Cesasionismo versus Continuacionismo

Parece ser que el tema del continuacionismo versus cesacionismo ha recobrado interés y como he sido testigo de que aún en el campo de los que afirmamos abrazar la teología reformada se están presentando debates, considero que un resumen del asunto pudiera ser de ayuda a una mejor comprensión de la posición cesacionista. Hay ilustres teólogos que han debatido este tema con mucha excelencia y amplia documentación, no tengo oportunidad aquí de hacer algo similar, lo que quisiera aprovechar es la oportunidad y bendición de que tengo este blog, para colaborar con un resumen que sea de utilidad a los que están estudiando el tema. Libros como el de Donald W. Dayton (Raíces teológicas del Pentecostalismo) y folletos como el del Dr. Peter Masters “El fenómeno carismático”, son bastante útiles si los pueden conseguir. El profesor Carlos Cruz, al cual tuve el privilegio de escuchar cuando estuve en el Seminario también escribió un libro recomendable: Sola Scriptura- Carismatismo y Reforma Protestante.

Para los que no conocen los términos, se le llama cesasionismo a la posición que afirma que los dones de operación milagrosa, como sanidades, prodigios y milagros, fueron cesando paulatinamente y dejaron de ser necesarios para la iglesia cuando concluyó la era apostólica.

La posición continuacionista afirma que los dones de operación milagrosa siguen en vigencia y que en la iglesia hay personas que pueden tener estos dones de sanar, hacer milagros, recibir revelaciones directas de Dios para dar un mensaje a la iglesia, hablar en una lengua extranjera sin haberla aprendido y poder interpretar una lengua desconocida.

Considero necesario recalcar que al igual que los continuacionistas, nosotros creemos que:
1. Dios tiene todo poder
2. Dios no cambia en sí mismo
3. Dios es soberano y actúa según le place

Muchas veces la gente cree que nuestra posición implica que creemos que Dios no puede hacer milagros hoy, o que Dios no puede sanar a alguien hoy o que no creemos en la ocurrencia de alguna manifestación particular del poder de Dios en el presente.
Eso no es lo que estamos cuestionando. Afirmamos que el hecho de que los dones de operación milagrosa no estén en operación hoy en día, no tiene que ver con que Dios tenga poder o que Él ha cambiado. Puedo compartir experiencias personales que les parecerían increíbles a muchos, por la forma que el Señor ha contestado oraciones. He visto la mano bendita del Señor actuar de forma impresionante en mi propia vida, pero afirmo también que el mayor milagro que el Señor ha hecho en mi vida es la transformación de un corazón sucio e incrédulo en un corazón limpio que ahora ama a Dios. Afirmamos que la obra milagrosa del Espíritu en la iglesia es permanente ya que por la exposición de la palabra de Dios, los pecadores son transformados en nuevas criaturas.

En la Biblia vemos que hay períodos en los cuales Dios actúa por medio de portentos y luego otros períodos en los cuales deja de hacerlo. En diferentes períodos Dios se manifiesta de diversas maneras, pero aún en las épocas en que parece haberse ocultado de los hombres, Él ha tratado de forma particular con los suyos. Todo el Antiguo Testamento atestigua de esta forma de actuar de Dios.

Cuando el Hijo de Dios fue manifestado, comenzó un período muy especial de manifestaciones del poder de Dios, habiendo pasado un período de aproximadamente 400 años en los cuales Dios aparentemente había guardado silencio. En su Evangelio Juan explica la razón de su relato de los hechos de Cristo: “Para que creáis que Jesús es el Cristo” Juan 20.31. En Hechos 2:22 se nos afirma que la ejecución de los milagros de Cristo fue una muestra de la aprobación de su ministerio por parte de Dios. En relatos como el de Marcos 9:2-6 vemos que Cristo actúa realizando un milagro para probarles a los fariseos su autoridad. El poder de Cristo confirmaba su autoridad.
El apóstol Pablo al hacer referencia a las pruebas de su apostolado, menciona la realización de prodigios y señales. (II Cor. 12.12).

Pienso que todos los milagros, señales y prodigios que se registran en la Biblia estuvieron siempre asociados a un mensaje y con un propósito y cuando los hombres de Dios ejercieron este poder especial que se les concedió para obrar milagros, tuvieron siempre el cuidado de evitar toda admiración hacia ellos mismos y aprovecharon la oportunidad de exaltar al verdadero autor de los milagros. En Hechos 3 Pedro y Juan amonestaron a los judíos a no poner la mirada en ellos y en Hechos 14 Pablo y Bernabé hicieron lo mismo con indignación, al ver las reacciones de las personas. Como recomendación pues, para los que tienen contacto con personas que afirman poseer este tipo de dones milagrosos, siempre hemos de fijarnos si el enfoque es el correcto y si los dotados de este poder son tan cuidadosos de evitar toda gloria personal.

Aprovecho para aclarar que a veces usamos cierta terminología que puede servir de ayuda o puede confundir a otros. A los dones de operación milagrosa se les suele llamar “extraordinarios”, esto no quiere decir que pensamos que los otros dones sean de menor valor, sino más bien, precisamente lo que estamos enfatizando es la ocurrencia no regular de tales manifestaciones del poder de Dios.

Este aspecto de confirmación de poseer la autoridad divina por medio de señales y prodigios no debe ser considerado permanente.
Cuando Elías confrontó a Israel contra los profetas de Baal, el poder de Dios habría de manifestarse para confirmar quién era el verdadero Dios (I Reyes 18) y cuando Pablo estaba defendiendo su apostolado ante los corintios, parece que también estaba decidido a mostrar la operación del poder de Dios en su vida de una forma visible, (si estoy interpretando bien las palabras que se registran en I Cor. 4:18-19). En ambos casos, ni Elías ni Pablo estaban predicando algo novedoso, sino afirmándose en lo que Dios ya había revelado con respecto a sí mismo.

Es importante señalar otro caso, cuando Pablo enfrenta el problema doctrinal en Galacia, el mismo apóstol afirma que si aún él y sus compañeros, se atreven a variar el mensaje del Evangelio, o si un ángel bajado del cielo, pretende hacer tal cosa, debemos considerarlo anatema.

Lo que estoy tratando de dar a entender con estos ejemplos es esto: Dios da poderes especiales a los hombres para confirmar que ellos están hablando de parte de Él (Moisés, los profetas, los apóstoles), pero luego, una vez que ellos han expuesto este mensaje de Dios, esta revelación de Dios debe considerarse como autoritativa y ningún prodigio o señal debe considerarse válido para variar o desviarse de aquella verdad revelada.

Espero que hasta aquí todos mis hermanos, cesacionistas o no, estamos de acuerdo en que por más espectacular que sea el despliegue de poder que pudiéramos presenciar o experimentar, nuestras conciencias deben ser cautivas siempre de la Palabra escrita, cuyo canon todos consideramos cerrado.

Todos lo anterior me sirve para argumentar lo siguiente. En el presente la ejecución de un milagro o prodigio no funciona como credencial de autoridad o aprobación de parte de Dios. Siendo así, nuestra pregunta a los hermanos continuacionistas es la siguiente. ¿De qué forma este tipo de dones, entendidos como capacidades dadas a personas específicas deben funcionar hoy en día? Ellos nos respnoderán que como parte de la edificación de la iglesia y nosotros respondemos que los beneficios del actuar milagroso de parte de Dios puede seguir beneficiando a la iglesia sin necesidad de estos dones.

Un hermano me dijo que los dones no deberíamos entenderlos como una herramienta que el creyente puede utilizar a discreción personal, sino algo que Dios puede otorgar en un momento dado. Pero esta novedosa interpretación de la forma en que operan los dones, solo nos lleva a creer lo mismo pero llamarle con un nombre diferente, porque entonces, si hay un hermano enfermo y yo voy a su casa y oramos por él y Dios lo sana, (algo que creo completamente posible), yo pensaría que Dios contestó nuestra oración, pero con esta otra terminología, se afirmaría que Dios me concedió en ese momento el don de sanidad.

Aunque no afirmo que en la época apostólica, el hecho de que alguien tuviera el don de sanidades, implicara que todas las personas de la iglesia tuvieran que ser sanadas, me parece lógico inferir que si en esa época alguien caía enfermo, al hermano que debían procurar traer para orar, era al hermano con el don de sanidad, ¿por qué? pues porque era el instrumento que en el propósito de Dios era usado para realizar sanidades. Del mismo modo si quisiera que un familiar escuche el mensaje del Evangelio y tengo conocimiento que hay un hermano que tiene el don de la Palabra, expresa el Evangelio con claridad y pasión, a este hermano buscaría yo para que comparta como ese familiar que tengo. Pero, conforme a la instrucción recibida de Santiago 5.14, son los ancianos los que debemos llamarse para orar por un enfermo, y pienso que sería pretender demasiado asumir que todos los ancianos deben poseer el don de sanidades. Creo que este texto está dando instrucciones claras en cuanto a la forma de tratar el asunto de los enfermos, ¿estaríamos pidiendo demasiado, al esperar que, si el don de sanidades debe ser considerado como un elemento continuo en la iglesia, no se mencione en un pasaje como este?

Quiero pasar a tratar el tema de la “necesidad”, es decir, habiendo afirmado y reafirmado que sí creo en el poder de Dios para realizar prodigios, paso a defender que aunque pueden ocurrir, no son necesarios, es decir que la iglesia que no los experimenta no está carente de algo indispensable.

Aclaro de nuevo, una iglesia en la cual el Espíritu Santo no está en continua acción para dar vida a pecadores muertos por medio de la Palabra y para santificar a los creyentes, esa iglesia sí carece de algo indispensable, pero una iglesia que no experimenta alguna manifestación divina en forma de sanidades o prodigios, no está, de ninguna manera, por debajo del estándar entre las iglesias de Dios, de antes, ni de ahora. De la Iglesia de Tesalónica el apóstol Pablo escribió que el Evangelio llegó a ellos “en poder, en el Espíritu Santo, y en plena certidumbre”… (ITes. 1.5), y sin embargo en el relato de los Hechos no se registra alguna sanidad o prodigio, aunque afirmo que ocurrieron terribles milagros porque el apóstol afirma que se convirtieron de los ídolos al Dios vivo y verdadero. (I Tes 1.9)

Creo de todo corazón que Dios sana, creo y he visto la provisión milagrosa de Dios en casos de necesidad y he visto con asombro a veces la acción vengadora del Señor defendiendo a sus hijos también. Lo que no hago es atribuir esas acciones divinas a operaciones de algún don en mi persona o en alguno de mis hermanos en la fe. Lo atribuimos a la providencia del Señor, que en Su gran misericordia se complació en contestar nuestros ruegos.

Se dice que asociamos la operación de los dones de operación milagrosa como un ataque a la suficiencia de las Escrituras. Sí, pero no siempre. Sin embargo, es innegable que muchísimos hoy en día están convencidos de que están en la doctrina o iglesia correcta, porque en sus iglesias han visto o experimentado algo sobrenatural y no porque se les ha convencido escrituralmente de ello. Tenemos serias advertencias en el Evangelio en cuanto a la realización de prodigios por parte de los falsos maestros. Me parece notar una seria diferencia en la forma en que ocurrieron las cosas antes y ahora. Hemos visto que en la era apostólica, las señales prodigiosas se realizaban como una confirmación de la aprobación divina para los hombres que llevaron el Evangelio, pero por otra parte tenemos serias advertencias para los últimos tiempos para no sucumbir ante los que realizan prodigios. Nuestra segura y firme ancla debe ser la Palabra de Dios que permanece para siempre. Los milagros atribuidos a los santos en el catolicismo, a la Virgen María, a sanadores que son herejes, etc., nos confirman que esto ya no podemos considerarlo como señal de aprobación divina.

Los cesacionistas creemos que la función del ministerio apostólico, fue fundamental en la iglesia, pero creemos que su ministerio fue irrepetible porque ellos pusieron el fundamento, lo cual en un edificio se realiza al principio y de una vez por todas, lo que sigue es seguir edificando. (Efesios 2:19-20). Si captamos correctamente esa ilustración, entendemos que lo que nos corresponde es aferrarnos a la doctrina que ellos establecieron, recordemos que el Señor Jesucristo no escribió sus enseñanzas, todo lo que sabemos de Él nos llegó por vía de los apóstoles o sus acompañantes. Ellos cumplieron su misión al transmitir todo lo que Cristo les enseñó, uno de los requisitos para este ministerio apostólico fue haber recibido el Evangelio directamente de Cristo, como confirma Pablo haber sido su caso también.

Creemos que tenemos una fiel expresión de la iglesia en toda comunidad de cristianos que tengan el compromiso de seguir a Cristo según las enseñanzas de los apóstoles. La pretensión de algunos, de que las iglesias tienen que tener los dones milagrosos para funcionar correctamente nos parece un ataque a las iglesias del Señor establecidas en orden y que procuran la santidad.

¿Qué más?
Bueno tenemos que hablar un poquito de la profecía.

La labor del profeta incluía: revelar lo que recibía directamente de Dios, fueran predicciones o instrucciones y también, llamar constantemente al pueblo al arrepentimiento confrontándole a sus pecados.

Creemos que la función profética que daba revelaciones recibidas directamente de parte de Dios sea en instrucciones o predicciones no es necearia. Dios ha hablado por Su HIJO (Hebreos 1) y los apóstoles nos han transmitido todo lo Él les enseñó. Las Escrituras son suficientes, no hemos de quitar nada ni añadir nada. Sin embargo, podemos decir que el elemento de proclamación de la Palabra continúa. En este sentido podríamos llamar profeta a aquel que con fidelidad expone la Palabra de Dios. En un sentido, el predicador fiel puede decir “Así dice el Señor”, si cuando predica interpreta y aplica correctamente la Biblia, pero aún así, su predicación no es infalible, sino que la iglesia debe comprobar si lo que dice es conforme a las Escrituras.

En cuanto a los dones de lenguas e interpretación de lenguas, debo confesar que mi experiencia tiene peso en cuanto a mi posición cesacionista, aunque no acepto que sea motivo determinante de mi cesasionismo, porque me aferré a la posición contraria por mucho tiempo. Yo experimenté un éxtasis y mi lengua se movía sin control, tuve una especie de trance y balbuceaba dos sílabas descontroladamente. Lloré mucho pensando que eran lenguas de Dios y por muchos años temí dudar sobre esto, aunque a regla bíblica “hablen dos, a lo más tres, por turnos y con intérprete” nunca se cumplió. Se me enseñó a seguir practicando este “idioma angelical”, pero tal experiencia no me sirvió como elemento santificador ni para que alguien entendiera el mensaje de Dios. En una palabra, no fue para nada similar a lo que se relata en los Hechos ni en I Corintios. Muchos desearíamos que en oportunidades específicas, Dios capacite a hombres para llevar el glorioso Evangelio en una lengua que ellos no conocen y que esto sirva como señal a los incrédulos y vengan a Cristo, claro que creo que Dios puede hacerlo! Si alguien tiene información documental de que el Señor ha actuado de esta manera, yo diría Amén y me gozaría con esas conversiones. Sin embargo, lo que he leído de misioneros abnegados que con grandes sacrificios y luchas fueron a las tribus más lejanas a predicarles el Evangelio, es que tuvieron que aprender esas lenguas o buscar un intérprete. Lo único que puedo pensar es que la frase de Pablo en Corintios 13.9 que afirma “cesarán las lenguas”, se refiere a que llegaría el momento en el cual el don de poder hablar una lengua desconocida dejaría de estar en operación.
En este punto quisiera que el hermano continuacionista analizara con sinceridad si de verdad le parece que era necesario que Pablo se refiriera a la cesación de dones espirituales en el Cielo. ¿Podría alguien creer que los dones espirituales como la profecía, la ciencia o las lenguas fueran necesarios en el Cielo? Que esos dones no serían necesarios en el Cielo debería ser obvio para ellos y para todos, sin embargo no creo que fuera obvio para los Corintios que llegaría el momento en el que los dones que ellos estaban disfrutando dejarían de estar en operación, y ahí si me parece muy instructiva la declaración, porque Pablo entonces les causaría un “shock” al enterarlos de que esos carismas que ellos tanto apreciaban dejarían de funcionar en un futuro y ¿quién sabe si esto ocurriera en su propia generación?, así les confronta a a preeminencia del amor, que de por sí es la marca y sello del verdadero cristianismo (Juan 13.35), lo que les sostendría hasta el final. Sea cual sea nuestra opinión, nunca perdamos de vista que el amor es el vínculo perfecto (Colosenses 3.14) y es en amor y por amor que tenemos estas discusiones para el bien de la Iglesia del Señor.

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5 comentarios to “Cesasionismo versus Continuacionismo”

  1. Mario Mora Says:

    Muy bueno! Excellente reflexion

  2. Esteban Toloza Says:

    Alexander,

    hermano, gracias por enviarme por mail la publicación.
    Sigo con muchas incertidumbres con respecto al cesacionismo, y preguntas que no se responden desde ese sistema, y manteniendo mi posición continuacionista; pero quisiera resaltar algo que pocas veces he visto en este debate, y es la actitud con que lo has llevado adelante. Ayer leí unas declaraciones muy desafortunadas de Mark Driscoll sobre el tema, y sinceramente me disgustaron bastante. Pero lo cierto es que muchas veces desde “el otro lado” se nos ha tratado con la misma aspereza con que Driscoll trató a los hermanos cesacionistas, y eso es siempre lamentable, sea del lado que sea.

    Probablemente no nos pongamos de acuerdo por el momento; de aquí a un tiempo estaré publicando en nuestro blog una entrada sobre el tema también; pero agradezco al Señor por sus palabras al finalizar este estudio, que entiendo que representan el sentir con el que se ha escrito esta publicación: “Sea cual sea nuestra opinión, nunca perdamos de vista que el amor es el vínculo perfecto (Colosenses 3.14) y es en amor y por amor que tenemos estas discusiones para el bien de la Iglesia del Señor.” Como reformados ambos deseamos ver a Dios ser glorificado, y ambos sabemos que no hay mayor milagro y mayor manifestación de poder que la salvación de pecadores; y estoy seguro que ambos deseamos ver eso. Quiera Dios guardarnos para que en medio de los debates que quizás prevalezcan durante mucho tiempo, no perdamos de vista lo principal y glorioso que nos une: el Evangelio de la Gracia de Dios! Mientras tanto, recordemos las palabras del apóstol, mientras permanecemos en las Escrituras escudriñandola, amándola, y buscando que ella nos hable, para la gloria de su Nombre y la edificación de su cuerpo que es la Iglesia:

    “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.” (Colosences 3:12-14)

    Un abrazo,
    Esteban.

    • Devuelvo el abrazo hermano, que el Señor sea glorificado en nuestras vidas y nos conceda siempre ser útiles en el avance de Su Reino y nos perdone cuando lo obstaculizamos y nos enseñe y y nos corrija, por amor de Su nombre, esa debe ser nuestra constante oración. Dios te bendiga.

  3. Saludo mi hermano desde Republica Dominicana (IBSJ). Tambien alabo el espiritu con que ha tratado el tema. Pienso que se aporta mas desde esa optica. En nuestro medio eso no ha sido un obstaculo para la unidad entre iglesias que toman en serio la Palabra. Una pregunta: Realmente esta bien escrito el blog del dominicano verdad y palabra? No veo nada publicado ahi. Dios siga prosperando la obra.

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