¿QUIERES UN MILAGRO?

 

¿Tienes problemas económicos-financieros? ¿Tienes problemas de salud? ¿Problemas en el matrimonio o  familiares? ¿Problemas en el trabajo? ¿Quieres alcanzar tus metas y no has podido? ¡Ven por tu milagro!

Esta parece ser una fórmula muy utilizada en la actualidad para invitar a las personas a eventos “evangelísticos”. El mensaje es muy simple: “Ven a nuestra reunión y Dios te concederá todo eso que  anhelas.”

¿Es esto correcto?

Aquí No pretendo juzgar las intenciones de las personas, porque, aunque no se puede negar que algunos han hecho de la religión un negocio, sabemos que también hay muchos otros con buenas intenciones. PERO, ¿Se trata de esto la religión Cristiana? ¿Qué dice la Biblia sobre la condición del hombre y cuáles son sus verdaderas  necesidades en la vida? ¿Cuál es el mensaje del Evangelio según la Biblia?

Cuando nuestro Señor Jesucristo  caminó por esta tierra, hizo muchos milagros, sanó a muchos enfermos, pero Él no fue un curandero, no era ese el propósito de su ministerio. Dios no es el genio de la lámpara maravillosa que viene a concedernos 3 deseos. La Biblia dice que Dios sabe de qué tienen necesidad sus hijos y les provee según Su misericordia, pero muchísimos que no son sus hijos quieren venir a Dios para que les solucione los problemas cuando ni siquiera se han interesado en conocerle por medio de Su HIJO.

La Biblia relata que Cristo en una ocasión hizo un milagro tal, que una multitud de más de 5 mil personas fue alimentada con 5 panes y  dos peces, porque con su bendición, fueron multiplicados esos alimentos y  todos comieron y hasta recogieron de lo que sobró 12 canastas.

En la biblia los milagros son también llamados señales”, es decir, son eventos que indican (señalan, apuntan hacia) algo. En este caso, lo que Dios estaba haciendo era una confirmación acerca de Cristo, Su persona y Su mensaje.

Después de realizar esta señal de la multiplicación de alimentos, Jesús se apartó de la multitud y fue al otro lado del lago, y la gente el día siguiente lo estaba buscando.  Veamos lo que relata el apóstol Juan: Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús”(Juan 6.24)

Luego de que la gente lo hallara al otro lado, el Señor hizo algo muy diferente a lo que haría un predicador moderno, los confrontó con la realidad de sus motivaciones y les dijo:

“De cierto de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Juan 6.26)

Jesús, conociendo el corazón de las personas, puso al descubierto sus verdaderas intenciones. La gente no estaba realmente interesada en Jesús, sino en lo que vieron que creyeron que podían obtener de Él.

¡Qué triste realidad! Es lo mismo que vemos hoy en día, miles y miles que van a las iglesias  y eventos cristianos, no están interesados en conocer a Cristo ni sus enseñanzas  para seguirle, mucho menos están interesados en abandonar su propio estilio de vida para vivir para Él, sino que están interesados en las bendiciones materiales y temporales que suponen que Él les dará.

El propósito de las sanidades y milagros realizados por Cristo y por sus Apóstoles siempre fue el mismo: autenticar su mensaje, es decir, confirmar que ellos hablaban de parte de Dios, porque al tener convencimiento de que ellos  hablaban de parte de Dios, tendrían que atender aquel mensaje. Pero, ¿cuál era ese mensaje?

Leemos las palabras de Cristo en el principio del Evangelio según San Marcos: “… el reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed al Evangelio” (Marcos 1:15).

Si hemos de llamarnos cristianos tenemos que recibir este mensaje, entenderlo y atenderlo. Es un llamado al arrepentimiento, es decir, a abandonar nuestro propio camino y dejar de vivir según nuestras propias reglas, para vivir según la ley de Dios. Pero, si no se enseña sobre la gravedad del pecado y la realidad del Juicio venidero, ¿cómo podrá el ser humano apreciar el Evangelio? El Evangelio es apreciado cuando el pecador, desespera de sí mismo, cuando reconoce su miseria espiritual, su incapacidad de cambiar su condición espiritual, y la inutilidad de sus esfuerzos por cambiar. Entonces, y solo entonces, podrá el pecador apreciar la misericordia de Dios que se ofrece a todo el que cree en Su Hijo Jesucristo.

Más que criticar a los que están predicando esas versiones distorsionadas del Evangelio, este artículo pretende hacer que reflexionemos en nuestra situación personal delante de Dios.

¿Has sido libertado de tus pecados? ¿Has encontrado plena satisfacción en Cristo? ¿O has estado “buscando” a Dios por motivos equivocados?

Habrá un día de Juicio, y el apóstol Pablo lo describió como “…el día en que Dios juzgará los secretos de los hombres, conforme a mi Evangelio”. (Romanos 2.16)

¿Estás preparado para ese día?

“Porque qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? (Mateo 16.26)

Sí, ¡Todos necesitamos un milagro!, pero este milagro no se refiere a las necesidades de esta vida temporal. Si logramos recuperarnos de un problema de salud, en algún momento nos volveremos a enfermar. Si logramos obtener una situación económica y familiar estable, de igual forma enfrentaremos la muerte eventualmente y si el problema espiritual no ha sido resuelto, no tendremos esperanza.

El milagro del cual estamos urgidos es un cambio en nuestro interior, un cambio de corazón, para que podamos entender cuánto necesitamos a Cristo y que si no lo tenemos a Él, no tenemos nada. Aquellos en los cuales Dios realiza este milagro, experimentan un cambio tal que ya no viven más para sí mismos, sino para Aquel que dio su vida por ellos.

Cristo no nos llama a una vida de comodidad y autocomplacencia, nos llama a seguirle:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lucas 9.23)

La convicción de que estar con Cristo vale más que cualquier otra cosa en la vida solo la poseen aquellos que han experimentado el MILAGRO del nuevo nacimiento.

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