Oren por sus pastores

Posted in Reflexiones on febrero 6, 2016 by elcaminoangosto

oracion

Por Conrad Mbewe (Traducido con permiso por Alexander León)

Artículo original >>>>>>>>> AQUI <<<<<<<<<<<<<

Necesitamos que nuestros pastores oren por nosotros y que nos prediquen. Sin embargo, lo que frecuentemente olvidamos es que la relación del pastor con su rebaño es de mutuo beneficio. Nos ministramos unos a otros y uno de los beneficios más importante que un pastor recibe de su rebaño son sus fervientes oraciones.

Permítanme darles una lista rápida de algunos motivos de oración que pueden mantener delante del Señor…

  1. Oren por la piedad de su pastor. Esta es la necesidad más vital en la vida de su pastor… su caminar con Dios. Como resultado de esto, el corazón de él anhelará ver la piedad en su rebaño. El día que su pastor comience a fraternizar con el pecado es el día que se despedirá de la efectividad en su ministerio.
  2. Oren para que su pastor sea un hombre de la Palabra y un hombre de oración. Pidan a Dios para que él sea lleno del Espíritu Santo y para que la Palabra de Dios le afecte primero a él antes de buscar que afecte a los que lo escuchan. Esto solo sucederá si él pasa mucho tiempo en el secreto, a solas con Cristo.
  3. Oren para que su pastor sea un hombre humilde que trabaja con los otros ancianos y miembros de la iglesia como iguales, independientemente del éxito que pueda tener como predicador. Oren para que él pueda ser tan consciente de la gloria de Dios que eso sea lo que más le importe a él – y no su propia gloria.
  4. Oren por la vida familiar de su pastor. Lo que sucede tras las puertas de la casa del pastor es lo que con frecuencia lo quebranta más o lo ayuda a continuar. Oren para que él ame a su esposa y a sus hijos y que sus devociones familiares puedan ser provechosas y vivificantes, nutriendo sus vidas espirituales.
  5. Oren para que su pastor se rodee de los amigos apropiados. Muchos pastores fracasan simplemente porque se unen con la gente incorrecta. La Biblia dice, “…las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (I Corintios 15.33) ¡y su pastor no es inmune a esto!
  6. Oren por la salud física de su pastor. Estamos en un mundo de enfermedades y dolencias, de manera que con frecuencia su pastor no se sentirá bien. Oren para que Dios lo capacite para hacer las decisiones correctas en cuanto a su salud para que su vida sea lo suficientemente larga y que pueda cosechar fruto en la vida de muchos.
  7. Oren por sabiduría para su pastor. Como miembros de la iglesia ustedes le llamarán con frecuencia con toda clase de situaciones difíciles en sus vidas y desearán escuchar respuestas piadosas en ese momento. Oren para que siempre que él abra su boca, Dios le de las palabras correctas para las almas.
  8. Oren por los sermones de su pastor. Los cristianos tienen la tendencia a criticar la pobreza de los sermones de su pastor. ¡Si pasaran tanto tiempo orando por él como el que dedican a criticarlo, quizás Dios ya hubiera escuchado el clamor y habría ayudado a su pastor a predicar mejor!
  9. Oren por la fortaleza emocional que su pastor necesita para que pueda soportar las pruebas. Las acusaciones falsas, las traiciones, y un sentido de incapacidad y fracaso causan desánimo y depresión en el corazón de muchos genuinos siervos de Dios, su pastor no es la excepción.
  10. Oren para que el ministerio de su pastor sea fructífero en forma creciente, de manera que más y más almas sean salvadas a través de este ministerio. Deberían desear que el ministerio de su pastor sea como lo que se describe en Proverbios 4.18, “… como la luz de la aurora, que va en aumento, hasta que el día es perfecto”
  11. Oren por las necesidades financieras de su pastor. Él no sólo necesita alimentar y vestir a su familia, él necesita educarlos y prepararse para su retiro cuando ustedes decidan que él ya debe dejar sus labores. ¡Esta es un área en la cual no solamente deben orar sino que deben hacer algo al respecto!

La música en la Iglesia

Posted in Doctrina, Reflexiones with tags , , on diciembre 15, 2015 by elcaminoangosto

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Fragmento del documento sobre el Principio Regulativo de la adoración de la ARBCA (Asociación de Iglesias Bautistas Reformadas de América) – Documento original >>>>>>>>AQUI<<<<<<<

Se responden las siguientes preguntas:

¿Qué principios deben utilizarse para determinar qué clase de música es aceptable en la adoración pública?

¿Qué papel juega la instrumentación en la adoración pública?

¿Qué podemos decir de la música en la adoración que no es de participación congregacional?

 ¿Qué enseña o implica la Confesión (CBFL 1689) con respecto a la participación de los feligreses? ¿Por qué no cantamos solamente los Salmos?

Uno de los grandes privilegios del pueblo de Dios es que estamos invitados a cantar alabanzas a nuestro grande y glorioso Dios. Dios nos ha mandado que le cantemos alabanzas, porque así le agrada y al agradarle también traemos placer a nosotros  mismos. Los elementos de la adoración pública no aparecen porque sean gratos a los adoradores sino que están incluidos porque agradan a Dios, aunque al venir ante Su presencia y cumplir aquello que a Él le agrada, experimentamos plenitud de gozo y bendición.

Para determinar cuál música es aceptable en la adoración, debemos reconocer que las palabras que cantamos deben ser tan bíblicas como las oraciones que elevamos y las predicaciones que realizamos. Al estudiar los Salmos notamos que poseen ciertas cualidades: centrados en Dios, tienen dignidad, ideas bíblicas, tema, orden, propósito, etc. Los himnos y cánticos que cantamos deben seguir este mismo patrón.

La declaración de Principio para la Música en la Iglesia, tomada del Himnario Salterio de la Iglesia Cristiana Reformada (Grand Rapids: CRC Publications, 1988, pp 11-15) da una guía muy útil con respecto a esto. Establece lo siguiente:

i. La música de la iglesia debe representar el rango completo de la revelación de Dios.

ii. El servicio de música debe contribuir al servicio de la Palabra

iii. La poesía de las canciones debe ser buena poesía; no debe depender de la música para ser buena. La música de las canciones debe poder defenderse artísticamente como buena música; no debe depender de las palabras para ser buena.

iv. La poesía de las canciones debe ser fiel a la Palabra inspirada. Tal poesía al mismo tiempo debe ser vital – libre de los defectos de la artificialidad y el sentimentalismo.

v. La poesía debe ser genuinamente expresiva de la experiencia religiosa, pero debe estar en armonía con todo el consejo de Dios.

vi. La música debe ser apropiada al texto litúrgico al cual ha sido adaptado.

vii. La música de la iglesia no debe sugerir otros lugares u ocasiones aparte de la iglesia y la adoración… para que la asociación mental a una práctica secular no interfiera con el servicio de adoración.

viii. La música de la iglesia debe expresar la tradición Reformada.

Este mismo documento comienza con el principio y dos sub-puntos:

Principio: La música de la iglesia debe ser apropiada para la adoración.

  1. La música de la iglesia debe ser litúrgica. En espíritu, forma, y contenido, debe ser una expresión positiva del pensamiento y sentimiento religioso escritural. Debe servir al ministerio de la Palabra.
  2. La música de la iglesia debe ser hermosa. Su pensamiento religioso o espíritu debe estar incluido apropiadamente en la poesía como poesía, en la música como música, y en la amalgama de estos como canción. Debe satisfacer las leyes estéticas del balance, la unidad, variedad, armonía, diseño, ritmo, sujeción, y vigor, los cuales constituyen las condiciones de todo arte.

La función primaria en la adoración es que la congregación exprese alabanza y adoración a Dios. Consecuentemente la música de adoración debe dirigirse primariamente hacia la participación congregacional. El Apóstol Pablo, en Colosenses 3:16, manda a los miembros de la iglesia “La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos á los otros con salmos é himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.” Esto implicaría que la música predominante en el servicio de adoración debe ser de naturaleza participativa congregacional. De acuerdo con este texto, las canciones que se cantan deben tener tres elementos: 1) dar alabanza y gracias a Dios, 2) enseñar las verdades teológicas, y 3) exhortar unos a otros. Los himnos, tanto viejos como nuevos, parecen cumplir con este requerimiento. Solo porque un himno sea nuevo no significa que es de menor calidad que uno antiguo, ni el hecho de que sea nuevo lo hace tampoco de más alta calidad. Un himno, sea cual sea la época de su composición, debe conformarse a los altos estándares musicales que son apropiados para la adoración a Dios y los estándares teológicos de las Escrituras. Aunque las formas de música menos tradicionales, si se usan juiciosamente, pueden ser apropiadas, debemos asegurarnos de tener mucho cuidado para que la congregación en su alabanza conjunta se conforme a los parámetros bíblicos que se ajustan a la adoración a Dios. Así, sería más apropiado usarlos en conjunto con los himnos que tienen un más completo contenido teológico, así como con los Salmos. No es nuestro punto de vista que el principio regulativo requiere que cantemos exclusivamente los Salmos. Las Escrituras registran oraciones, sermones, revelan la voluntad de Dios. Pero no demos concluir que solamente debamos orar utilizando las palabras de las Escrituras, o solamente leer las Escrituras al predicar. Las oraciones de la Biblia son modelos para nosotros, y debemos cuidadosamente expandir la palabra de Dios al predicar. Las palabras específicas de nuestras oraciones son nuestras, y las palabras específicas de nuestros sermones son de composición humana. Del mismo modo con las alabanzas que cantamos. Los salmos deben ser un patrón para las canciones que cantamos en la adoración, i.e. las palabras que cantamos deberían ser tan bíblicas como los salmos. Al estudiar los salmos vemos que poseen ciertas características generales: están centrados en Dios, tienen dignidad, ideas bíblicas, tema, orden, propósito, etc. Las palabras de los himnos y de las canciones que cantamos deben poseer las mismas características.

 

La palabra “psalmos” significa “tocado con un instrumento de cuerda”, como en el Salterio del Antiguo Testamento. Los Salmos mencionan una amplia variedad de instrumentos, de cuerda, de bronce, percusión, etc. Las Escrituras no especifican cuáles instrumentos son aceptables y cuáles no. De modo que podemos asumir que un instrumento es aceptable si se toca con destreza y de una manera que se ajusta a la adoración. Sería impropio utilizar instrumentos en una manera en la cual la mente de los feligreses se desenfoque de la adoración por la forma en que se está ejecutando. La utilización de instrumentos está primariamente diseñada para acompañar el canto de los salmos, himnos y los cánticos espirituales. La instrumentación debe utilizarse para la adoración conjunta con el fin de mejorar el canto congregacional. Si sobrepasa el canto de la congregación, ya sea en volumen o en arreglo, entonces no se está utilizando con una intención bíblica y debe ser modificado. Del mismo modo la música que se ejecuta con los instrumentos debe producir el mismo sentimiento en las emociones que se intenta con las palabras de los himnos o salmos o cánticos espirituales, no debe haber discrepancia entre ellos.

Mientras el canto congregacional debe recibir el énfasis en la adoración pública, el principio regulativo no excluye necesariamente el uso de música especial. Cada iglesia tendrá sus propias convicciones con respecto a lo que es apropiado y a la frecuencia de la música especial. Para prevenir que la música especial tienda a convertirse en entretenimiento, los ancianos de la iglesia deben dirigir a aquellos que proveen la música especial, para que el propósito sea el que se manda en Colosenses 3:16. Los que ejecutan música especial deben ser instruidos de forma especial y cuidadosa sobre el propósito de edificación ordenado por el apóstol Pablo y evitar la tendencia al entretenimiento. Los ancianos de cada iglesia local deben asumir la responsabilidad de realizar esta instrucción y de supervisar cuidadosamente la situación para que la música especial se conforme al criterio bíblico al igual que los cantos congregacionales.

 

LA DOCTRINA DE CRISTO

Posted in Reflexiones on noviembre 26, 2015 by elcaminoangosto

Sobre la Divinidad y el Señorío Jesucristo

El Camino Angosto

El apóstol Juan afirmó: Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.(II Juan 1.9)

Ruego a Dios que este breve tratado llegue a ser útil para compartir con personas de la secta “Testigos de Jehová” o con cualquier otro grupo que se haya desviado de esta doctrina esencial y fundamental del Cristianismo, es decir la doctrina de Cristo o Cristología.

La Verdad es UNA.  NO hay muchas verdades, y esa Verdad puede ser conocida. Podrán conocer la VERDAD todos aquellos que diligentemente estudian las Sagradas Escrituras y claman a Dios por la iluminación del Espíritu Santo.

La Verdad lleva a Dios y Dios es la Verdad.  La mentira lleva a la condenación, por esto es tan importante definir, cuál es la verdad…

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¿Por qué los cristianos necesitan Confesiones de Fe?

Posted in Reflexiones with tags , , , on noviembre 7, 2015 by elcaminoangosto

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¿Por qué los cristianos necesitan Confesiones de Fe?

Carl. R. Trueman

Traducido por Alexander León

Este artículo aparece originalmente en el sitio de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa y ha sido traducido con permiso.

Artículo original en inglés  >>>>>>> AQUÍ <<<<<<<<<

Aunque algunos afirmen lo contrario, el mundo cristiano no está dividido en dos grupos: los que tienen credos y confesiones y aquellos que solamente tienen la Biblia. En realidad está dividido en dos grupos: los que tienen credos y confesiones y las han escrito de manera pública, abiertos al escrutinio público y a la corrección y, aquellos que tienen confesiones pero no las escriben. La razón es simple: cada iglesia (y de hecho cada cristiano) cree que la Biblia tiene cierto significado, y según lo que crea que la Biblia le dice, así es su credo y confesión, sea que elija escribir sus creencias o no.

Por su puesto, aquellos que afirman no tener otro credo que a Cristo y ningún otro libro sino solo la Biblia, suelen tratar de proteger algo importante y bíblico: la autoridad suprema de la Escritura en todo asunto de la fe y práctica cristiana. Es el temor correcto de permitir que tradiciones o ideas no bíblicas impacten la sustancia de lo que la iglesia cree. Sin embargo, a pesar de todas las buenas intenciones que puedan tener, creo que eso que desean proteger – el estatus único de las Escrituras – se protege de una mejor y más explícita manera en los documentos confesionales, en conexión con una forma de gobierno eclesiástico cuidadosamente estudiada.

De hecho, aunque parezca irónico, son aquellos que no expresan sus confesiones en documentos escritos los que están en peligro de elevar la tradición por encima de las Escrituras, de tal manera que llega a ser imposible que la Biblia los gobierne.

Si una iglesia tiene un documento que dice que su escatología es dispensacional, sabemos cuál es su posición en lo que se refiere a los últimos tiempos, y entonces podemos tomar la actitud Bereana para comprobar esa postura por las Escrituras y ver si es correcta. Si la iglesia solo afirma que su posición con respecto a los últimos tiempos es la que se enseña en la Biblia, parece que está afirmando todo, pero en realidad no está afirmando nada.

En resumen, los credos y las confesiones conectados a una política eclesiológica bíblica, son partes vitales para mantener una vida de iglesia en conformidad con el Nuevo Testamento. Aquí se presentan siete razones por las cuales cada iglesia debería tenerlas.

  1. Las confesiones delimitan el poder de la iglesia

En una era en la que las palabras, especialmente las palabras que afirman verdades, son siempre consideradas sospechosas de un juego de poder manipulador, sería tal vez contra-intuitivo pensar en confesiones como delimitantes del poder de la iglesia. Sin embargo, al reflexionar se ve claramente que eso es lo que hacen. Un anciano en la iglesia tiene autoridad únicamente sobre los asuntos que la confesión define. Así, si alguien en la iglesia declara que la Trinidad no tiene sentido, o comete adulterio, los ancianos tienen el derecho y el deber de intervenir. Ambas cuestiones están cubiertas en los estándares de Westminster. Pero si alguien desea llegar a la iglesia con un traje amarillo brillante o decide hacerse vegetariano, los ancianos no tienen derecho a intervenir. Esos ancianos podrían tener reservas personales al respecto de la forma de vestir para ir a la iglesia o cuestionarse cómo podría alguien vivir sin comer una hamburguesa de vez en cuando, pero no es asunto de la iglesia meterse en esas cuestiones. De hecho esto es lo que preserva a las iglesias de convertirse en sectas: declaraciones claras y abiertas con respecto a dónde comienza y dónde termina la autoridad de la iglesia. Esto, ligado a procesos transparentes en el ejercicio de esa autoridad.

  1. Las confesiones ofrecen sumarios sucintos de la fe.

Si usted tiene en su biblioteca o en su bolsillo una copia de los estándares de Westminster, usted tiene más contenido teológico por página que cualquier otro libro aparte de la Biblia misma. Los tomos de teología suelen verse muy grandes y prohibitivos, y pocos tienen el tiempo para leerlos. En cambio el Catecismo Menor puede llevarse en el bolsillo, leerse en pocos minutos, y es de fácil memorización. Es un currículum teológico completo en una forma fácil de digerir. Por supuesto, hay otros libros que hacen lo mismo. Pero, ¿habrá alguno que lo haga de una forma tan eficiente y en una manera tan fácil de digerir? La iglesia que tenga una buena confesión y un buen catecismo tiene una herramienta pedagógica para llevar la verdad a su gente.

  1. Las confesiones permiten una discriminación apropiada entre los oficiales y los miembros

Hay cierto debate en los círculos reformados sobre cuánto conocimiento doctrinal debería requerirse a los que solicitan membresía en la iglesia. En cuanto a mí, pienso que Romanos 10 indica que la barra debe ponerse en el límite inferior y no en el superior. Una confesión básica, mientras esté acompañada de una actitud humilde y  de un espíritu enseñable, es suficiente.

Pero aun si algunos no están de acuerdo en poner la barra tan bajo, todos deberían estar de acuerdo en que debe haber una diferencia entre el conocimiento que se requiere para un oficial de la iglesia y para un nuevo miembro. Uno no debería terminar en el lugar donde uno comenzó la vida cristiana. Debe haber crecimiento en madurez, un aspecto de los cuales es el conocimiento doctrinal, y los documentos confesionales ofrecen un mapa para trazar el camino o el enmarcado de aspiraciones el cual dará sustancia y estructura a este crecimiento. La iglesia que no tiene una confesión o que solo tiene una declaración doctrinal mínima, tiene la desventaja de no ser capaz de establecer ante la gente alguna visión de lo que se supone que es tener una teología cristiana madura.

  1. Las confesiones resaltan lo que es de importancia.

Uno podría tal vez expresar este punto en términos negativos: si no está en la confesión, será difícil argumentar que tenga gran importancia. Esta es una de las razones por las cuales las confesiones deben ser algo elaboradas. Si por ejemplo, una iglesia tiene una confesión de 10 puntos doctrinales básicos, el problema que los ancianos van a enfrentar es cómo van a convencer a su gente de que un undécimo artículo es realmente importante. Si no está en la Confesión, entonces, de manera funcional, la iglesia está permitiendo liberad de conciencia en esa materia. Por ejemplo, si la declaración no hace referencia al bautismo y por lo tanto, se permite tanto a paidobautistas como a credobautistas ser elegidos como oficiales, entonces el asunto del bautismo se está considerando un asunto de indiferencia práctica. Lo mismo aplica para cualquier doctrina – la perseverancia, la santificación, la escatología: si no se menciona, entonces la iglesia no tiene una posición oficial al respecto y es algo que se relega como asunto de importancia menor.

De nuevo, volviendo al punto anterior: el nuevo convertido o el nuevo miembro no va necesariamente a saber lo que la iglesia considera de importancia y lo que se considera indiferente. Una confesión buena y elaborada, provee a la iglesia no solamente de un gran mapa pedagógico, sino que es un recurso útil para enseñar a la gente cuáles son los asuntos menos importantes y por qué.

  1. Las confesiones relativizan el presente y nos conectan con el pasado.

Todos sabemos que el cristianismo no se reinventa todos los Domingos. Pisamos firmes en el suelo que fue preparado para nosotros por muchos hermanos y hermanas en Cristo que fueron antes de nosotros. Sin embargo, podemos estar tentados a vivir como si esto no fuera verdad. Esto no debe sorprendernos, porque vivimos en una era donde las fuerzas anti-históricas de una cultura más amplia y poderosa son poderosas y lo invaden todo. Desde el comercial que nos asegura que nuestra próxima compra nos traerá felicidad o la ciencia que promete descubrimientos que facilitarán nuestra vida, todo alrededor nuestro apunta hacia el futuro, considerándolo lo más importante y ciertamente muy superior al pasado.

Por el contrario, el Cristianismo es una religión enraizada en la historia. Fue constituida por las acciones históricas de Dios, las cuales culminaron en Cristo, y llegó a nosotros por la fiel articulación y preservación de su mensaje a través de las edades. Esto es profundamente contra-cultural y algo que necesitamos recordar constantemente. Irónicamente, podría ser que los que afirman no tener otro credo aparte de la Biblia en realidad están reflejando un espíritu como el de nuestra época en cuanto a su triunfalismo histórico.

En este contexto, el uso de credos y confesiones es un medio intencional de conectarnos con el pasado, de identificarnos con la iglesia de las épocas anteriores, y así hacer relativa nuestra significancia en el gran esquema de cosas. La recitación de credos y fórmulas antiguas en la adoración es una manera en la cual esto se hace. La afirmación de los estándares confesionales, como un compromiso de los oficiales de la iglesia y el contenido de las ambiciones pedagógicas para la membresía de la iglesia, es otra manera.

  1. Las confesiones reflejan la sustancia de nuestra adoración

Cuando yo enseño mi curso sobre la Iglesia Antigua, siempre hago énfasis en que la dinámica de los primeros debates Trinitarios y Cristológicos fue doxológica e íntimamente ligada a la adoración cristiana. Poniéndolo de una manera simple, el grito de la primera iglesia “Jesús es el Señor” y la conjunción del Padre, Hijo y Espíritu Santo en la fórmula bautismal apuntaban al fundamento de una profunda teología. Ellos proveyeron el contexto para la discusión de lo que sería el fruto del Credo Niceno y de la definición de Calcedonia. La tradición confesional de la iglesia comienza con la reflexión sobre el significado de los actos de adoración.

Por dos milenios, la adoración de la iglesia no ha cambiado en lo que se refiere a los puntos fundamentales – es decir la declaración que Jesús es el Señor y que la salvación es un acto del Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo – y nuestras confesiones explican el contenido de estos puntos.

De manera que, no debemos pensar en las confesiones y en la doctrina que ellas contienen como un ser antitético a la adoración vibrante. La posesión de una confesión, por supuesto, no es equivalente a la adoración vibrante, ni tampoco la garantiza, como tampoco la existencia de un código legal no garantiza una sociedad civilizada. Sin embargo, las confesiones son prerrequisitos de una adoración racional y vibrante, las cosas dan sentido a lo que hacemos como cristianos.

Es muy posible que esta función confesional se volverá más importante conforme pasen los años. Conforme otras religiones se acercan al cristianismo, y especialmente cuando esas religiones hacen uso de cierta clase de vocabulario bíblico como el que nosotros usamos, va a ser más y más crucial que entendamos no solo cuáles palabras usar, sino lo que esas palabras significan realmente. Su amistoso amigo Mormón puede afirmar que Jesús es el Señor; y hasta puede que cante los mismos himnos en su servicio de culto. Por eso, usted necesitará saber qué es exactamente lo que su iglesia quiere decir cuando afirma que “Jesús es el Señor” o cuando se realizan bautismos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Las buenas confesiones le capacitarán para esto en una manera mejor que ninguna otra cosa.

  1. Las Confesiones cumplen una parte vital del plan de Pablo para la iglesia post-apostólica.

Cuando Pablo escribió desde la prisión a su protegido Timoteo, su mente estaba enfocada en cómo la iglesia debería manejarse once vez que él y los otros apóstoles dejaran la escena. Su respuesta tenías dos componentes: una estructura en la cual el gobierno de la iglesia fuera puesto en las manos de hombres ordinarios pero fieles, y una forma de sanas palabras. Ambas cosas eran necesarias. Sin estructura, la iglesia no tendría liderazgo; sin una forma de sanas palabras, se desviaría de su muelle, perdiendo contacto con su pasado y con otras congregaciones en el presente. Una forma de sanas palabras, una confesión, era crucial para mantener tanto la continuidad apostólica como la unidad entre los cristianos del presente. Y eso es lo que los documentos confesionales hacen en el día de hoy: sirven para unirnos con los fieles hermanos y hermanas del pasado y también con los del presente.

Esa pretensión que afirma “Ningún otro credo, solo Cristo, ningún libro solo la Biblia”, tiene un contenido piadoso y bíblico, y a la vez no tenemos que avergonzarnos de ser cristianos confesionales, porque las confesiones nos capacitan para mantener ciertas prioridades bíblicas. Debemos estar agradecidos por esto, a la vez que tratamos de mostrar a los hermanos no-confesionales una mejor manera de preservar las cosas que son de valor para todos los cristianos.

[El autor, es un ministro de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa, enseña historia de la iglesia en el Seminario Westminster de Filadelfia. Ha escrito el libro “The Creedal Imperative”. New Horizons, February 2013]

UNA IMPORTANTE DISTINCION

Posted in Reflexiones on noviembre 6, 2015 by elcaminoangosto

El Camino Angosto

Una Importante pero Rechazada Distinción.

Por Carl Trueman , Profesor de Historia de la Iglesia en el Seminario Teológico Westminster.

Este artículo aparece originalmente en www.reformation21.org, la revista online de la Alianza de Evangélicos Confesionales, copyright 2013, todos los derechos están reservados, usado con permiso. Este artículo no puede ser reproducido sin el consentimiento escrito de la Alianza de Evangélicos Confesionales (Alliance of Confessing Evangelicals).

Traducido con permiso por el Pr. Alexander León.

Hay una distinción importante que es absolutamente necesaria para una buena teología y una vida Cristiana sana. Es también una distinción que parece haber sido olvidada por un gran número de personas tanto en la izquierda como en la derecha del espectro teológico.  Es la distinción entre ser infantil [las niñerías] y el ser como un niño. Los Cristianos están llamados a tener una fe como la de un niño pero no a…

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La trágica pérdida de la doctrina del pecado

Posted in Reflexiones with tags , , on septiembre 18, 2015 by elcaminoangosto

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(Artículo de Conrad Mbewe, traducido con permiso por Alexander León)

Artículo original >>>>>> AQUI <<<<<<<<

Comencé a escribir esta publicación en un vuelo a través del Atlántico. Estaba molesto. Salí de los Estados Unidos el mismo día que la Suprema Corte anunció allá la legalidad de los matrimonios del mismo sexo. Había tenido la intención de escribir hace como un mes pero parece que ahora llegó el momento para hacerlo.

Tomando el riesgo de parecer simplista, entre más lo pienso más me persuado de que muchos de los errores filosóficos y sus fallos en soluciones prácticas y en resoluciones tienen su causa en un entendimiento erróneo de eso tan terrible que la Biblia llama “pecado”.

Según la Biblia, el pecado no solo consiste en lo malo que hacemos sino que es la causa original por la cual lo hacemos. Parece que hace mucho hemos olvidado el segundo aspecto de la definición de pecado y que solo estamos lidiando con la primera parte. Hablamos del disparo, pero no del disparador.

El entendimiento moderno de los seres humanos es que somos esencialmente buenos y que nos volvemos malos únicamente por causa de fuerzas externas, e.g. el abuso de las drogas y el alcohol o un mal vecindario. Los más “espirituales” añaden las tales maldiciones generacionales y los demonios a la lista de las fuerzas externas que nos corrompen.

Ciertamente ese No es el concepto bíblico. Según la Biblia somos esencialmente malos. Cuando nuestros primeros padres, Adán y Eva fueron creados, eran buenos. Sin embargo, cuando pecaron contra Dios según Génesis 3, llegaron a ser culpables y comenzó una degradación moral dentro de ellos. Sus corazones se volvieron pecaminosos. Llegaron a ser esclavos de ese poder maligno llamado pecado.

Posiblemente no hay una mejor exposición de la experiencia del pecado como un poder maligno dentro de nosotros que la que encontramos en Romanos 7. El apóstol Pablo dijo:

“…Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia “ – (Romanos 7.7-8)

Aquí el pecado se ilustra como una fábrica de maldad, produciendo toda clase de codicia. Nos hace desear todo lo que no tenemos derecho legítimo de desear. Ese deseo puede ser muy fuerte, tan fuerte como lo es una adicción para el adicto. Esto fue lo que hizo a Pablo darse cuenta de que necesitaba la salvación.

Este poder maligno dentro de nosotros no solo anhela lo que es malo sino que se intensifica cuando es confrontado con un mandamiento que le prohíbe lo que desea. El apóstol Pablo escribió:

“… el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.” – Romanos 7.13

Aquí el apóstol Pablo está refiriendo lo que ocurrió dentro de él cuando se enfrentó al mandamiento de Dios que dice: “No codiciarás”. El mandamiento es bueno. Sin embargo, ese poder maligno lo llenó de toda clase de deseos codiciosos tan pronto como fue consciente de este mandamiento de Dios.

Entonces, aprendemos algo más con respecto a este poder maligno. Es rebelde. Odia estar bajo autoridad. Quiere seguir su propio camino. Empuja para traspasar los límites. Tan pronto como escucha “No harás…”, viene y dice “Yo quiero”, toma oportunidad por el mandamiento para el mal.

Este poder maligno también está presente en los Cristianos. El apóstol Pablo testifica en forma verbal presente, como un creyente maduro:

“Porque lo que hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo hace aquello, sino el pecado que mora en mí” – Romanos 7.15-17

Pablo había explicado antes en Romanos 6 que cuando nos hacemos Cristianos el dominio de este poder maligno se rompe. Sin embargo, de ningún modo él se engaña pensando que somos completamente libres de su influencia. Todavía está presente dentro de nosotros, haciendo guerra contra nuestra humanidad renovada. (ver Romanos 7.21-24)

Estoy muy preocupado porque mucho del evangelicalismo moderno ha perdido esta clara enseñanza bíblica. Parece que vemos la fuente del pecado puramente en términos del diablo y del mundo. Nos vemos a nosotros mismos como gente buena que somos víctimas de las fuerzas externas. Fallamos en ver que hemos nacido caídos.

Esta trágica pérdida de la doctrina del pecado nos ha dejado incapaces de explicar lo que está pasando en nuestro mundo hoy. El argumento de Romanos 1.18-32 es que cuando Dios es verdaderamente reconocido, Él pone un freno sobre este poder maligno del pecado. Sin embargo, cuando la gente piensa que puede manejarse bien sin Dios, Él quita este freno y el poder maligno toma completo control.

Pablo argumenta que el primer pilar que se cae cuando este poder maligno es desatado es la pureza sexual (Romanos 1.26-27). De esta manera, la homosexualidad es un fruto de este poder maligno que demanda lo que es contrario a la naturaleza.

Finalmente, este poder maligno se trae abajo todos los otros pilares de la moralidad (Romanos 1.28-31). No se detiene con solo quitar nuestros pantalones; corre en locura quitando todo a todos en su camino. La sociedad se llena de toda clase de impiedades irracionales.

En la bondad de Dios, Él ha provisto al gobierno civil con el fin de restringir a los seres humanos de caer en el abismo de la depravación total. Sin embargo, cuando el gobierno civil se obsesiona con los derechos en vez de las responsabilidades se vuelve cómplice en espiral descendente. Aprueba a aquellos que practican impiedades irracionales (Romanos 1.32)

Esto es lo que está sucediendo con la civilización occidental. Dios fue rechazado desde hace tiempo. El gobierno civil está tan ebrio con los así llamados derechos que hasta está dispuesto a redefinir el matrimonio. Se nos dice que el sexo no tiene que tener límites mientras los involucrados sean dos adultos que consienten. Si tratas de hablar con respecto al elefante en el cuarto, te callan tratándote de religioso intolerante.

En el caso de que me vean como alguien que lanza piedras hacia el océano Atlántico, permítanme decirles que este es el talón de Aquiles del creciente movimiento [evangélico] de liberación en África. Ellos culpan a las maldiciones generacionales y a los demonios de los fallos morales del ser humano. Si un hombre es adúltero es porque tiene una maldición o un espíritu que lo hace andar detrás de las faldas. Necesita liberación.

Estuve en una reunión ayer en la cual se practicó esto. Un obispo estaba orando por África y refiriéndose a la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos dijo: “Atamos el demonio de homosexualidad. Rechazamos este espíritu aquí en África”, así oró. Muchos entusiastas respondieron con un fuerte ¡Amén!

Este movimiento popular en África ha perdido la doctrina del pecado aunque es un movimiento dentro de los círculos evangélicos. No se hace ningún esfuerzo por explicar a la gente que todos somos criaturas caídas con deseos que son moralmente desviados. Has nacido malo. Yo nací malo. Todos nacimos malos.

Lo que todos necesitamos no es liberación de alguna maldición externa o de algún espíritu por medio de oraciones de los “hombres de Dios”, lo que necesitamos es la salvación y la santificación por medio de Cristo Jesús y del Espíritu Santo. Cristo vence este poder maligno de una manera sobrenatural a medida que nos sometemos a la palabra de Dios.

“Quebranta el poder del mal,

al preso libra hoy;

Su sangre limpia al ser más vil, ¡

Aleluya! limpio estoy.”  (Charles Wesley)

Como los apóstoles de Cristo entendían esto, ellos rehusaron concentrar sus esfuerzos en alimentar las viudas. Ellos sabían que ese poder maligno en los corazones humanos podía ser vencido únicamente por medio de la predicación de la verdad cristiana en el poder del Espíritu de Dios (Hechos 6.4)

La tendencia moderna, que ha tomado control de los púlpitos cristianos, donde el pecado apenas se menciona, es tan inútil como disparar a un león rugiente con frijoles. Definitivamente eso no servirá para luchar contra ese poder maligno dentro de nosotros. Debemos restaurar la predicación bíblica poderosa en nuestros púlpitos.

LA DEPRESION Y EL EVANGELIO

Posted in Reflexiones on agosto 24, 2015 by elcaminoangosto

El Camino Angosto

 ¿Sabía usted que…

  1. Los desórdenes mentales NO son condiciones médicas/físicas como el cáncer o la diabetes? Todo desorden mental es solo parte de una lista de conductas observadas que han sido etiquetadas y traídas a la existencia por la APA (American Phycological Association).
  2. Nadie puede probar objetivamente el padecimiento de un desorden mental? Hasta el Presidente de la APA admite que no existe un exámen  de laboratorio que pruebe la existencia de la depresión, el ADHD, la bi-polaridad y cualquier otro desorden mental – no hay alguna prueba  cerebral, exámen de sangre,  nada.
  3. No hay razón para tomar una píldora para un desorden mental, como  se tomaría una píldora para una verdadera condición física/médica? La  teoría del desbalance químico del cerebro nunca ha sido probada como  la causa de desórdenes  mentales, a pesar de la creencia popular y de  lo que las compañías farmacéuticas mercadean. (ver:  http://www.psychologydebunked.com/news.htm)
  4. Las…

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