Cerrando el tema del Culto…

Saludos mis hermanos, en esta última entrega del material del hermano Don Whitney quiero hacer la aclaración de que estas son reflexiones para que toda iglesia examine su forma de Culto. El hermano hace referencia a los aplausos y yo tengo otro material en el cual se trata este tema, pero no lo incluyo porque aquí solo estoy publicando el material, tal como fue traducido.

OTROS 10 CONSEJOS PARA MEJORAR EL CULTO
(Por Don Whitney – traducido por Alexander León)

Casi cualquier persona con la que converso cree que el servicio de adoración de la iglesia a la que asiste debe mejorar. Usualmente los cambios a los que se refieren tienen que ver sobre todo con las canciones que se cantan o el estilo de la música que prefieren.

Como lo indica el título este es el tercero de una serie de artículos sobre las formas de mejorar el servicio de adoración, y en este artículo escribo acerca de reformar la música del culto de acuerdo con la frase bíblica: “salmos e himnos y cánticos espirituales”. Durante años cité pero también pasé por encima de las más obvias enseñanzas de las Escrituras con respecto a lo que debemos cantar cuando adoramos. Y desde mi perspectiva, como alguien que predica y enseña en docenas de iglesias cada año, la mayoría de iglesias serían muy bendecidas si toman una fresca mirada a los textos que nos hablan de adoración.

Adicionalmente, ofrezco algunos pensamientos con respecto a la “música especial”, los aplausos, la utilización de un retroproyector o de presentaciones Power Point versus himnarios, y otras cosas. Quiera el Señor utilizar este artículo para mejorar la adoración que le damos y para la edificación de Su pueblo en muchas iglesias locales.

1. Cantar Salmos.

Pasmado. Así es como me quedé cuando de pronto me di cuenta de cómo había sido negligente al mandato de la Sagrada Escritura. Había estado involucrado en los servicios de adoración por más de quince años antes de darme cuenta de lo que muchos otros Cristianos habían ya entendido y lo que denominaciones enteras durante siglos habían conocido por siglos. Dios nos manda a cantar salmos.

El libro de los Salmos era el libro de cantos inspirado por Dios para que Su pueblo lo utilizara. Al darnos los Salmos es como si su propósito fuera decirnos: “Quiero que me alaben; y aquí están las palabras con las cuales quiero que me canten”. Y no solo eso, sino que el Nuevo Testamento nos dice que el pueblo del Nuevo Pacto debe cantar “salmos e himnos y cánticos espirituales” (Efesios 5:19; Colosenses 3:16). Pero aunque me sabía esos versículos de memoria por décadas, nunca había tomado conciencia de que era mi deber dirigir al pueblo de Dios a cantar salmos en adoración. En la actualidad, difícilmente puedo planear un servicio sin considerar incluir al menos el canto de un salmo.

Una forma de empezar a cantar salmos es examinar las canciones que su iglesia canta ahora e identificar cuáles de ellas están basadas substancialmente en las palabras de algún salmo. Para algunos esto involucra simplemente buscar en el índice escritural de la parte trasera del himnario de su iglesia. Entonces, haga un esfuerzo concienzudo por cantar con frecuencia esas canciones basadas en salmos, recordándole a la congregación el mandado divino de cantar salmos. Otra opción es utilizar los recursos de ciertas casas de publicación con material para el canto. Finalmente, anime a las personas con talentos dentro de la iglesia para que compongan tonadas para los Salmos. [el autor también recomienda la colección métrica de los Salmos de Isaac Watts, pero no tenemos conocimiento si existe en español, y recomienda tal libro porque las composiciones de Watts siempre enfocaban los Salmos desde el punto de vista de Cristo y el Nuevo Testamento]

En todo caso, al introducir el cántico de los salmos en la adoración en su iglesia, llame la atención sobre los textos que nos instruyen a cantar salmos y hágales ver que esta nueva práctica representa un intento especial de obedecer a Dios. Y si ustedes sí cantan salmos con frecuencia, no se refiera al cántico solo por su nombre por ejemplo “Como el Ciervo”, sino que debe aclarar que este es un salmo.

Sabemos que podemos testificar de las bendiciones recibidas cantando otras canciones, pero, ¿no tiene mayor sentido utilizar las palabras que aparecen inspiradas en la Biblia misma para cantar, al darnos aliento a nuestras almas en formas que otras cancions no pueden?

2. Si usted considera que el estilo de adoración de su iglesia es histórico, asegúrese de que están cantando himnos y cánticos espirituales.

Al decir a “histórico”, me refiero a un creciente número de iglesias que han redescubierto la práctica bíblica de cantar del libro de Salmos. Hay una posición conocida como “Salmodia exclusiva” (se cree que la Biblia limita la adoración exclusivamente al cántico de Salmos) con la cual respetuosamente difiero. Pero no estoy hablando aquí de los que tienen este punto de vista. Me estoy refiriendo a aquellos que han recuperado la belleza y gozo de cantar salmos, pero han por otro lado rehusado obedecer el mandamiento que nos dice que debemos cantar también himnos y cánticos espirituales (Efesios 5:19, Colosenses 3:16). Sería tan erróneo abandonar el cántico de canciones espirituales e himnos como el ignorar los salmos.

De paso, en su obediente regreso al canto de los Salmos, no permita que el servicio de adoración se vuelva anacrónico. La iglesia debe ser diferente del mundo, y algunas veces esto incluye cantar viejas tonadas que los creyentes han cantado por siglos. Como he dicho antes, los salmos en métrica de Watts pueden ser cantados con tonadas contemporáneas (provistas por supuesto de los arreglos necesarios para respetar el espíritu del texto). Incluso usted mismo puede componer nuevas tonadas. Pero una cosa es sonar irrelevante para el mundo; y otra sonar irrelevante para los cristianos maduros.

3. Si usted considera la adoración de su iglesia de estilo tradicional, asegúrese de que estén cantando Salmos y Cánticos espirituales.
Hay que admitir que definir “salmos e himnos y cánticos espirituales” es como tratar de definir el amor. Revise veinte comentarios y encontrará veinte formas diferentes de explicar lo que estos términos significan. Algunos (los de la posición de Salmodia Exclusiva) creen que este texto se refiere por entero a los Salmos del Antiguo Testamento, mientras que otros no creen ni siquiera que se refiera a los salmos bíblicos. Muchos cristianos carismáticos creen que los cánticos espirituales son canciones que se cantan “en lenguas”. Algunos estudiosos piensan que los tres términos se refieren básicamente a la misma cosa, es decir, cantos con contenido religioso en oposición a cantos seculares.

Aunque el debate exegético del significado de las Escrituras es siempre importante, tarde o temprano llega el momento de tomar acciones y decidir con respecto a la música para el Domingo. Los líderes comprometidos con una base bíblica para lo que cantan en la adoración deben tomar una posición defendible sobre el significado de estos términos y seleccionar canciones específicas de acuerdo con esta posición.

Para interpretar correctamente la frase debemos preguntarnos, ¿Qué significado tenía para el apóstol Pablo la frase: “salmos e himnos y cánticos espirituales”, cuando inspirado por Dios escribió estas palabras? O, para ponerlo de otra forma, ¿Qué clase de canciones utilizaba Pablo al dirigir la congregación cuando plantaba iglesias? Obviamente, no pensaba en términos de las mismas canciones que se cantan en las iglesias de hoy, excepto por los Salmos, la música que utilizamos fue compuesta siglos después de que Pablo había muerto. Pero aún así, para ser bíblicos en cuanto a lo que cantamos en adoración, debemos conformarnos al estándar de “salmos e himnos y cánticos espirituales”.

Yo tomo la frase “salmos e himnos y cánticos espirituales” de la siguiente forma: (1) Los Salmos del Antiguo Testamento; (2) himnos para o acerca de Dios; Canciones sobre asuntos espirituales, es decir, sobre la vida y experiencia del Cristiano. Se puede cantar de los Salmos, o cantar los salmos textualmente de la Biblia, o pueden acomodarse en una métrica más fácil para cantar según el idioma. Los himnos y los cánticos espirituales pueden ser tomados directamente o adaptados de la Biblia, pero usualmente son composiciones originales escritas por escritores inspirados. Ni el tamaño ni la edad de una canción, ni el estilo de su tonada determina si se trata de un himno o un cántico espiritual. Tanto los himnos como los cánticos espirituales pueden ser tan cortos como un par de líneas de texto, o muchas estrofas. Además de nuestros antiguos himnos, se escriben nuevos himnos con melodías contemporáneas cada día, y cada Domingo los Cristianos cantan canciones espirituales que se compusieron hace siglos y no solo cánticos novedosos. Tanto los himnos como los cánticos espirituales pueden diseñarse principalmente para expresar las convicciones de la mente cristiana o los sentimientos del corazón del Cristiano, o una combinación de ambos. En general, sin embargo, los himnos están dirigidos hacia Dios; y los cánticos espirituales a la enseñanza y exhortación de nosotros mismos o de otros.

De modo que es difícil a veces distinguir entre un himno y un cántico espiritual, porque tienen varias cualidades en común. De hecho, los buenos himnos y los cánticos espirituales tendrán bastante en común también con los Salmos. Eso ocurre porque muchos de los Salmos del Antiguo Testamento no son solamente para Dios o dirigidos a Él (lo cual es la esencia de un himno), sino que también hablan de la experiencia del creyente (lo cual distingue un cántico espiritual), incorporando así las marcas distintivas de un salmo, un himno, y de un cántico espiritual todas en uno solo.

En resumen, es el contenido de una canción lo que determina si está bajo el estándar bíblico para el uso en la adoración como un Salmo, un himno o un cántico espiritual. Y en todo caso, si la letra no está tomada de las Escrituras, debe ser consistente eso sí con la enseñanza de las Escrituras. Esto significa que no debemos rechazar un cántico que tiene letra fielmente bíblica solo porque la melodía no nos agrade, y por supuesto no hemos de cantar canciones de letra pobremente escrita o con alguna debilidad teológica solo porque la tonada nos parezca agradable.

Yo pretendo continuar mi largo estudio sobre esta materia, y estoy abierto a ser instruido por otros. Pero, sea lo que sea que usted entienda por “salmos e himnos y cánticos espirituales” – y de hecho algo tienen que significar – claramente se entiende que todo debe ser utilizado en la adoración a Dios. Así que, si su iglesia se mantiene en la tradición de cantar principalmente himnos, no evite obedecer el mandamiento de también cantar salmos y cánticos espirituales.

Como escribí acerca de cantar salmos antes, me enfocaré ahora en los cánticos espirituales. Parece que algunas personas creen que los cánticos espirituales son igualados a la música contemporánea, y para ellos toda cosa nueva es sospechosa. Pero recordemos que el Apóstol Pablo mismo cantaba cánticos espirituales, y él mandaba a las iglesias a hacerlo también. Desde entonces, los creyentes han cantado de la vida Cristiana, y así los cánticos espirituales han estado en las iglesias por casi dos mil años. Sin embargo, es casi seguro que todos los cánticos espirituales que Pablo cantó fueron nuevos en su día. De manera que desde el comienzo, los Cristianos han cantado canciones que les son contemporáneas.

Algunas de las objeciones que con frecuencia se escuchan (así como los argumentos recurrentes) para no cantar cánticos se basan más que todo en cuestiones de preferencia que en algo más. Algunos creen que si el cántico es muy corto no puede ser substancial, pero, la Doxología es bastante corta ¿no? Y cuando leo lo que parecen ser cánticos que aparecen en el Apocalipsis (4:11; 5:9-10, 5:12; 5:13), su brevedad me impacta, pero igual puede suceder con los coros contemporáneos. Si los cánticos cortos son dignos de ser cantados en el Cielo, ¿quién podría argumentar para no cantarlos en la iglesia también? De hecho algunas de las características de los mejores coros es que son tomados justo del texto bíblico. ¿Son demasiado repetitivos? Algunos de los salmos también son repetitivos. No olvidemos que el Señor inspiró el Salmo 136 que repite “porque para siempre es su misericordia” veintiseis veces. Y si al Señor le ha agradado tener a los cuatro seres vivientes alrededor del trono que no cesan de repetir lo mismo (Ver Apocalipsis 4:8) no podemos argumentar que la repetición en sí misma sea inaceptable a Dios.

De manera que el debate nos lleva casi siempre al estilo de la música. Las canciones tradicionales utilizan melodías antiguas y las nuevas composiciones tienden a reflejar una música más contemporánea. Y cada uno de nosotros se adhiere a una u otra por cuestión de preferencias. Pero si el texto está bien escrito y es fiel a las Escrituras, y si la música se ejecuta como buen acoplamiento del texto, y si todo se está realizando con la reverencia apropiada, debemos estar dispuestos a cantar los cánticos independientemente de cuándo han sido compuestos.

Es verdad que mucha de la música de adoración contemporánea es muy débil en cuanto a esto. Pero también es cierto que muchas canciones más viejas no tienen buena calidad. Ni las viejas ni las nuevas deben ser cantadas en estos casos. Y algunas veces los líderes insensibles imponen demasiada música contemporánea sobre la gente porque están más interesados en la relevancia que en la fidelidad o unidad. Sin embargo, debemos darnos cuenta de que Dios ha levantado también compositores fieles y escritores de canciones en cada generación, así como ha levantado fieles predicadores y teólogos en cada generación. Y así como los teólogos y predicadores trabajan para comunicar la verdad de Dios en formas que sus contemporáneos puedan entender, del mismo modo nuestros piadosos compositores y escritores de canciones nos ayudan a expresar Su inmutable verdad en la música de nuestro tiempo. No debemos esperar que solo se canten las canciones de las generaciones pasadas como tampoco podemos esperar que se lean solamente los libros de los predicadores y teólogos de antaño. Debemos preservar y compartir lo mejor de su trabajo y también añadir lo mejor de lo actual.

Las Escrituras nos enseñan una y otra vez que debemos cantar “un cántico nuevo” (Salmos 33:3; 96:1-2; 98:1; 149:1; Isaías 42:10) al Señor. Se espera también de nosotros que “una generación narre a otra las obras de Dios” (Salmos 145:4). Entre los resultados prácticos de la obediencia a estos mandamientos debería estar que así como cada generación exitosamente canta un cántico nuevo al Señor, cada una contribuirá con sus propias expresiones de devoción a Dios y así aumentará el repertorio de alabanza.

4. Si usted considera que su estilo de culto es contemporáneo o mezclado, asegúrese de cantar Samos e himnos.
Alguien ha dicho que cuando el avivamiento viene a una iglesia tradicional, comienzan a cantar música contemporánea y cuando el avivamiento llega a las iglesias contemporáneas, comienzan a cantar himnos tradicionales. Pienso que hay algo de cierto en esto, pero deberíamos también agregar que cuando cualquiera en cualquiera de estas experiencias de avivamiento cantarán Salmos también. En cualquier caso, reformar la música de adoración de una iglesia demanda intención y esfuerzo. Usted debe ser explícito con respecto a cómo estos cambios son un esfuerzo por obedecer mejor las Escrituras. En general el pueblo de Dios responderá bien a la verdad de Dios si se le presenta en el espíritu correcto.

Reconozco que la mayoría de iglesias contemporáneas cantarían Salmos con tonadas contemporáneas. Y también, aunque algunos textos de himnos viejos podrían ser adaptados a música nueva, no se deben abandonar las tonadas tradicionales. Algunas de ellas simplemente no se pueden mejorar, son excelentes. Y para aquellos que piensan que la música de iglesia tradicional no tiene mucho efecto en la mayoría, considere el casi universal apego a la música tradicional de Navidad. Gente tanto en sus veinte, treinta o aún adolescentes cantan viejas melodías que cantaron Bing Crosby, Gene Autry, Danny Kaye, así como villancicos muy arraigados de la Navidad. La música patria tiene también el mismo carácter de permanencia, y la gente responde en su mayoría a ella. En ocasiones como estas, aún los que no acostumbran ir a la iglesia reconocerán que están un lugar donde la música no tiene tiempo y es multi-generacional. ¿Cuánto debería la iglesia apreciar sus tesoros musicales honrados por el tiempo? ¿Cuánto más debería el cuerpo de Cristo cantar música que le una en vez de aquella que los divide? Y aunque puede ser que les haya llegado la hora de retirarse a algunas viejas piezas, lo mejor de la música tradicional durará para siempre.

Tiene mucha importancia además, el hecho de saber que estamos cantando las mismas palabras y melodías que el pueblo de Dios cantó por generaciones. Hay un sentimiento de permanencia y de continuidad de la iglesia que nos alimenta al alabar a Dios con las mismas palabras y tonadas que utilizaron nuestros padres, abuelos y ancestros espirituales de mucho tiempo atrás.

Además, aunque no es nuestro deseo criar una generación de Cristianos que están completamente fuera del entorno cultural en el cual viven, tampoco queremos una generación de creyentes que no sepan cantar “Castillo Fuerte es Nuestro Dios” o “Santo, Santo, Santo” o alguna de los hermosos himnos de los Wesley. Empobreceríamos a la siguiente generación de la iglesia si le dejamos una música que es casi toda de uso momentáneo y no les dejamos nada de lo que había durado por siglos. Debemos impartir a nuestros sucesores lo mejor de lo que nuestros ancestros espirituales nos confiaron a nosotros, así como dejarles lo mejor de nuestro tiempo.

5. Utilice transparencias, pero no olvide su himnario.

Fui predicador invitado en una iglesia en la cual se utilizaba Power Point para desplegar las letras de todas las canciones. Después, ese mismo pastor me contó un incidente con sus hijos que cambió su perspectiva acerca de haber abandonado el uso de himnarios. Esta familia fue de vacaciones y asistieron a la iglesia en la cual los padres habían sido criados. Al comenzar el servicio de adoración el que presidía anunció el número del himno que se cantaría y mientras el pastor y su esposa tomaron sus himnarios para buscar el himno, Sus dos hijos de siete y cinco años respectivamente se extrañaron al ver que no eran Biblias y preguntaron con ingenuidad a sus padres qué cosa eran esos otros libros. Me di cuenta, me dijo mi amigo, que no quería criar a mis niños sin que supieran lo que era un himnario.

Utilizar medios electrónicos para presentar las palabras de las canciones tiene sus beneficios y su conveniencia, esto lo he experimentado en varios lugares como en la iglesia a la que pertenezco. Pero aún hay mucho qué decir, con respecto a mantener en uso los himnarios (como lo hacemos). Este libro de música le enseña a la congregación cierta información de la iglesia y de la Historia que de otra forma no aprendería. Yo no leo música, pero mi observación y experiencia de años de cantar con himnario (de los que tienen tanto la música como la letra) es que al menos he aprendido cuándo una nota está más alta y otra más baja, y cuándo sostener una nota, etc. Y cuando leo en el pie de página las palabras escritas que dicen quién escribió el himno, algún héroe de la Fe, este conocimiento hace que la experiencia de cantar ciertos himnos sea aún más profunda. (Si le es imposible utilizar himnarios, al menos indicar el nombre del autor es aconsejable)

Nos estamos volviendo una sociedad cada vez más iletrada (inculta). Al conservar los himnarios estamos diciendo algo con respecto al valor que le damos los Cristianos a los libros. Al utilizar un libro de cantos podemos influenciar en el crecimiento y experiencia Cristiana de nuestra gente, aún fuera de las puertas de nuestra iglesia, porque es mucho más probable que los miembros de nuestra iglesia utilicen un himnario en su familia o adoración personal si algunas veces se utiliza en la adoración congregacional.

6. Promueva la oración colectiva durante el culto de adoración

Muchas iglesias tienen un tiempo de oración colectiva un día entre semana, entonces ¿por qué no en la mañana del domingo? Cuando pastoreaba una iglesia en Chicago, pusimos esto en práctica y en muchas ocasiones era el mejor tiempo de oración de la semana. Algunos de nuestros hermanos y hermanas, a quienes se les dificultaba asistir al culto de oración de los miércoles en la noche, estaban presentes los domingos y podían compartir de su madurez espiritual en nuestras oraciones. Además, asistía más gente y las personas estaban más frescas —física y espiritualmente— que durante la reunión de oración de mitad de semana.

Cada iglesia tendrá sus propios desafíos logísticos para llevar a cabo la oración colectiva, algunos de ellos se pueden resolver tan solo colocando unos cuantos micrófonos en lugares estratégicos. También podría ser de gran ayuda que con anterioridad le pida a ciertas personas que oren en el caso de que nadie más lo haga. Usted también podría invitar a la congregación a que asuma una postura de humildad ante el Señor —que se arrodillen si es posible, y si no que se pongan de pie.

Una posición neutral entre tener a una sola persona dirigiendo una oración pública (aunque no apruebo el abandono total de esta práctica) y pedirle a varios que lo hagan es solicitar que haya una sucesión de personas que dirijan una oración colectiva ya sea desde el altar o desde un micrófono localizado en otra parte del templo.

Nadie duda de que la oración colectiva forma parte de la vida de una iglesia saludable (ver Hechos 2.42). Y si pienso en eso, la diferencia principal entre la oración colectiva en el culto de la mañana del domingo (por la cual estoy abogando) y la oración colectiva en la reunión entre semana es el tamaño del grupo. En la mayoría de las reuniones de oración de entre semana se canta y hay una enseñanza de la Palabra de Dios, al igual que en el culto de adoración del día del Señor. Lo único que queda por hacer en el culto del domingo es organizar este tiempo para que todo mundo pueda escuchar.

7. Trate que no todos los domingos haya un solo o música coral

La mayoría de los líderes de adoración saben lo que se siente cuando un domingo en la mañana alguien llama para cancelar el especial porque la persona que iba a cantar un solo no va a poder asistir, o cuando le avisan poco antes de iniciar el culto que faltan tantos miembros del coro que no se podrá contar con la participación de este. A menudo esto provoca que el ministro de alabanza corra a la cabina de sonido para buscar pistas u otro canto para entonar por enésima vez.

Si bien los solos o las piezas corales son formas de adorar, estos a diferencia del canto congregacional, no son necesarios. La prioridad bíblica claramente se enfoca en que la congregación cante toda junta. No sienta que es indispensable tener algún especial musical todos los domingos. De hecho, prográmelo solamente cuando haya un propósito específico para ese canto en particular. De lo contrario, las personas podrían empezar a creer que los solos o la música coral es un entretenimiento santo y un tiempo donde se entona música principalmente porque hay un espacio reservado para ellos en el culto de adoración en lugar de percibirlo como una función ministerial definida para ese domingo.

8. Utilice el silencio estratégicamente

El silencio es extremadamente extraño en nuestra cultura. Encendemos el automóvil y el radio salta a la vida y así hasta que apaguemos el motor. Los restaurantes a menudo ponen música o encienden la televisión para que nos acompañe durante la cena. Afuera, nos inunda el ruido de los automóviles y de los aviones. Adentro, las computadoras se escuchan a la distancia. Los teléfonos celulares nos interrumpen en cualquier lugar a donde vayamos. Es muy común levantarse de la cama en la mañana y acostarse por la noche sin un solo receso de la cacofonía de los sonidos creados por el hombre y sin ningún momento para reflexionar sobre cualquier comentario que hayamos escuchado. Rara vez nos detenemos, y pocas veces estamos en silencio.

Si existe un lugar para que haya un momento de silencio intencional, ese es durante el culto de adoración al Señor. Hacer una pausa para meditar, para disfrutar de Dios, para sentir el peso de la verdad, para concentrarse en la presencia del Señor —estas son las razones para un silencio meditativo ante Dios, para el selah (la palabra hebrea para «pausa») disfrutado docenas de veces en los Salmos.

Programe un tiempo de silencio en el culto. Existen dos tipos de silencio en el culto: el planeado y el espontáneo. Los silencios espontáneos son generalmente los momentos embarazosos cuando el líder de adoración olvida lo que sigue, o cuando hay un problema con el sistema de sonido, o en general cuando algo sale mal. Los silencios planeados son aquellos periodos intencionales en medio de las actividades de adoración y cuyo propósito es incrementar la adoración, o mantener la resonancia de un momento profundo.

Sin embargo, las personas generalmente asumen que el silencio en la iglesia no es algo planeado (según muchos es cuando se va la señal de la radio o la televisión), por eso, enséñele a su congregación sobre la importancia y belleza del silencio en el tiempo de adoración. Muéstreles en qué partes de la Biblia se habla sobre el silencio «delante del Señor» (Habacuc 2.20; Sofonías 1.7; Zacarías 2.13) y luego indíqueles en qué momento ocurrirá en el culto de adoración para que así puedan anticiparlo.

Así que ¿cuándo debería haber un tiempo de silencio en el culto? En el segundo artículo de esta serie recomendé un tiempo de silencio al principio del culto —después de que las personas hayan tenido tiempo para compartir informalmente como comunidad, y después de anunciar que la adoración está a punto de iniciar. Pero el silencio también puede ser una forma poderosa para finalizar el culto. Conozco varias iglesias donde la congregación se mantiene sentada para cerrar con una oración. Luego después de un minuto de silencio se escucha música que indica que pueden retirarse. Cuando predico, concluyo mi sermón con una oración, y al final de ella a menudo le pido a la gente que permanezca en silencio, para reflexionar sobre la verdad del mensaje y cómo el Señor la aplicará. Quizá haya otro lugar mejor para tener un tiempo de silencio en el culto de su iglesia, pero cualquiera que sea ese momento, recuerde que existe claramente un tiempo en la adoración pública cuando es apropiado callar «¡delante del Señor!» (Sofonías 1.7).

9. Permita que los aplausos sean algo espontáneo y no rutinario.

Aplaudir durante el culto de adoración a Dios se ha convertido en algo muy común en las iglesias evangélicas. Algunos lo aprueban basados en que aplaudir expresa aprecio por la ministración recibida a través de la música y reconocimiento por la preparación puesta en la presentación. Se asume que los aplausos animan al que lo recibe, además, el Salmo 47.1 menciona las palmas dentro del contexto de la adoración («Batid palmas, pueblos todos; aclamad a Dios con voz de júbilo»).

Sin embargo, ¿no se aplicarían estos mismos argumentos a aplaudir después de un sermón? Si bien es cierto que dicho pensamiento dejaría atónitas a varias personas, ¿no es verdad que el predicador necesita tanto ánimo como un cantante o un músico? ¿No deberíamos también reconocer su preparación? ¿Qué tal aplaudir después de una oración que realmente nos tocó?

Además, ¿qué ocurre si usted no aplaude después de la participación de un cantante o músico? ¿Eso no desanima a aquellos que comparan la recepción silenciosa hacia su ministración con los enérgicos aplausos que otra persona recibió? Y si le aplaudimos a todo el mundo, ¿no se convierte eso en una mera obligación?

«¡Agradezcámosle al Señor por habernos ministrado a través del cantante o músico!» —algunos podrían decir. De nuevo pregunto, ¿entonces por qué no le aplaudimos al predicador o al que oró como una forma de agradecimiento al Señor? Pero incluso cuando el aplauso va dirigido al Señor, ¿cómo discierne el cantante o músico la realidad de que la congregación no le está aplaudiendo a él o ella? Si usted nunca ha estado al frente y si nunca ha escuchado aplausos después de su participación en la adoración pública, le puedo testificar que se siente muy extraño. ¿Usted reconoce o ignora los aplausos? Si los reconoce, ¿no está llamando la atención hacia usted en lugar del Señor? ¿Está recibiendo las gracias que estaban destinadas para Él? Si los ignora, ¿no parecería un acto insensible hacia aquellos que desean mostrarle su aprecio o que desean animarlo por medio de los aplausos?

Algunos aprueban los aplausos cuando dicen: «En nuestra cultura aplaudir es la forma más aceptable y común utilizada por un grupo de personas para expresar simultáneamente su aprecio. Así que no hay nada de malo con que la iglesia quiera aplaudir para agradecer a aquellos que cantan o tocan algún instrumento [¿incluso aquellos que predican u oran?] en el altar». Eso es cierto, aplaudir es la expresión normal de la gratitud colectiva en nuestra cultura, pero también está íntimamente asociado con las presentaciones y entretenimiento. Cuando aplaudimos todas las actividades del culto del domingo de la misma forma en que lo hacemos cuando vamos al teatro, será más difícil eliminar la atmósfera de entretenimiento en el culto de adoración, y se le dificultará más a los líderes de adoración mantener alejado del altar una mentalidad de presentaciones. La Biblia le indica a la iglesia otra forma para expresar aprecio a Dios y a las demás personas en el culto de adoración: decir «amén».

En la mayoría de las referencias bíblicas hacia aplaudir (alrededor de unas doce), esta acción se hace no como un acto de celebración, sino como un acto de burla (por ejemplo Lamentaciones 2.15). Sin embargo, habrá ocasiones en la adoración cuando el aplauso espontáneo es incontrolable y apropiado. Por ejemplo, en la iglesia donde soy miembro, si el pastor predica sobre «El Señor proveerá» y anuncia al final del sermón que alguien donó anónimamente varios millones de dólares a la iglesia y con ese dinero podremos comprar nuestro propio edificio, usted puede estar seguro de que habría una explosión de aplausos y otras expresiones impulsivas de alegría y celebración dirigidas a Dios. Sin embargo, más allá de dichas ocasiones inusuales, es más apropiado expresar aprecio, consentimiento, y ánimo en forma verbal con el conocido «amén» bíblico.

¿Y qué si los aplausos son ya una costumbre es su iglesia? Exprese que usted entiende las buenas intenciones detrás de ellos, y la realidad del deseo cristiano de expresar gratitud y ánimo hacia los demás. Luego explique las dificultades y peligros asociados con los aplausos en la adoración así como la alternativa bíblica. Respetuosamente, pídales que dejen de aplaudir y que empiecen a decir «amén». Mencione que algunos seguramente lo olvidarán y que se escucharán unos cuantos aplausos ocasionalmente, pero con anterioridad pida al resto que no se les una. Casi nadie aplaudirá semana tras semana cuando nadie más lo hace. Si usted sabe que hay personas de ese tipo en su iglesia, hable con ellos en forma privada. Pronto los aplausos rutinarios desaparecerán.

10. Permita que solamente creyentes guíen a otros creyentes en el culto de adoración

Ya que solamente aquellos que tienen el Espíritu Santo (es decir, los creyentes en Cristo) pueden «adorar en espíritu y verdad» (Juan 4.24), solo creyentes deberían encargarse de las funciones de liderazgo en el culto de adoración. ¿Cómo puede alguien que no es creyente dirigir a un creyente en la adoración «en espíritu y verdad» cuando el primero es incapaz de hacerlo? Sin importar si la gente percibe la función del líder como grandiosa o no, ningún enemigo que no se ha arrepentido ante Dios —sin importar que tan agradable o talentoso sea— debería dirigir la adoración a Dios. El que no puede adorar verdaderamente no puede dirigir la verdadera adoración.

Mientras que esto obviamente excluye a las personas que no se han convertido de cantar un solo o dirigir el canto congregacional, esta norma también les prohíbe cantar en el coro o tocar algún instrumento, ya que estos también son funciones del liderazgo de adoración, incluso solo cuando está como acompañante u en otra posición. Es mejor adorar sin esa voz, ese instrumento, o esa destreza, incluso si esto significa que alguien menos competente dirija o cantar sin acompañamiento, que dar la impresión de que el pueblo de Dios no puede adorarlo bien sin la ayuda de los que no son creyentes. Incluso es mejor arriesgarse a que la persona se sienta ofendida y deje de venir a la iglesia que ofender a Dios dándole responsabilidades del liderazgo de adoración a los que no son creyentes.

En muchas iglesias, la aplicación más difícil de esta norma será con el coro de niños u otro tipo de participación en la adoración en donde haya niños que no se han convertido. Debido a que son tan tiernos y a que sus padres adoran verlos cantando («presentándose» podría ser una palabra más apropiada), esto puede ser un asunto emocional. Recuerde, sin embargo, que nuestra adoración es la adoración a Dios, y nada que nos distraiga de él tiene lugar en la adoración. Una forma de adaptar el papel de los niños sin comprometer su conciencia o distraer la concentración de la congregación en Dios es hacer que los niños canten al principio, antes de que el culto inicie. Esto también les permite dirigirse a sus asientos después de su participación y distraer menos a la congregación que si lo hacemos durante el culto de adoración. Por cierto, al presentar a los niños, y al tratar de evitar la tendencia de las personas de aplaudir por algo realizado por los pequeños, dígale a la congregación que si ellos desean animar a los pequeños por lo que hicieron que lo hagan en forma verbal y no con aplausos. El lugar para que los niños demuestren sus destrezas o aprendizaje no es durante el tiempo en que deberíamos concentrarnos exclusivamente en el Señor.

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