda con incomodidad durante todo el culto, entonces hay un gran problema.

No culpe a los hombres que la rodean pensando que ellos tienen que tener su mente en otras cosas. Proverbios 30:20 dice: “El proceder de la mujer adúltera es así: come, y limpia su boca, y dice: no he hecho maldad”.

Las damas debemos recordar que los hombres se enfrentan a una gran batalla para permanecer puros, y son estimulados visualmente por las mujeres. No deberían ser provocados por nosotras en este sentido y si esto ocurre en la iglesia, esto es una abominación ante Dios.

En algunas iglesias, pasaron de tener muchas reglas, a no tener ninguna regla. Con el fin de evitar la ostentación de algunas damas, que llegaban a lucir sus ropas de gala, se ha llegado al otro extremo y ahora se permite que las mujeres lleguen como les plazca. Es muy difícil devolvernos y des-andar los pasos hacia la antigua costumbre tradicional de vestimenta especial para el domingo, pero el cuarto mandamiento todavía está ahí: Respetar el día de reposo y santificarlo. Muchos han olvidado que el día del Señor debe apartarse y que no es igual que los demás días.

Otra cuestión importante tiene que ver con qué tan exitosas somos como madres al enseñar a nuestras hijas la modestia en el vestir. Muchas madres cometen el error de tratar de ser solamente la amiga de su hija en vez de ser su guía. Con frecuencia, la primera cosa que escoge una adolescente en la tienda es una prenda que es impropia. Entonces Mamá comienza a justificarla: Su hija es una buena niña. No fuma ni consume drogas. Ella se va a comprar esto con su propio dinero. Todas sus amigas ya tienen prendas parecidas. Además, si le digo que no, va a estar enfadada durante toda la salida de compras. Así que, se da por vencida y le permite comprarse la prenda de vestir inadecuada para una cristiana.

Todas queremos que nuestros hijos nos amen, pero ¿a cuál costo? ¿Cuándo comenzaremos a enseñarles? ¿Cuando ya se alisten para ir a la Universidad? No, debemos enseñarles temprano dónde deben mantenerse firmes porque de lo contrario llegarán a caer.

Las modas atractivas para nuestras chicas adolescentes abundan. A veces será necesario ser un poquito duro con ellas. No estoy diciendo que nuestras hijas no puedan usar ningún jeans, T-shirts, shorts, o un traje de baño [decente] o alguna falda por encima de la rodilla. Hay ocasiones cuando este tipo de ropa será apropiada. Pero, tops, mini-faldas, camisas ajustadas, pantalones a la cadera que descubren fácilmente su área abdominal, son prendas que no son aptas para ir a ningún lado, ni siquiera a una reunión de chicas.

Además, ¿por qué su ropa para ir a la iglesia no puede ser diferente?

Las etiquetas de esa tienda decían “no hay reglas”, pero mi esposo y yo creemos que sí hay reglas. Sí hay absolutos. Hay una línea que no vamos a permitir cruzar. Y seré enfática en añadir que no importa si el padre de la jovencita es el presidente del Seminario Teológico (como en nuestro caso) o si es un jornalero, las reglas deberían ser las mismas. (No solo la hija del Pastor tiene el deber de verter con modestia)

¿Les parece que soy una madre autoritaria? ¡Bien!. Los padres deben amar, pastorear y nutrir a sus preciosos hijos pero también deben mandarles que obedezcan y amonestarlos, porque todavía son niños. Ellos necesitan dirección. Tantos padres se dedican tanto a la parte de nutrir a sus hijos, pero claudican en lo que tiene que ver con la cuestión de la autoridad. Permiten a sus hijas “salir y andar con la multitud, expresarse y desarrollar sus propias personalidades”, y cuando llegan a vestir como visten las prostitutas, exclaman resignados,  “yo no le enseñé eso”, o bien, “es que ella tiene otros gustos en cuanto a la moda”.

Las madres de chicos varones me han preguntado con frecuencia, ¿Qué podemos hacer? No tenemos hijas para guiarlas en su vestimenta, pero nuestros hijos se fijan mucho en la forma en que visten las chicas. Los hombres de todas las edades luchan con esto. Es nuestra tarea como madres de hijas asegurarnos de que nuestras hijas no están causando que los hombres tropiecen, y que no sean puestas como malos ejemplos.

Richard Baxter, aquel gran predicador de hace siglos, decía a las mujeres, “No debéis ser una piedra de tropiezo para los hombres en su camino, ni alimentar el fuego de su lujuria, ni hacer que vuestros ornamentos sean tan llamativos sino que debéis caminar en este mundo de pecadores como si llevarais una candela encendida en medio de un campo de paja o pólvora, de lo contrario veréis cómo se enciende la llama pero cuando ya es demasiado tarde para apagarla”. ¡Qué advertencia tan oportuna!

El mundo dice que no hay reglas y que todo está permitido, pero además, tenemos el tipo de Cristianos libertinos que proclaman: “Libertad, libertad, ya no estamos bajo la ley, estamos bajo la gracia. Nada de eso importa. Usted puede vestir lo que a usted le de la gana.” Y también tenemos a algunos Cristianos legalistas que radicalmente restringen lo que a ellos les parece que a la mujer se le debe permitir usar. Pero hay un gran porcentaje de Cristianas en el medio, que sí practican la modestia. Aunque hay mucha diversidad en este grupo. Aquí es cuando nuestros gustos y estilos se reflejan por medio de diferentes opiniones que son permitidas para expresar nuestras preferencias.

¿Dónde está usted en esta escala que se ha expuesto? ¿Ha pensado en esto? ¿Es usted como Dorita Destpistadita? ¿Cae a veces en el área gris? ¿Es usted como Ana que piensa: “Soy hermosa, debo mostrar a todos esta hermosa figura que poseo”, cayendo así en la inmodestia con frecuencia en nombre de la generosidad? O tal vez tengamos que ir a casa y con el perdón de Mónica Económica, deshacernos de algunas prendas que no pasan la prueba de la modestia.

¿Le importa a Dios cómo vestimos? Sí, a Él le importa. Él se interesa en todas las áreas de nuestra vida. Somos llamadas a santidad, santidad en lo que hacemos, en los que decimos, a dónde vamos, cómo nos comportamos, cómo pensamos, las cosas que escuchamos, lo que leemos, lo que cantamos, y sí…, también lo que vestimos.

Las Escrituras dan testimonio de esto. Lea Efesios 5:8-10, I Tesalonicenses 5:21-22 y I Pedro 1:15 para comenzar. Pido a Dios que nos de tanto el deseo como la sabiduría para vivir vidas que sean santas en todos los aspectos, porque el mundo, que está perdido, nos está observando.

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